El “Grupo Mamey”, una página del cine cubano del ICAIC

He aquí una historia casi olvidada del cine cubano: el proceso de democratización del ICAIC que dio lugar a la organización de los llamados Grupos de Creación.

Los Grupos de Creación se formaron en 1988 por iniciativa de Julio García-Espinosa (1926-2016), presidente del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) en el periodo de 1982 a 1991. El director Gerardo Chijona los valoró como su mayor acierto, porque constituyeron “un voto de confianza a los creadores y sus decisiones artísticas, sin intromisiones en el proceso creativo”[i].

Buscando a Casal: Jorge Luis Sánchez y la estética del kitsch (Parte II y final)

En 2019 asistimos en Cuba al estreno de Buscando a Casal, tal vez el filme más ambicioso en la carrera de Jorge Luis Sánchez, que aquí es reseñado.

Tenemos, por ejemplo, que gran parte del metraje de Buscando a Casal se consagra a la imposibilidad del romance amoroso entre Casal y María Ichikawa, debido a las presiones que entre ambos ejerce un representante del poder político, el general Zamora. Casal no oculta su admiración por la bella mujer de clase social muy diferente a la suya y esta, a su vez, sacrifica su correspondencia amorosa en aras de la seguridad del poeta.

Buscando a Casal: Jorge Luis Sánchez y la estética del kitsch (Parte I)

En 2019 asistimos en Cuba al estreno de Buscando a Casal, tal vez el filme más ambicioso en la carrera de Jorge Luis Sánchez, que aquí es reseñado.

En alguna escena de Irremediablemente juntos (2017, Jorge Luis Sánchez), el personaje de Blanca Rosa Blanco no oculta su desagrado cuando su esposo se resiste a que la hija de ambos viaje con su novio a los Estados Unidos. “Todos los extremos se tocan”, dice, en la parquedad del gesto, y secundada por el personaje de la abuela (Fela Jar) con tono lapidario: “Sobre todo si el centro no existe”.

¡Viva Papi!: dame una tuerca y moveré el mundo

La obra de Juan Padrón merece otro acercamiento crítico en Altercine. En este caso, dedicado a una de sus obras más excepcionales.

La singularidad del dibujo animado ¡Viva Papi!, dentro de la obra de Juan Padrón, no reside en una ruptura con varios de sus principales distintivos, como la llaneza visual y la caricaturización, a veces grotesca, a veces aniñada, de sus personajes; signos ineluctablemente maridados con la comicidad, tanto en sus variantes “negras” e irónicas, como en sus más inocentes gags. Todo lo contrario, esta obra de inicios de la pasada década de los ochentas, no escapa a tales postulados estilísticos, sino que descolla precisamente por redimensionarlos y sublimarlos desde una inusual experimentación (sobre todo) con la figuración, el color y la puesta en escena.