Avangenio, una mipyme cubana de informática

Esta empresa privada cubana, que se dedica mayormente a la exportación de servicios y soluciones informáticas, cuenta su experiencia como negocio.

Los negocios informáticos son de los pocos de alta profesionalización que están permitidos en su variante privada, según la lista de actividades económicas prohibidas en Cuba para este sector.

A priori, estos tendrían la libertad expandirse tanto como lo permita la ley 46 de 2021, sobre las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), o la ley 44 de ese mismo año, que regula el ejercicio del trabajo por cuenta propia (TCP).

Si bien abundan pequeños proyectos “de garaje”, existen otros más abarcadores como el caso de Avangenio, con 15 años de experiencia y que, desde diciembre de 2021, opera bajo el escudo legal de dos mipymes: Avangenio (que es también la marca comercial) y Avangtec. Entre las dos, suman 169 trabajadores.

“Hace 15 años, se sabía que la informática era una industria que tendría un impacto a mediano y largo plazo, y que se podía capitalizar, porque la demanda de programadores en los países ricos es casi infinita y el trabajo remoto era ya una realidad”, describió Alain Garófalo, director general de Avagenio.

Para poder ejecutar su negocio, tienen células empresariales en Estados Unidos, el mercado donde principalmente brindan sus servicios, y en España, cuya función es la de puente financiero.

Según Garófalo, no hay forma simple de transferir dinero de un banco estadounidense a uno cubano, a pesar de que Avangenio, al ser privado, entraría en las excepciones de las normas legales del bloqueo económico de Estados Unidos hacia Cuba. Por supuesto, estas intermediaciones representan más gastos en cuanto a cambio de divisas y comisiones por las diferentes transacciones.

2- “La diferencia nuestra con respecto a otras empresas es que todas las utilidades las empleamos en el crecimiento de la organización”, dijo Alain Garófalo Hernández, director general de Avagenio.

Avangenio ha estado invirtiendo en el desarrollo productos propios, pero hasta ahora, ninguno genera ingresos. Su principal ingreso proviene de la exportación de servicios informáticos, lo cual se traduce, según Garófalo, en poco valor agregado.

Por ejemplo, los encargos que más reciben consisten en complementar con recursos humanos a otros equipos de programación (esto se llama staff augmentation), o en elaborar íntegramente, de principio a fin, un proyecto de software (un servicio que en la jerga binaria se conoce como “llave en mano”). Pero, en ningún caso, la parte cubana posee propiedad sobre ninguno de esos softwares en los que ha participado.

Sus clientes son, principalmente, empresas tecnológicas que ofertan softwares especializados –para la gestión, en la mayoría de los casos– en áreas comerciales tan disímiles como el transporte, la construcción o los bancos, por citar algunos casos. En su cartera de negocios, Avangenio también realiza evaluaciones de riesgo para las plataformas en materia de seguridad informática, o los mantenimientos periódicos de estas.

Sin duda, los enfoques de trabajo han llegado un poco de manera azarosa, entre pedido y pedido, una veleta que gira según el soplido de los nichos del mercado.

Dentro del mercado cubano, confluyen otros vientos empresariales.

“Con los clientes nacionales tiene que ver más la responsabilidad social, que los negocios”, arguyó Garófalo. “No son rentables y no pueden competir con el mercado objetivo de esta organización, porque ninguna empresa cubana puede pagar las mismas tarifas que una empresa norteamericana. No significa abandonemos el mercado cubano. ¿Qué hemos hecho? Hemos escogido proyectos que tienen un alto impacto en la sociedad, y que generan la idea de una empresa responsable e interesada por resolver los problemas de su base de operaciones”.

Oficinas de Avangenio

Con el Centro de Neurociencias de Cuba, desarrollaron dos softwares: uno que ayuda en el diagnóstico a través de rayos x de pacientes con covid-19, y otro, relacionado con la identificación y la intervención quirúrgica de tumoraciones cerebrales. Además, colaboraron en la optimización del sistema informático de las cargas aéreas de Aerovaradero.

“Económicamente, estos proyectos dan pérdidas”, calculó el director general de la mipyme.

De ahí que se prioricen los servicios a clientes extranjeros. Al fin y al cabo, hay que pagar las cuentas de la casa.

La competencia en el mercado laboral

En Avangenio, el desafío que más dolor de cabeza provoca está relacionado con los recursos humanos.

La empresa planifica en sus esquemas para que un desarrollador de software le dure al menos tres años de promedio. Y no porque decidan despedirlo, sino porque estos se van por sus propios pies, dadas las múltiples posibilidades para emprender de forma remota que brinda el campo de la informática.

Muchos de los programadores terminan convirtiéndose en freelancers (trabajadores independientes), que laboran de forma directa para proyectos extranjeros y ganan, de paso, salarios más lucrativos.

El lado negativo de ser un átomo libre recae en los altibajos de esas contrataciones, que son muchas veces temporales desde un inicio o, en ocasiones, quiebra el negocio a mitad de trayecto y el empleado termina despedido sin ningún tipo de compensación.

“La fortaleza de una empresa con relación a los freelancers es que puede transmitirle, a los trabajadores, cierto nivel de estabilidad y seguridad con su empleo”, dijo Garófalo. “Esa es la principal moneda de cambio de esta organización: la seguridad de que un empleado no debería perder su empleo, independientemente de las altas y bajas del mercado”.

De hecho, mantener a su plantilla segura, surtida y cómoda en el centro laboral, se ha vuelto casi un lema para la empresa, por el que siempre invierte, aunque le cueste la totalidad de sus ganancias.

“La diferencia nuestra con respecto a otras empresas es que todas las utilidades las empleamos en el crecimiento de la organización. Todos los socios trabajan aquí por salario. Hasta ahora, nunca han recibido utilidades como accionistas”, dijo Garófalo.

La ley que permite el brote de estos negocios informáticos en Cuba lleva menos de un año, así que no hay fórmula escrita. Avangenio, sencillamente, decidió apostar a su futuro. (2022)

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