Michel Houellebecq, el maldito premiado

En una entrega especial para los lectores de La Esquina, Leonardo Padura devela, en esta reseña, la controvertida personalidad y genio literario del reconocido narrador francés quien junto con la edición de su nueva novela, Serotonina, recibe una condecoración de la República Francesa.

Michel Houellebecq, el controversial narrador francés.

Foto: Tomada de Diario de Sevilla

Del escritor francés Michel Houellebecq[1] parece que se conoce todo o no se sabe nada. Muchos de sus muchos lectores confunden al autor con sus personajes descentrados y cínicos, porque al parecer estos tienen mucho del autor y, para colmos, en una de sus novelas más célebres, El mapa y el territorio (Premio Goncourt 2010), un escritor llamado Michel Houellebecq es uno de los personajes y… resultaba brutalmente asesinado.

Para empezar a decodificar las claves de Michel Houellebecq siempre habría que recordar que el escritor no se llama Michel Houellebecq, sino que es dueño del anodino nombre de Michel Thomas y que no hay certeza sobre su fecha de nacimiento, certificada en 1956, aunque al parecer nació en 1958 pero su madre decidió envejecerlo para enviarlo antes al colegio. Houellebecq, además, no es francés de Francia, sino de la lejana isla de La Reunión, su familia tiene orígenes argelinos y ha vivido parte de su vida en España y en Irlanda, país al cual se exilió huyendo de las presiones fiscales francesas.

Lo que parece ser más cierto es que Huoellebecq ha hecho de la provocación, la ira, el cinismo y el escepticismo los sustentos de una obra literaria que es considerada por muchos como la más potente y representativa de la novelística francesa de los últimos 25 años. Tanto es así que este escritor (novelista, poeta, ensayista), estimado el algún momento el nuevo Camus de la narrativa francesa, ha sido indistintamente acusado de misógino, islamofóbico, pornógrafo, derechista, izquierdista, anarquista y brutal. Algunos aseguran que es un intelectual antisistema, empeñado en mostrar las llagas más dolorosas de una sociedad y civilización en crisis de valores y pocas opciones de futuro. Cada uno de sus libros se convierte en fuente de encendidas polémicas que lo llevaron incluso a un juicio por sus supuestas posturas islamofóbicas, pero el juez desestimó la acusación pues en un país laico existe el derecho a la práctica religiosa tanto como a su rechazo. Mientras, su proyección mediática es singular: aunque todos hablan de él, el escritor apenas concede entrevistas, y la última que realizó fue con la condición de que solo le preguntaran sobre pornografía.

Célebre y controversial

La infancia de Michel Thomas (26 de febrero de 1956 o 1958), verdadero nombre del narrador y poeta francés Michel Houellebecq, fue traumática pues, al parecer, sus padres se desentendieron de él desde muy pequeño. De este hecho biográfico nacen algunos de los temas más recurrentes en su obra literaria, como su fijación en las miserias afectivas del hombre contemporáneo.

Con la publicación, en 1994, de Extension du domaine de la lutte, que se llegó a comparar con El extranjero de Albert Camus, pasó del anonimato total a convertirse en autor de uno de los libros más vendidos de ese año. La obra fue traducida a numerosas lenguas (entre ellas el español, con el título Ampliación del campo de batalla) y le dio a conocer al gran público. Algunos críticos creyeron que su éxito sería flor de un día, pero ese vaticinio se disipó de golpe con la publicación de su segunda novela, Les Particules élémentaires, considerado el mejor libro francés de 1998 por la revista Lire y galardonada con el Prix Novembre.

 

Houellebecq es todo eso de lo que se le acusa, o no lo es, o es más. Pero al final nada de eso importa demasiado. Porque lo verdaderamente trascendente radica en que su literatura, provocadora y anticipativa de conflictos sociales (ha predicho desde ataques terroristas hasta el actual movimiento de los chalecos amarillos franceses), resulta una lectura inquietante, de altos vuelos estéticos, que nunca deja indiferente al lector. A Michel Houellebecq se le ama o se le odia. O se le ama y se le odia, a la vez. Y en la capacidad de su literatura para provocar esas pasiones e inquietudes radica una parte de su grandeza y densidad literaria, pues como bien se ha afirmado, Houellebecq no es un ideólogo, sino apenas un novelista. Y, sobre todo (se le ame o se le odie), se debe reconocer que es un gran novelista.

En su nueva novela, Serotonina, publicada al unísono en varias lenguas, incluido el español y el catalán (Editorial Alfaguara), un Houellebecq que a través de uno de sus personajes llega a reconocer que el amor es la posible tabla de salvación de un hombre decepcionado del mundo y de la vida, arremete contra las políticas francesas y europeas que se han empeñado en un proceso de destrucción de una forma de vida de los campesinos de su país. Esos campesinos, indignados, salen a la calle y actúan como hace dos meses comenzaron a proyectarse los originales inconformes ataviados con chalecos amarillos.

Pero en su entrega anterior, Sumisión, uno de los libros más desequilibrantes y apocalípticos que he leído en los últimos años, Houellebecq presenta la vida de una Francia de un futuro cercano en el cual, fruto de migraciones, conversiones y pactos políticos, llega al poder un gobierno de proyección islámica.

Para los defensores de las actitudes políticamente correctas, Houellebecq encarna al demonio. Para los políticos franceses su popularidad es un escollo pues cada uno de sus libros resulta una agresión al sistema, al gobierno, a las ideologías dominantes. Houellebecq está contra todos, y todos lo saben. Y muchos lo leen.

Lo notable y quizás aleccionador es que ese mismo Michel Houellebecq que anda por el mundo con un látigo en la mano, provocando e irritando, inquietando y advirtiendo, abrió su vida este año 2019 recibiendo la Orden de la Legión de Honor, la más alta distinción que otorga la República Francesa y con la salida de una primera edición gala de 300 mil ejemplares de su nueva novela, Serotonina… Para consuelo de muchos —y rabia de otros— al parecer todavía hoy la literatura conserva algo de su poder. (2019)

Notas:
[1] En Cuba no se ha publicado ni distribuido ninguna de sus novelas, que han visto la luz en más de 25 idiomas.

Un comentario

  1. brakus

    test comment

Normas para comentar:

  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.