El largo camino hacia el octavo piso del ICAIC

La reciente aprobación de nuevas disposiciones legales en torno el cine independiente en Cuba deberá provocar reflexiones diversas, pero requiere también una adecuada contextualización. De ello va este texto.

La sede del ICAIC se localiza casi en la confluencia de las céntricas calles 23 y 12, en La Habana.

Foto: Tomada del sitio web Cubacine

La reciente aprobación de nuevas disposiciones legales en torno el cine independiente en Cuba deberá provocar reflexiones diversas, pero requiere también una adecuada contextualización. De ello va este texto.

La historia del audiovisual alternativo en Cuba tiene varios momentos importantes. En 1987 vio la luz el Taller de Cine y Video de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), un espacio liderado por el cineasta Jorge Luis Sánchez donde la llamada generación de los ochenta –con un sentido altísimo de pertenencia– pudo canalizar parte de sus inquietudes artísticas.

Muchos fueron los grupos creativos que emergieron de manera espontánea en el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), los Estudios cinematográficos de la Televisión, la Cinematografía Educativa (CINED) y los Estudios cinematográficos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), conocidos popularmente como La Fílmica.

En aras de organizar todo ese movimiento, se instituyó la Federación Nacional de Cine Clubes de Cuba, en la actual Casa de Cultura de Plaza de la Revolución. Poco divulgado ha sido el hecho de que en 1989 los cineastas cubanos redactaron un manifiesto donde expresaban su punto de vista sobre la producción cinematográfica. Era esa una generación que trataba de hablar con voz propia y buscaba su identidad.

Resultado del mal llamado Período Especial, a raíz de la caída del campo socialista y del recrudecimiento del bloqueo de los Estados Unidos hacia la nación caribeña, desaparecieron los grupos creativos de cineastas emergentes.

Con el avance de las tecnologías, la democratización de los medios productivos y el incremento de jóvenes egresados de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (EICTV) y, más tarde, de la Facultad de Cine, Radio y Televisión, hoy de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA) comienza a hablarse más seriamente de un movimiento de cine independiente cubano. En ese panorama se insertan eventos como el Almacén de la Imagen, en Camagüey, y la Muestra Joven ICAIC, en La Habana.

 

Nuevos tiempos de cambio y ruptura

A 60 años de su creación, el ICAIC continúa siendo un paradigma para algunas generaciones de cineastas cubanos. Así lo reconoció el productor independiente Inti Herrera en la jornada final del XIX Festival Imago, organizado por la FAMCA en el Centro Cultural Cinematográfico Fresa y Chocolate.

“Si no hubiésemos tenido al ICAIC, cuando empezamos a hacer el cine independiente quizás nos hubiéramos tenido que plantear en ese momento otras formas más precarias de subsistencia. Nosotros nos hemos parado encima del edificio para hacerlo crecer de una forma diferente”, comentó.

El crítico de cine Gustavo Arcos recordó que en 2008, en una de las comisiones del Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), se presentó una propuesta concreta para reestructurar el cine cubano, que fue aprobada como acuerdo de esa comisión y luego cayó en el olvido.

Cinco años más tarde, finalizado el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba y ante la incapacidad económica del ICAIC de dar respuesta a la producción cinematográfica, la máxima dirección del país demandó que se produjera una reestructuración del Instituto y que se incentivaran las potencialidades internas de los cineastas para generar nuevas capacidades productivas. Desde ese entonces, se ha buscado reducir el personal innecesario en la plantilla del edificio administrativo, pero eso todavía es un tema  sensible.

De manera paralela, un grupo de cineastas conocido como el G20 volvió a plantearse con más fuerza cómo debía ser el sistema del cine y el audiovisual cubanos en medio de un movimiento independiente que cada vez era más agudo con respecto a su realidad e, incluso, había alcanzado premios importantes en eventos internacionales. Eso generó momentos de tensión a nivel de país y el proceso de cambio se vio con cierta suspicacia, porque todo se había generado de manera espontánea, al margen de la institución.

Al respecto, reflexionó Ramón Samada, actual presidente del ICAIC, en el citado encuentro del Imago: “Esa ruptura –que no es la primera que se produce en el Instituto en cuanto a un fenómeno de debate político– generó una situación que costó trabajo volverla a llevar adelante. Dio la enseñanza de la capacidad que tenemos todos para unirnos y defender el proyecto del cine en Cuba”.

La realizadora Magda González Grau apuntó que en esas asambleas del G20 se buscaba legitimar la obra que hacen los realizadores por su cuenta en cualquier punto de la geografía nacional, “para que se pueda exhibir, porque si no se da a conocer es una obra mutilada o inacabada. Eso garantizará una condición laboral y una suerte de legalidad a los realizadores de la isla. Esta es la batalla que hemos ido ganando”.

Durante tres años se movieron muchas ideas en las reuniones del G20, donde fue germinando gran parte del proyecto que hoy, finalmente, se ha aprobado en el nuevo Decreto Ley 373 del Creador Audiovisual y Cinematográfico Independiente.

 

En el combate final

Samada anotó que durante los meses que se avecinan la dirección del ICAIC estará sumida en un proceso organizativo muy difícil y complejo para instituir los Registros del Creador en todas las provincias, así como el Consejo Artístico Asesor y el Comité de Documentalistas.

Las oficinas del Registro, la Comisión Fílmica y la de Atención a los Creadores estarán ubicadas en el octavo piso del ICAIC. De igual manera, se establecerá una Oficina de Atención a los Creadores del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) en su sede del inmueble, ubicado en 23 y M.

Para inscribirse en uno de esos registros el aspirante deberá ser egresado de la FAMCA o de la EICTV o presentar tres obras que serán analizadas por un Comité de Admisión. Cada realizador se podrá inscribir en la especialidad que desempeñe: dirección, edición, fotografía, sonido y producción.

El presidente del ICAIC destacó que se establecerá para los cineastas jóvenes ciertas garantías, para que no estén en desventaja en un sistema que puede ser demoledor y podría no tenerlos en cuenta. Por eso es una aspiración que, conjuntamente con el título de graduados de la FAMCA reciban, quizá para el próximo curso, su carné del Registro. En ese sentido Magda aclaró que la nueva ley contemplará cláusulas muy específicas para apoyar y proteger a los estudiantes y graduados de las escuelas de cine.

El hecho de que los egresados de la FAMCA o de la EICTV tengan prioridad en el proceso de inscripción ha generado cierta insatisfacción entre quienes se han formado en la “escuela de la calle.”

Por otra parte, para González Grau, el llamado Consejo Artístico de Cineastas reviste una función vital,  porque tiene entre sus potestades “consensuar con el presidente del ICAIC el diseño, la creación y ejecución de la política y la práctica de la actividad cinematográfica cubana; representar y defender los intereses e inquietudes de la Asamblea de Cineastas, que se quiere rescatar; apoyar y asesorar al presidente del Intituto ante otras instituciones nacionales y extranjeras en acciones y decisiones a favor de los cineastas y de la industria cinematográfica”.

Otra de las funciones del Consejo –de conjunto con los representantes de la presidencia del ICAIC– está relacionada con la selección de los proyectos que serán beneficiados con el Fondo de Fomento Cinematográfico. Por último, sus integrantes deberán participar en la selección de los miembros del Comité de Admisión del Registro del Creador Cinematográfico y Audiovisual.

De lo que se trata, con estas disposiciones, es de ordenar un universo audiovisual diverso y cambiante. En ella se aborda incluso el tema de los requisitos que debe cumplir el creador y su obra para ostentar la nacionalidad cubana. Por primera vez los realizadores tendrán una personalidad jurídica que les permitirá manejar fondos asignados a un proyecto a través de una cuenta bancaria.

La directora del telefilme ¿Por qué lloran mis amigas?, concluyó su intervención con las siguientes palabras: “A mí me parece que se dieron pasos de avance fundamentales desde el punto de vista cualitativo. La única queja que yo podría tener es que el proceso se ha dilatado mucho en el tiempo”.

Inti Herrera, con experiencia de trabajo en la entidad independiente Producciones de la 5ta Avenida, señaló que uno de los retos a enfrentar por los realizadores cubanos será el poder justificar legalmente cómo se utilizan los fondos auditables asignados en sus cuentas, ante la falta de cultura de estatales o particulares para entregar facturas a sus clientes por los servicios prestados o recibidos.

Las legislaciones aprobadas son perfectibles. La realidad dirá la última palabra. Cuando finalmente empiecen a implementarse, después del mes de septiembre, se irán aplicando sobre la práctica, bajo el método de ensayo y error, que quizá permita rectificar los tiros en un futuro no muy lejano.

En el tintero quedan muchas problemáticas a solucionar, como el tema de las licencias de rodaje, el tiempo estipulado para recibir los permisos y la solución apremiante de rescatar la exhibición en la pantalla grande, ante el deterioro acumulado que presentan muchas de las salas cinematográficas en todo el país, situación que ha dado al traste con la desaparición de los llamados cines de barrio.

Finalmente, está claro que falta la aprobación de una Ley de Cine cubana; pero eso, de seguro, ocupará la agenda de venideros debates.

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