Las almas femeninas del cine independiente cubano

El cine de ficción cubano independiente contempla un espectro de personajes mujeres diversas y para nada estereotipadas.

Desde una mirada más vinculada a los soportes que brindan los estudios de género aplicados al cine, vale la pena mencionar el cortometraje I Love Papuchi (Rosa María Rodríguez, 2018).

Foto: Tomada de www.muestrajoven.cult.cu

El cine de ficción cubano no está alejado de estereotipos y normas heteropatriarcales que pueden colocar a los personajes femeninos en un segundo plano de relevancia en cuanto a historias se refiere. Sin embargo, también existen materiales que pueden ser analizados desde una mirada crítica, bajo la cual resaltan mujeres empoderadas o conflictos femeninos.

En el catálogo de la III Muestra Nacional de Jóvenes Realizadores ICAIC 2004, el investigador Juan Antonio García Borrero escribía: “Ser mujer, en estos tiempos, no obstante las batallas y las conquistas, no deja de ser por el momento otro gran percance a resolver”. Las palabras de Borrero formaban parte de la presentación de la sección “¡Ojo, pinta!: La mujer”, apartado del encuentro cinematográfico que, parafraseando las palabras del propio historiador, estaría dedicado a la mujer como parte de la mirada masculina y “también ejercitando su propia manera de ver el asunto”.

Hace más de 15 años de esta sección, y todavía las palabras de este catálogo tienen vigencia en tanto ser mujer y ser representada en la pantalla como tal, sin estereotipos o minimizada, constituye un tema de complicado abordaje.

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El cine de ficción cubano independiente a las instituciones culturales oficiales ha tenido personajes femeninos a veces más interesantes, otras mucho más esquemáticos. A lo largo de todo este tiempo, varios directores han trazado un espectro de personajes mujeres diversas y para nada estereotipadas. Uno de ellos es Arturo Infante, que cual Humberto Solás (1941-2008) -aunque distantes ambos en estéticas y temas- ha mirado, no a asuntos únicos del universo femenino, si no a diferentes mujeres, que logran destacarse como sujetos y no víctimas aunque no responden a una mirada de género o feminista consciente.

Entre los primeros personajes femeninos de Infante más memorables, se encuentran los del corto Utopía (2004). Dichos personajes responden a un universo de valores, el cual suele reconocerse como marginal. Mediante la farsa y la comedia, Infante despliega lo que en una lectura aberrante pudiera ser una visión despectiva de sus personajes, tanto masculinos como femeninos, pero en un análisis más profundo Utopía respeta los derroteros de las personas dentro de una sociedad independiente a los que gobiernos o instituciones proyecten para sus individuos.

En la línea de lo farsesco se encuentra también el personaje interpretado por Eslinda Núñez en El intruso (2005). Aquella mujer que no puede lidiar con la suciedad, pues socialmente le ha sido impuesto un modo de actuar y de proyectarse. Con un elemento tan escatológico como “un mojón”, en tanto las heces fecales devienen símbolo extremo de todo lo prohibido, escondido y suprimido, El intruso se muestra como un divertimento para dialogar sobre lo nominado culturalmente como soez o no aceptado socialmente.

Una comedia de lo abyecto ha desarrollado Infante en su obra cinematográfica, en la cual el sujeto mujer encaja perfectamente como protagonista de las abyecciones. Así llegan las protagonistas de Gozar, comer y partir (2007); así intenta partir Celeste, en un extraordinario viaje, para descubrir que escapa de su pasado de abuso -aludo a la ópera prima del cineasta: El extraordinario viaje de Celeste García (2019). En esta relación intimista que casi siempre desarrollan los personajes femeninos del realizador, hay también una muestra del espacio privado como primera plaza pública donde los personajes deberán encontrar su iniciático espacio de libertad. Es por esto que Celeste no logra irse en la nave al planeta Griok, porque aunque termine en una clásica fábula de amor romántico, ella debe encontrarse y perdonarse a sí misma antes. En ese sentido es que, si para Humberto Solás el melodrama era el género cinematográfico ideal para referenciar un universo femenino que le interesaba, para Infante la farsa es el espacio ideal para que los personajes femeninos puedan expresarse con una total libertad, la cual intentan trasmitir a los públicos.

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Pero no siempre los sujetos femeninos han sido liberados de cargas y obstáculos propios de la condición cultural del ser mujer. La violencia física específicamente ha sido arista temática en el cine independiente cubano. En algunas ocasiones buscando una denuncia formal de los sucesos, en otras espectacularizando el hecho.

Rosa María Rodríguez, explora en el universo femenino y con I love Papuchi «asistimos a un desmontaje de algunas de las causas que propician la violencia de género».

Foto: Jorge Luis Baños/ IPS

Esto último supone el tradicional tratamiento a un tema que no fue abordado de forma crítica en pantalla, salvando contadas excepciones, las cuales se proponían los hechos como rezagos de malas convivencias domésticas que quedarían atrás con el nuevo proceso revolucionario cubano. Asimismo, esto lo convierte en un tema difícil de tratar en los inicios del cine independiente, al ser un tema invisibilizado por la cinematografía estatal.

En ese sentido, algunos de los primeros personajes, víctimas de violencia física se construyeron en base a arquetipos de mujeres o a acciones, que ellas realizaban para “merecer” ese castigo. Tal es el caso del personaje femenino de El vicio de la virtud (Janis Reyes, 2009), quien es asesinada por estar con dos hombres a la vez. En un ejercicio de síntesis, Reyes explora el cliché de “todas las mujeres son iguales” y sus dos personajes masculinos se encuentran buscando aquella diferente, la que sea honesta y virtuosa. El título del corto es quizás el posicionamiento de la realizadora frente al tema, describiendo la búsqueda de sus personajes masculinos como un vicio.

Otro de los materiales que se enfoca en la violencia de género y el machismo como un vicio es el corto A.M (Lala Miñoso, 2011). En una clara alusión al cortometraje P.M (Orlando Jiménez Leal, 1961), la violencia contra la mujer aparece como especie de castigo, ya no solo porque el personaje femenino se dedique a la prostitución e intente revelarse contra su proxeneta, sino también por decir la verdad sobre sus gustos sexuales. Algo que realmente expone este material es la misoginia enraizada que caracteriza a la homofobia masculina, pues lo que no se le permite en muchos casos al hombre, es que traicione su posición de poder y privilegios para identificarse con algún elemento de los culturalmente asignados a las mujeres.

Sucede en ambos materiales que el punto de vista, aun cuando estén separados por intenciones completamente distintas, está enfocado a los personajes masculinos, es entonces cuando la denuncia contra la violencia de género y por ende los personajes víctimas de esta, se convierten en subtramas y en personajes secundarios respectivamente.

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Como todo fenómeno social que abordan las artes y en específico el cine, se hace necesario que estos se procesen colectivamente, y si bien dichos materiales iniciaron un camino de exposición de los hechos, fue necesario el paso de los años para que la violencia de género se abordara desde la mirada de los sujetos femeninos y utilizando otros recursos discursivos y expresivos que proporciona el audiovisual, más allá de una puesta en escena simple o un material ficcional de denuncia.

Como una cadena de acciones de la vida cotidiana de un personaje femenino, Lavando calzoncillos, el corto de animación de Víctor Alfonso, intenta desde el pensamiento interior del mismo, desentrañar las diferencias de pensamiento según la construcción cultural que es el género, pero siendo la intención del autor solo demostrativa.

Foto: Tomada de www.muestrajoven.cult.cu

Así llega Buey (Carlos Quintela, 2012), un corto con varios niveles de comprensión y denuncia, que habla cinematográficamente sobre el ciclo de la violencia de género. Quintela crea un pequeño universo dentro de este cortometraje donde, desde la puesta en escena, está buscando la alineación de un producto reflexivo y provocativo que tenga a su disposición todos los recursos cinematográficos en un guion bien elaborado, el cual es acompañado por una dirección de fotografía, que busca componer de conjunto con el montaje, el aparentemente sencillo mensaje: la violencia de género no debe ser algo natural o aceptado. Las implicaciones culturales de materiales como este son mucho más polisémicas que audiovisuales y buscan una denuncia formal de los hechos.

No se trata de poner unos en detrimento de los otros, pero Buey es un producto cinematográfico más concienzudo que apela a todas las posibilidades que el cine como lenguaje ofrece.

En ese sentido, y desde una mirada más vinculada a los soportes que brindan los estudios de género aplicados al cine, también vale la pena mencionar el cortometraje I Love Papuchi (Rosa María Rodríguez, 2018). Desde la representación I Love… tiene como sujeto el personaje femenino y desde su cuento de cómo ella conoció a su pareja y es su vida con él, asistimos a un desmontaje de algunas de las causas que propician la violencia de género.

Casi a mediados del siglo XXI el audiovisual independiente cubano llega a hablar de problemas propios del universo femenino teniendo como sujetos activos a las propias mujeres. Lo hace desde la construcción de personajes de ficción, que aunque no necesariamente sean ejemplos de empoderamiento, cobran voz y acción dentro de un entramado complejo de situaciones que son reconocibles por los públicos.

En un sentido enunciativo, el cortometraje de Pupo posee un antecedente: el cortometraje de animación Lavando calzoncillos (Víctor Alfonso, 2012). Este último, creado como una cadena de acciones de la vida cotidiana de un personaje femenino, intenta desde el pensamiento interior del mismo, desentrañar las diferencias de pensamiento según la construcción cultural que es el género, pero siendo la intención del autor solo demostrativa, y casi poniéndose él como observador no participante el material vuelve a presentarse como un mosaico nada complejo del universo femenino.

El posicionamiento de Rosa María Rodríguez desde una observación participativa marca la diferencia entre ambos materiales, siendo la animación el medio para presentar un sujeto femenino pasivo, que solo pretende reflejar una parte de una realidad mucho más compleja, la cual intenta desentrañar I Love…

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Existen otros conflictos dentro de la representación y creación de personajes femeninos en el cine independiente cubano como lo es el aborto o el embarazo en la adolescencia. El contexto legal para este procedimiento en Cuba es favorable, ya que todas las mujeres tienen derecho al mismo de forma segura y gratuita, pero esto no quita el hecho de que el aborto sea visto con prejuicio, dadas las diferencias de aspectos como las edades, las épocas o incluso las creencias. También el embarazo en la adolescencia suele verse de forma cada vez más frecuente y por ende natural, o de forma prejuiciosa más que replantear las situaciones y causas que lo permiten. Sobre estos aspectos intenta reflexionar Jessica Franca en su corto Oculta (2016).

El principal tópico de Oculta es el embarazo en la adolescencia, un problema que permanece hoy día, como bien lo puntualiza la realizadora al final de su material.

La construcción visual de Oculta, a través de la fotografía de la misma directora, no solo expone la situación de ocultamiento en que se haya el personaje de María, sino que logra infundir las sensaciones que producen la arquitectura característica de las instalaciones educacionales cubanas conocidas como pre-universitarios (bachilleratos). El uso de travellings y grúas para los baños, los pasillos interminables que declaran el ideal de igualitarismo que perseguían dichas edificaciones, son parte del laberinto de emociones y problemas en el que se halla la protagonista. Una vez más, la intención de denuncia sobre problemas del universo femenino, está en un material independiente cubano.

El cómo, cuándo y dónde, han sido construidos los personajes femeninos en el audiovisual de ficción independiente cubano a lo largo de los años, se puede observar como una curva intermitente, en ella se insertan relatos paralelos, que contienen a la denuncia y la profundización como los meta-objetivos, y en base a ellos comienza la construcción del personaje. (2020)

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