Los salarios en Cuba: un nudo a desatar

El tema de los salarios en Cuba suscita muchas opiniones, sin embargo, carece de amplios debates económicos y políticos con rigor teórico.

Salarios en Cuba

Los salarios y las pensiones por jubilación suelen cubrir requerimientos mínimos para la mayoría de los ciudadanos, no obstante el reciente incremento de salario en el sector presupuestado y de pensiones.

Foto: Archivo IPS

Un tema sobre el cual casi toda la población cubana tiene una opinión es el concerniente a los salarios. Paradójicamente, no existen en Cuba amplios debates económicos o políticos con rigor teórico sobre este asunto. Esto se debe en parte a que puede suscitar malestares o herir sensibilidades provocadas por concepciones sobre justicia social.

Pero, por otro lado, el tema salarial está estrechamente vinculado a la teoría marxista-leninista y siempre puede resultar compleja la aplicación de la teoría en cada momento histórico.

Se pudiera decir que todo el mundo está de acuerdo en que los sueldos nunca alcanzan porque las necesidades suelen ser infinitas, y las remuneraciones no. Por ello siempre serán percibidas como insuficientes para la mayoría, aun cuando fuesen elevadas.

El debate sobre los ingresos por trabajo se ha centrado en el dilema de que no se pueden incrementar sin existir un aumento de la producción, porque eso traería consigo inflación, o si hace falta elevarlos para estimular a los trabajadores y como resultado lograr el incremento de la producción. O si este tema hay que aparcarlo hasta tanto no se produzca la unificación monetaria, para adecuar los salarios a los nuevos precios de los productos, o las nuevas mediciones económicas resultantes de la unificación.

También es interesante conocer si los nuevos salarios después de la unificación monetaria, que aún se desconoce cuándo pudiera suceder, serán suficientes para cubrir las necesidades de la población. En definitiva, antes de 1993 se tenía una sola moneda y siempre existían y existirán quejas sobre la insuficiencia de las remuneraciones y sobre los precios, como en cualquier país.

El tema a debate no es sobre la magnitud de los salarios o los ingresos de los trabajadores, sino sobre su forma de establecerse. Al cierre del 2018, el salario medio del país era de 777 pesos cubanos (equivalentes a 32 dólares), pero la capacidad adquisitiva estaba muy lejos de llegar a niveles de otros períodos por la inflación existente.

En el 2019 se produjo un aumento del salario al sector presupuestado pero insuficiente frente a los precios existentes, incluso los topados, como por ejemplo la libra de carne de cerdo a 45 pesos cubanos (equivalentes a cerca de dos dólares). Pero fue un paso necesario, dado que los trabajadores públicos estaban muy desmotivados, y se estaba produciendo una salida en masa del sector educacional y otros.

 

La teoría es importante para reflexionar

En Cuba, el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social ha sido el encargado de aprobar los salarios a nivel de país centralmente. Esto no solo incumple con el principio de “a cada cual según su trabajo”, sino que no coincide con lo que mencionaba Karl Marx.

Foto: Jorge Luis Baños/IPS

La teoría marxista plantea que en el capitalismo la fuerza laboral es una mercancía más, y la entiende como un conjunto de las capacidades físicas y mentales, inherentes a todo ser humano, susceptibles de ser utilizadas para la producción de un valor de uso. El valor de la fuerza de trabajo, como el de cualquier otra mercancía, está determinado por el tiempo de trabajo socialmente necesario para producirla.

Lo que el obrero vende al capitalista no es su trabajo, sino su fuerza de trabajo, o sea, el obrero se compromete mediante un contrato a realizar un trabajo a cambio de un salario equivalente al valor de la fuerza de trabajo. La cantidad de trabajo que realiza el obrero en la jornada laboral es superior a la cantidad de trabajo necesaria para reproducir el valor de su fuerza de trabajo. Es decir, el trabajador recibe por su fuerza de trabajo una cantidad inferior al valor de las mercancías producidas. Esto permite explicar cómo se produce la plusvalía, la cual es la expresión monetaria del valor que el trabajador asalariado crea por encima del valor de su fuerza de trabajo.

¿Pero, según Karl Marx (1818-1883), qué tratamiento darle a la fuerza laboral en el socialismo y cómo pagarla?

En la obra Crítica del Programa de Gotha (1875), el filósofo y economista alemán reconoce que la sociedad comunista no puede surgir de ahora para luego “sobre su propia base”. Indica que esa sociedad en tránsito, salida precisamente de la sociedad capitalista, “presenta todavía en todos sus aspectos, en el económico, en el moral y en el intelectual, el sello de la vieja sociedad de cuya entraña procede”.

Marx describe las deducciones a hacer del fruto del trabajo colectivo en esta etapa transitoria, que es el socialismo:

  • Una parte para reponer los medios de producción consumidos.
  • Otra parte “para ampliar la producción”.
  • Una deducción para “el fondo de reserva o de seguro contra accidentes, trastornos debidos a fenómenos naturales, etc”.
  • Los gastos generales de administración, no concernientes a la producción, o sea el mantenimiento de la estructura del Estado.
  • La parte que se destina a satisfacer necesidades colectivas, tales como escuelas, instituciones sanitarias.
  • Los fondos de sostenimiento de las personas no capacitadas para el trabajo, que es lo que hoy compete a la llamada asistencia social.

Después de las mencionadas deducciones, quedaría “la parte de los medios de consumo que se reparte entre los productores individuales de la colectividad”.

El propio Marx preveía que las primeras tres deducciones “constituyen una necesidad económica, y su magnitud se determinará según los medios y fuerzas existentes, y en parte, por medio del cálculo de probabilidades, pero de ningún modo puede calcularse partiendo de la equidad”. Como también que la parte destinada a satisfacer necesidades colectivas (escuelas, hospitales) aumentaría “considerablemente desde el primer momento, en comparación con la sociedad actual (la capitalista), y seguirá aumentando en la medida en que la nueva sociedad se desarrolle”.

Con todas estas explicaciones, quedaba delineado el principio a regir en el socialismo: “de cada cual, según su capacidad, a cada cual según su trabajo”.

 

Marxismo a la cubana

Salarios en Cuba

¿Cómo es posible llegar a una situación donde todos reconocemos que durante muchos años ya transcurridos, los salarios no alcanzan para satisfacer muchas de las necesidades básicas de la población?

Analicemos lo descrito por Marx y la realidad de lo que sucede con los salarios en la actualidad en Cuba.

Si el valor de la fuerza de trabajo se determina por el tiempo de trabajo socialmente necesario para producir los medios de existencia y reproducción del trabajador, y así poder volver al trabajo cada nuevo día: ¿cómo es posible llegar a una situación donde todos reconocemos que durante muchos años ya transcurridos, los salarios no alcanzan para satisfacer muchas de las necesidades básicas de la población?

Se dice que en el socialismo la fuerza de trabajo no es una mercancía, pero ¿acaso los trabajadores ya ni pueden aspirar a obtener una cantidad suficiente para satisfacer sus necesidades? Recordemos que a medida que la sociedad y sus componentes son más desarrollados, ese costo de reproducción de la fuerza de trabajo aumenta, no debiendo abarcar sólo lo imprescindible para alimentar y vestir a los trabajadores y sus familias, sino que también incluye un mayor tiempo de ocio, una salud más garantizada, el pago que permita disfrutar de unas merecidas vacaciones, ir al teatro, cine, comprar libros, electrodomésticos, entre otros.

¿Será que en Cuba se ha limitado el valor de los salarios de forma consciente, para ampliar el valor del plus trabajo, que en definitiva después se revertirá en bien de todos? Si es así, de todas formas, esto bien pudiera ser un aspecto a debatir por la sociedad en su conjunto, porque puede que la mayoría prefiera primeramente recibir un salario superior y decidir personalmente la forma de emplearlo, aun cuando después se viera afectada la parte a distribuir entre todos.

Se sabe que los trabajadores van a entregar una cantidad superior a la cantidad de trabajo necesaria para reproducir el valor de su fuerza de trabajo, pero no puede ser que lo recibido no alcance ni para reproducir su fuerza de trabajo; que quiere decir reproducirlo a él mismo y su familia. En el socialismo, puede que la Tasa de Plusvalía (TP) no pudiéramos llamarla Tasa de Explotación, por cuanto esa ganancia no va a parar a manos de unos pocos capitalistas, sino que se revierte en toda la sociedad; pero de todas formas el valor de esa TP debe ser debatido por toda la sociedad, y en primer lugar por los sindicatos. ¿Deben los que trabajan y aportan a la sociedad recibir casi lo mismo vía gratuidades y productos subsidiados, entre otros, que los que no trabajan y no aportan a la sociedad?

Las deducciones descritas por Marx apuntan a que en el socialismo ese plus trabajo va a parar íntegramente al Estado. Si la primera deducción es para reponer los medios de producción consumidos, ¿cómo es posible que hayamos dejado a nuestras industrias y fábricas caer en un estado de abandono, o las maquinarias sin reparaciones periódicas u obsoletas, o las producciones detenidas por falta de materias primas e insumos?

En Cuba, el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social ha sido el encargado de aprobar los salarios a nivel de país, de forma minuciosa, con categorías, escalas, según la formación profesional de los trabajadores, descripción del contenido de trabajo y otros parámetros.

La fijación de unos salarios aprobados centralmente por un ministerio dado, no solo incumple con el principio de “a cada cual según su trabajo”, sino que no coincide con lo que mencionaba Karl Marx.

 

Nueva Constitución y salario

Limitar que los centros de trabajo mejoren los pagos y otros estímulos a sus trabajadores debido a la fuerza del criterio establecido sobre el igualitarismo ha provocado el éxodo de la fuerza laboral mejor calificada, que no se siente suficientemente estimulada.

Foto: Archivo IPS

El artículo 65 de la Constitución de la República de Cuba establece que “toda persona tiene derecho a que su trabajo se remunere en función de la calidad y cantidad…”. La calidad del trabajo no es la calidad del producto del trabajo sino la calidad del propio trabajo, la cual se expresa por el conjunto de cualidades, características o particularidades estructurales de una forma integral y específica, que le son inherentes a un trabajo concreto, y por las cuales se distingue esencialmente de otros. Por cantidad de trabajo se expresa el volumen de energía física y mentales (trabajo vivo) invertido por hombres y mujeres en el proceso de su actividad laboral y que pueden medirse por la duración del tiempo de trabajo (magnitud extensiva) y por el volumen de los gastos de trabajo en la unidad de tiempo (magnitud intensiva)”, como explica el economista Lázaro González en un texto para el blog El estado como tal.

Muchas veces el rendimiento bajo no es culpa de los trabajadores ni depende de ellos, como por ejemplo, las bajas producciones por falta de materias primas o decisiones ministeriales, entre otras causas. Pero para ello están los salarios mínimos que se establezcan, por debajo de los cuales no pudieran afectarse los trabajadores. Mínimos a estudiar y aprobar por la cartera de trabajo y seguridad social, que debieran responder al costo de vida, o al costo de la canasta básica, u a otros indicadores, sin importar si la empresa cae en pérdidas por asegurar esos salarios mínimos. Si hay que reestructurar la empresa en pérdida, o cerrarla, o aprobarle otro objeto social, subsidiarla u otra medida, sería otro tema, pero los trabajadores que allí laboran deben tener garantizado un mínimo de ingresos por su trabajo.

Entiéndase que ingresos es ingresos totales, o sea salarios más pago por resultados, ya que es cierto que los salarios no pueden estar modificándose constantemente. Pero a los trabajadores lo que les importa es el ingreso real final, da igual que sea en un único salario, que en salarios más estímulos. Aunque el salario básico es importante para determinar el monto de la jubilación. Es igual que cuando los cooperativistas reciben un adelanto contra resultados y al final una redistribución de las utilidades. Como también es casi igual recibir un ingreso bajo y que después al trabajador le vendan productos y servicios a precios bajos o subsidiados. Hablamos de ingresos reales.

Se entrega fuerza laboral para obtener a cambio un equivalente que permita reponer las fuerzas propias y las de la familia. ¿Cómo, entonces, vamos a concentrar recursos financieros para adquirir una tecnología moderna, así como para otros fines, y el aspecto de la fuerza laboral no lo vamos a priorizar, si es el activo principal de la empresa?¿No estaremos así dilapidando los recursos monetarios destinados a la inversión, por desatender uno de los aspectos más importantes para que la inversión y/o la empresa den resultados?

En muchos países lo que fija el Estado es el salario mínimo que debe pagarle los empresarios o los empleadores a sus trabajadores. Paradójicamente, en algunas ocasiones lo que ha hecho el Ministerio del Trabajo y Seguridad Social es limitar que los centros de trabajo mejoren los pagos y otros estímulos a sus trabajadores, y no precisamente porque la empresa esté en pérdidas, o con bajos rendimientos sobre la inversión estatal, sino debido a la fuerza del criterio establecido sobre el igualitarismo. Muchas veces eso es lo que ha provocado ese éxodo de la fuerza laboral mejor calificada, que no se siente suficientemente estimulada. Esto a la larga compromete la productividad del trabajo y los resultados que espera la economía. ¿Es beneficioso para el país continuar por ese camino del igualitarismo?

Una reforma de salarios, al estilo de las que conocemos del ministerio del trabajo, sin incremento de la productividad, solo traería consigo el aumento de la inflación, para al cabo del tiempo tener a los salarios con la misma capacidad adquisitiva anterior a la reforma. Sin embargo, más salario, que puede ser un estímulo a incrementar la producción, no es equivalente automático a inflación, si logras que el estímulo de más salario actué antes, con más producción, llevando la oferta producida al mercado, antes de que la demanda salarial llegue al mercado a reclamar sus mercancías.

No se puede olvidar que oferta y demanda son dos funciones diferenciales en el tiempo.  Que solo se equilibran en un mismo periodo “t” teóricamente. Hasta ahora en Cuba las autoridades solo pusieron topes de precios para intentar contener esa supuesta inflación posterior al incremento salarial del 2019 al sector presupuestado, pero esto es algo que funciona en un corto plazo.

De lo que se trata es de tener salarios que puedan ser establecidos por las Juntas de Gobierno, u Organización Superior de Dirección de la Economía, u otros órganos de dirección superior de las empresas, de acuerdo a parámetros que el ministerio pudiera establecer, pero donde las empresas puedan tener cierta autonomía, de acuerdo a los Lineamientos aprobados y los documentos rectores del Partido Comunista de Cuba, y donde los criterios fundamentales sean los rendimientos del trabajo y de la inversión estatal. O sea, la creación de valor agregado bruto y la justa repartición de ese valor agregado bruto.

 

La distribución de la fuerza laboral en Cuba

El único sector que ha incrementado el empleo en Cuba desde 2008 es el sector privado.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Supongamos que se tiene dificultades en la interpretación de la teoría marxista y que lo planteado hasta aquí no es correcto. Pero hay un tercer aspecto, más importante, que hace que se olvide todo el análisis teórico anterior. Y ese es la distribución actual de la fuerza laboral del país y la que se espera en los próximos años.

A pesar de las restricciones que existen para desarrollar el trabajo por cuenta propia, el único sector que ha incrementado el empleo en Cuba desde 2008 es el sector privado.

Este sector llegó a emplear en 2019 el 31,8 por ciento del empleo nacional, con 1 435 700 trabajadores, casi la tercera parte del total de trabajadores en ese año (4 515 200 trabajadores). Todavía no es la fuerza más representativa en el país, pero desde 2008 el sector no estatal incrementó el empleo neto a razón de 4,9 por ciento anual (835 900 trabajadores en 2008). Mientras, en ese mismo período, el sector estatal “destruyó” empleo con un promedio anual de 2,6 por ciento, pues en 2008 tenía un total de 4 112 300 trabajadores y cerró 2019 con 3 079 500 trabajadores.

En un artículo para su blog, el economista Pedro Monreal planteó que “el establecimiento de PYMES en Cuba pudiera aumentar el PIB entre 1,5 y 1,7 por ciento”. Todo hace indicar que en los próximos años se mantendrá la tendencia de creación de más cantidad de empleos en el sector privado que en el estatal.

Si ya el sector privado ocupa casi un tercio de la fuerza laboral, donde no se aplican las mismas limitaciones e indicaciones restrictivas para el pago de la fuerza laboral, según los resultados reales de cada centro laboral, ¿qué sentido tienen algunas normativas salariales de corte “igualitaristas” en la empresa estatal?

Bajo la realidad actual, lo que se podría seguir observando es un éxodo de fuerza laboral del sector estatal hacia el privado y también hacia el exterior la más calificada que, si fuese experimentado solo en empresas con pérdidas, o sobredimensionadas o en proceso de reestructuración, bienvenido fuese ese éxodo natural y esperado, pero no sucede así.

En la sociedad se observan manifestaciones de preocupación sobre la migración de la fuerza de trabajo preparada y calificada hacia el sector privado, supuestamente porque esta última desarrolla una competencia desleal. No hay tal competencia desleal en el sentido que expresan muchas personas, lo que hay son restricciones que no favorecen a los trabajadores de las empresas estatales rentables y eficientes, que hacen que estos no se sientan debidamente compensados por su fuerza laboral.

Ojalá esas “preocupaciones” no se traduzcan en prohibiciones y limitaciones para que los trabajadores encuentren un puesto de trabajo con ingresos más acorde a sus necesidades y expectativas. Ojalá que los decisores de la política económica del país se den cuenta que los ingresos de los trabajadores deben corresponder con el valor agregado que estos últimos han creado con su esfuerzo y dedicación, de manera que los trabajadores deseen permanecer en la empresa estatal. Y más que ello, que puedan liderar el resto de los otros tipos de propiedad.

Poder pagar por resultados podría ser insuficiente, si las empresas no siempre pueden decidir qué hacer para incrementar sus resultados o dependen sus insumos del gobierno central.

Y los salarios, como las inversiones, o el rendimiento para el accionista (en nuestro caso, el Estado), no podrán variar si también continuamos con las mismas concepciones sobre la utilidad de las empresas y los precios de las producciones para alcanzar esa utilidad.

En conclusión, si al salario no se le da el papel que tiene que tener en una sociedad que pretende avanzar hacia el desarrollo, seguirán existiendo muros que no permitan el despliegue de todo el potencial existente en el país. Ahora que se ha expresado la voluntad de eliminar trabas existentes, este tema debe ser discutido con rigor.

Hay variados estudios académicos existentes que demuestran el costo actual de la canasta básica en Cuba, por ende, el salario mínimo al que debe aspirarse si tiene la categoría marxista implícita, no podría estar por debajo del mismo, si no estaríamos aun con el nudo que nos aprieta fuertemente la garganta. A modo de ejemplo de un costo promedio de una canasta en Cuba se pudieran consultar el artículo de Betsy Anaya y Anicia García Gastos Básicos de las familias cubanas urbanas dependientes de salarios y pensiones: Dinámica reciente (parte I y II),  donde en todos los casos se verifica el déficit salarial para complementar dicha canasta.

Incluso, de manera clara, el actual primer secretario del PCC, Raúl Castro, expresó al respecto: «constituye hoy un objetivo estratégico avanzar de manera coherente, sólida y bien pensada, hasta lograr que el salario recupere su papel y el nivel de vida de cada cual esté en relación directa con los ingresos que recibe legalmente, es decir, con la importancia y cantidad del trabajo que aporte a la sociedad». (2020)

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