Las Grandes Ligas de Béisbol: El sueño imposible del espectador cubano

La pelota, entre la cumbre y el abismo.

Hace más de dos semanas que finalizó la Serie Mundial de las Grandes Ligas, el mayor espectáculo del béisbol, y todavía se comenta el encarnizado duelo entre los Nacionales de Washington y los Astros de Houston, del que la televisión cubana no transmitió ni un solo juego. Parece mentira que a estas alturas del desarrollo en las comunicaciones, en el primer país —allende Estados Unidos— donde se vio el Clásico de Octubre por la pequeña pantalla, no pueda ser presenciado.

La Habana en Leonardo Padura

Con este título IPS Cuba compartió durante este año, desde las redes sociales, una serie de postales con textos del reconocido escritor cubano quien de múltiples maneras ha dejado constancia en su literatura de su pasión por una ciudad que hoy cumple 500 años de fundada.

“Porque más que cubano, más que habanero, siempre me he sentido mantillero (de la localidad de Mantilla, municipio Arroyo  Naranjo) y desde esa cualidad, que para otros puede resultar insignificante, he mirado la vida y la ciudad, he sentido eso que solemos llamar la patria y hecho mi literatura. Desde esa empecinada pertenencia he decidido quedarme, en mi circunstancia, y escribir en ella y sobre ella”, dice el autor de La novela de mi vida, al referirse a esa manera peculiar en que la ciudad lo atrapa desde sus luces y sombras.

La ciudad y el escritor* (Fragmentos)

La Habana está presente de muchas maneras en la obra del escritor cubano Leonardo Padura. La crónica que comparte IPS Cuba, incluida en los libros Agua por todas partes, Tusquets Editores, 2019; y La Habana nuestra de cada día, Ediciones Aurelia, 2019, es un homenaje a la ciudad a propósito de su 500 aniversario.

1. El Malecón de La Habana es un parapeto de bloques de concreto y hormigón que corre por el borde norte de la ciudad, frente a la corriente cálida del Golfo de México y extiende su sólida estructura desde los territorios de la protectora bahía donde se fundó la villa en 1519, hasta el final del antes aristocrático barrio de El Vedado, al oeste, justo donde terminaba la ciudad cuando nació el siglo XX y se comenzó la construcción de la barrera marina. A la vera del muro del Malecón hay una generosa acera, una y otra vez masticada por el salitre y las olas. Más allá, corre una cinta de asfalto de hasta seis carriles, por donde habaneros y forasteros se desviven por dar un paseo en un auto descapotable, a la velocidad máxima permitida, tragando a partes iguales el escape de otros carros y la brisa llegada del mar.

Maltrato infantil: no mirar hacia otro lado

El lado oscuro de la sociedad.

Ayer un amigo me envió un video donde un niño era objeto de maltrato físico. Lo borré sin verlo. Y en la misma jornada, al regreso del mercado, caminando por la acera de una populosa calzada capitalina, fui testigo de un suceso muy doloroso: un niño de unos cinco años le pedía ayuda a un adulto mayor porque, según él, “mamá y (…) se están fajando”.