¡María Silvia, cará!

¿Es María Silvia, la compañera sentimental y de lucha de Elpidio Valdés, un personaje secundario en la saga animada de Juan Padrón?

Uno de los mayores aciertos es la forma natural en que se presenta el personaje.

Foto: Tomada de Ecured

En el documental Eso habría que verlo, compay (Ian Padrón, 1999), Juan Padrón explica que creó el personaje de María Silvia a partir de preguntarle a las niñas cómo se la imaginaban. Estas se la figuraban trigueña, de pelo largo y montando a caballo, y así fue la génesis de un personaje femenino que forma parte imprescindible de la popular y premiada[i] saga de dibujos animados de Elpidio Valdés; no solo por la mera representación estadística de género, sino porque el personaje tiene en su construcción elementos de superheroína, nacidos del encuentro con este particular público femenino empoderado desde la sinceridad infantil.

Uno de los mayores aciertos es la forma natural en que se presenta el personaje. Es decir, aunque el contexto histórico del que se habla ha quedado en la historia como prohibitivo para la participación de las mujeres en la vida pública, lo cierto es que fueron muchas las involucradas en las gestas independentistas cubanas del siglo xix, no solo en el rol de madres o enfermeras.

María Silvia, la superheroína

En 1979, año del estreno del primer largometraje de Elpidio Valdés, su aparición coincide con otra película cubana que colocaría a la figura femenina en el punto de mira y debate. Retrato de Teresa, de Pastor Vega, puede considerarse como la reencarnación de la mambisa. Teresa (Daysi Granados) es una líder sindical que enfrenta problemas domésticos por la incomprensión de su participación en la vida pública. Por su lado, María Silvia es una joven criolla que, por sus ideales políticos expresados en su natal La Habana, se encuentra en casa de su tío, fiel colaborador de los colonialistas españoles. Además de la diferencia de públicos que tuvieron ambos filmes y que desempata, por supuesto, los derroteros dramáticos de ambos personajes, aun así ambas forman parte de un universo femenino que para finales de la década del setenta se revelaba en la cinematografía cubana y mundial.

A María Silvia le fue mejor desde la mirada de Juan Padrón que a Teresa desde la mirada de Vega. No solo por las situaciones melodramáticas que le toca vivir al personaje de acción real, sino porque el del animado aparece como una mujer empoderada desde la primera escena de su debut. La criolla se encuentra recluida en el pueblo de Tocororo Macho por sus ideales libertarios, por lo que aquí vemos a una mujer con ideas propias, que afronta las consecuencias.

María Silvia no intenta representar a la mujer cubana. Su personaje no encarna un símbolo único, sino una muestra de lo que pudieron haber hecho algunas mujeres en el siglo XIX.

Foto: Tomada de Juventud Rebelde

Este personaje y su situación inicial responden al lugar que el proceso revolucionario cubano le otorgó a la mujer. Es decir, en la construcción histórica e ideológica que la Revolución cubana ha hecho del sujeto femenino, la mujer se ha ganado su lugar en la independencia nacional desde un inicio, aunque la mayoría de las veces la representación se limitó a roles complementarios (mensajeras, enfermeras, casi siempre sin grados militares) de los luchadores masculinos por la liberación.

En ese sentido, si bien es cierto que María Silvia no presenta conflictos asociados tradicionalmente al universo femenino, tampoco se convierte en un fragmento más del mosaico de personajes que rodean al protagónico, sino que tiene una trama propia dentro del universo independentista “elpidiano” que comienza desde la primera película, donde ella transita por el mismo crecimiento e incorporación a la manigua que su par masculino y protagonista de la saga. Cabe destacar que, en el filme de 1979, ambos personajes tienen casi la misma cantidad de apariciones, con igual número de escenas de combates y manifestaciones políticas, resultando esta la génesis y explicación de ambos, con verdadera equidad.

María Silvia ejerce sus propias acciones contra el régimen español y lo hace desde esta primera cinta. Uno de los elementos más importantes en el filme es cómo desde lo doméstico las mujeres han podido también “tomar venganza” contra los opresores. La escena en que la joven dama le sirve la bebida a un recién llegado General Resóplez y la cambia por keroseno es un claro ejemplo de esta idea.

Otro de los preceptos feministas en el que María Silvia se inserta desde esta primera aparición fílmica es el desafío a la convención dramatúrgica de lady in distress. Curiosamente, también en 1979 debuta uno de los personajes femeninos más memorables del cine mainstream, quien lleva a cabo esta acción de mujeres que se “rescatan solas”: la teniente Ellen Ripley (Sigourney Weaver), protagonista de Alien (Ridley Scott). Al escaparse del tren donde la llevaban a un convento por su participación en el alzamiento, la mambisa cubana dialoga con un contexto cinematográfico mundial del final de la década del setenta donde las mujeres se representan y se salvan solas.

Aunque la capitana no siempre está sola. La sororidad entre María Silvia y el personaje de Eutelia es otro de los valores que Padrón aporta en la construcción de estos dos personajes femeninos. La niña y la joven se convierten en dos superheroínas que, lejos de competir o criticarse, se ayudan en cada emisión. Y no necesariamente se establece entre ellas una relación de madre e hija, sino de amistad, de la más pura camaradería héroe-sidekick.

En el sentido educativo que permeó y permea desde 1970 a todas las producciones de los Estudios de Animación del ICAIC, es esta una de las pocas películas donde los valores de la amistad entre mujeres quedan plasmados de forma natural y no se recurre a un panfleto. Aunque ello no es exclusivo de estos dos personajes femeninos, pues la obra de Padrón, y principalmente Elpidio, sobresalió por la forma en que propuso valores e ideologías afines a la construcción de la nacionalidad cubana, sin exceso de didactismo.

La forma de mirar a María Silvia es construida también desde la cinematografía. Hacia el final de este primer filme, cuando el combate casi acaba, Elpidio saluda a María Silvia, quien está posicionada en lo alto de una casa. La línea diagonal que relaciona a los personajes femeninos con los masculinos suele estar estructurada muchas veces de forma que el hombre quede en una altura superior y la mujer en un plano inferior, de subordinación a este[ii]. En el largometraje esa relación se invierte, pues María Silvia aparece en un clásico plano contrapicado –lo mismo utilizado en historietas que en filmes de superhéroes–, ante la mirada de admiración de Elpidio.

Sin embargo, esto da de bruces con la única escena de rescate clásico que sucede en la película por parte de Elpidio hacia María Silvia, amenazada por el villano Media Cara. Aun así, la mambisa no queda como la damisela indefensa en este filme, pues la última imagen que resalta es la de ella a caballo, sosteniendo la bandera a un costado y el machete al otro.

La capitana del Ejército Libertador

En el segundo largometraje de la saga, Elpidio Valdés contra dólar y cañón (1983), María Silvia y Elpidio viajan juntos a la Florida en busca de armas para la guerra. Ella es presentada por Valdés como capitana y no como su “novia” o “esposa”. Se le asigna, además, el decisivo rol dramatúrgico de descubrir que el negociante estadounidense que les venderá las armas piensa engañarlos por segunda vez, pues ya ha timado a la madre de Elpidio. El mambí vuelve a demostrar su admiración por la capitana, ante su agilidad mental.

Aunque este tipo de acciones y reacciones están creadas para que Elpidio luzca como el ideal del hombre nuevo revolucionario, quien reconoce el aporte de las mujeres a la causa independentista, lo cierto es que María Silvia se escapa de este rol de “acompañamiento” o de “compañera de lucha”, para crecerse ella misma como un personaje de igual singularidad.

En este segundo filme, más que en el primero, resulta interesante el vínculo de dos personajes femeninos igual de importantes en la saga: la madre de Elpidio y María Silvia. Ambas son luchadoras, pero las alusiones a la madre mambisa sirven para reafirmar el rol de pareja de María Silvia hacia Elpidio, que no de inspiración como luchadora independentista. En ese sentido pareciera como si a ambas mujeres no las relacionara la gesta libertadora, sino la relación con el sujeto masculino y personaje principal. La independencia que obtiene María Silvia en el primer filme como coprotagónico, en este resulta un poco solapada. Aun cuando ambos personajes, María Silvia y Elpidio, ya sostienen una relación larga, el elemento romántico se halla más desarrollado en el segundo largometraje que en el primero, cuando supuestamente se conocen y aflora el amor.

El culmen del romance entre ambos personajes ocurre mucho después en el corto animado Elpidio Valdés se casa (Juan Padrón, Tulio Raggi y Mario Rivas, 1991). Para este momento, los roles tradicionalmente asignados para eventos como las bodas se ven trastocados. Queda así en entredicho la masculinidad hegemónica del protagonista, quien muestra más “nervios” el día de su boda que la propia novia. Desde el primer momento vemos a un Elpidio que no puede encontrar ni sus pantalones. Tantas batallas que ha enfrentado este superhéroe y no puede caminar con ecuanimidad hacia el altar. Más allá del elemento humorístico que esto supone en la trama, el animado provoca la reflexión sobre las masculinidades y cómo estas lidian ante eventos más sentimentales. Este suceso es narrado a través de la mirada de Elpidio, pues María Silvia solo aparece en los últimos minutos del animado.

La reflexión de la boda desde el punto de vista masculino lleva incluso a exponer clichés, como la tradicional demora de la novia en arreglarse. Pero también es importante la reflexión sobre la burocracia que hace este corto y cómo relaciona este mal con la acción del casamiento. El triunvirato de guionistas y directores Juan Padrón-Tulio Raggi-Mario Rivas deja entrever la formalidad en que puede convertirse un hecho como este, clasificado como uno de los mayores logros individuales que pueden tener las mujeres. La idea recae en el personaje del prefecto y todos los elementos que el mismo necesita para efectuar la boda: el libro de registro, el papel, la tinta, etc. La omisión de María Silvia puede ser disruptiva para el protagonismo que tiene ella en la serie, pero parece que es la forma más expedita que encontrado los guionistas para posicionarse sobre este hecho en particular.

En contraposición está otro corto de análoga autoría: Elpidio contra el 5to de cazadores (1989) que, a pesar del título, tiene como absolutos protagonistas a María Silvia, Eutelia y Pepito en la búsqueda de una bandera cubana. Es en la interjección pronunciada por el personaje de Media Cara, cuando descubre a la capitana luego de removerle la peluca con que se enmascara: “¡María Silvia, cará!”, donde se resume el recorrido de este personaje por toda la serie hasta los años noventa. No solo es que ambos sean archienemigos desde el primer largometraje (lanzamiento fílmico de ambos), sino que Media Cara recapitula en esta frase lo que representa la capitana mambisa, y deja ver que si ella está en el poblado de Coquito del Guayabal es por algo importante para el ejército mambí. De hecho, el elemento de suspenso que rodea al corto alrededor del paquete que lleva y recupera la capitana, confirma la idea, reforzada aún más al descubrir la bandera envuelta y la significación que la misma tiene para el movimiento independentista.

Dentro del imaginario mambí y la participación que pudieron tener las mujeres en la guerra, Padrón ya había llegado más allá con el cortometraje Elpidio Valdés contra la cañonera (Juan Padrón, 1980), donde la capitana aparece como creadora de un armamento de guerra, el curioso “torpedo mambí” (de real existencia histórica). Ante la duda expresada por Elpidio de si funcionaría o no este artefacto, Padrón le da la razón doblemente a María Silvia, haciendo que este explote dos embarcaciones en vez de una.

Lo mismo sucede en el corto Elpidio Valdés y la abuelita de Weyler (Padrón, Raggi y Rivas, 1989), western mambí que también tiene a María Silvia como una de sus protagonistas. En el momento de mayor intensidad física la mambisa no decepciona, y látigo en mano, colabora con la explosión de un puente, cual Joan Crawford que empuña sin dilación los revólveres en la singular e icónica Johnny Guitar (Nicholas Ray, 1954).

María Silvia no intenta representar a la mujer cubana. Este personaje no encarna un símbolo único, sino una muestra de lo que pudieron haber hecho algunas mujeres de este período. La capitana mambisa se recrea y connota como un personaje de ficción, al igual que su compañero protagonista, el “pillo manigüero” de todos los tiempos. (2020)

Notas:

[i] El largometraje Elpidio Valdés (Juan Padrón, 1979) se alzó con el Gran Coral de Animación en la primera edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano y su secuela Elpidio Valdés contra dólar y cañón (Juan Padrón, 1983) obtuvo el Segundo Coral en la quinta edición. En la edición once del certamen, Padrón, junto a Tulio Raggi y Mario Rivas, recibieron un Premio Especial del Jurado por el conjunto de la obra dedicada a Elpidio Valdés.
[ii] Uno de los casos más notorios de estas relaciones de poder desiguales, perpetuadas desde el lenguaje cinematográfico, lo constituyen filmes como Pretty Woman (Garry Marshall; 1990) donde Vivian Ward (Julia Roberts) pasa todo el tiempo de las escenas en interiores sentada a los pies de Edward Lewis (Richard Gere), o bien bajo su línea visual en forma diagonal descendente. Este tipo de posiciones no siempre parten de una conciencia racional de los directores. Sin embargo, la repetición excesiva en varios filmes contribuye a la conformación de un imaginario de subordinación de los personajes femeninos.

 

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