Las frutas de la memoria (II y final)

Hoy, en Cuba, existen dos grandes temas de conversación. Uno es nuevo, tiene apenas tres meses de vida: la pandemia del coronavirus. Otro, alarmado por el maldito virus, es ya demasiado viejo pero siempre actual y no menos dramático: la comida. El virus y la comida, incluso, acaparan la mayor cantidad de minutos dedicados a la actualidad doméstica de los noticieros televisivos cubanos.

El problema cubano del suministro de alimentos es de larga data, afirma Padura.

Foto: Jorge Luis Baños/ IPS

Mi abuelo Juan Padura murió a sus noventa años, en la década de los 80 del siglo pasado. Hasta dos, tres años antes, cuando la pérdida de visión lo confinó en su casa, aquel hombre, que había pasado casi toda su existencia entre árboles y frutas, mantuvo en un terreno contiguo al patio de la vivienda familiar un huerto que parecía un jardín. Allí cultivaba las verduras y algunas viandas que mucho contribuían a alegrar las mesas de hijos y nietos: plátanos, calabazas, malangas, lechugas, perejil, tomates, ajíes, más algunos frutales… En unos pocos metros cuadrados Juan Padura obtenía una variedad de alimentos y especias que, incluso, le permitían vender una parte de ellos a los vecinos. Al comercializar los productos de su trabajo, obtenidos en su reducido terreno, mi abuelo Juan practicaba lo que ahora conocemos como “actividad económica ilícita”.

Recordé esta parte final de la vida de mi abuelo cuando hace unos días el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, hizo notar que la distribución y venta de productos agrícolas en Cuba necesitaba de métodos más eficientes, alternativos a los grandes canales de recepción y distribución que por décadas ha regentado una entidad estatal llamada Acopio. Una estructura que, por todas esas mismas décadas, nunca ha logrado funcionar con la eficiencia que se merecen el esfuerzo de los que hacen producir la tierra y las necesidades de los que aspiran a consumir esos productos de la tierra. La esencia de lo que pedía el presidente es, en dos palabras, acercar a los productores a los consumidores. Lo dramático del reclamo es que deba hacerlo el presidente del país.

El problema cubano del suministro de alimentos es, como dije y todo el mundo sabe, de larga data. Las circunstancias actuales, cuando una pandemia azota al mundo y muchas actividades económicas han visto afectado su habitual funcionamiento –servicios, turismo, comercio-, no han hecho más que agravarlo. El resultado más visible son las largas y demoradas colas que es posible encontrar en cada uno de los establecimientos comerciales del país donde existe algún producto alimenticio en venta (los hay que no tienen ninguno), cerca de los cuales muchas personas “marcan” desde horas de la madrugada con la esperanza de encontrar algo… La demanda ha desbordado con mucho la oferta. Basta asomarse a la calle para comprobar esta situación –por demás peligrosa en tiempos de una pandemia de tan fácil transmisión.

No soy economista ni pretendo serlo, aunque leo lo que ellos escriben. Como cualquier ciudadano con un mínimo de interés por el mundo en que vivo, entonces entiendo que Cuba atraviesa hoy una crisis económica, financiera y de crecimiento que se enlaza con la misma crisis que se está desarrollando ya a nivel global. No existe, al parecer, una fórmula para escapar de ella. Con sus características propias, la debacle económica empujada por la emergencia sanitaria nos afecta y nos afectará a todos, con los consiguientes efectos en el decrecimiento de los productos interno bruto nacionales y globales. La crisis económica como pandemia.

Al decir del escritor distinguido con el Premio Nacional de Literatura 2012, en tiempos prepandémicos resultaba visible que mientras los establecimientos gastronómicos del Estado tenían pocas ofertas atractivas y escasos clientes, los restaurantes y cafeterías privados y los entregados a cooperativas, atraían a los clientes y satisfacían mejor sus demandas.

Foto: Jorge Luis Baños/ IPS

La economía cubana tiene entre sus fuentes más notables las de la industria turística y la de las remesas. La primera (que se ramifica hacia otros sectores) se encuentra detenida desde mediados del mes de marzo y lo estará por un tiempo aún indeterminado. Las remesas es muy posible que hayan disminuido sus montos, pues la crisis también afecta a los proveedores, la mayoría de ellos emigrados cubanos. En cualquier caso, la recuperación de ambos caudales será lenta, lo cual complicará por más tiempo la situación económica del país…

Desde hace años (mucho, mucho antes de que llegáramos al punto crítico en el que ahora andamos), el gobierno cubano se propuso introducir algunos cambios en las estructuras económicas nacionales en busca de una esquiva eficiencia productiva. Estudios económicos, decisiones políticas y realidades palpables avalaron esa necesidad. Se clamó por el aumento de la inversión extranjera, por la diversificación de las formas de propiedad y producción (dando más espacio a privados y cooperativas), por los incrementos salariales que alentaran a los productores, por la entrega de tierras ociosas en condición de usufructo, etc. Los resultados, como también sabemos todos, fueron tan discretos como la profundidad de las transformaciones instrumentadas.

No resulta ocioso recordar que en la década que termina la sociedad cubana ha visto establecerse un grupo importante de aperturas sociales y económicas que años atrás permanecían controladas, limitadas o sencillamente prohibidas. Enumero algunas: el acceso de los ciudadanos cubanos a la telefonía celular y todo lo que esta pueda propiciar (acceso a la red, etc.); facilidad para viajar al extranjero; posibilidad de vender y comprar inmuebles; derecho de los nacionales a alojarse en centros turísticos que solo estaban a disposición de visitantes extranjeros; y, por supuesto, una mayor apertura de la posibilidad de desarrollar el trabajo por cuenta propia y hasta fomentar pequeños negocios privados. Todos estos cambios se introdujeron en la trama socio-económica cubana y el resultado ha sido que alguna gente pueda vivir mejor, sentirse mejor, informarse mejor, incluso comer mejor. Pero a todas luces no ha sido suficiente.

En repetidas ocasiones, sin embargo, he escuchado a las máximas autoridades del país pronunciar una frase que me sobrecoge: si queremos avanzar en el desarrollo y la eficiencia económica… “es necesario liberar las fuerzas productivas”. El primer efecto que me provoca esta afirmación es de carácter semántico, de significado: si hay que “liberar” algo o a alguien, es porque está detenido, confinado, preso. El segundo cae en el terreno de la capacidad política: si las altas instancias de decisión nacional están de acuerdo en la necesidad de liberar las fuerzas productivas… ¿por qué no se les da la libertad? ¿A qué se le teme? ¿Al neoliberalismo? ¿O a que se produzcan reacciones no deseadas? ¿Acaso a esas reacciones que no cambiaron la esencia política y social del país cuando se permitió a los cubanos viajar, vender sus casas, comprar una línea de telefonía móvil, etc.? ¿A que un carretillero que vende aguacates se haga millonario?

La agricultura cubana, que tanto debe y puede ayudar a paliar la escasez de alimentos, requiere no solo de campañas y reportajes televisivos. Conozco a un especialista en el tema que asegura que Cuba tiene tierras y capacidades para alimentar dos o tres veces a la población de la isla. ¿Qué hace falta para conseguirlo? Un escritor, como es mi caso, no debe dar la respuesta. Pero la respuesta existe y valdría la pena buscarla… e instrumentarla.

La gastronomía estatal, por su lado, tiene una larga historia de ineficiencias, baja calidad, desvío de recursos y otros males. En tiempos prepandémicos resultaba visible que mientras los establecimientos del Estado tenían pocas ofertas atractivas y escasos clientes, los restaurantes y cafeterías privados y los entregados a cooperativas, atraían a los clientes y satisfacían mejor sus demandas. Un hospital, por supuesto, es y debe ser una cuestión de Estado… pero, ¿un restaurante tiene que serlo? ¿Qué principio político se altera si deja de serlo?

En un país donde el sistema tributario grava progresivamente los beneficios obtenidos por productores y servidores privados, no debería ser un problema que esos emprendedores obtuvieran más ganancias, que serían también ganancias para el país, para su producción y sus servicios, a la vez que se crean (o crearían) nuevos puestos de trabajo.

Me atrevo a más (siempre recordando que no soy economista): la ya casi eterna dualidad monetaria que desvirtúa todo el entramado financiero, económico y comercial del país quizás debería ser otro de los asuntos que, ya que estamos en crisis, debería vivir su propia crisis y buscar la cada vez más necesaria solución.

Y, sea lo que sea lo que implique o signifique, liberar esas fuerzas productivas que claman por su emancipación. No tengo soluciones. Quizás, si acaso, alguna sugerencia. Pero me acompaña la percepción de ciudadano y observador de que es necesaria tal liberación y que este momento crítico puede ser el mejor para propiciarla.

Tal vez el país y su gente puedan percibir la salida de la crisis económica que se avecina (o que ya vivimos) con el mismo optimismo con que ven la salida a la crisis epidemiológica que también nos ha afectado. Y quizás, entonces, en los próximos años, sea posible entrar en un mercado cubano y ver allí esos frutos que con artes rudimentarias cosechaba mi abuelo Juan Padura –guanábanas, zapotes, anones, limones-, que hoy apenas es posible encontrarlos en los libros de botánica y en la memoria. (2020)

9 comentarios

  1. Frank

    Sin autoridad literaria y menos economista, pero con la vivencia de sesentiseis años «a pie de obra», aplaudo este artículo, sin haber visto aún la 1ª parte, que buscaré.
    Subrayé una frase, entre montones que me gustaron: «Lo dramático del reclamo es que deba hacerlo el presidente del país.» Pienso que por ahí va uno de los problemas, desde hace décadas; los reclamos de la dirección del país no se materializan en la base por diversas razones que atañen a los cuadros y dirigentes «intermedios» y van desde la incapacidad, improvisación y desconocimiento de la tarea, hasta la corrupción, el acomodamiento y la «burrocracia.»
    Todo lo que había que decir, dicho está, ahora lo que falta es: «HACER CON LAS MANOS». ¿Se acuerdan?

  2. Omar Everleny

    Muy preciso tu artículo. Si fuera mi decisión te acogería al gremio de los economistas. Coincido totalmente con tus apreciaciones. Éxitos como siempre.

  3. Alberto N Jones

    Esta es quizas la gigantesca paradoja en Cuba que nadie ha sido capaz de explicar. Se conoce la enfermedad, se tiene el diagnostico certero, se posee el medicamento, pero no se aplica, nos lamentamos de la falta de progreso en el paciente, siguimos aplicando el mismo medicamento que no ha funcionado en decadas y de manera increible, esperamos un resultado diferente,

    Mallory un alto funcionario del departamento de Estado en el gobierno de Eisenhower propuso una serie de medidas destinadas a aumentar el sufrimiento del pueblo de Cuba para provocar el desaliento, la insatisfaccion y la destruccion del proceso revolucionario desde dentro y hoy cuando vemos, que el bloqueo interno hace justamente eso, incrementa las penurias del pueblo, Mallory debe regocijarse en su tumba viendo la aplicacion de su programa.

  4. Betsycoro

    Sería muy conveniente extenderlo al ganado vacuno, dejar que sean los ganaderos los responsables, dejar que los ganaderos hagan contratos independientes fuera de cuba si es necesario para la alimentación de su ganado ,que produzcan carne , que la vendan y le entreguen una cuota al estado. Aunque la divisa circula fuera del pais en comprar pienso y todo lo que se necesite para este fin pero es dinero ahorrado por el Estado en alimentación de valor nutricional elevado para el pueblo, el turismo, los hospitales etc. Deben existir opciones digo como Padura no tengo soluciones pero el denominador común es que el Estado debe dejar de ser el controlador absoluto de todo y soltar las amarras definitivame te.

  5. Maricela

    Magnífico análisis, como siempre, desde el sugerente título hasta la historia del abuelo Juan que abre y cierra el texto. Esta es la parte final, dónde puedo encontrar la primera? En la esquina de Padura?
    Reitero buen análisis, muy aterrizado y con sugerencias desde el escritor pero que vive en Cuba y nada le es ajeno. Gracias

  6. Elba

    No solo magistralmente escrito sino, en mi humilde opinión, muy atinado. Yo tampoco soy economista pero, como quizás diría su abuelo, las cuestiones que usted pone en el tapete en ese análisis «se caen de la mata». Y también sus sugerencias. Los cambios para solucionar verdaderamente esos problemas, ya añejos y perentorios, deben signar la «nueva normalidad», para que realmente sea nueva y para bien de todos.

  7. Manuel Toranzo

    Como siempre muy oportuno y fidedigno por el momento que se vive en Cuba y por la verdad con que nos narra algo con ese lenguaje de pueblo que hace que nos llegue a todos.

  8. Manuel

    Tengo interés de ver la 1ra parte de este trabajo ya que nos dice que es la 2da parte y final. Gracias

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