Matanzas gana la 59 Serie Nacional de béisbol

Un campeón de estreno en la pelota cubana.

Foto del equipo campeón nacional.

Foto: Tomada de tvyumuri.cu

El béisbol cubano tiene un nuevo rey, la 59 Serie Nacional ya es historia. La cuarta mordida de los cocodrilos matanceros a los toros camagüeyanos dio el toque definitivo a una peleada postemporada cuya batalla final reeditó un duelo de tres décadas atrás, con idéntico resultado.

El enfrentamiento anterior (Henequeneros-Camagüey) tuvo lugar en la campaña 1990-1991, cuando la provincia occidental había conquistado el campeonato por última vez, repitiendo el triunfo de la anterior. Desde entonces, nunca más un conjunto camagüeyano había llegado hasta esta fase, mientras que a los matanceros se les había escapado la cima repetidamente durante los últimos años.

Luego, si Camagüey fue por la revancha y por coronar una temporada que habían liderado, Matanzas quería quitarse el cartel de perdedora a la hora buena que tenía encima desde hacía mucho, y hacer valer su condición de fundadora de ese deporte. Con su triunfo, inscribió un nuevo nombre entre los campeones de la Serie Nacional.

La serie 59 arrancó en medio de la canícula de agosto, con juegos al mediodía para no encender las luces de los estadios, una verdadera tortura para los peloteros, que se acrecentaba cuando se efectuaban dobles partidos a siete entradas, o cuando había que darle continuidad a algún encuentro suspendido de una jornada anterior.

Justamente los juegos suspendidos al llegar la tarde-noche, fue uno de los aspectos negativos que matizaron la temporada recién finalizada. Cuando ya las suspensiones (por oscuridad o por lluvia) se habían convertido en un problema y los equipos especulaban con la posible detención del juego, los directivos del béisbol elaboraron una reglamentación al respecto.

Reglamentaciones nunca han faltado en la liga cubana. En sus 59 temporadas la serie nacional ha experimentado cambios estructurales de todo tipo: en cantidad de elencos, en cantidad de juegos, en fecha de comienzo y terminación, y en los últimos tiempos, en la cantidad de refuerzos que adquieren los combinados que pasan a la siguiente fase.

 

La pelota sigue viva en la Isla, a pesar de los pesares.

Foto: Tomada de tvyumuri.cu

Los refuerzos han sido el recurso de la serie nacional para tratar de acrecentar el nivel de su béisbol y mantener en juego a los peloteros más talentosos, una práctica que convierte a los conjuntos en multiprovinciales.

Sin embargo, eso tampoco ha impedido que la calidad del béisbol cubano haya seguido en descenso. La postemporada recién finalizada fue más que pródiga en errores a la defensa, en bases por bolas otorgadas por los lanzadores, y en estrategias dudosas de los cuerpos de dirección, sobre todo en el manejo de los lanzadores.

Lo mejor de la 59 serie nacional lo aportaron los aficionados en los juegos de la postemporada: los estadios repletos a reventar, en La Habana, Matanzas, Camagüey, y Las Tunas, en franco contraste con lo sucedido en la temporada regular.

Esas concurrencias, y el ambiente creado alrededor de los play off, demostraron que la pelota sigue viva en la Isla, a pesar de los pesares, que no son pocos, como la tarde en que la televisión decidió transmitir en directo el juego Real Madrid-Barcelona en detrimento del partido de comodín entre Industriales y Santiago de Cuba, en total irrespeto hacia el deporte nacional y su afición.

Con la década finalizada se inscribe un nuevo campeón que, al mismo tiempo, es el equipo que mejor la representa: fue el primero que comenzó la “importación” de peloteros de otras provincias. En su última plantilla, antes de reforzarse, incluían espirituanos, artemiseños, cienfuegueros, habaneros, camagüeyanos.

Eso no demerita su victoria. La dirección de Matanzas les dio a esos jugadores una oportunidad que algunos no tenían en su provincia. Fue capaz de ver el potencial de esos peloteros, trabajó en su desarrollo, y obtuvo los resultados de esa labor.

Llama poderosamente la atención cómo el elenco matancero ha podido mantenerse en pie después de haber perdido, en la diáspora, a casi todos sus peloteros estelares. Matanzas es un auténtico campeón. Ningún otro conjunto lo merecía tanto después de tantas temporadas de luchas y sueños truncos.

Lo mejor de la 59 serie nacional lo aportaron los aficionados en los juegos de la postemporada: los estadios repletos a reventar.

Foto: Tomada de acn.cu

Su contrincante en la final, el combinado de Camagüey, igual hubiera sido un campeón digno: terminó de líder, al cabo de los 90 juegos de la campaña regular, y liquidó en la semifinal al multicampeón Industriales.

Los toros camagüeyanos llegaron al play off decisivo con el mejor cuerpo de lanzadores, y los cocodrilos con el equipo más balanceado. Para ganar, Camagüey debía ser capaz de hacer valer su fortaleza, pero también batear el pitcheo matancero, que no era tan poderoso como el suyo.

Camagüey no pudo hacer con éxito ni una cosa ni la otra. Su mayor problema estuvo en que sus lanzadores abridores se desgastaron en funciones de relevo porque el bullpen no cumplió la tarea.

Después de dividir honores en la llanura camagüeyana, Matanzas emboscó a Camagüey en su sede y le ganó dos juegos seguidos, pero cuando quiso rematarlo allí, no pudo. Sin embargo, aunque perdió el juego 5, vendió cara su derrota: obligó (es un decir) a la dirección camagüeyana a utilizar, para cerrar el juego, al pitcher abridor del juego siguiente, Yosimar Cousín.

El juego 6, en patio de los toros, pintaba para Camagüey: el jovencito Cousín había estado indescifrable para los matanceros… hasta ese momento. Pronto se vio que, muy probablemente, la labor de relevista, dos días antes, había hecho mella en su condición física. Y Matanzas lo aprovechó muy bien.

Los cocodrilos no pararon de batear desde el primer inning del sexto juego. Tres de los pilares del pitcheo camagüeyano explotaron, uno tras otro, mientras el veterano Noelvis Entenza, reverdecido con Matanzas, lanzaba uno de los mejores juegos de su vida para silenciar a los bateadores contrarios y al estadio Cándido González. La victoria final, 11-2, no dejó lugar a dudas.

Los matanceros al fin alcanzaron la tierra prometida después de tantas pesadillas y desvelos. Camagüey deberá esperar por otra oportunidad en la siguiente temporada, que ya se anuncia con nuevos cambios de estructura. (2020)

Un comentario

  1. Lázaro Zamora Jo

    Se lo merecieron. Jugaron mejor y lograron imponerse al maleficio.

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