La Habana desde sus símbolos (III)

Los emblemas deportivos.

El estadio Latinoamericano, la casa de Industriales, también es un símbolo de La Habana.

Foto: Tomada de habanapordentro

En La Gloria de Cuba, el mejor libro publicado sobre la historia del béisbol en la isla, Roberto González Echevarría comienza el capítulo introductorio con la frase “—¿Tú eras habanista o almendarista?”, una pregunta que, según él, los cubanos de su edad siempre se hacen; la respuesta los va a juntar en una misma familia, o los va a separar de manera definitiva.

La enconada rivalidad entre Habana y Almendares venía de la década del setenta del siglo xix y llegó hasta 1961, cuando concluyó el béisbol profesional en Cuba: duró casi un siglo. No ha habido ningún otro equipo aquí con tal longevidad. Ambos fueron dos símbolos del deporte, pero, si sus nombres estaban identificados con la capital, sus aficionados estaban diseminados por toda la geografía insular y más allá, en tanto la liga cubana, ya entrado el siglo xx, era seguida por radio en todos los países del Caribe que gustaban del béisbol.

Por tanto, la porfía histórica entre habanistas y almendaristas era de alcance nacional (o trasatlántico, diríamos ahora) pues ninguno de los cuatro equipos (Habana, Almendares, Cienfuegos, Marianao) respondía a una zona geográfica determinada, aun cuando en sus primeros tiempos, para rojos y azules sí lo fuera.

Personalmente, desconozco la causa por la cual me convertí en almendarista desde niño, pero no tenía nada que ver con el río Almendares ni con La Habana, donde no vivía. Son esas cosas inexplicables de las aficiones. Sé que cuando pulso mi memoria me veo pegado al radio imaginando cada lanzamiento de Miguel Cuéllar, cada jugada de Tony Taylor, o cada jonrón de Rocky Nelson.

A los amantes de la pelota en Cuba, el abrupto cese de la liga profesional en 1961 nos dejó al pairo. De repente, no volveríamos a ver jugar en el Gran Stadium del Cerro a Orestes Miñoso, Camilo Pascual, Pedro Ramos, Zoilo Versalles, Humberto Fernández, Luis Tiant… Pero, entre tantos acontecimientos de aquella época, ese no parecía tan impactante.

Como todos los sucesos de los sesenta, las cosas pasaron muy rápido. De un día para otro no tuvimos más pelota profesional, mas inmediatamente llegó la primera Serie Nacional de Béisbol. Y pegó. En las filas de Habana y Occidentales reconocimos a muchos peloteros que ya admirábamos del béisbol amateur.

Tal vez porque en Occidentales militaban los jugadores con que más me identificaba, simpaticé con ese conjunto en la primera temporada, y en algunas otras después, hasta que, sin saber cómo ni cuándo, fui seducido por la pasión azul, por Industriales.

Ningún emblema define y representa mejor a la afición deportiva habanera de las últimas seis décadas que el equipo Industriales, nacido en 1962, en la segunda temporada de la Serie Nacional.

La selección capitalina, al estampar el azul en sus uniformes, arrastró a legiones de almendaristas; y cuando más tarde sumó el ícono de los habanistas, el león, creó un estandarte muy poderoso. El conjunto celeste es Habana y Almendares al mismo tiempo, el yin y el yan.

No sabemos quién decidió otorgar el azul a los Industriales –el color justo de esta ciudad marinera–, y quién eligió después al león para completar su heráldica, pero sí está claro que el combinado capitalino es el que convoca las mayores pasiones, a favor y en contra. Ningún otro equipo suma tantos seguidores a lo largo de la Isla, pero tampoco lo hay con tal cantidad de opositores, detractores, adversarios, de este a oeste.

La fuerza simbólica de Industriales no se formó de un día para otro. Ha sido un proceso. Cuando se corrieron las cortinas de la primera serie nacional, había cuatro equipos (Habana, Occidentales, Azucareros, y Orientales) en los cuales estaba representado el país completo, dividido entonces en seis provincias, una de las cuales, La Habana, incluía también el territorio de las actuales Artemisa y Mayabeque.

La afición de los capitalinos, hasta la desaparición de Metropolitanos, ha estado dividida entre los diversos combinados habaneros que han estado presente en las series nacionales (Habana, Industriales, Constructores, Metropolitanos, Agropecuarios), incluso Occidentales. Pero desde su debut, el equipo azul fue sumando adeptos/adictos, como ninguno otro, y forjando su leyenda.

Ningún emblema define y representa mejor a la afición deportiva habanera de las últimas seis décadas que el equipo Industriales.

Foto: Tomada de http://www.baseballdecuba.com

Ganar cuatro campeonatos de forma consecutiva en su arranque y acumular doce coronas en su historia son dos razones de mucha fuerza para sumar partidarios. Los equipos más vencedores siempre tienen la mayor cantidad de seguidores, en todas las ligas deportivas del mundo.

Sin embargo, las aficiones siempre albergan motivos extradeportivos en su relación de amor o de rechazo hacia un club, aunque no siempre sean conscientes. En el caso de Industriales, su mayor afición está localizada en La Habana, Mayabeque y Artemisa, por razones geográficas, aunque, como se dijo antes, sus seguidores están presentes en todas las provincias.

En cambio, tan llamativo como ese entusiasmo partidario es la furia que mueve a quienes lo rechazan. Cuando se lee, en las redes sociales, las expresiones de esas personas, se puede reconocer –por lo general– un regionalismo que alberga un marcado sentimiento anticapitalino.

El simbolismo de los equipos deportivos incluye a las instalaciones donde están asentados en la ciudad a la cual representan. El estadio Latinoamericano, la casa de Industriales, también es un símbolo de La Habana.

Mucha historia se ha escrito en el Coloso del Cerro desde la tarde en que fue inaugurado, el 26 de octubre de 1946, pero yo me quedo con dos sucesos que viví con intensidad: el jonrón de Agustín Marquetti para definir aquel juego –y aquella serie–memorable entre Industriales y Vegueros, en 1986; y el tubey de Enrique Díaz contra Villa Clara en 2004 para decidir la serie XLIII. Ambos batazos, igualmente, son símbolos. (2019)

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