Fatiga extrema en el béisbol cubano o la conjura de la derrota

Los Panamericanos de Lima, ¿desbordaron el vaso?

Yordan Manduley anotó la primera y única carrera de Cuba frente a Colombia.

Foto: Tomada de Cubadebate

El director de la selección cubana de béisbol, Rey Vicente Anglada, dijo en varias ocasiones que a los Panamericanos iban por el oro, pero del dicho al hecho hay un largo trecho y la cadena de derrotas sufridas por ese deporte en la arena internacional en los últimos años pesaba una tonelada en la memoria de los aficionados, aun entre los optimistas.

Sin embargo, ni siquiera los más pesimistas pudieron imaginar lo que sucedió en Lima: la caída en el abismo, merced a una sola victoria contra el equipo de una nación sin tradición alguna, a la cual pudo ganarle cualquier conjunto de una provincia cubana.

Durante muchos años se hablará del juego perdido con República Dominicana por el quinto lugar, la sucesión de lanzadores en ese décimo inning, incapaces de preservar una ventaja de ocho carreras.

Esa entrada del peor béisbol de manigua hará olvidar las derrotas ante Colombia y Canadá; pasarán a un segundo plano las discusiones en torno a la mala utilización de los lanzadores en el juego con los norteños o la orfandad ofensiva contra los cafetaleros. Visto en perspectiva ahora todo encaja: en Lima no habíasalvación. La derrota cubana estaba decretada antes de lanzarse la primera bola.

El descenso del béisbol cubano ha sido un largo proceso, aunque se haya negado obstinadamente. (Consúltese la prensa). La fiebre triunfalista duró tanto tiempo que aun cuando la realidad decía otra cosa, seguían los cantos, a pesar de los desencantos.

En cada nueva derrota se discutían estrategias que habían salido mal, se culpaba a los directores, a determinados jugadores, a la suerte, pero no se iba (no se ha ido nunca) a la esencia de los fracasos. Vale la pena repasar algo de historia.

Cuando se jugó, en 1961, la última temporada de béisbol profesional en el Gran Stadium del Cerro, Cuba era la segunda potencia mundial en ese deporte y la liga cubana era la más fuerte del Caribe. Pero también había un béisbol amateur de enorme calidad que era una gran cantera de peloteros.

Al cesar la liga profesional, de inmediato comienzan las series nacionales. En ellas trabajarán muchos jugadores profesionales que decidieron permanecer en la Isla y tributar sus conocimientos a esta nueva época de la pelota cubana. Su aporte fue invaluable, como managers o como entrenadores, dirigiendo o formando peloteros. No se puede hablar de Industriales sin mencionar a Ramón Carneado, o de Azucareros sin hablar de Pedro Natilla Jiménez, por solo citar dos ejemplos significativos.

A las series nacionales se integraron peloteros cuyos nombres eran conocidos, porque brillaban en la liga nacional amateur, como Pedro Chávez, Alfredo Street, o Ricardo Lazo, pero también muchísimos otros que venían de otras ligas, como las azucareras, o incluso directamente de la manigua. Todos aprendían, maduraban, corregían defectos, bajo la pupila de Carneado, Natilla, Conrado Marrero, Fermín Guerra, Gilberto Torres, Roberto Ledo, Andrés Ayón, Arnaldo Raxach…

Como hace tiempo, continúa la mala racha para el béisbol cubano en competencias internacionales.

Foto: Tomada de Cubadebate

Esa forja de talentos estaba acompañada por una práctica del béisbol desde las primeras edades, para la cual había terrenos, implementos, entrenadores, campeonatos. Y había prensa que reseñaba ese acontecer, y narradores, comentaristas, periodistas, conocedores de la pelota. Y ese deporte reinaba sin sombra en los medios y en el imaginario popular.

Merced a ese desarrollo y pujanza, durante los años sesenta, setenta, ochenta, las selecciones cubanas reinaban en cuanto campeonato internacional hubiera; solo los universitarios de Estados Unidos les hacían resistencia.

Pero llegó la crisis económica de los noventa y comenzaron las catástrofes: el retiro masivo de peloteros notables (Lázaro Junco, Romelio Martínez, Juan Carlos Millán, Gerardo Miranda, Luis Ignacio González…), la fuga de talentos, el abandono de los terrenos, la carencia de implementos, la desmotivación, y el desinterés por el béisbol de las nuevas generaciones, entre otras.

Mientras tanto, los peloteros profesionales, managers y entrenadores, habían dejado su lugar a sus pupilos, exjugadores, o llegados desde la academia. Cabría saber cuántos de ellos estaban al tanto de lo que estaba sucediendo, en béisbol, en el resto del mundo, sobre todo en la Major League Baseball (MLB), porque en Cuba, de eso no se hablaba.

Cuando llegaron los jugadores profesionales a los torneos internacionales, como se dice en el argot popular, “se viró la tortilla”, empezaron a sucederse las derrotas cubanas; sin embargo, todavía en 2006 el segundo lugar alcanzado en el I Clásico Mundial siguió alimentando la fiebre triunfalista, desconectada de la realidad: Cuba se había ido quedando atrás en ese deporte. Los años siguientes se encargaron de demostrarlo.

Ahora, in extremis, en la encrucijada de los Panamericanos y el torneo Súper 12, último intento para acceder a los Juegos Olímpicos (una quimera), la cúpula del béisbol cubano delineó un programa delirante de entrenamiento cuyo resultado ha sido este descalabro.

Y cabe preguntarse: ¿Ese es el nivel real de nuestros peloteros? No lo creemos. ¿Desde cuándo esos jugadores venían envueltos en topes, torneos, entrenamientos? Aunque ellos no lo digan, están fatigados, física y mentalmente.

Cabe pensar que la primera razón del bajo rendimiento de los peloteros cubanos en los Panamericanos es la fatiga extrema. Deben estar hartos de jugar pelota. Pero también tienen que estar hartos de esa cantaleta de consignas, abanderamientos, teques, compromisos.

Lo menos que merecen esos peloteros de la selección nacional es hacerlos víctimas de la humillación y la vergüenza que sí deben sentir los directivos, los jefes, los que trazan esos programas absurdos de entrenamientos y topes, acaso para viajar ellos.

Duele leer, en las redes sociales, cómo personas sin conocimiento alguno de la historia del béisbol cubano, ni del béisbol en general, tejen un discurso disparatado, afiebrado, estólido, y dicen cosas horribles que hasta incluyen un castigo a los atletas que nos hace pensar en el que sufrieron los futbolistas de Corea del Norte unos años atrás.

Esas personas, que probablemente solo ven béisbol en el marco de los Juegos Panamericanos, o Centroamericanos, y que únicamente les importan las medallas, tal vez ignoran la marca identitaria del béisbol para la nación cubana desde el siglo XIX. Solo desde esa ignorancia se puede entender lo que dicen.

Ciertamente el béisbol cubano se ha quedado atrás. Se ha vivido durante muchos años de espaldas, o ciegos, ante el desarrollo global de ese deporte. El béisbol ha cambiado mucho y los entrenadores cubanos parecen no haberse enterado.

La fuga de talentos, la desactualización, las injusticias con los atletas, los continuados errores/horrores de los directivos, la desmotivación para jugar en Cuba, son apenas algunos aspectos que han lacerado al béisbol en la Isla.

Recobrar el terreno perdido le llevará muchos años. En el futuro inmediato, solamente la inserción, en la selección nacional, de los peloteros que juegan en otras ligas pudiera acercar a Cuba a los podios. Pero, incluso, si ese milagro ocurriera, también habría que valorar quién los iba a dirigir.

Claro que establecer una conexión con la diáspora beisbolera comporta un problema doble: la aprobación de la liga en que juegan, y el interés de los propios peloteros. Durante demasiado tiempo, ellos fueron demonizados, tratados como desertores. A pesar de eso, muchos han manifestado su voluntad de jugar por su país. Ojalá sea posible.

Mientras eso no ocurra, sería bueno que la próxima selección no se someta a esos calvarios de entrenamiento dilatado. Y no los machaquen con consignas y compromisos. El béisbol es un deporte no un campo de batalla política. Que jueguen lo mejor posible. Si ganan, mejor; si pierden, no se acaba el mundo.

(2019)

8 comentarios

  1. Teresa Díaz Canals

    Excelente resumen de una realidad.

  2. Lázaro Zamora Jo

    Excelente análisis sobre el béisbol en Cuba. Sería bueno que la Comisión Nacional de este deporte lo leyera.

  3. abuhector

    Coincido por completo!
    Triunfalismo y autosuficiensia insuficiente, siempre te pasan la cuenta.

  4. Israel

    Creo que es uno de los artículos en que más coincido. Apoyo lo que dice: beisbol sin consignas, sin presiones, sin champeonismo. Que se juegue natural, que se forme una selección sin tantos aspavientos. Que se juegue una Serie del caribe con la base del equipo campeon, con unos pocos refuerzos. Y que por supuesto, el público y la afición entienda esto.

  5. Vituke

    La derrota en los Panamericanos es también una derrota cultural. El béisbol se ha ido desdibujando poco a poco como lo que a sido siempre para Cuba y este descalabro es un serio borronazo. La pasión es algo que el corazón demanda y ese puesto privilegiado que pertenecía a la pelota tiene hoy muy serios competidores. Los que nacieron en este siglo sólo saben de ese entusiasmo de oídas, o por una viejo video. Hoy lo que emociona a ese nivel, lo que desata compromisos y pertenencias es un club o selección de fútbol de otro país. Una afición globalizada que al menos a los más jóvenes los tiene sin cuidado: es el mundo en que nacieron. Se parecen a su tiempo. Los que parecen de otro tiempo, los que se aferran a una realidad ya disuelta, son los que deciden sobre el béisbol en Cuba. Y como los que pueden jugar pelota en vivo son los nacidos en estos tiempos habrá de que saber que los inspira a jugar o los apasionados serán sólo los más viejos. Ante esto lo más sensato que pueden hacer los actuales directivos es renunciar, dado que no han acertado en comprender.
    De las tantas cosas por hacer y cambiar todo lo necesario en Cuba, cuyos resultados no serán neceriamente inmediatos, propongo una que si puede ser muy breve: poner muchos más partidos de MLB, con el menor diferido posible, y preferencia por los juegos en los que haya cubanos,- ¡Basta ya de politiquerías! – y así hasta la serie mundial. El último gran evento de pelota que en Cuba se disfrutó, gozó y emocionó fue esa serie final del 2018 donde había cubanos a ambos lados. Aquellos que vistieron una gorra de los Astros poco después estaban celebrando un cubano campeón: el Yuli, nuestro rival simbólico de un Messi o un Cristiano.
    Cada generación necesita sus íconos. Entre tantos de ellos realmente buenos -otros pura chatarra- en este tiempo global, porque no hacer que sean otra vez cubanos y peloteros. Eso sería osado sólo para la oficialidad, que debería llamarse a capítulo luego del bochorno reciente.
    Algun día alguno de ellos volverán a jugar por Cuba o en Cuba. Que los vean entonces cientos de muchachos apasionados que quieren ser como ellos.

  6. antonio armenteros alvarez

    claro que lo comprendo. Michelena por el centro del home, del tubo.

  7. José Antonio

    Creo que hay que cambiarlo todo si quieren que el béisbol sobreviva. Hay que comenzar por el cambio radical de la comision nacional

    Ya esos dirigentes están viciados y carecen de la capacidad del cambio. Hay que ser transparentes. Hay que crear un sindicato de peloteros que los defienda de los desmanes de la dirigencia, etc etc ……ad infinitim

  8. Manuel Betancourt Barbiel

    Sin dudas he leído un gran artículo. Solo quiero darle a su autor mi opinión, aunque infelizmente no se ajusta a una parte de la suya:el hecho de que se haya despedido la delegación a los juegos y enarbolado consignas, no puede ser y no es, de ninguna forma, motivo para fatiga o cansancio físico y mental.
    En la vida es imposible separar la política, toda actividad humana tiene una connotación política e ideológica. El simple hecho de que esa delegación represente al país y a su gobierno en un evento internacional o regional, supone una implicación política.
    Respeto el criterio de quienes quieran a toda costa desentenderse de la política cuando no se trate de un evento político por naturaleza, pero he dado mi opinión.
    Una vez más, mis elogios para el artículo.

    Gracias.

    Saludos,

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