Prometeo y el faro

The Lighthouse (Robert Eggers, 2019) es, además de una provocación a la construcción de la masculinidad, una reflexión sobre la relación de esta con el poder.

Robert Pattinson y Willem Dafoe en The Lighthouse.

Foto: Tomada de Variety

Robert Eggers ha demostrado ser un efectivo contador de historias, a la vez que cinéfilo. Lo que convierte a Eggers en un director de maestría no es solo su vasta experiencia teatral, la cual lo dota de una compleja idea de la performatividad, sino que torna la historia, el narrar, en un sistema simbólico que denota realidades más presentes que los pretendidos momentos epocales en los que suele ambientar sus creaciones cinematográficas. Ya lo demostró con The witch (La bruja; 2016). Eggers es un director que, mediante la estetización de la forma y la pulida narración, busca poner en tela de juicio algo más que el tormento de sus personajes.

Cada filme suyo dialoga con su época como un texto único. En ese sentido, la más reciente película del estadounidense, The Lighthouse (El faro, 2019), deviene una deconstrucción paradigmática del héroe épico. No hace falta adentrarse mucho en el metraje para entender las citas explícitas a obras como Moby-Dick; las cuales, mezcladas a una cinematografía claramente alusiva a Persona (Ingmar Bergman, 1966), convierten a este filme en una interesante lectura de la crisis de poder que vive hoy el sistema patriarcal.

La caza de la ballena, el tiburón y otros monstruos…

El desarrollo de la masculinidad hegemónica a través de personajes épicos, como el Ismael de Melville o el Santiago de El viejo y del mar de Hemingway, ha estado encaminado a hacer preponderar la perseverancia patriarcal. El hombre derrotado, pero no vencido, que persigue su ballena blanca o su pez aguja, en un viaje que puede ser considerado perdido para sus semejantes, se impone como un canto y aferramiento a una supuesta prevalencia sobre el llamado Reino Animal. Esto es en una primera y simple lectura. Por supuesto que estas obras mencionadas se hicieron famosas por la simbología y el canto al coraje masculino que representaban.

En esta línea de personajes, conviven en un faro Thomas Wake (William Dafoe) y Thomas Howard (Robert Pattinson). El primero, a medio camino de creerse un gran capitán de barco y Neptuno; el segundo, asumiendo la identidad del hombre que ha matado tierra adentro.

Esta posición media entre lo que aspira a ser uno y lo que piensa el otro de sí mismo es el primer indicio de dos sujetos masculinos que son puestos en crisis desde el mismo lugar donde se encuentran. También son los faros lugares en desuso, dados los sistemas de navegación digitales actuales. O sea, que pueden interpretarse como grandes monumentos de la civilización occidental patriarcal, que han quedado más varados que los propios barcos que una vez orientaron.

El faro de Eggers está ubicado en un islote, no es parte del bravo mar, pero tampoco es tierra firme. Esta mediación obligada dispone mucho el temperamento del dueto que lo habita. Una tensión mantenida a lo largo del filme y que pretende exudar el suplicio de ambos personajes, aunque de formas muy diferentes.

Primero: tenemos una clásica masculinidad construida a través de hazañas, reales o no. Thomas Wake dialoga directamente con el héroe derrotado o retirado que muestra Ernest Hemingway en El viejo…. La corporalidad de Dafoe, junto a sus grandes parlamentos de Moby-Dick, recitados en tono de tragedia griega –donde a veces parece el coro, otras la deidad omnipotente–, llega a encarnar simbólicamente el status quo. El patriarca, quien impone las órdenes no gracias a su trabajo, sino a la visión que tiene de este en la esfera pública: “el gran marinero”; pero que sin duda alguna hace un natural recorrido hacia la ruina.

Es importante destacar que la ruina de Wake no es causada por el joven aspirante (Howard), aunque este pueda terminar matándolo. No hablamos de la clásica lucha intergeneracional, con la cual se ha pretendido explicar o naturalizar muchos procesos violentos de sucesiones y de búsqueda de poder dentro del sistema patriarcal. Esto es parte de una fase de identificación y reconocimiento de los mismos patrones decadentes por parte de Howard. El joven reconoce en su “jefe” su propio futuro y simplemente no sabe qué hacer con él, aun cuando trae consigo sus propias aspiraciones y peces a los que cazar en forma de faro. Ambos personajes son víctimas de sus circunstancias: primero geográficas, luego personales.

Segundo: Howard es una clásica representación del sujeto masculino actual en crisis, que se ve incapaz de cambiar su destino. Y no encuentra su lugar en el cambio. Es imprescindible decir que Pattinson logra sacar adelante su papel no solo desde una técnica correcta y entrenada de actuación, sino desde un evidente entendimiento intelectual de su personaje, que le permite asumirlo con una corporalidad única, que si bien parte desde la sencilla identificación con el bigote como elemento caracterizador, termina en un completo yo asumido, ayudado además por una fotografía encaminada a manifestar su frustración y locura, en una actuación con base en la “fisicalidad”.

Los cuerpos de ambos actores constituyen un elemento esencial en la deconstrucción de esta masculinidad. Ambos personajes pasan por procesos de masturbación. Esta última acción ha sido utilizada mayormente en la historia del cine como un elemento vengativo y de poder en relación con el sexo femenino, en los sistemas de representación de la sexualidad masculina.

En The Lighthouse, la masturbación viene dada con una carga de sufrimiento y liberación para cada personaje. Para Wake representa el momento de más alto poder en su vida, cuando sube a cuidar el faro, al cual trata como a “una dama”, según sus propias palabras. La feminización de un elemento tan fálico como lo es un faro es el único momento en que los diálogos con metáforas alusivas a lo femenino no tienen una carga misógina en todo el filme, representación de esta decadencia masculina que se eleva cuando el personaje interpretado por Dafoe no acude a la acción física masturbadora, sino que todo tiene lugar en su mente y en el estar en el faro. La asociación del poder con el placer sexual es una de las líneas ley que dirige la forma masculina patriarcal de relacionarse sexualmente. En The Lighthouse encuentra verdaderos momentos estetizados, cinematográficamente hablando.

Por el contrario, para Howard, la masturbación oscila entre la liberación de la mente perturbada por la violencia y la paranoia, así como por el sufrimiento judeocristiano occidental. El auto placer de este joven coprotagonista está más relacionado con la necesidad fisiológica, que se reafirma en la represión que se impone y a la vez sufre el propio personaje. Por supuesto, todos los momentos onanistas de ambos personajes son inherentes a su relación de poder. El estado satisfactorio mental que atraviesa el personaje de Dafoe es parte del objeto de deseo del personaje de Pattinson.

Dos Thomas y un faro

Rodeando esta relación corporal de placer, destrucción y poder, se encuentran los diálogos que sostienen ambos caracteres. A una imagen compuesta de belleza y cinefilia, The Lighthouse agrega una construcción de líneas encaminada a mostrar la misoginia de la relación patriarcal sostenida por ambos personajes.

Desde la misma similitud de nombres de pila: Thomas —el cual usan muy poco para referirse a sí mismos—, se remarca la simbiosis de la que son parte ambos caracteres.

Las palabras “ama de casa” y “esclavitud”, utilizadas por Howard en una misma oración, con desprecio y negando su posible rol laboral dentro del cuidado e higiene del lugar donde conviven ambos personajes, es solo el comienzo de una relación textual y semiótica que va encaminada a denigrar a lo femenino a través de nomenclaturas asociadas tradicionalmente al mismo elemento.

Estos diálogos se presentan “adornados” de un lenguaje castrense, que al fin y al cabo es uno de los máximos exponentes de las relaciones interpersonales basadas en roles completamente desiguales, y que se afianzan en cada resquicio de poder que acumule una persona sobre otra. El lenguaje es uno de los dispositivos más efectivos para convertir al ser humano en sujeto dominado.

Así, entre la referencialidad a Moby-Dick antes mencionada, se suceden las líneas de diálogos que muestran un sistema cultural deseado por uno de los personajes —el referente a los marineros y las personas de mar—, además de las diferentes sujeciones que le impone uno al otro en la constante lucha de poder y represión que viven.

Entre lenguaje y cuerpo, The Lighthouse deviene un anti-buddy film. Una obvia relación de poder entre sus coprotagonistas, que evidencia las relaciones desiguales establecidas por el patriarcado a lo largo de la historia de la humanidad, ya sea desde la forma de vivir el placer hasta la forma de comunicarse. No hay crecimiento personal ni enardecimiento de la camaradería masculina, sino más bien una relación que se deteriora y deriva en la violencia esperada. No existe personaje femenino que menoscabe la relación de estos compañeros, pero un elemento fálico por excelencia acaba siendo objeto de deseo feminizado, desde el lenguaje, por uno de los protagonistas. Una trama donde el joven “recluta” termina enfrentando todos sus miedos, no de forma positiva y reconfortante, sino finiquitando un proceso de sumisión al falo luminoso, que no logra el placer desde el poder, sino que, en una clara referencia mitológica, termina cual Prometeo encadenado y devorado.

The Lighthouse no es solo una interesante provocación a la construcción de la masculinidad, sino a la relación de esta con el poder. Un camino tortuoso recorre Howard para llegar al placer mediante el poder, para luego sufrir la más física de las torturas y culminar devorado por las almas de aquellos que posiblemente lo intentaron antes. (2020)

Normas para comentar:

  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.