De los pinos nuevos… sobre Flying pigeon

Reseña crítica del cortometraje de ficción Flying pigeon, de Daniel Santoyo Hernández.

Fotograma de Flying Pigeon.

Foto: Cortesía del autor

Gracias a la inteligente elaboración conceptual de su propuesta temática, Flying pigeon (Daniel Santoyo Hernández, 2018) resulta, ahora mismo, una obra de particular relevancia entre las propuestas de los realizadores más jóvenes. La organicidad y el preciso balance entre las resonancias temáticas implícitas en la trama y la opción caligráfica escogida por el autor hacen de la cinta un documento de notable interés cinematográfico y comunicativo.

En plena madrugada, un joven —de unos veintitantos años— y un adulto —que sobrepasa los cincuenta— esperan con paciencia la oportunidad idónea para consumar algún atraco, el cual iniciará al primero de estos en dicha práctica. Un anciano, residente en el edificio donde estos dos sujetos se encuentran, se ve impelido a salir en medio de la noche. Por supuesto, de inmediato se convertirá en víctima de los asaltantes. Luego de un primer encontronazo con el viejo, los delincuentes se retiran. Mientras caminan, tienen un diálogo sumamente elocuente para precisar los ríos de sentido que atraviesan el plasma ideológico de la obra. El joven increpara al mayor:

  • ¿Tú lo dejas irse así? ¡Respóndeme! ¡Respóndeme!
  • ¿Qué tú crees que yo estaba haciendo cuando tenía tu edad? ¿Asaltando? ¿Cogiendo sereno por gusto? ¿Cortando caña? Ah, sí, claro, porque todos los viejos cortamos cañas.
  • Bueno, como que la juventud está perdida. Más o menos lo mismo.
  • Mira Javier, a mí no me interesa lo que tú sientas ni lo que tú piensas con cosas que no viste. Para que entiendas: yo era igual que tú, yo era igual que tú…
  • Asere, ¿qué pinga me vas a decir? ¿qué me ponga a estudiar?, que aproveche la juventud y me ponga a estudiar.
  • Come pinga, a mi tu vida no me interesa. Si estudias o no es asunto tuyo…

En el diálogo antes citado, destaca un conflicto generacional significativo: la relación entre quienes vivieron los años en que la ideología del “hombre nuevo” impulsaba la agenda social cubana y quienes en la actualidad descreen de cualquier posibilidad de un mundo mejor sobre la base de la formación, fomentación y creación de valores. Del recorrido sufrido por ese ideal de sujeto en el curso de la Historia cubana reciente nos habla el cortometraje.

Flying pigeon se sumerge en el submundo de la marginalidad social para registrar un asunto bastante recurrente en la cinematografía contemporánea, pero que en Cuba cobra particulares matices: la situación de la juventud en medio de un contexto cívico que los relega a los límites de la ética. Y en efecto, la mayor virtud de este texto reside en su testimonio de ese oscuro trasfondo social en que los individuos —fundamentalmente esa juventud desprovista de toda expectativa de futuro— ven el asesinato, el robo, la extorsión del otro, como una posibilidad para la subsistencia.

Al exponer, sin eufemismo alguno, el estado existencial de una juventud que sacrifica cualquier tipo de principio ético, la cinta no está acusando las disyuntivas a que la realidad confina a ese sector etario, más bien confronta la situación actual de un imaginario, el drama en que se encuentra sumido a consecuencia de un universo de aspiraciones imposibles de satisfacer. Ya hacia el final del relato, hay una escena sobre la que vale reparar: los dos personajes principales se encuentran en el balcón del apartamento donde se supone residen; ahí tienen un diálogo —que hace honor al mejor Tarantino— en el que desgranan cualquier cantidad de banalidades, pero que habla de la cosmovisión de estos sujetos, de sus emociones, de los códigos morales del hombre cubano ahora mismo. Tanto el mayor —ejemplo de lo que ha llegado a ser el “hombre nuevo”—, como el joven, son un hombre común que se desplaza por la ciudad ante todos; pero son hombres acorralados por sus circunstancias.

También el incisivo abordaje de Flying pigeon reporta, con agudeza dramática en la exposición, un costado de la realidad cubana no siempre visibilizado: la gravedad de la violencia cotidiana en las calles y el entorno urbano; los perfiles de una ciudad en que la miseria humana barre con cualquier código de civilidad.

Por supuesto, la efectividad de esta pieza se debe a motivos estrictamente fílmicos. En primer lugar, el realismo visual con que se recoge ese medio irresoluble e incierto en que la juventud parece abandonada a su propia suerte; luego, la eficiencia de una narración donde la progresión física del relato, la cadena de acciones argumentales, complementa la hondura del discurso, con un grado de síntesis siempre necesario a este tipo de materiales de metraje corto.

Otros elementos que contribuyen a la densidad antropológica de Flying pigeon son: la inserción de ciertos elementos procedentes de géneros tradicionales, como el suspense, el thriller y el cine de atraco —tanto en la articulación de la trama como en la caracterización de los personajes—, y la elocuencia expositiva y precisión de la puesta en escena, toda vez que complementan el diseño dramático de un universo social turbulento y extremo. Pero, todavía, esta es una película que debe mucho al desempeño interpretativo de sus actores protagónicos: Milton García y Mario Guerra despliegan sus respectivos roles con un convencimiento y una organicidad notables, lo cual potencia a unos personajes ya diseñados con plenitud de matices psicológicos y conductuales.

Flying pigeon se mueve en una zona de peligro, por la temática y por el criterio de formalización instrumentados, mas logra salir completamente airoso. La frontalidad con que logra calibrar un andamiaje social tan complejo y dibujar el estado de una parte significativa de la juventud deviene un ejemplo extraordinario de los caminos posibles del cine nacional. (2019)

Un comentario

  1. Alejandro Alfonso Pérez (Ale Pérez)

    Sólo he visto pequeños fragmentos del filme, y ahora con este trabajo crítico me despierto las ganas de verlo, ya sea en el cine o en la tele. Creo que tanto Daniel como su equipo de trabajo merecen el premio de la proyección pública.

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