Eliseo Diego: Cien años de su tiempo

El poeta, narrador y ensayista cubano Eliseo Diego, considerado una de las voces esenciales de la literatura hispanoamericana, cumple cien años en este 2020.

Un poeta inmenso, de modestia infinita.

Foto: Tomada de la Uneac

De Eliseo Diego, una de las voces más representativas de la literatura hispanoamericana no se puede hablar en pasado.

Cuba celebra su centenario a través de espacios virtuales y con la colocación de una tarja en su casa natal de Obrapía y Compostela. La Biblioteca Nacional, lugar donde trabajó durante muchos años, le dedicó una lectura de poemas suyos y dedicados a él en un acto de presencias restringidas.

Eliseo fue el poeta del tiempo. En un texto que tituló “Testamento” dejó a los que le suceden esa herencia. “Les dejó el tiempo, todo el tiempo”, dijo y henos aquí releyendo y visitando una obra antológica que incluyó también las traducciones, la prosa y los ensayos.

Miembro connotado del grupo Orígenes, liderado por José Lezama Lima, este autor demostró sus habilidades con las palabras desde su primer libro En la Calazada de Jesús del Monte.

Este no tuvo los balbuceos de una ópera prima sino que consolidó, desde 1949, fecha en la que fue publicado, esa voz delicada y poderosa, cubana de un modo sui géneris y que, por sí misma, bastaría para colocarlo en esa trascendencia que lo convierte en un imprescindible de la literatura de habla española del siglo XX.

Los que lo conocimos recordamos su trato exquisito y educado. A los que éramos jóvenes en la década de los ochenta se acercó con su consejo siempre oportuno. En mi caso, todavía conservo los libros que me regaló de poetas ingleses y estadounidenses a los que frecuentaba una y otra vez gracias a su excelente conocimiento del idioma en que ellos escribían.

 

Eliseo demostró sus habilidades con las palabras desde su primer libro En la Calazada de Jesús del Monte.

Foto: Tomada del periódico Trabajadores

Su prosa, menos conocida pero valorada por los escritores que le sucedieron, era un compendio de sugerencias y dominio del idioma mientras sus ensayos nos revelan al hombre que no solo escribía poemas sino que analizaba e interpretaba sus funciones en la sociedad y en la vida.

“Soy, de oficio poeta, es decir, un pobre diablo al que no le queda más remedio que escribir y lo hago no por vanidad o por el deseo de brillar o qué sé yo, sino por necesidad, porque no me queda más remedio que escribir estas cosas que se llaman poemas”.

Esta declaración que revela la infinita modestia de ese poeta inmenso nos hace reflexionar sobre su obra desde un ángulo que lo identifica como el verdadero creador que fue.

Eliseo fue un gran promotor de la literatura infantil durante sus años de trabajo en la Biblioteca Nacional de Cuba. La ilustración es un dibujo del poeta realizado por su hijo Rapi Diego.

Foto: Tomado de la Uneac

De niño, escribía cuentos infantiles y ese acercamiento a los menores de edad lo hizo convertirse en promotor de dicha literatura durante sus años de trabajo en la Biblioteca Nacional de Cuba.

Asimismo tradujo a los autores más representativos de la literatura infantil del mundo y fue un pedagogo brillante. Impartió clases de literatura inglesa y estadounidense en cursos especiales organizados por la Casa de las Américas en la década de los sesenta.

Todavía me parece verlo en el portal de su casa, donde los jóvenes eran visita común y el poeta los recibía en compañía de su esposa Bella, excelente anfitriona y hermana de la extraordinaria poetica Fina García Marruz, también integrante —junto a su esposo Cintio Vitier— del legendario grupo Orígenes.

Entre sus libros más importantes están los poemarios En la Calzada de Jesús del Monte, el Libro de las Maravillas de Bolonia, Los días de tu vida y Cuatro de Oros.

Eliseo Diego fue distinguido con el Premio Nacional de Literatura en 1986 y el Premio Internacional de Literatura Latinoamericana y Caribeña Juan Rulfo en 1993 entre otros importantes reconocimientos en su país y fuera de él.

Este centenario que Cuba ha celebrado a la altura que Eliseo Diego se merece, dentro de las limitaciones de la covid-19, es ocasión propicia para volver sobre su obra.

Las nuevas generaciones, que lo conocieron menos, deberían adentrarse en las páginas estremecedoras de un escritor que fue el poeta del tiempo y de las pequeñas cosas y que hizo grande la cotidianidad y un concepto de la cubanía que trasciende el pintoresquismo y el folclorismo, porque es esencial. (2020)

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