Cultura caribeña en Cuba

¿Por qué sigue siendo el Caribe y su fecunda cultura tan desconocidos para Cuba? El Premio Nacional de Literatura y especialista en literatura caribeña, Luis Álvarez Álvarez despeja esta interrogante y deja abiertas otras inquietudes.

El Caribe es más que danza, música o ritmo... es un complejo acertijo de mestizaje de culturas, lenguas, literatura, arte y costumbres...

A pesar de los esfuerzos de instituciones cubanas como Casa de las Américas; la Casa del Caribe, en Santiago de Cuba o la propia Editorial Oriente, la cultura caribeña en esta isla es muy poco frecuentada por los lectores cubanos. En busca de las causas de este desconocimiento Luis Álvarez Álvarez, Premio Nacional de Literatura, quien se ha especializado en estos temas, conversa con las lectoras y los lectores de La Esquina de Padura.

Marilyn Bobes (MB): ¿Cómo ves al Caribe, en sus expresiones culturales con respecto a Cuba?

Luis Álvarez Álvarez (LAA): La cuestión del Caribe es un asunto de extremada complejidad para Cuba. No hay que engañarse: esto tiene que ver directamente con la confusión que ha venido imperando en los estudios sobre la cultura de la región y, de paso, sobre la indefinición acerca de qué debemos llamar Caribe. En Cuba enfrentamos un problema de impactante gravedad: con demasiada frecuencia entendemos el Caribe como si fuera una entidad ajena, externa a la realidad cultural cubana. La insensatez de tal postura es impresionante, pues si la mayor de las Antillas no es una zona relevante de la cultura caribeña, ¿cuál de las restantes regiones podría serlo? La sola referencia a qué nivel, carácter o importancia tienen los estudios caribeños en Cuba implica, de alguna manera absurda, que los cubanos no estudian su propia cultura.

El destacado filósofo, Frantz Fanon, nacido en Martinica, con su obra abrió el camino a los estudios sobre la descolonización y ha servido de inspiración a muchos pensadores y movimientos profundamente críticos o revolucionarios, influyendo indirectamente, incluso, en corrientes de pensamiento como el feminismo y la Teología de la Liberación.

(MB): ¿Qué otros aspectos complejizan la relación cultural Cuba-Caribe?

(LAA): Otros aspectos son tanto o más polémicos. Uno de ellos implica que no toda Cuba tiene que ver con la cultura caribeña, sino solamente aquellos elementos que son comprobadamente afrocubanos. Es, desde luego, una postura racista del más lamentable calibre. De acuerdo con esto, Santiago de Cuba y Guantánamo serían muy caribeños, pero no Pinar del Río. Vamos, que se trata de un razonamiento no solo insostenible, sino también dotado de una carga política de lo más negativo que puede hallarse.

En otro sentido, seguimos mirando como resultado cultural más claramente caribeño todo lo que tiene que ver con una negritud racial, con danzas afroamericanas y con la transculturación de componentes religiosos. Es decir, con un efectivo pasatismo, pues el mestizaje, hundido en los momentos primeros de la conquista europea, ratificado por los movimientos migratorios —en particular, aunque no exclusivamente, los que fluyeron de las Antillas menores a las mayores, y de las zonas insulares a las costeras— es un fenómeno racial básicamente radicado en épocas pretéritas. Los factores danzarios, por otra parte, difícilmente pueden considerarse estrictamente caribeños, por mucho que una serie de danzas afroamericanas —mambo, cumbia, pachanga, conga— sean sin la menor duda fruto de las culturas caribeñas. Pero, hoy por hoy, por más que se pretenda lo contrario, es difícil encontrar una “pureza química” en danzas surgidas en el Caribe: la mezcla globalizadora del presente se manifiesta con singular intensidad en los lenguajes de las danzas populares y aún de salón. La salsa ¿estará realmente ajena a mestizajes rítmicos de otras latitudes más o menos cercanas, como los provenientes de los Estados Unidos?

Los condenados de la tierra, de Frantz Fanon, publicada en 1961, ha tenido varias ediciones.

(MB): ¿Dónde sitúas a las religiones de origen africano?

(LAA): Las religiones afroamericanas ¿son hoy por hoy estricta manifestación popular del Caribe? No encontramos su impronta en zonas bien adentradas en los Estados Unidos, México, España y otras regiones nítidamente extracaribeñas?

Y mientras permanecemos enfocados en esos tres componentes de una supuesta caribeñidad legítima y estricta, olvidamos los movimientos del presente, desde ciertos modos de realizar imprescindibles estudios antropológicos, compartidos por los hermanos Toby-Marcelin, en Haití; por Fernando Ortiz, Lachatañeré, Fernández de Castro, Ramón Guirao, Rogelio Martínez Furé en Cuba, o Franz Fanon, Lamming o Glissant —para solo citar esta tríada deslumbrante— en sus respectivos países, hasta temas intocados como la realidad de que buena parte de los premios Nobel y Cervantes han recaído en caribeños en las últimas décadas del siglo XIX o que la arquitectura del siglo XX, en particular desde el art-déco, pero no solo este, han tenido una presencia en el Caribe insular y continental que merece ser investigada, o que los estudios poscoloniales todavía tienen mucho que aportar a la comprensión de la amplia y compleja región cultural caribeña; lo cierto es que, mientras se observan, aquí y allá, inestimables estudios de neta fibra caribeña gracias a la anchura de sus respectivos campos de estudio, a la negación de un localismo que bastante daño ha venido haciéndonos en Cuba y a otra calidades entre las que la brillantez conceptual y estilística son parte importante, pero no exclusiva, no nos hemos dado cuenta de que en Cuba diversos grandes ensayistas —esos que no asumen título de tales mediante el cómodo expediente de compilar trabajos periodísticos, crónicas, textos menores y, a veces, oh, maravilla, verdaderas composiciones escolares— como Miguel Barnet, Reynaldo González, María del Carmen Barcia, María de los Ángeles Meriño, Aisnara Perera, Alicia García, Tomás Fernández Robaina, Avelino Couceiro,  Esteban Morales, Nancy Morejón, Jorge Fornet, Margarita Mateo, Emilio Jorge Rodríguez han venido construyendo, en la segunda mitad del siglo XX y hasta el presente un discurso ensayístico de altos vuelos sobre temas que tienen que ver con el Caribe en Cuba y, para mayor mérito, con las relaciones entre Cuba y el resto del Caribe. Algo similar ha venido sucediendo, tal vez con menor visibilidad, con temas específicas como la música insular, que Carpentier, el propio Fernando Ortiz, María Teresa Linares y Argeliers León, Lino Neira, Danilo Orozco, y otros más jóvenes como Verónica Fernández, Miriam Escudero, Carmen Souto, han venido calibrando las raíces de la música cubana.


Rogelio Martínez Furé y Nancy Morejón, dos creadores cubanos que han venido construyendo un discurso ensayístico de altos vuelos sobre temas relacionados con el Caribe en Cuba y, para mayor mérito, con las relaciones entre Cuba y el resto del Caribe.

(MB): ¿Está Cuba de espaldas al Caribe?

(LAA): No, Cuba no está de espaldas al Caribe, a menos que estuviésemos dispuestos a aceptar que se ignora a sí misma. El problema mayor, en el momento, sigue siendo la visión estrecha, fragmentada, racista y poco sensata de pensar en el Caribe como entidad fuera de Cuba en lo geográfico, esencialmente folclórica en su esencia estilística y lingüística, esencialmente afroamericana en las bases raciales de su cultura, cuando en verdad el Caribe no es otra cosa que el nuevo mar germinal, como lo fueron en su día el Mediterráneo, el Índico y el Mar Amarillo. Pero el Caribe abarca lo que esos mares fundadores precedentes no lograron. En el Caribe confluyen las culturas europeas —a diferencia de las épocas esenciales del Mar Amarillo—, las semíticas y las asiáticas. Bolívar declaró que América Hispánica era un nuevo género humano. Esta frase capital solo se presenta como verdaderamente cabal en el Caribe. (2020)

4 comentarios

  1. Liudmila Peñalver

    Excelente trabajo que deja claro cuánto desconocemos los cubanos al Caribe. Muchos ni siquiera nos «sentimos» caribeños, más nos sentimos latinoamericanos…

  2. Peralta

    Leí la entrevista muy de prisa pero quiero dejar claro mi criterio. Al igual que seguimos siendo un país agrícola esencialmente, somos y seremos caribeños por lo siglos de los siglos. Creo que el tratar de expresarnos desde una otra «autenticidad» nos aleja del espíritu colectivo, nos desnaturaliza y eso tiene un gran precio social.

  3. José Prats Sariol

    Curioso que no cite «La isla que se repite» el inexcusable libro de Antonio Benítez Rojo. Además, es el supersincretismo, hasta hindú, y no sólo la presencia africana.

  4. Fernando de Jesus Quiñones Posada

    Excelente Luis, como siempre.

Normas para comentar:

  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.