Los efectos de la globalización en la joven narrativa cubana

En días de confinamiento por la covid-19, editoriales como Cubaliteraria o Claustrofobias promueven la lectura digital de obras de jóvenes narradores cubanos que apuestan por crear historias, que por su universalidad, se acerquen más a las preocupaciones del ser humano.

La obra de Abel Fernández Larrea ha sido acreedora de importantes premios.

Foto: Tomada de Juventud Rebelde

A consecuencia de la actual pandemia del nuevo coronavirus, no pocas editoriales cubanas promueven la lectura digital de obras de autores cubanos. Esta posibilidad la he aprovechado para acercarme a la creación de los más jóvenes narradores, en especial aquellos que cultivan el cuento y la novela.

En estas lecturas aprecio una tendencia a situar los escenarios de sus ficciones en otros países del mundo. Este fenómeno, que merecería un estudio más serio que el que puede esbozarse en tan poco espacio, me permite llamar la atención sobre algunos aspectos que comparto con lectoras y lectores de La Esquina…

Es cierto que se vislumbra un cierto agotamiento de la temática nacional que fue exhaustivamente tratada entre la década de los noventa y principios de los dos mil y quizás sea esta una de las causas por la que los jóvenes buscan otros argumentos que debido a la globalización de la cultura a través del audiovisual y las redes sociales se vuelven influencia también en la literatura, lo cual significa la irrupción de realidades, sino ajenas, novedosas en las obras de algunos de los mejores autores de las últimas generaciones del actual panorama del cuento y la novela en Cuba.

Muchos de esos novelistas y cuentistas siquiera han visitado los países donde desarrollan sus tramas pero defienden la idea de que no es necesario vivenciar los hechos que relatan dada la gran intercomunicación que las nuevas tecnologías establecen con disímiles lugares del mundo.

Entre los que se han acogido a esta tendencia hay nombres de escritores tan valiosos como Ahmel Echevarría, Jorge Enrique Lage y Abel Fernández Larrea siendo este último el que llega a mayores extremos al no introducir siquiera algún personaje cubano en su ya sólida obra merecedora de importantes premios.

Cierto es que existe en nuestra tradición un novelista como Alejo Carpentier que en obras como El Reino de este mundo tomó como referente la historia de otros países sin que esto mermara su identidad, pero lo hizo a partir de la historia y no de nuestra contemporaneidad como ocurre ahora entre los más jóvenes.

A veces es notoria también la utilización de expresiones lexicales provenientes de otras regiones del mundo hispanoamericano o anglosajón y ello puede parecer un poco extraño a los escritores cubanos de otras generaciones que nos hemos empeñado en preservar nuestra oralidad y hacer hablar a nuestras criaturas de ficción con los localismos que nos caracterizan.

El célebre novelista cubano Alejo Carpentier tomó como referente la historia de otros países sin que esto mermara su identidad.

Foto: Tomada de Diario de las Américas

Quienes pertenecen a la más joven hornada de escritores, explican que en sus obras tratan de buscar un lenguaje al que llaman neutral. Algunos lo consiguen, pero otros parecen extraer su vocabulario de las traducciones de las películas que ven en la televisión o en sus USB o en los libros de autores españoles que caen en sus manos, buscando quizás la complacencia de los lectores de ese mercado.

No me atrevería aquí a criticar lo que es una característica de “lo nuevo”. Pero lo cierto es que toda esta corriente parece desmentir a Ernest Hemingway que proclamaba que un escritor debe limitar su literatura solo a lo que conoce.

En tiempos del notable novelista estadounidense no existía Internet y muchos de los nuevos autores afirman conocer el mundo a través de los rápidos y nuevos medios de interconexión que tienen a su alcance.

Agotadas ya las historias de jineteras, balseros y marginalidad —nos dicen ellos-— es urgente producir historias que por su universalidad se acerquen a las preocupaciones del ser humano en general; aun cuando, reconoce Fernández Larrea, estas narraciones deben pasar la prueba de fuego de ser confrontadas con los habitantes de los países referidos en ellas.

En otra vertiente de este “alejamiento de lo cubano” están las historias de ciencia ficción, género que ha experimentado en época reciente un renacimiento y mucho tiene que ver, en mi opinión, con la frecuencia con que este tema ha sido abordado por el cine hecho en los Estados Unidos de los últimos tiempos.

Habría que ver los efectos que esta nueva literatura tiene en los lectores tanto cubanos como los que viven fuera de la Isla. Por lo pronto, sus cualidades estéticas son innegables y no pocos de los que la cultivan son ganadores de los más importantes premios que se otorgan en Cuba.

Por ahora solo tenemos una pregunta ¿ha llegado la globalización a la literatura cubana o es esta solo una tendencia pasajera que como una moda pasará? La respuesta la dirá el tiempo. Por lo pronto, estudiemos el fenómeno y determinemos sus posibles causas. (2020)

3 comentarios

  1. Alba Reyes

    Muy interesante. Empezaré a buscarlos en Internet para ver si puedo leerlos.

  2. roberto pérez

    Gracias a Claustrofobias por pensar siempre en la gente joven y darnos la oportunidad de lecturas tan interesantes.

  3. enid

    Ahora que lo sé por este trabajo, voy a conectarme para leer a esos jóvenes talentos. Gracias

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