Recordando a Nelson Rodríguez: En la edición todo es puro instinto

Con la muerte del editor Nelson Rodríguez, el cine cubano ha perdido a su montajista más destacado. Altercine le rinde homenaje.

Nelson Rodríguez editor de cine cubano

Nelson Rodríguez editor de cine cubano.

Foto: Tomada de El cine es cortar.

Quiero y tengo que escribir sobre Nelson Rodríguez Zurbarán, el más importante editor del cine cubano postrevolucionario. Investigo, leo algunas de las entrevistas que le hicieron, opiniones de los directores sobre su labor, y me saltan palabras con las que él mismo definía su trabajo: instinto, intuición, creatividad. Con ellas y sus propios criterios sobre las principales películas que editó, está conformado este recordatorio-homenaje.

Apenas lo conocí personalmente, aunque siempre admiré su trabajo, solapado, en su importancia, por la mala costumbre de pensar los filmes como obras de directores-autores, sin tener muy en cuenta el trabajo artístico del equipo que los acompaña. Ese defecto de apreciación salta a la vista cuando uno examina su aporte en cada obra que editó

Conversé con él solamente en 2008, cuando lo propuse para el sello conmemorativo “Valdés Rodríguez”, instituido por la Universidad de La Habana desde 1997. Un honor postergado, pues Nelson Rodríguez había sido alumno de los cursos de verano, impartidos por el profesor en ese centro universitario desde 1942 hasta 1956, bajo el nombre de “El cine, arte e industria de nuestro tiempo”.

El día de la ceremonia, leyó las palabras de agradecimiento en nombre de los que recibían el sello. (1) Las inició recordando sus primeros pasos de acercamiento al cine y la importancia de aquel curso para el destino que tomaría su vida profesional:

Contaba yo apenas 16 años, cursando todavía tercer año de bachillerato, y además siendo cinéfilo de nacimiento, se me presentó la oportunidad de participar en los Seminarios de Verano sobre cine, que dirigía el maestro Valdés Rodríguez en la Universidad de La Habana. Para lograrlo, me inscribí en un concurso de oposición en el que, por escribir una crítica sobre una película, se otorgaban diez becas para participar en el seminario. El filme en cuestión era Carmen Jones, del realizador Otto Preminger…

Nelson Rodríguez editor de cine cubano

Nelson Rodríguez y Humberto Solas en el Festival de Cannes, 1982.

Foto: Tomada de Ibermedia

Yo no tenía la menor idea de cómo hacer una crítica a una película, nunca lo había hecho. Pero mi afán por participar en el seminario me impulsó a hacerla y presentarla al concurso. Gané la beca y para mí, recuerdo, subir la escalinata de la Universidad fue muy emocionante, y más aún escuchar en el Anfiteatro [Enrique José Varona] al maestro.

Para mí fue algo maravilloso, pues a partir de esta experiencia vi el cine sin perder el candor de disfrutar la historia durante la proyección, con otra óptica, pues luego finalmente las analizaba.”(2)

Después vinieron los días del Cine Club Visión, uno de los núcleos integradores del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), a donde llegó en 1960.

En varias entrevistas, Nelson recordó que su primera labor en el Instituto no fue como editor, sino como productor, aunque él pretendía ser director de cine:

Yo en realidad no vine a buscar trabajo en el ICAIC. A mí me mandaron a buscar. Fue Octavio Cortázar – éramos muy amigos en aquella época- quien se apareció en mi casa para decirme que necesitaban gente… Cuando Santiago Álvarez, en aquella primera entrevista, me preguntó qué quería ser, le dije que director de cine. Parece que la confidencia le resultó un poco pretenciosa y entonces quiso saber qué yo estudiaba. Le respondí que Ciencias Comerciales y ahí me embarqué, porque me mandó como asistente de producción, cosa que no me hizo ninguna gracia. En eso estuve casi un año, de asistente y productor al mismo tiempo”. (3)

Así comenzó una carrera que lo mantuvo atado al cine cubano y latinoamericano por más de 50 años. Su salto al oficio artístico que lo inscribiría en la historia de este arte se lo debe al ruido de una moviola vertical americana, un día que caminaba por el cuarto piso del ICAIC.

En una habitación estaba Mario González (4) trabajando con lo filmado por Tomás Gutiérrez Alea (Titón) para Las doce sillas (1962). En ese momento se produjo el encuentro entre el discípulo y su mentor, quien lo acompañó y asesoró, hasta que le cedió la obra que sin dudas consagraría a Nelson Rodríguez: Memorias del subdesarrollo (1968).

Antes de llegar a ese filme, existe todo un camino de aprendizaje del oficio por medio de la estructuración de documentales y cortometrajes de ficción, entre ellos Manuela (1966, Humberto Solás).

El inicio, su “bautizo de fuego”, ocurrió con Historia de una batalla, dirigida por Manuel Octavio Gómez, otro de los jóvenes llegados al Instituto desde el Cine Club Visión. La asignación de la obra al joven aprendiz fue casual:

[Historia de una batalla] además de ser un recuento de la Campaña Nacional de Alfabetización, era también el de todo lo que había sucedido en el año 1961. Había que buscar, porque ya Manuel Octavio Gómez, su realizador, estaba haciendo la planificación, una serie de materiales, y era preciso revisar los materiales del Archivo fílmico. Se decidió que ese trabajo fuera de noche, porque existía solamente una moviola libre y, al ver que nadie levantó la mano, yo lo hice. Indiqué que, a pesar de mi poca experiencia, podía realizarlo. Entonces Mario [González] estuvo de acuerdo en que yo lo hiciera. Me quedé como editor del documental”. (5)

Aquel paso al frente él mismo lo definió como un desafío, un atrevimiento, del cual salió airoso en el montaje de las imágenes; pero en el sonido tuvo serias dificultades que le sirvieron de aprendizaje.

En este lapso aparecieron dos características de su estilo de trabajo. Primero, la intuición como guía para armar el filme. Segundo, la independencia en su trabajo; es decir, montar la obra sin la presencia de su director, lo cual le permitía desarrollar su creatividad. (6) Esta forma de trabajo no solo la utilizó con directores cubanos, sino igualmente con varios extranjeros.

Memorias del subdesarrollo le enseñó que había otra forma de asumir el montaje. Un método que denominó “cortar a lo Godard”, consistente en interrumpir la continuidad de una escena con la inserción de otros planos, con lo cual podía alterar el ritmo. Esa solución, tomada del filme francés Sin aliento (1959, Jean-Luc Godard), aportó el final antológico de la película cubana, entre otras tantas secuencias.

De igual modo, aprendió al lado de Tomás Gutiérrez Alea que en el ensamblaje de las tomas no alcanzaba emplear el instinto, era importante también el raciocinio: “Titón me dejó trabajar solo, pero cuando iba al cuarto de edición comenzaba a preguntar por la razón de cada corte; quería saber las conexiones que había establecido entre un plano y el otro. Si mi trabajo, hasta ese momento, era pura intuición, con Titón fui sometido a un análisis más riguroso; no bastaba la emotividad, había que justificarlo a otro nivel, digamos más intelectual”. (7)

Sin embargo, siempre prefirió la intuición, confiar en su instinto para llevar a cabo su trabajo. Lo defendía a partir del disfrute del movimiento interno de cada cuadro, propiciado por el desplazamiento de la cámara y los actores. Por eso, afirmaba: “La imagen cinematográfica siempre te dice cómo tienes que ejecutar el corte”, aunque respetando las intenciones del director: “La gran limitación del editor es que trabaja para satisfacer a otra persona, aunque se debe satisfacer con su trabajo”… “El editor no se puede enamorar de ningún plano, eso es una ley, porque uno no sabe cuál tiene que quitar. Repetir encuadres y planos es fatal. Las cosas lindas y hermosas, independientemente del ritmo de la película, tienes que dejarlas el tiempo justo y dejar con ganas al espectador de seguir viéndolas; pero quitarlas. Eso le deja a uno los deseos de quedarse otro rato viendo la película, aun cuando haya acabado”. (8)

Humberto Solás fue el director al que más acompañó. Cuando se leen los testimonios sobre su participación en casi todas sus películas, se puede afirmar que no solo mereció los créditos de editor, sino también de guionista, director de doblaje y otros más.

En esta filmografía está la consolidación de su “pretensioso” sueño juvenil de ser director. Eso ocurrió con Amada (1983), donde le fue arrebatado ese derecho, después de que prácticamente la dirigió solo.

Su carrera cinematográfica incluye más de 90 cintas, de las cuales solo fue premiado con el Coral del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano en dos ocasiones. La primera, gracias a la película colombiana Tiempo de morir (1985, Jorge Alí Triana). La segunda, con el largometraje de ficción más importante del cine cubano durante la década de los ochenta del pasado siglo: Papeles secundarios (1989, Orlando Rojas).

Un recordatorio-homenaje a Nelson Rodríguez Zurbarán no está completo si no se habla de su labor docente, desarrollada durante más de 20 años en la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV), así como en varias escuelas y universidades de Iberoamérica. Sobre su método pedagógico escribió:

A mis alumnos les enseño el ABC: la fase A es la correspondiente a las cosas técnicas; la B es la de la organización del material; y la C son mis secretos profesionales, de los que solo les muestro los resultados, pero el cómo llegué ahí es para que indaguen, practiquen e inventen como mismo hice yo en mi momento… Con mis alumnos olvido las definiciones que hay en los libros y les doy la mía, basada en mi experiencia. Tampoco me preocupan los distintos tipos de montaje que existen y que se explican en los libros. Siempre les digo que ensamblar no es el mero hecho de cortar y pegar, eso es muy burdo. Esto es muy complicado, porque debe tener una continuidad perfecta. También les demuestro que el cine es cortar, pero con arte. (9) (2020)

——

Notas:

1.- Ese día, 17 de diciembre de 2008, en la Casa Estudiantil de la Universidad de La Habana, se le entregó el sello conmemorativo “Valdés Rodríguez” a los fotógrafos Raúl Rodríguez y Jorge Haydú (post mortem), así como a la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano.

2.- Palabras de agradecimiento de Nelson Rodríguez Zurbarán por la entrega del sello “Valdés Rodríguez”. 17 de diciembre 2008 (inédito).

3.- Arturo Sotto: “Detrás de un gran director siempre hay un buen editor”. Conversaciones al lado de Cinecittá. Ediciones ICAIC, 2009. p. 43.

4.- “Es el gran editor del cine cubano de la primera etapa y llegaría a ser mi maestro. Antes de la Revolución había sido proyeccionista en Santiago de Cuba y, más tarde, en México se convirtió en uno de los grandes editores de la época de oro del cine mexicano. Tenía dos Arieles incluso”. Nelson Rodríguez: “Nelson Rodríguez: pura intuición”. Cine cubano 153, julio- setiembre 2001, p. 50.

5.- Nelson Rodríguez: Ibidem., p. 51

6.- “Soy del criterio de que muchas veces el director llega al cuarto de edición con la saturación y el cansancio propios de los meses de preparación y rodaje. Entonces les sugiero un descanso, un reposo distante, para regresar al material tiempo después y con una mirada más fresca, una vez que el editor tenga armado lo que llamamos el primer corte de la película. Cuando los niveles de comunicación son estrechos, el trabajo fluye… Después entramos en la etapa de ajuste y las discusiones son más precisas”. Arturo Sotto: ob. cit., p. 49.

7.- Arturo Sotto: ob. cit., pp. 50-51.

8.- Nelson Rodríguez: Idem., p. 61.

9.- Cecilia Crespo: “Nelson Rodríguez: Entre la intuición y el reto de editar cine”. Cine cubano 168, abril- junio 2008, p. 93.

Un comentario

  1. Lissette Hernández

    Tienes razón querido Pedro era imprescindible para los que amamos nuestro cine y cultura no pasar por alto este triste momento y escribir este recordatorio-homenaje. Por suerte para la UH su memoria quedó registrada en la serie documental Haciendo Memoria de Arturio Arias y en la opera prima de Manolito Iglesias dedicada a él y realizados por la Televisión Universitaria de esta alta casa de estudios.Gracias una vez más por seguir siendo una gota de agua en este inmenso mar de la cultura cubana!!!!!

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