Humberto Solás: recorrido tangencial

…“En la víspera de sus setenta años”…

Archivo IPS Cuba

Humberto Solás y Sergio Benvenuto estuvieron desde un inicio juntos en la concepción y puesta en marcha del Proyecto Cine Pobre Humberto Solás (2001-2011).

«Mire, usted haga su película, grábela, olvídese de la distribución y de la postproducción. Grabe su película con actores, va a encontrar. Los mejores son siempre gente muy progresista que quieren hacer buenos personajes, buen guión, buenos actores, trabajo en cooperativa por amor al cine, al cine latinoamericano. Grabe su obra, edítela en casa de un amigo o si necesita una sofisticada postproducción, haga una maqueta, llévela al cine pobre, llévela a Guadalajara, a San Sebastián, Biarritz, Toulouse, a diferentes eventos. Hazla poco a poco, pero no te detengas. Escapémonos de una vez por todas del Hollywood patético, que es como yo caractericé el cine cubano de los 90, años en los que se vivía bajo un esquema patético de productores, secretarias, almuerzos, y toda aquella parafernalia.»

Humberto Solás, fragmento de entrevista, Venezuela, marzo de 2008.

El camino de la vida es para todos un aprendizaje que nos ha de conducir entre los obstáculos. Cualquier edulcoración que hagamos al analizar la vida, el surgimiento y desarrollo de la obra de un artista ha de contrastarse y establecerse en el entorno de la sociedad de su tiempo considerando, a su vez, la propia complejidad de la esencia humana. El artista mayor, aquel que trascenderá a su época al margen de sus filiaciones, preferencias individuales y de las apariencias de su actuación, cargará seguramente las cuotas de estratega inherentes a su búsqueda artística. Lógicamente, el descubrimiento y el estudio meticuloso de éstas, devendrá también en enseñanza que nos permitirá desentrañar el origen de algunos de los enigmas a la hora de estudiar su legado.

Corrían los años 70’s del siglo XX y el joven de treinta y pocos años, Humberto Solás, cargaba sobre sus hombros la inmensa responsabilidad de haber creado esa gran pieza descriptiva de la nación cubana, Lucía (1968), desbordándose a sí mismo  con el mosaico histórico, sociológico y cultural de una nación que estaba en pleno resurgimiento social. La cinta fue estrenada en el umbral de la extraordinaria vorágine creativa de los sesenta, el clima más revolucionario que viviría la nación cubana en el siglo XX. Lucía, aunque tuvo también sus detractores, se acompañó de inmediato de un éxito de público, crítica y premios arrollador para aquel joven que entonces se colocaría para siempre en la primera línea de la élite cinematográfica latinoamericana.

Humberto Solás no era un teórico en el sentido más ortodoxo de la palabra y mucho menos en sus inicios como cineasta. Su potencial capacidad artística era el motor, su alimento espiritual y fue la vía fundamental de su formación como intelectual. Transita de lo intuitivo y lo sensorial a lo filosófico, a la premonición sociológica y a la sabiduría, virtudes de Solás muy poco estudiadas, aunque se encuentra cierto consenso entre algunos profesionales cuando se valora su recorrido artístico desde esta perspectiva. Su origen humilde, a diferencia del de otras figuras de su talla de nuestra cultura, proviene de una familia cuyos niveles de instrucción eran muy bajos, pero donde sus padres tuvieron la inteligencia, en tanto emergían socialmente y adquirían capacidad financiera y estatus de clase media, de garantizar a sus hijos asistir a buenos colegios desde que eran muy pequeños y hasta lograr su formación media.

Triunfa la Revolución de 1959 cuando Humberto tiene solo 17 años y, poco tiempo después, su entrada en el ICAIC como mecanógrafo de la revista Cine Cubano, dada su irrevocable vocación de cineasta, devendrá en importante modo de formación y la coyuntura decisiva para su debut como director de cortos.

A pesar de ello, no resulta fácil comprender cuan intenso fue el proceso de formación autodidacta y la construcción intelectual de un joven director que, luego de su magistral debut en Manuela (1966) con solo 24 años, iniciaría el rodaje de uno de los filmes más complejos y reveladores de la cultura cubana y latinoamericana, Lucía (1968). Con Manuela y Lucía, Humberto configura y construye, para las artes visuales, la mirada estética que guiará el cine cubano e influirá en el audiovisual nacional hasta nuestros tiempos.

Hija adoptiva de la incomprensión, Un día de Noviembre (1972), es una obra que se revaloriza día a día a pesar de que en su momento fue pospuesto indefinidamente su estreno. El filme le ofrecía a Solás una primera experiencia de convivencia sicológica ante el eventual fracaso, pues lo coloca ante un doloroso periodo de introspección y reflexión en el que finalmente deberá encontrar una estrategia que conciliara su autenticidad artística con los posibles caminos que podía seguir para continuar su profesión. Y cierto es que el panorama de atropellos de los 70’s en el ICAIC es vivido en un tono mucho más moderado durante este largo y triste periodo.

La “estrategia tangencial” es el camino posible ante el castigo al artista, es la opción de quien muy pronto y, en solo dos años, demostraría su potencialidad como creador cuando ante un “encargo menor” produce esa preciosa obra épica de profundo contenido histórico sobre el pueblo haitiano, Simparelé (1974), en la que Humberto logra un majestuoso documental musical, cuya riqueza visual en el manejo del cine a color es recreado a veces desde la ficción. Con una esmerada dirección de arte y excelente coreografía, Simparelé sorprenderá a muchos al obtener la codiciada Concha de Oro al mejor cortometraje en San Sebastián, en ese mismo año.

Pronto, el éxito de este mediometraje unido a su intención manifiesta de abordar una historia asociada al pueblo chileno, un tema de amplia sensibilidad mundial, hace confluir sus intereses individuales con los de la directiva del ICAIC, creando tal interés que casi de inmediato vuelve a dirigir un largometraje de ficción, Cantata de Chile (1975), filme de singular valor en su experimentación estética, poco estudiado y que en la arena internacional le valió numerosos premios y gratificaciones entre los que destacó en 1976 el codiciado Gran Premio «Globo de Cristal» del XX Festival Internacional Cinematográfico de Karlovy Vary, Checoslovaquia.

Solás cierra la década de los 70’s con una pieza imprescindible del cine cubano, Wifredo Lam (1979), obra privilegiada e insólita en la historia del documental donde confluyen la riqueza de la música de Leo Brower, la maravillosa fotografía de Jorge Herrera y el montaje impecable de Nelson Rodríguez, para convertirla en obligada referencia de vanguardia y en obra mayor de valor patrimonial del documental latinoamericano.

Humberto Solás aprende mucho de este periodo al que pudo sobrevivir e incluso crecer como artista, etapa que lo preparará para enfrentar los venideros retos artísticos. El intelectual Solás está completamente formado cuando emprende el camino de Cecilia (1982). Esta superproducción es, posiblemente, la gran puesta en escena del cine cubano, con sus diferentes versiones para el filme y con un magnífico serial, el más importante realizado en la isla, aunque veinte años después es casi desconocido por el público cubano.

En el momento de su estreno, bajo la bestial ofensiva de una crítica aupada desde sectores decisores, Cecilia irrita como nunca antes (ni después) lo hiciera un filme cubano a importantes sectores muy conservadores de la población y algunos de la intelectualidad.  La manera de Humberto de abordar la religión, los complejos matices de los sentimientos, el análisis del contexto sociopolítico de la época, son elementos que se incorporan a su versión libre del clásico de Villaverde[i], pero de manera especial la aberrada ofensiva crítica de Rodríguez Alemán[ii] y sus seguidores logra exacerbar profundas antipatías ante la supuestamente ¨ignominiosa¨ adaptación solasiana de la novela, mientras internamente en el ICAIC, la aparente mega-producción representó la espera para otros cineastas en tanto Alfredo Guevara, el verdadero destinatario de las iras,  había apostado por asumir su complejidad y volumen de producción.

Guevara, en su condición de máximo responsable del surgimiento del ICAIC, fue patrocinador también de retos como la realización de Memorias del Subdesarrollo[iii] y la compleja producción de Lucía, estrenadas ambas justo en el año 1968. Ha sido en importantes circunstancias un visionario arriesgado y con Cecilia, hoy considerada un clásico, el tiempo ha validado su actuación. Solo valdría preguntarse en el presente, si por razones artísticas, históricas o incluso de producción, ¿sería el cine cubano el mismo sin este gran filme?)

Humberto cuando se enfrenta Cecilia no es completamente ingenuo y, de seguro, seguramente puede vaticinar que su filme generará mucha polémica, pues ya ha enfrentado algunos contratiempos, pero el siniestro ocurrido con esta obra maestra del cine latinoamericano, la humillación que conduce a Humberto Solás a estar al borde de abandonar su carrera, su dolor, la frustración profesional alimentados por el continuo engaño que fabrican los medios, capaces de ocultar incluso que Cecilia era la primera (la única) película cubana en selección oficial en Cannes y que llegó a estar entre las predilectas para la Palma de Oro a la mejor fotografía, lo afectan profundamente. Pero como hoy es sabido, todo esto respondía a las penosas luchas de poder para arrebatar desde el exterior del Instituto a Guevara la joya envidiada y codiciada que era el ICAIC, un ámbito cultural que se expuso con sus divisiones internas, pero que, finalmente y por ventura, no cayó en las ácidas manos que lo ambicionaron dado que se erige desde su interior la nueva dirección, la que al margen de otras valoraciones, sabrá preservar con sentido de pertenencia el legado colectivo del ICAIC. Cecilia y su debacle fue solo el pretexto para usurpar a Alfredo el proyecto cultural revolucionario más completo, una mina de oro vislumbrada desde la emergente prosperidad y las oportunas ambiciones surgidas en los 80’s.

Como demostración ética y de respeto a un ICAIC del que siempre había sido parte indispensable y directivo, el cineasta y teórico Julio García Espinosa, durante su mandato preservará intactas una mayoría de las funcionales estructuras y creará otras nuevas inspiradas en el espíritu del respeto al diálogo y a la polémica defendido por los fundadores en los 60’s. Muy poco tiempo después del sufrimiento provocado por la ofensiva anti-Cecilia, se ofrece a Humberto la oportunidad de realizar Amada (1983), filme extremadamente austero cuyo guión se inspiraba en una adaptación literaria realizada por Nelson Rodríguez, quien además codirige el filme en una experiencia única dentro de la amplia colaboración profesional de ambos. El filme resultó una impecable puesta en escena, que presenta a través de una perfecta reconstrucción de época la interpretación admirable de una bellísima Eslinda Núñez, sublime en su trabajo actoral.

La década de los ochenta dejaba atrás la compleja circunstancia del Mariel[iv], al vivirse prontamente una cierta prosperidad económica necesaria y ansiada por la población. El cine cubano de entonces crecía en número de producciones y se daba un interesante proceso de interacción con el público. Si bien es cierto que pulularon también algunas obras menores de carácter puramente comercial, significativas fueron varias de las comedias de esta década, así como otros destacados filmes. Para entonces Humberto preparaba uno de sus proyectos mayores, Un Hombre de Éxito (1986), a partir de una “tangencialidad” diferente, en tanto narraba el recorrido político de un oportunista enmarcado en los principales acontecimientos de las primeras décadas del siglo XX cubano hasta el año 1958. El filme, de indudable calidad artística, obviamente denunciaba la corrupción que acompañaba al oportunismo político de los 80’s en un filme cuya profundidad de reflexión adquiere una contemporaneidad imperecedera. Con Un Hombre de Éxito, película agasajada por importantes premios, el cine cubano inicia una nueva era de filmes críticos con la contemporaneidad que mucho aportarán al debate y a la cultura cubana.

Mientras comienza el declive económico de los 90’s a partir de la caída del campo socialista, el polémico estreno de Alicia en el país de las Maravillas propicia la salida de Julio García Espinosa de ICAIC y se vive el peligro de la desintegración de la institución misma, Humberto Solás está enfrascado entonces en su más ambicioso proyecto: El Siglo de las Luces (1992), que contaba inicialmente de una versión de tres horas para cine y una miniserie que finalmente quedó en tres capítulos de hora y media cada uno. El Siglo se produce justo en el inicio del “periodo especial”[v] y, a pesar de que era la más grande producción de la historia del cine cubano gracias a la coproducción francesa, su realización coincide con complejas circunstancias nacionales y del propio ICAIC. La errónea visión del instituto impide la realización de la versión de tres horas, hablada en francés, y Humberto se ve obligado a reducir el filme a una apresurada versión de dos horas, a colocarle un desmañado doblaje al español y así estrenar su obra.

Quienes conocen la versión de la miniserie, con su excelente doblaje francés, seleccionada ese año entre las cinco mejores miniseries del año en FIPA Internacional, en Cannes, saben que con El Siglo de las Luces Humberto Solás deja a la cultura cubana (como dijera en un reciente foro el cineasta Tomás Piard) una de las más grandes obras de arte de su historia. La justa recolocación de esta gran obra sigue siendo una asignatura pendiente para la intelectualidad cubana. El Siglo de las Luces no ha terminado de hablarnos en el presente, porque tanto Alejo Carpentier como Humberto Solás nos trasmiten un lúcido testamento guía de enorme sabiduría y rico en símbolos y señales que iremos descubriendo con el devenir del tiempo.

Con El Siglo de las Luces, Solás encuentra la incomprensión y la más solapada e injusta marginación de su carrera. Durante el último mandato de Alfredo, ni siquiera su manifestada admiración por Solás, lo lleva a propiciar que Humberto dirija un solo filme de sus muchos proyectos en casi diez años. Será merecedor entonces de la Orden Félix Varela, respetado y homenajeado en Cuba y el extranjero, pero será la historia, que no se deja engañar, la que no perdonará la irresponsabilidad de quienes desperdiciaron su talento y lo marginaron por casi una década  de su profesión.

Miel para Oshún (2001) inicia  una nueva era tangencial. En esta ocasión Solás es un nombre muy sólido y la oportunidad del digital le permite vislumbrar un camino de manera premonitoria para nuestro cine e industria. Después de numerosos tropiezos y aprovechando una nueva coyuntura de cambios y enfrentamientos ajenos en el marco cultural, logra finalmente arrancar y ahora lo hace pícaramente, con todos los elementos de su nueva ¨estrategia¨ bajo el brazo. Con Miel, Humberto se comunica como nunca con los espectadores, pues para ellos estaba diseñado el mensaje del filme y su seria apuesta por la unidad de la nación cubana. Según el propio Humberto “Miel para Oshún, significa endulzar el país, endulzar a la nación cubana”.

Aprovechando que Miel para Oshún recibe numerosos lauros, Humberto realiza el lanzamiento del proyecto Cine Pobre Humberto Solás[vi], que, a pesar de su impacto mediático inicial, recibió una fría acogida entre muchos colegas y profesionales cubanos. Tanto los cineastas en su justificada añoranza por el 35 mm o por una producción de envergadura, como una mayoría de los productores en su injustificado propósito de preservar los presupuestos abotagados que prácticamente llevaron al cine cubano a sucumbir, o los defensores de aquellas coproducciones que en su mayoría representaban la pérdida de muchas de las esencias del cine nacional; enfrentaban o minimizaban su proyecto de festival.  A pesar de ello, Humberto Solás, el cineasta de las obras  más fastuosas, logra su propósito.

El artista daba el ejemplo con su obra, proponiendo la dignificación del cine alternativo y de bajo presupuesto. Su Cine Pobre rápidamente alcanzó notoriedad y prestigio, ayudando a conducir a una nueva fase y por nuevos derroteros tanto al cine cubano alternativo como al de la industria, amén de influir en otras cinematografías.

Luego de iniciar y establecer la rica experiencia socio-cultural-comunitaria que acompañó al festival, llega para Humberto el momento de hablarle a la gente nuevamente con su cine, de mostrarle sus valores, de romper con la imagen edulcorada y generalizada de una realidad virtual. Con el largometraje Barrio Cuba y el corto Adela, ambos de 2005, Humberto perfora cáusticamente y sin tapujos la realidad cubana, lo hace con el apoyo de amigos, casi solo, pero consciente de que con esta obra mayor está salvaguardando los valores verdaderos de la “gente de pueblo”, con sensibilidad profunda y responsabilidad absoluta. Contraponiendo su obra a la extendida sobre-ponderación del spot comercial, a la frívola invasión de las novelas televisivas, a la ligereza temática de una mayoría de los videoclips y al penoso camino del cine realizado para la obtención del dinero fácil; Solás posee una total comprensión y responsabilidad con el contexto socio-político del país en su primera década del siglo XXI.

Cierra Humberto Solás, en la víspera de su 70 cumpleaños, un hermoso y ejemplar ciclo ético con este proyecto fílmico y con el amplio legado que deja su Cine Pobre Humberto Solás (2001-2011), amparando a los cineastas del presente, al concederles la fuerza moral para afrontar con autoestima y perseverancia necesarias las décadas venideras, y en ellas dirigir, producir y distribuir de una nueva manera, para continuar con autonomía y creatividad los itinerarios que han de erigirse para sortear las complejidades de la época que ya nos envuelve.

Misión cumplida, iluminado Humberto Solás, el cine de compromiso con el arte y con tu país, su autonomía real y su inminente resurgir, está en marcha…

(Noviembre de 2011)

 

* Sergio Benvenuto Solás es Director del Festival Internacional del Cine Pobre Humberto Solás desde su fundación en la ciudad oriental de Gibara hasta su última edición, en abril de 2011 en la habanera Regla, Benvenuto asumió además la dirección de las tres ediciones realizadas de la Muestra Temática del festival, en las ciudades de Cienfuegos y La Habana.



Notas:

[i] Cirilo Villaverde, autor de Cecilia Valdés o La loma del Ángel.

[ii] Mario Rodríguez Alemán, crítico de cine fallecido en 1996.

[iii] Obra de Tomás Gutiérrez Alea (Titón).

[iv] Puente marítimo entre Cuba y Estados Unidos que sucede al asalto a la Embajada del Perú en La Habana por parte de potenciales emigrantes.

[v] Nombre oficial de la crisis económica que tiene sus peores años entre 1991 y 1994.

[vi] El proyecto Cine Pobre Humberto Solás se fue conformando desde su presentación por el artista en los sucesivos festivales que se realizaron en Gibara y en las muestras temáticas en otras localidades de Cuba. Asumió, definitivamente, el nombre de su creador como parte del empeño de sus colaboradores en preservar el legado de Solás.

Normas para comentar:

  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.