Tornado en La Habana levanta lo bueno y lo malo de Internet en los móviles

Durante la noche del 27 de enero y la mañana del 28, las redes sociales se llenaron con imágenes de una ciudad devastada y los testimonios de centenares de habaneros.

En el municipio capitalino de Regla, uno de los más afectados por el paso del tornado, varias personas se mueven entre cables caídos y derrumbes, para documentar los destrozos.

Foto: Archivo IPS Cuba

En tan solo 16 minutos, vientos de 300 kilómetros por hora cambiaron radicalmente el paisaje de varios municipios de La Habana.

Quienes caminaban entre los destrozos no dejaron de compartir lo que los sobrecogía, moviéndose entre las maquinarias que intentaban sacar del camino los escombros más pesados.

“Esto va para Facebook, parece una película”, dijo un joven en la periferia del capitalino municipio de Regla, mientras documentaba los daños rodeado de cables de electricidad caídos.

Con el progresivo acceso a las tecnologías e Internet, que en diciembre último incorporó la conexión 3G de forma progresiva en teléfonos celulares, documentar y compartir su realidad se ha convertido en una práctica cotidiana para miles de cubanos, sobre todo entre los ciudadanos de las principales urbes del país.

Gracias a la conexión por datos móviles, que fue mucho más resiliente al tornado que los servicios tradicionales de telefonía fija y móvil, muchas personas enviaron a través de las redes sociales imágenes únicas del evento devastador, documentaron el trágico momento para amigos y familiares y usaron el espacio para promover iniciativas de asistencia y solidaridad con los damnificados, dentro y fuera de Cuba.

Sucedió un fenómeno similar al que ocurriera tras las afectaciones del huracán Mathew en 2016 en parte del Oriente cubano, solo que esta vez la movilización ciudadana fue más rápida y masiva, gracias al mayor aunque todavía prohibitivo para muchos bolsillos acceso a Internet.

El flujo constante de información por los nuevos canales supone un reto para la estrategia gubernamental de comunicación en situaciones de desastre.

Foto: Archivo IPS Cuba

En apenas 12 horas y cuando aún se desconocía la extensión del daño, se difundieron por estos canales colectas públicas para ayudar a los damnificados y se organizaron plataformas de crowfounding (poninas o recogidas de dinero) como la abierta por un grupo de diseñadores con el hashtag Yotireuncabo.

Otros activistas compartieron sus iniciativas de movilización para apoyar en alguno de los barrios afectados de los municipios de Diez de Octubre, Guanabacoa, Regla, San Miguel del Padrón y Habana del Este.

Asimismo los registros gráficos y relatos publicados en las redes sirvieron de base para los reportes de medios internacionales como BBC y Sputnik. Muchos quedaron recogidos en la versión digital del estatal diario Juventud Rebelde, lo que de alguna manera reivindica la importancia de extender el periodismo ciudadano en el país caribeño.

Sin embargo, reemergieron otras caras oscuras del uso de las redes sociales en momentos de desastres.

Hace menos de un año, en mayo de 2018, otros testigos capturaron las primeras imágenes del fatídico accidente aéreo que conmovió la nación.

Entonces las grabaciones ciudadanas también constituyeron una fuente valiosa en los reportes iniciales de varias cadenas de noticias, pero resultó evidente la escasa preparación de algunas personas, que filmaron cadáveres y divulgaron las imágenes que laceraron la privacidad de las víctimas y sus familias.

El rápido reporte de los hechos a través de las redes, tanto durante el accidente aéreo como en el tornado, fue un detonante de la angustia social que imperó mientras las imágenes se hacían virales y se desconocían los datos oficiales sobre la catástrofe.

De alguna manera, la tendencia global de las noticias falsas atravesó el suceso, porque las redes se llenaban de reportes dispersos cuando el conteo oficial de fallecidos y heridos no había concluido.

Y el flujo constante de información por los nuevos canales supone un reto para la estrategia gubernamental de comunicación en situaciones de desastres, que antes estaba centralizada en los medios estatales de prensa.

Una muestra de ello fue que, en la madrugada del 28 de enero, el presidente cubano, Miguel Díaz Canel, publicó en su cuenta oficial de Twitter la primera cifra de pérdidas. (2019)

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