Memoria y tributo a Humberto Solás

El 35 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano estrenará un largometraje documental dedicado al cineasta cubano.

Tomado de Juventud Rebelde

Que solo le bastaba colocar las manos en cualquier lugar de su Habana Vieja para encuadrar a los personajes en una versión fílmica sobre El Siglo de las Luces, desde que leyó la primera edición cubana de la novela de Alejo Carpentier, fue reiterado durante años por el cineasta Humberto Solás (1941-2008).

Bastó al guantanamero Carlos Barba Salva aproximarse a esa preciosista adaptación cinematográfica como tema de su tesis universitaria para caer atrapado en el cautivante mundo del creador de ese clásico del cine iberoamericano que es Lucía (1968). No soñaba entonces con integrar el equipo de realización de dos futuras películas del cineasta (Miel para Oshún, Barrio Cuba) y mucho menos que lo filmaría en varias entrevistas con destino a la aparición de sus cintas Un hombre de éxito (1986) y El siglo de las luces (1992) en el mercado español, promovido por la firma canaria Impulso Récords en formato DVD, como parte de su colección “Cinemateca de Cuba”.

El largometraje documental Humberto, que estrena el 35. Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano en el apartado “Cinemateca Latinoamericana”, dentro de “Latinoamérica en perspectiva”, deviene algo más que una aproximación, sensible y profunda a la vez, y un desmesurado tributo a la vida y la obra de este director a quien una proyección del Senso de Visconti significó el deslumbrante descubrimiento del camino a seguir.

Como las criaturas carpenterianas arrastradas por un torbellino de acontecimientos, Carlos Barba emprendió un itinerario que le condujo a recorrer cada título de su filmografía y también de La Habana a México, de allí a Bogotá y Santiago de Chile, sin excluir en este trayecto iniciático a Madrid y París, en busca de cuanta persona vinculada a la pasión desbordante de Solás pudiera aportar sus reveladoras vivencias. No obstante el impresionante resultado, habrá que esperar aún a la versión televisiva en capítulos para aprehender en toda su envergadura la abarcadora travesía del guantanamero Carlos Barba Salva.

Avizoramos en el horizonte, además, la transcripción de tantos testimonios pletóricos de riqueza, sin la edición exigida por la duración de un filme, en el libro definitivo que esperamos. A partir de ahora, el título Humberto provocará —como el nombre al que alude—, todo un cúmulo de imágenes imperecederas, gracias a la impronta de alguien que, acompañado por el apellido Solás, lo escribió en la historia de nuestro cine.

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