Eusebio Leal, la nación cubana y la pasión

Con la reciente muerte del Historiador de la Ciudad de La Habana, la patria cubana ha perdido a uno de sus hombres más útiles y necesarios.

Poco quedaría por decir del legado del Doctor en Ciencias Históricas y Maestro en Ciencias Arqueológicas.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Una nación es, en pocas y muy esquemáticas palabras, un conglomerado humano que comparte toda una serie de rasgos identitarios forjados a través del tiempo que acercan, identifican y singularizan a sus habitantes. En muchas ocasiones un rasgo característico de la nación es la comunidad de un territorio geográfico, pero no siempre sucede así. Se habla, por ejemplo, de la nación judía, cuyo territorio de vida fue, por siglos, un libro: la Biblia, su Antiguo Testamento.

La nación cubana, cuyo proceso de consolidación se produce a lo largo del siglo XIX (siglo de surgimiento de los Estados modernos), en el territorio de un archipiélago, existió antes de que Cuba fuera un Estado, un país con instituciones independientes, incluida, entre ellas, un gobierno propio. El Estado cubano, y digo cosas bien sabidas pero de oportuna recordación, surge en 1902, luego de décadas de guerra por la independencia y de cuatro años de intervención militar norteamericana en nuestro territorio geográfico. Los cubanos tenemos entonces identidad, nacionalidad, cubanía antes de ser un país.

La política, que es una manifestación supraestructural, puede, de hecho, consigue determinar la vida de una nación, pero no constituye un rasgo permanente e inalienable de su identidad. A lo largo de su historia la nación cubana ha vivido bajo diferentes formas de gobierno político y, en todas ellas, la cubanía ha preservado su esencia, su cualidad de pertenencia e identificación. Cubano fue José María Heredia, a principios del siglo XIX y José Martí, a fines de la centuria; lo fueron Jorge Mañach y Eduardo Chibás, en la primera mitad del siglo XX; y lo ha sido Eusebio Leal, quien falleció recientemente a sus setenta y siete años.

Mucho se ha escrito en estos días, al conocerse el deceso del Historiador de la Ciudad. Poco quedaría por decir de su legado. Y es así porque con Eusebio Leal la patria cubana ha perdido a uno de sus hombres más útiles y necesarios. Una personalidad que hoy se nos antoja difícilmente sustituible, pues fueron diversas y muy precisas las condiciones epocales y las peculiaridades de su carácter que le permitieron desarrollar una obra. Una obra que, siendo reductores, podría considerarse como la preservación y enriquecimiento de un patrimonio cultural de la nación cubana que tuvo en el rescate, restauración y proyección de La Habana antigua su más visible concreción.

Con Eusebio Leal la patria cubana ha perdido a uno de sus hombres más útiles y necesarios.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Con su trabajo, con su sacrificio, con su visión, incluso con sus dolores físicos, Eusebio Leal supo y consiguió salvar para la historia de la nación cubana una de sus más importantes señas de identidad cultural, histórica, social. Una Habana antigua, vieja o colonial que, mediado el siglo pasado, había entrado en un estado de decrepitud que amenazaba la supervivencia de una parte muy notable de su estructura física, en gran parte patrimonial.

La Habana que salvó Eusebio Leal era una ciudad aquejada por décadas de venalidad, pobreza y abandono administrativo contra el que lucharon con éxitos relativos otros cubanos ilustres (Emilio Roig de Leuchsenring fue uno de los más empecinados), un casco histórico del que en un momento se consideró posible una demolición parcial para crear grandes almacenes portuarios donde se acogerían las mercancías de un potente comercio socialista.

La visión, pasión y perseverancia de Eusebio Leal desde la Oficina del Historiador de la Ciudad resultó decisiva para que la nación cubana tenga hoy la parte más histórica de la capital en las condiciones admirables que exhibe. Un legado que hace de su trabajo un aporte del cual todos los cubanos, con independencia de credos e inclinaciones políticas, debemos estar agradecidos, pues Eusebio Leal luchó por todos nosotros: los de antes, los de ahora, los de mañana.

En los últimos años de su vida, estando ya enfermo y sabiéndose condenado, Eusebio no cejó en sus empeños. En condiciones materiales que en momentos llegaron a ser paupérrimas, siempre mantuvo su lucha y en ella estuvo hasta el final, mientras sostenía otro combate doloroso contra el mal que lo corroía. Y lo hizo con la pasión, la urbanidad y la capacidad aglutinadora que lo caracterizó. Con una fe.

En febrero de este terrible año 2020 hablé por última vez con Eusebio Leal. Desde hacía meses vivía en un estado de salud casi agónico y en ese diálogo me habló de sus sufrimientos físicos, cada vez más devastadores. Pero aun así trabajaba, soñaba: su pasión lo sostenía, como me lo demostró esa última conversación.

La visión, pasión y perseverancia de Eusebio Leal desde la Oficina del Historiador de la Ciudad resultó decisiva para que la nación cubana tenga hoy la parte más histórica de la capital en las condiciones admirables que exhibe.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Pocos días antes yo le había dejado en su oficina de La Habana Vieja un ejemplar del libro que, estampado por Ediciones Aurelia y con fotografías del artista Carlos T. Cairo, había presentado unos días atrás. La Habana nuestra de cada día se titula el volumen en el que, con la colaboración de Lucía López Coll reuní textos en los que miro, interrogo, recorro mi ciudad de cubano y novelista. Un libro que es el homenaje que, a nuestra particular manera, con amor y dolor, un artista plástico, un escritor y una editorial le hacíamos a la ciudad que cumplía sus quinientos años.

En menos de una semana ese hombre enfermo y empeñado en tantos proyectos, se había leído el libro y tenía la gentileza de hacerme una llamada telefónica para agradecerme que le hubiera dedicado un ejemplar y para decirme –con su conocida retórica- que habíamos conseguido armar un “bellísimo homenaje a la ciudad”, para luego comentarme varios de los textos del volumen. Esa delicadeza, ese sentido de la responsabilidad que lo distinguían fue el mismo que, cuatro años atrás, lo llevó a enviarme una felicitación cuando recibí el Premio Princesa de Asturias de las Letras. Eusebio Leal y Alex Pausides fueron los únicos funcionarios cubanos que tuvieron ese gesto conmigo, o quizás, incluso, con la literatura de la nación cubana, esa que es de todos, que está por encima de todos y vive en el tiempo y en la Historia.

No puedo decir que Eusebio Leal y yo llegáramos a ser amigos. Nos conocíamos, nos congratulábamos, nos quejábamos de ciertas cosas en los encuentros que tuvimos. Compartíamos el amor por esta ciudad, la que nos pertenece a todos, la ciudad sobre la que yo escribo y que, si hoy es más bella y tiene más futuro, fue en buena medida por el empeño invencible y estoico incluso de Eusebio Leal. (2020)

6 comentarios

  1. Zelmy Valdés

    Eres único.Ya veremos cuando ganes el Nobel, por cierto para mi ya lo ganaste, quién llama a felicitar. Bueno eso para nada es relevante.Sin dudas somos tantos los q nos regocijamos y sobre todo disfrutamos leyendo tu obra. FELICIDADES maestro. Doy gracias infinitas a Dios por poder conocerlo y conversar un día, inolvidable por demás.

  2. Omar

    Me gusto mucho!

  3. Marisela Rodríguez

    Un justo reconocimiento en las palabras de un hombre justo. Ambos le han hecho justicia a La Habana, por eso la ciudad agradecida les premia con la memoria de la eternidad. ¡Gracias Padura!

  4. Iliana Restrepo

    Gracias Leonardo por este maravilloso texto en homenaje a un ser humano extraordinario y al que tanto le debe no solo Cuba, sino la humanidad entera. Me encantaría saber dónde se puede conseguir el libro del que hablas y que le dedicaste a Eusebio Leal poco antes de su muerte.
    Gracias por todo pero sobre todo por escribir…

  5. Andrés Dovale Borjas

    Muy buen comentario sobre Eusebio Leal, su labor como historiador de la ciudad fue muy excelente, logró rescatar del abandono y desidia múltiples edificaciones, monumentos y plazas, solo la restauración del Capitolio, su obra cumbre, le hacía merecedor de un lugar en nuestra historia, pero del daño antropológico de nuestra sociedad solo personas como Ud. pudieran salvarle. Haga mucha más presencia en nuestra vida y dedíquele una parte de su enorme capacidad y talento de escritor en el rescate de nuestra nacionalidad. ¡Usted lo puede!
    Muchas gracias.

  6. Vivian Leal

    Sr. Padura , gracias por sus bellas palabras sobre mi padre, realmente uno de los pocos escritos realmente sentidos que he leído, y puede estar seguro que él lo tenía a usted en alta estima por lo que ha contado, eso se lo aseguro, un abrazo.

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