Las preguntas que los cineastas cubanos hacen al Fondo de Fomento del Cine Cubano (Parte II y final)

La iniciativa propone nuevas oportunidades para la creación y la relación con las instituciones.

El edificio que es sede del ICAIC.

Foto: Tomada de Cubacine

Varios cineastas consideran que uno de los beneficios del Fondo de Fomento es poder realizar películas ciento por ciento cubanas, que no tengan que enfrentarse a las a menudo agotadoras negociaciones entre partes de varios países, además de que podría permitir aumentar la calidad de las obras, generar empleo y dar paso a nuevas oportunidades de creación en el ámbito cinematográfico en Cuba.

José Luis Aparicio recordó que la existencia “de fondos similares en muchas cinematografías de la región, como México y Colombia, han logrado que las películas que vengan de esos países sean fuertes, sean poderosas, que haya variedad, multiplicidad de discursos y de estilo.

“Aquí, con toda razón, nos preocupamos mucho por la parte económica o por la parte monetaria, ya que es una pata coja que tenemos. Pero a veces el problema no está ahí, sino en los temas, en las ideas, en las propuestas estéticas. Es decir, está en la parte más artística de nuestras películas, ya que a veces no tenemos la madurez suficiente u originalidad para presentar proyectos de cine, verdaderamente arriesgados y novedosos. Ojalá que este Fondo de Fomento, aparte de impulsar la producción, también produzca más películas que vayan por esos derroteros. No solamente en cantidad, sino en calidad y privilegiando visiones artísticas auténticas.

José Luis Aparicio

Foto: Tomada de Rialta

“A la larga, el Fondo puede contribuir a que haya una mayor cantidad de películas con calidad, porque habrá mucho más oficio entre los realizadores, entre los técnicos y muchas más voces intercambiando. Esto aumentaría, creo yo, a largo o corto plazo, la calidad de las propuestas del cine cubano, dando un salto adelante para ponerse a la altura de las cinematografías del mundo entero y, sobre todo, de las cinematografías de la región, que le sacan mucho partido, como se ha visto en los últimos años”.

Por su lado, Luis Alejandro Yero coincidió con Aparicio en que el Fondo “traerá enormes beneficios, como la creación de nuevas oportunidades de empleo, de una mínima industria local, de más fortalezas a la hora de coproducir, de no estar tan frágiles y dependientes de los altamente competitivos fondos internacionales. Eso desde un nivel práctico”, señaló.

“A nivel espiritual, que es al final el más importante, espero que traiga una mayor pluralidad de voces y universos a nuestras pantallas, que el palpitar de las nuevas generaciones, las zonas desatendidas, las reflexiones más arriesgadas, el relato y espíritu de nuestros imaginarios logren quedar impresos en luz, que es al final lo que representa el cine. La documentación de nuestro tiempo, de nuestra sensibilidad, en su complejidad y multiplicidad”.

“El cine cubano prácticamente ha desaparecido de los escenarios mundiales y su presencia es más bien una asombrosa excepcionalidad, mayoritariamente gracias al impulso de una nueva generación que se ha lanzado a hacer películas por su cuenta y con inmensos esfuerzos personales. Ya nadie habla de una cinematografía cubana, de un corpus potente, sólido, como lo fue en los años sesenta. Ese diálogo hacia la humanidad y hacia nosotros mismos debe retomar su fuerza. Este Fondo viene a ser un impulso. Aunque no el definitivo, por supuesto”.

Luis Alejandro Yero

Foto: Tomada de Escambray

Varios realizadores prefieren esperar a ver qué va a pasar con esta primera edición del Fondo, porque faltan por convocarse las categorías de producción de largo, corto y opera prima, que son consideradas las más importantes. Para muchos, es un Fondo lanzado a la mitad. Esto provoca incertidumbre en los realizadores cubanos, porque temen que no salgan esas categorías y muchos esperan por ellas para realizar sus proyectos.

Además, está latente la pregunta de cómo pudiera funcionar el Fondo en términos de selección y censura de las obras.

En ese sentido, Ricardo Figueredo anotó: “Yo quedé un poco decepcionado con lo ocurrido con Aparicio y Fragela, y su documental Sueños al pairo –que fuera censurado por el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). Creo que esa entrada no fue muy emocionante. Era un proyecto apoyado por los mismos que lanzan un Fondo para los realizadores independientes. Si funciona, bien. Que ojalá… pues seré un optimista y un fiel divulgador de la buena oportunidad. Pero si esto va a representar una manera de malograr obras como Sueños al pairo, o a establecer maneras de censura y centralización… simplemente no me interesa pertenecer”.

También sobre este tema, Yero señaló: “Pienso que debemos estar atentos. Este paso es apenas el primero de otros muchos por dar. Todavía queda por clarificar cómo serán esos procesos de selección para el Fondo, quiénes van a integrar los jurados. Espero que sean, en su mayoría, cineastas, pensadores y gestores del cine, respetados por el gremio, y que como colectivo exista una pluralidad lo suficientemente amplia y representativa. Incluso, cómo se van a elegir esos jurados, quiénes participarán de ese proceso de selección. Espero que se creen los mecanismos de forma transparente y participativa, sin imposiciones externas o sesgos políticos.

“También, aun cuando la situación económica del país sea bastante precaria, a futuro deben tenerse en cuenta otras categorías, como la de distribución. Las películas no terminan una vez exportadas a un disco duro, sino cuando se reproducen en una pantalla. Y, como todo en el cine, eso cuesta dinero”, agregó.

Ricardo Figueredo

Foto: Tomada de Cubanet

“Por igual, deben crearse mecanismos para que no suceda que todos los años ganen las mismas personas. En algunos países, sus fondos cinematográficos se han segmentado para premiar óperas primas o segundas películas, para cineastas con más trayectoria, por regiones. Incluso, hay algunos específicos para comunidades e identidades con escasa presencia mediática. Este tipo de acciones aseguran que los nuevos cineastas, los consagrados, los de regiones más apartadas, los de identidades y comunidades marginalizadas, tengan acceso a la posibilidad de crear sus historias.”

La animadora Ivette Ávila (La madre, La huida) también observa la iniciativa desde las características específicas del medio de expresión con que trabaja: “En lo particular, esta primera convocatoria no es de mi interés, porque abrió para guion, desarrollo y post de largometrajes.

“En el caso de la animación y de las obras que me interesa hacer, ahora mismo no estamos en condiciones de enfrentar un largometraje, por los recursos, esfuerzo, equipo de trabajo que requiere. Estaré atenta para convocatorias de cortometrajes. No tengo claro el equipo de decisores, pero si no incluyen algún animador, los proyectos de animación lo van a tener difícil”, advirtió.

Rosa María Rodríguez, directora de premiados cortos como I love Papuchy (2018) y La costurera (2016), subrayó el tema de la necesaria presencia de mujeres realizadoras en el Fondo: “Espero que se valoren proyectos con voces femeninas. La industria está colonizada por hombres; si miras para atrás, las mujeres cineastas que han logrado una primera película en Cuba, que se pueden contar con los dedos de las manos, no han podido lograr un segundo largo en su mayoría. Necesitamos fomentar cuotas dentro de la industria, que se enriquezca el cine hecho por mujeres, que existan oportunidades, que el Fondo funcione bien y que no se vuelva solo mediático.”

¿Cuáles oportunidades consideran los realizadores que les pueda brindar el Fondo en lo inmediato?

Ivette Ávila

Foto: Tomada de Títeres en femenino.

“Me voy a apuntar con un par de proyectos, no puedo desaprovechar la oportunidad”, aseguró Figueredo. “Yo siempre he abogado por un sistema de financiación nacional. Si no me funciona, si no me agrada lo que pasa después de esta primera ronda, pediré mi retiro. Yo no necesito vincularme a cosas que no me son agradables para hacer lo que sé hacer”, señaló el realizador, cuya obra ha florecido desde la independencia.

Por su parte, Armando Capó espera “que hacer mi segunda película no me lleve nueve años, como fue con Agosto (2019)”, su opera prima.

En lo personal, a Aparicio le toca muy de cerca la oportunidad del Fondo. “Ahora mismo me encuentro en el proceso de desarrollo de lo que quisiera se convirtiera en mi primer largometraje de ficción, mi opera prima. Este es un largometraje que tiene que ver con el mundo que esbocé en El secadero, que es una especie de corto precuela o corto teaser”.

“El hecho de poder tener este Fondo en mi país significa que podría aplicar en fase de desarrollo, luego en producción y, con suerte, en posproducción; es decir, que este Fondo pueda acompañar, en teoría, todo mi proceso creativo y que pueda hacerlo con dinero propio, nacional, que a veces es muy complicado de obtener. De que mi película se pudiera concretar con suerte dentro de dos o tres años, eso me da muchas esperanzas. Sé que será difícil por la competencia, porque es un concurso al que aplicará todo el mundo, que hay muchos proyectos y cineastas que tienen trabajos guardados y este es su momento de sacarlos”, agregó.

Para Aparicio, lo que sobrevendrá a la primera convocatoria ya en marcha es un compás de espera donde se legitimará o no la confianza en la iniciativa: “Tenemos que ser pacientes y esperar para ver cómo se empieza a desarrollar esta primera convocatoria, que será un experimento para todos, tanto para la institución como para los cineastas que van a aplicar, porque es nuevo para ambos bandos. Entonces, tendremos que cumplir con lo que nos toca y esperar que se cumpla con nosotros. Vamos a ver, en la práctica, cómo se desarrollan las cosas, pero creo que el impulso que pueda dar el Fondo para la producción independiente, para la producción de los más jóvenes, para los que comienzan, sería de un gran logro para el cine cubano.”

Mientras, Yero espera que “todo ese tiempo largo y difícil que implica escribir, desarrollar, financiar, filmar, postproducir, distribuir una película, sea menos precario, con un poco más de seguridades, con fuentes en tu propio país a las cuales poder aplicar. Que uno los gane o no ya es cuestión de la calidad del proyecto, o sencillamente que otros resulten más potentes. Espero que ese sea siempre el criterio de selección”. (2020)

 

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