Mario Masvidal: “Lo que la crítica no ve, sencillamente no existe” (Parte I)

Diálogo con uno de los críticos de cine cubano más versátiles de la nación caribeña.

cine cubano

Mario Masvidal, crítico de cine.

Foto: Tomada de Festival de Cine de La Habana.

No sé cómo se las ingenia Mario Masvidal (La Habana, 1953) para estar al tanto de los audiovisuales cubanos y extranjeros más recientes. Si se considera que no solo le interesan los largometrajes, sino el videoclip, el video arte, la animación, los documentales, los videojuegos, las telenovelas y las series, su mirada es atendible por una suerte de subjetividad que, más que abarcadora, se da desenfadada y amena.

Muy conocido por ser el conductor del espacio televisivo del Canal Habana “X-Distante”, él no menosprecia ningún medio de difusión y menos un contexto para la escritura, si bien es sabido cuán asimiladas tiene asimiladas las estrategias de la comunicación. Lo suyo es compartir un discurso apasionado y a veces incómodo.

Doctor en Ciencias Filológicas y Profesor Titular del Departamento de Estudios Lingüísticos del Instituto Superior de Arte (ISA), Masvidal enseña Semiótica, Teoría de la Comunicación y Análisis del Discurso en la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual del ISA, así como en las facultades de Comunicación Social, Artes y Letras y Lenguas Extranjeras de la Universidad de La Habana. Para quien también posee un trayecto como profesor en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (EICTV) y el Centro de Estudios de la Radio y la Televisión, le queda tiempo para promocionar lo que su curiosidad advierte.

Con quien nos ha enseñado a mirar más que los “muñequitos cubanos”, con el autor de prólogos y epílogos (recuerdo mucho la introducción que le escribió a un libro de Rufo Caballero sobre Dulce María Loynaz, y otra sobre el volumen de la Editorial Arte y Literatura de Billy Budd y Benito Cereno), con uno de los grandes especialistas de animación y de los críticos más mediáticos en Cuba, comparto este plática.

Daniel Céspedes (DC): ¿Cuándo sentiste que podías firmar como crítico de cine?

Mario Masvidal (MM): En verdad, nunca me he sentido como un crítico de cine como tal. Sí creo ser un profesor que se atreve a incursionar en la crítica cinematográfica. Suele darse el caso inverso; es decir, el crítico que deviene profesor de la manifestación que critica. Me parece que, llegado a este punto, también sería necesario precisar de qué tipo de crítica estamos hablando. Asumo que estamos hablando del comentario crítico que se presenta en un medio de comunicación. Pero la crítica también, y sobre todo, incluye el ejercicio de pensamiento analítico que teoriza o se vale de teorías al uso, y que se apoya, revisa y expone la historia de una manifestación artística y cultural. Ese tipo de crítica no entraña, necesariamente, una evaluación o una valoración, ni una orientación de recepción, o al menos, no la tiene como primera intención. Es un proceso creativo —Oscar Wilde lo veía así— que supone exponer, describir y fundamentar. El paso final de ese proceso, y no siempre alcanzado o deseado en este tipo de crítica, es el hermenéutico, que supone una comprensión profunda y personal (subjetiva) por parte del crítico, del objeto, fenómeno o proceso en estudio, a partir de lo antes mencionado.

La crítica es una obra de creación (¿artística?) que se realiza sobre otra obra tenida como objeto de estudio, ya sea un objeto artístico o cualquier otro objeto, fenómeno o proceso de la cultura. La crítica no descubre ni expone verdades absolutas ni valoraciones objetivas e irrefutables, sino que interroga la realidad objetiva y subjetiva y apenas se limita a señalar áreas de luz y de sombras, o aspira a mover ideas y provocar debates. Eso es todo muy debatible, complicado y difícil, en mi opinión. Y claro que sí, regularmente realizo comentarios críticos sobre cine de animación y sobre otros géneros audiovisuales (que no solo los cinematográficos en sentido estricto), donde valoro y hasta en ocasiones me atrevo a recomendar. Es un atrevimiento que me dejan cometer.

DC: A. O. Scott, considerado uno de los críticos más importantes de Estados Unidos, dice: “Así como el crítico es independiente de la industria, debe alejarse de lo que el público piensa”. ¿Qué tú crees?

MM: Sí, me parece necesario. Pero el crítico debe saber también que su independencia es relativa, independientemente de su voluntad y de su pertenencia o no a una institución o un medio. El crítico es parte de la institución arte en las sociedades modernas. La crítica es una pieza importante del mecanismo institucional, como lo son también la academia, las fundaciones, los dispositivos financieros gubernamentales para el arte, ministerios y consejos de cultura, el mercado del arte, los circuitos de fruición del arte, las industrias asociadas al arte, los medios de comunicación, los festivales, concursos y premios; y los gremios y asociaciones de artistas, entre otros. Si la labor de un crítico choca o difiere, o no conviene a los intereses de la institución arte, el crítico queda, tarde o temprano, fuera del juego, o en el mejor de los casos, relegado a los márgenes del debate. En el presente hay más posibilidades de gozar de autonomía o de cierta independencia en el espacio de las redes sociales, lo que me parece excelente. Pero insisto en que lo que la crítica no ve, sencillamente no existe. También hay que decir que lo que el mercado no ve, tampoco existe, pero eso da para otro debate.

DC: ¿Qué condiciones tiene que poseer alguien para que ejerza la crítica al menos de manera digna?

MM: Inteligencia, saber enciclopédico, honestidad, valentía, alta competencia comunicativa, voluntad de diálogo, modestia, moderación y respeto a sí mismo y hacia los demás.

DC: ¿Qué métodos sigues para hacer una crítica?

MM: Eso depende. Si se trata de un ejercicio académico (de crítica), suelo recurrir a modelos y procedimientos de análisis —o combinación de estos— que provienen de la semiótica, del análisis del discurso, del análisis crítico del discurso, de la teoría de la comunicación, de la estilística lingüística, de la teoría del arte, de la historia del arte (de la manifestación que se trate), de la hermenéutica, entre otras, en dependencia del objetivo de la crítica académica de que se trate: una oponencia de tesis, un artículo para publicaciones especializadas, una ponencia o presentación en un foro científico. En la base de todas ellas, y de sus combinaciones, yace como denominador común y factor orientador –que es lo más importante para mí– la filosofía.

Si se trata de comentarios críticos para los medios (audiovisuales o impresos), la participación de las disciplinas, procedimientos y enfoques antes mencionados es la misma, pero esas disciplinas no afloran en la superficie del discurso con la densidad usual de los medios académicos, pues el público en este caso es más diverso, numeroso y no experto. Aquí, tiendo a hacer más clara la función educativa de la crítica, aunque evito hacer valoraciones —lo que en ocasiones no puedo evitar— para no influir al espectador. Mi intención es que el espectador vea más allá de lo que normalmente todos vemos en una sentada ante el televisor o en la sala de cine. Trato de estimular la recepción ingeniosa (en términos de Umberto Eco) para que esta alcance, al menos, el mismo nivel que tiene la recepción ingenua que, naturalmente, todos tenemos. Siempre tengo claro que debo utilizar un lenguaje accesible para muchos y trato de aclarar los términos especializados que en ocasiones utilizo, de modo que esto contribuya también a la educación del público. En fin, soy un profesor, más que un crítico.

DC: Y si de tonos hablamos, aprecio que no tienes necesidad de ser irónico porque manejas con cuidado lo festivo, sin caer en el ridículo o lo pesado. ¿Qué otros tonos prefieres?

MM: El humor es un gran vehículo para la crítica, es decir, para el comentario crítico. Me refiero a un humor sano e incisivo; inteligente, si es que me sale inteligente. Siempre asumo que quien me escucha o lee es una persona inteligente, aunque no tenga necesariamente una formación profesional o una cultura cultivada, una persona lógica, con más de “dos dedos de frente”; no subvaloro al receptor, lo respeto como merece. También trato de asumir un tono coloquial y, en lo posible, ameno.

DC: ¿Qué es lo mejor y lo menos recomendable de Mario Rodríguez Alemán como crítico de cine?

MM: Rodríguez Alemán casi fue mi profesor en la Universidad de La Habana. Digo casi porque no fue mi profesor en el sentido estricto y directo, pero él era miembro del claustro de la facultad y, como tal, en ocasiones daba alguna charla (así se llamaban entonces las presentaciones informales de los docentes en el ámbito académico y en el extramural). Si no recuerdo mal, conducía un seminario de dramaturgia y actuación o algo parecido, en la universidad, por aquellos años. Sin dudas era una figura reconocida y admirada. Sus críticas cinematográficas en TV me parecían acertadas en general, un tanto formal y encartonado en su proyección mediática para mi gusto. En varias ocasiones me sucedió que los filmes que Rodríguez Alemán catalogaba como banales y perniciosos, me resultaron muy buenos. Eso no significa, necesariamente, que como crítico fuera desacertado, sino que tal vez yo precisaba de más fogueo ante la pantalla. Lo mismo me pasaba con otros comentaristas de aquellos años, que solían politizar sus comentarios en demasía, en mi opinión. Pero, sin dudas, Rodríguez Alemán influyó mucho en la educación cinematográfica de la población cubana durante tal vez 20 años de ejercicio de la crítica en la TV y en la prensa plana.

DC: ¿Y de Guillermo Cabrera Infante?

MM: Admiro mucho a Cabrera Infante como narrador y un poco menos como crítico de cine, en ese orden. Su libro Un oficio del siglo XX fue lectura habitual mía y de mis hermanos cuando éramos adolescentes, casi niños (12 o 13 años de edad). No es pedantería: mi madre compró el libro y también lo leía. Nosotros éramos muy voraces lectores, nada raro en verdad, pues muchísimos jóvenes de los sesenta y setenta (e incluso de los ochenta) eran ávidos lectores. Eso ayuda mucho. Con Cabrera Infante me enteré de que existía la profesión de crítico de cine y sus críticas recogidas en el volumen antes mencionado me parecieron entonces muy buenas, muy ocurrentes e incluso muy influyentes, pues en caso de ver un filme —casi siempre estadounidense o europeo— yo solía leer de antemano lo que había escrito Cabrera y luego veía el filme. Ya yo iba prejuiciado —favorable o desfavorablemente— al cine. Hoy sus comentarios críticos no me parecen lo mismo que en mi temprana juventud. Me saben más light y en ocasiones muy personales… pero hay que tener en cuenta que Cabrera escribía para el público de Carteles….y de todas formas se trata de Guillermo Cabrera Infante, uno de los grandes de la literatura hispanoamericana y mundial de todos los tiempos.

DC: ¿Qué otros críticos te influenciaron para escribir o analizar luego una obra?

MM: Sin dudar, y en primer lugar, Enrique Colina. Seguidamente, debo mencionar a José Massip (que, como Colina, unía la crítica a la realización audiovisual), quien era un auténtico amauta de la cultura universal; a Carlos Galiano (sereno, culto y agudo comentarista, todo lo que no soy yo), y a la que fuera mi discípula, Jacqueline Venet (quien siempre ve en los filmes algo diferente y mejor de lo que yo veo en ellos). Tampoco quiero olvidar a otros comentaristas que también siento que me han influido notablemente y de los cuales he tomado mucho, como Joel del Río, Rufo Caballero, Dean Luis Reyes y Juan Antonio (Juani) García Borrero. Soy muy injusto porque, en verdad, de todos uno aprende y bebe y copia. Pero quizá los arriba nombrados son los que más tengo presente.

Por otra parte, quiero mencionar también a otros de los que he aprendido. Rolando Pérez Betancourt, que es, sin dudas, un peso pesado en este campo y alguien a tener en cuenta como referente; también valoro muy positivamente a Gustavo Arcos, con quien compartí durante años una revista radial dominical donde Gustavo participaba disciplinadamente todos los domingos, poniendo a menudo a sudar a las instituciones (ICRT e ICAIC) con sus afiladas y valientes críticas. No puedo dejar de mencionar en este apartado a Tony Mazón, quien marcó toda una época de fruición cinematográfica con su estilo muy personal; a Frank Padrón, que con suave humor y amables palabras examina filmes y filmografías; a Luciano Castillo, amo y señor de toda la historia del cine nacional y su inapreciable labor de promoción y educación cinematográficas; a Víctor Fowler, poeta, ensayista y gran polemista; y más acá en el tiempo, a Tony González Rojas, poseedor de la palabra que no cesa.

Otros críticos de menos popularidad mediática, pero de alta gama profesional y a quienes estimo, son Jorge Yglesias (ilustradísimo, poeta y crítico de fina ironía); Rafael Grillo (agudo, mesurado y caimanero); Pedro Noa (acertado, afable e incansable); Berta Carricarte, Mayra Pastrana (aguerridas discípulas de Rufo Caballero, que brillan sobre todo en la academia), entre otros. No he mencionado en este pase de lista a aquellos que se mueven, principalmente, en el terreno de las publicaciones, como Mario Naito, Ángel Pérez, Astrid Santana, Zaira Zarza, Anaelis Ibarra, Daniel Céspedes, Justo Planas, Hamlet Fernández, Raydel Araoz, Reynaldo Lastre; y sobre todo los críticos de “provincias” que trascienden sus marcos geográficos, como José Rojas Bez, e incluso Luis Álvarez (ambos maestros de maestros), junto a muchos, muchos más. Creo que el cuerpo de la crítica cinematográfica goza de buena salud y cuenta con muchísimas voces de alta valía. Hay un potencial grande en el campo de la crítica cinematográfica en Cuba, que aún puede y debe ser más proactiva y decisiva en la cultura de la nación. Por eso he querido presentarlos en este pase de lista incompleto, subjetivo y mal jerarquizado, donde lo importante para mí es lo que todos ellos representan para la cultura nacional y para este servidor.

DC: Dices que el cuerpo de la crítica cinematográfica goza de buena salud y cuenta con muchísimas voces de alta valía. Ahora, ¿qué crees de esas aperturas en los medios para que otros también valoren el cine y el audiovisual en general?

MM: Hoy día, por ejemplo, prácticamente cualquiera, un desconocido, a veces un advenedizo “confiable”, un entusiasta con muchas ganas de hacer, llega a los medios (TV, radio, prensa) y hace crítica cinematográfica, o hace programas de cine o sobre cine. Esto último no está mal, si no fuera porque en muchas ocasiones en estos programas hacen valoraciones sobre el filme que presentan, no se limitan a exhibirlo. Lo peor es que hay algunos comentaristas recién aparecidos que solo abordan el “contenido” del filme, sin referirse a su “forma”, como si forma y contenido fueran dos cosas diferentes en el audiovisual. Peor aún: suelen tomar los llamados “contenidos” como un fiel reflejo especular de eventos y fenómenos políticos, sociales, históricos, etc., del mundo real. Tal parece que todos sienten que pueden hablar de cine, como todos sienten que pueden ser comentaristas deportivos y managers de los equipos de la serie nacional de béisbol. Sin embargo, a nadie se le ocurre hacer un programa de antropología visual sin ser, al menos, antropólogo, o un programa de medicina y salud pública sin contar con médicos y especialistas en el programa. Estimo que los críticos y comentaristas de cine y del audiovisual en general deben tomar por asalto los medios y hacer evidente las carencias —que no censurar o desplazar— del diletantismo en ese escenario. (2020)

(Continuará…)

2 comentarios

  1. Ricardo Masvidal

    Es realmente sorprendente la profundidad de las respuestas no conocía esa faceta de MAYITO y me siento orgulloso de él una vez más espectacular sus disertaciones

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