Esa luz inmensa, entre spoilers y deadlines (Parte II y final)

Entrevista al crítico cubano de cine Rubens Riol.

Rubens Riol

Foto: Cortesía del autor

Daniel Céspedes: Tú sabes que una de las actrices preferidas, si no la favorita de Guillermo Cabrera Infante, era Gloria Grahame. Se ha visto recientemente Las estrellas de Hollywood no mueren en Liverpool. A mí me gustó mucho, pero no es mi opinión la que importa ahora, sino la tuya.

Rubens Riol: No me da vergüenza admitir que Cabrera Infante y yo tenemos, naturalmente, referentes cinematográficos distintos, pues aunque he visto bastante cine, soy —a fin de cuentas— un crítico millennial. Me torturas en este instante y no recordaría ningún filme de la Grahame. Me la perdí, pobrecita.

No obstante, sí he visto hace meses Film Stars Don’t Die in Liverpool y al igual que otros grandes biopics como La Vie en Rose (2007), Cadillac Records (2008) o My Week with Marilyn (2011), toda la atención de la película se la lleva la soberbia caracterización de la actriz protagónica, entiéndase: Annette Bening, Marion Cotillard, Beyoncé y Michelle Williams, respectivamente. Pues, sin tener un parecido físico real con Gloria Grahame, Edith Piaff, Etta James o Marilyn Monroe, nos revelan aristas complejas y hasta desconocidas de esas celebridades, humanizándolas, inmortalizándolas. En casos como el de este filme que mencionas, más allá de otros rubros técnicos de valor encomiable que pudiera enumerarte, la grandeza y el impacto del relato descansa en esa actuación.

DC: Tu película cubana…

RR: Memorias del subdesarrollo (1968) de Titón, me la sé al dedillo. Pues como parte de mi tesis en Historia del Arte, analicé todas las escenas de desnudo en la película y la he visto muchas veces. Disfruto la naturaleza contradictoria y escindida de Sergio, la narración en off, la banda sonora, la música, los personajes femeninos, la grandeza del relato de Desnoes, el guion; su calidad de manifiesto, de cine clásico, pioneril y, al mismo tiempo, irreverente, subliminal, irónico.

Si pudiera, te daba un Top 10 de mis favoritos en el cine cubano —believe it or not—, esa es mi única y verdadera especialidad. No vayas a reírte si te digo que, a pesar de no ser director de cine, tengo mi propia filmografía, pues el simple hecho de escribir sobre esas películas me otorga, de una manera extraña, derechos de autor sobre ellas.

Jean-Luc Godard anotó alguna vez que hacer críticas y hacer películas eran dos maneras de hacer cine, y siento que tenía razón. La interpretación es parte del ciclo vital de cualquier obra cinematográfica, así es como termino apropiándomelas; y no me refiero al hecho de acumular DVDs en un armario. Toda vez que las analizo, se convierten en un recuerdo entrañable, en algo mío, ensanchando no solo mi dossier, sino mi cultura y mi propia vida.

DC: Y el documental…

RR: Por primera vez (1967), ese cortometraje fundacional de Octavio Cortázar, que observa las reacciones de una comunidad rural ante la llegada del Cine Móvil del ICAIC (Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos) y las peripecias de un simpático Charles Chaplin, pues —aunque sea un material precoz en nuestra cinematografía y bastante ingenuo en sí mismo— captó con precisión el impulso revolucionario de erradicar la ignorancia, el atraso tecnológico y la virginidad del otro cultural (ese grupo de campesinos y niños, confinados a la oscuridad y a la periferia por el fatalismo geográfico). Allí, no solo vemos guiños al cine dentro del cine —recordemos los fragmentos de Tiempos modernos (1936)—, sino la resonancia simbólica de ese título, que habla de una sociedad nueva que hace alardes del triunfo y promueve el cambio. Me interesa esta obra porque es también un homenaje a la invención de los hermanos Lumière, guarda parentesco con esa pieza ulterior que es Cinema Paradiso (1990) y constituye un antecedente de los preceptos éticos y estéticos de TV Serrana.

DC: Tu director extranjero…

RR: Cada vez que alguien me hace ese tipo de pregunta, enmudezco. Supongo que la manera más honesta de responderla es refiriéndome al director de cine del cual haya visto más películas que admire y disfrute. No obstante, la cinefilia es un cruel ejercicio de memoria. Se me ocurren de pronto aquellos nombres que han cambiado mi forma de entender la vida desde los enunciados de sus filmes. Pienso en Pier Paolo Pasolini, François Truffaut, Alfred Hitchcock, Stanley Kubrick, John Waters, François Ozon, Martin Scorsese, John Cameron Mitchell, Joel Edgerton, Asghar Farhadi, Pedro Almodóvar o Xavier Dolan. En mi caso, es muy difícil contestar eso de golpe, no sabría decidirme por uno solo.

DC: ¿Lo que el viento se llevó o Casablanca?

RR: Lo que el viento… me gusta más, quizás porque tiende al melodrama. A veces puedo apreciar mejor las dotes de una actriz en situaciones borde. Vivien Leigh se dio entera a su Scarlett O’Hara, yendo de la ñoñería a la intrepidez (digna de ovación).

DC: ¿Buster Keaton o Harold Lloyd?

RR: Las comedias del cine mudo me parecen obras monumentales, pero Keaton siempre tenía cara de tranca. Su inexpresividad me enfría un poco, aun sabiendo sus ilimitadas dotes como director. De ambos, prefiero a Harold Lloyd, que era mucho más simpático. Su secuencia colgando del reloj, en lo alto de aquel edificio en Safety Last! (1923), no tiene desperdicio.

DC: ¿Christian Bale, Luke Evans o Garrett Hedlund?

RR: Esta curiosidad tuya esconde dobles intenciones (risas). Christian Bale es un actor muy sólido y con una trayectoria respetable, pero ni su premio Oscar opacaría la virilidad imbatible de Luke Evans en No One Lives (2012), donde interpreta a un serial killer malote y seductor. A Garret Hedlund, apenas lo descubrí esta semana en Triple Frontier (2019), junto a Ben Affleck y Oscar Isaac, y sospecho que es un talento menor. Necesitaría observarlo un poco más.

DC: ¿Quién es tu actor?

RR: Uno de los actores que más sigo es Jude Law. Una tarde lo vi paseando por El Vedado, con su amigo Carlos Acosta, en un convertible. Creo que además de galán es un actor inteligente, porque utiliza su voz y su sonrisa para extirpar del mundo la posibilidad de concentrarnos en otra cosa.

He visto muchas de sus películas, unas mejores que otras; sin embargo, recuerdo especialmente Cold Mountain (2003), The Holiday (2006) y My Blueberry Nights (2007), esas que tienen una impronta más romántica. Él simplemente me desconcierta, aún no descubro el antídoto.

Hormonas aparte, creo que su rendimiento en The Young Pope (2016), la serie de televisión de HBO, es la cúspide de su carrera actoral. Ese ha sido su mejor desempeño (duro, peligroso, sarcástico, irreverente). Me gocé cada una de sus escenas, como si viniera a confesarse conmigo.

También le sigo la pista a Timothée Chalamet. He visto todas sus películas desde que me flechara en Call Me By Your Name (2017). Ahora estoy ansioso por ver A Rainy Day in New York (2019), lo más reciente de Woody Allen, porque sé que Chalamet va a estar de lujo. Woody Allen es un excelente director de actores y puede impulsar su carrera aún más lejos.

DC: Tu actriz…

RR: Creo que Julianne Moore es una actriz soberbia, de muchos recursos. Cada vez que la veo, siento que es una criatura distinta, más profunda, más grande. Permuta de psicologías, reconstruye su gestualidad, orquesta otras miradas, sin mencionar su sex-appeal, su cabello rojizo, la verdad con que embiste el drama de sus personajes, siempre en crisis, a punto de quebrarse.

Verla sufrir es un fenómeno estético que va más allá de la apariencia o de la mímesis, porque lo hace desde otra dimensión. Es, además, una actriz fotogénica, versátil, glamorosa, con un gran olfato para los personajes difíciles y atormentados, con conflictos duros. Ella ama la complejidad (she is a total bitch).

No he visto toda su filmografía aun, pero la adoré en The Hours (2002) y Far From Heaven (2002), luego vinieron Savage Grace (2007), A Single Man (2009), Chloe (2009), The Kids Are All Right (2010), Still Alice (2014) y más recientemente, Bel Canto (2019). Pero, desde luego, no las he visto en ese orden. Cuando me enfrento a estas historias tengo la certeza de estar disfrutando una performance sublime.

DC: Dime de directores de cine sobrevalorados

RR: Esto no puedo buscarlo en ningún libro. Es una apreciación muy subjetiva, basada en mi experiencia con el cine de ciertos directores, de los cuales sé hay opiniones muy elevadas, pero que a mí me resultan densos, sangrones u oportunistas. Yo mencionaría a Andrei Tarkovsky, Clint Eastwood y Alfonso Cuarón, en ese orden. Con momentos de brillantez, pero también raptos de absoluta intrascendencia.

DC: Tu frase preferida de una película

RR: Hay frases de películas que se han vuelto muy célebres y que la gente repite por ahí. Yo solo podría identificar aquellas que me han impactado de alguna manera o me dan mucha risa, como el monólogo agridulce de Laura de la Uz en La película de Ana (2012) de Daniel Díaz Torres, cuando dice de carretilla: “¿Ustedes saben lo que fueron los años noventa en Cuba? ¿El Período especial? Eso no tiene ni traducción. (…) Qué van a saber ustedes lo que es comerse un bistec de frazada, un plátano hervido con col (…) hasta pizza de preservativo, y después tenerte que levantar al otro día por la mañana, agarrar una bicicleta con la neuropatía en vena, sin esta proteína, para poder seguir andando. Mi mamá todavía padece de dolores en los huesos por culpa del Período Especial. ¿Cómo no me iba a meter a puta? Hasta por sándwich podía templar yo”. Esta es una escena hilarante y al mismo tiempo catártica. Me aprendí el monólogo completo y a veces lo escenifico en fiestas o reuniones entre amigos. Por eso te lo puedo recitar de memoria. Esa actuación le valió a Laura el Premio Coral ese año en el Festival de Cine de La Habana. Yo vi el filme antes del estreno, como parte de un Diplomado para Jóvenes Críticos de Cine, que coordinó la ACPC (Asociación Cubana de Prensa Cinematográfica) en el ICAIC y Daniel Díaz Torres estaba allí con nosotros. Tiempo después falleció. Creo que esa es la más sesuda de todas sus obras.

Sin embargo, el verdadero repertorio de bocadillos folclóricos y suspicaces del cine cubano lo encuentras en Fresa y Chocolate. Diego es un diccionario interminable de dichos tan ocurrentes que no los podrías olvidar jamás. Pero hablarte de ese curiosísimo fenómeno nos ocuparía otro par de páginas.

DC: ¿Cuál es el género que más detestas como crítico y el que más te atrae como espectador?

RR: No soporto el cine fantástico o de ciencia ficción, ni la literatura de ese tipo. Me producen una profunda apatía. Eso ha hecho que me distancie de sagas como Star Wars, The Planet of the Apes, The Lord of The Rings, The Matrix, Guardians of the Galaxy, Harry Potter y Avengers. Sé que el gremio me fusilará por semejante herejía, pero es solo una cuestión de gustos. De ahí solo me quedo con Alien y Jurassic Park, porque coquetean con el cine de horror, que es mi género favorito. Ahí sí me disparo lo bueno y lo malo, casi no discrimino, me entretiene demasiado.

Incluso hasta pago membresía anual de una aplicación libre de comerciales que se llama Shudder, con contenidos exclusivos para fanáticos del género, donde puedes encontrar thrillers, suspensos, clásicos de culto, series completas, etc., con una curaduría excepcional y secciones muy creativas, pero también voy al cine a ver los estrenos más prometedores de la temporada para gritar a la par de la multitud.

Ahora del 8 al 16 de agosto participaré por primera vez como espectador raso en el Popcorn Frights Horror Film Festival, que organiza desde hace 5 años un amigo aquí en la Florida. El programa este año ofrece alrededor de 70 estrenos exclusivos de 20 nacionalidades distintas. No puedo esperar a sentir la energía de todos esos aficionados viendo las películas e interactuando con los actores y los directores.

DC: ¿Qué crees de los videoclips?

RR: Es un género audiovisual que ha alcanzado mucho auge en Cuba, gracias al mérito de Orlando Cruzata, su programa Lucas y los premios del mismo nombre. Recuerdo que Rufo Caballero dedicaba una sección a analizar los productos de última hora. Así fue creando conciencia estética y ánimo competitivo entre los realizadores, al punto de poder identificar hoy una gramática visual con rasgos de autoría, que convierte a algunos de esos cortos musicales en obras de arte. Si alguna vez me lo hubiesen propuesto, hasta yo mismo habría asumido aquella sección televisiva para que no se perdiera ese impulso, como ha sucedido en ausencia de Rufo.

Donde vivo ahora no hay un medio de prensa especializado en videos musicales. De lo contrario, le habría dedicado tiempo y pensamiento a ese género. Escribí una sola vez y como ejercicio de clase, acerca de Para que sufras (2009), un video dirigido por Lester Hamlet para promover a la cantante cubana, radicada en México, Raquel Bigorra. Aquella crítica la titulé “La maldición de una zorra”, jugando de forma irónica con el apellido de la artista, al tiempo que me apoyaba en la dirección de arte para polemizar sobre la identidad escindida de la cantante que había emigrado lejos de Cuba. Fue una buena gimnasia para mi cerebro.

Los videoclips me agradan, porque disfruto de la música. Por otro lado, debido a su corta duración y a su compromiso con la síntesis, resultan obras fáciles de descuartizar. La letra de las canciones ayuda mucho en el análisis narrativo, mientras la significación de los objetos, el diseño de vestuario, las locaciones y los efectos de posproducción brindan señales inequívocas de artisticidad o dejadez, aunque bien sabemos que el fin último de esta manifestación es la publicidad.

DC: ¿Ves alguna serie? ¿Cuál me recomiendas?

RR: Por lo general evito ver series porque son adictivas, consumen tiempo de lectura y de sueño, pero hay momentos en los que no me queda otra opción que sucumbir. Recientemente he visto: American Crime Story: The Assassination of Gianni Versace, Dark Mirror, You, What If y Slasher; cada una de ellas, bombas de adrenalina y factura óptima. Pero te recomendaría la serie dramático-musical Pose, que estoy terminando de ver por estos días, la cual me parece interesante por varias razones.

Todos sus protagonistas son transexuales afronorteamericanos que compiten por trofeos en distintas categorías de baile y moda en un club nocturno. Cada episodio nos adentra en un submundo multicultural de identidades de género, que alcanza una primacía mainstream en la Nueva York de los años ochenta, cuando comenzaba a propagarse la epidemia del sida. Por otro lado, está el componente dramático de las relaciones interpersonales, los conflictos entre pandillas, las bajas pasiones y la hipocresía y deshonestidad de la comunidad hétero como emblema del universo lujoso de la era-Trump que comenzaba a tomar auge.

Las interpretaciones son de campeonato: Elektra Abundance (Dominique Jackson) borda su propia biografía con derroches de glamour y sarcasmo. Ella se me antoja como un híbrido entre Cate Blanchett y Naomi Campbell. Mientras el joven actor Evan Peters (X-Men, American Animals) nos convence en su rol de padre de familia, insatisfecho y confundido, que cambia a su esposa por una prostituta transexual. En resumen, la serie pudiera parecer frívola, pero es una lección de aceptación y humanismo.

DC: Para nuestra generación, y para los críticos en general, las revistas culturales siempre han representado una plataforma de presentación y despliegue de quien ejerce el criterio, aunque luego publique compilaciones o volúmenes sobre temas más específicos del séptimo arte o el audiovisual. ¿Qué sientes cuando te publican?

RR: Siento placer, orgullo y tranquilidad. Es la única forma de dejar mi huella en este mundo, porque no tendré hijos. Así la gente tendrá una prueba de que alguna vez existí. Aspiro a publicar unos 10 libros y guardo la esperanza de que al menos dos de ellos sean una referencia importante en los estudios culturales de mi país y que me trasciendan, verdaderamente. Entonces, habré cumplido mi mayor anhelo.

DC: ¿Solo obras de culto para llegar a ser o ratificarse crítico de cine?

RR: Esa es una presunción excluyente, un melindre clasista que esconde un sospechoso alarde de pedigrí intelectual, pero no constituye, bajo ningún concepto, nuestro deber-ser. El cine es muy diverso. Los géneros no hacen al crítico, sino su profesionalismo y competitividad a la hora de analizar las películas. El cine de culto en sí mismo se compone de varios subgéneros (en ese sentido está bien contaminado). La mayoría de las obras son incómodas, irreverentes, exóticas, vanguardistas, delirantes y polémicas; ingredientes que ningún crítico de cine con dos dedos de frente podría ignorar.

Una de mis favoritas es Desperate Living (1977) de John Waters, una obra excelsa del camp, es tan grotesca y subversiva, que se puede explicar toda la teoría queer y el psicoanálisis, observando la peor de sus escenas. Hace muy poco vi el filme francés Un couteau dans le coeur (2018), de Jann Gonzalez, candidata a la Palme d’Or el año pasado en Cannes, que fue comercializada en Estados Unidos bajo el título Knife + Heart, protagonizada por Vanessa Paradis, una rareza magnífica, que de forma automática entró al parnaso de los filmes de culto. Pero existen cinematografías otras, que no son virtuosas obras de arte, pero saturan el mercado y no deberíamos desatenderlas. Ahí tenemos Dora, and the Lost City of Gold (2019), a punto de estrenarse por estos días y que será todo un fenómeno de masas (risas).

DC: Expectativas con La emboscada del erizo, tu primer volumen sobre cine.

RR: Este libro será entrañable para mí, porque resume la mitad de mi carrera dedicada al cine desde varias facetas, no solo como crítico sino también como promotor. Será el gemelo de mi libro anterior El entierro de las consignas. Textos críticos sobre arte cubano (2018), como ocurriera con los volúmenes Agua bendita (2010) y Nadie es perfecto (2011) de Rufo Caballero. De esta forma, cierro ese capítulo en mi vida como periodista y me entrego al ensayo, un género que añoro. Aprovecho para pedirte que me dejes usar esta entrevista como epílogo de La emboscada…, ya que tú mismo has escrito el prólogo, así cerramos otro círculo, ¿qué opinas?

En mi caso, se trata del pensamiento de más de una década, dividido entre esas dos pasiones: el arte y el cine. Dos antologías que me servirán ahora como carta de presentación para iniciar un doctorado en alguna universidad de los Estados Unidos; y consagrar mi tiempo a la academia, mi primera vocación, que ha quedado trunca debido a la sobrevida en la diáspora. Espero que este libro pueda tener lanzamientos en sus escenarios, naturales que serán los próximos festivales de cine de La Habana, Guadalajara (México) y Miami.

DC: Y de otros proyectos que tienes en camino.

RR: Mi trabajo de diploma para graduarme de Historia del Arte, en 2009, fue una disertación sobre las escenas de desnudo en el cine cubano de los años sesenta. Con dicha investigación pretendía enfrentar la hipocresía del hombre nuevo con el mito arrogante y falaz del Eros nacional, que ronda aun los imaginarios. El simple análisis de este tipo de escenas transparentaba la mojigatería resultante de las dinámicas entre poder, moral y censura en los primeros años de la Revolución; de modo que, la desnudez actúa como un curioso dispositivo ideológico, memoria histórica y texto cultural. De ahí salen las ideas de mi próximo libro de ensayos, titulado El imperio del sudor. La desnudez en el cine cubano (1959-2019), para el cual extendí el objeto de estudio hasta la actualidad, examinando este fenómeno en 60 años de cine producido por el ICAIC.

Simultáneamente, trabajo en otro volumen de ensayos, menos académico, pero con cierta afinidad temática: El extraño pudor de los convidados. La orgía sexual en el cine y otras historias promiscuas. No he terminado antes estos proyectos esperando a alcanzar experiencia y madurez en mi propia comprensión de esos asuntos, pues necesitaba definir mi posicionamiento ético para escapar en lo posible del escarnio público, pero calculo que ambos libros saldrán al mercado al mismo tiempo.

DC: ¿Qué es el cine para Rubens Riol?

RR: El cine es una experiencia asombrosa, envolvente, es como un vicio, un suero, una droga. Si un día pierdo la cabeza, solo pido que después de llevarme al manicomio traigan una pantalla y me entierren allí con ella. Si alguien quiere verme mongo y extasiado, que me dé un control remoto y pasaré el resto de mis días viendo películas. Creo que el trabajo de mis sueños sería, justamente, como programador, pues me pagarían por ver y seleccionar filmes, que es lo que más disfruto; aunque no me conformaría solo con eso, siempre sentiré la necesidad de escribir. (2019)

Normas para comentar:

  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.