Nuevas medidas, nueva normalidad

Los impactos de la covid-19 se expresan en todas las esferas de la vida socioeconómica de Cuba, en general, y de las personas, en particular, justo cuando la isla caribeña inicia una estrategia que incluye acciones para remediar, a mediano y largo plazo, algunos de los temas económicos pendientes y de mayor urgencia.

Cuba, quizá mejor entrenada para solventar crisis de diversa índole, ha sido capaz de dirimir con saldo positivo esta contingencia sanitaria.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Justo cuando ponía el punto final a un comentario sobre algunos de los problemas a enfrentar en Cuba durante la llamada nueva normalidad, concebida como un período de recuperación necesario tras el paso de la covid-19, el gobierno cubano anunciaba las nuevas medidas económicas que ya comenzaron a implementarse en el país.

En aquel artículo -que ya no será publicado por motivos evidentes-, comentaba algunas de las secuelas pospandemia, aunque no me refería precisamente a los temidos y aún poco estudiados trastornos de salud que podrían padecer en un futuro las personas afectadas por la enfermedad, sino al impacto de la covid-19 en todas las esferas de la vida socioeconómica, en general, y de las personas, en particular, y cuyos efectos se harán cada día más evidentes aunque se desconoce todavía la magnitud real de los daños acumulados. ¿Por cuánto tiempo podrían prolongarse? ¿Serán irreversibles? Y si son complicaciones pasajeras, ¿cuánto tardará en llegar la ansiada solución?

Desde que se dio a conocer la amenaza de la enfermedad a finales del pasado 2019, y con las diferencias lógicas de cada contexto, pocos países en el mundo -incluyendo a los más ricos y desarrollados-, tuvieron la capacidad de esquivar el contundente y desequilibrante golpe de la covid-19, lo que no solo puso en evidencia la vulnerabilidad del ser humano, sino también de los sistemas de salud aparentemente más sólidos y de las economías más consistentes.

Sin embargo, Cuba, quizá mejor entrenada para solventar crisis de diversa índole, ha sido capaz de dirimir con saldo positivo una contingencia sanitaria hacia la que se volcó el país con todos los recursos a su alcance. Desde el sistema de salud hasta la policía nacional, muchas entidades estatales asumieron, incluso, nuevos roles y funciones para frenar y combatir a un enemigo invisible pero letal.

Desde el comienzo mismo de la pandemia en Cuba se movilizaron esfuerzos colectivos, entre ellos, el de muchas mujeres que de modo espontaneo u organizado, pusieron su tiempo y creatividad al servicio de los demás.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Colas y coleros

La práctica y los resultados obtenidos han demostrado que, más allá de la efectividad de los tratamientos médicos aplicados, la política gubernamental frente a la pandemia fue la más acertada: el uso obligatorio del nasobuco o mascarilla, el llamado a permanecer en las casas, el cierre de fronteras y de todas las actividades docentes, recreativas, culturales o deportivas que implicaban la presencia masiva de personas, así como la reestructuración de la actividad laboral y la de los servicios, entre otras medidas destinadas a garantizar el distanciamiento social, fueron decisivas para detener el contagio, incluso cuando empezaron a crecer las colas en agromercados, tiendas industriales y farmacias, como resultado de la insuficiente oferta de mercancías de primera necesidad, ya fueran comestibles, productos de aseo o medicamentos.

Pero hablar de temas como las colas y del renacimiento de los “coleros” -ese especialista en acaparar productos y revenderlos para obtener cierta ganancia, que provoca malestar y atenta contra la posibilidad de otros ciudadanos de acceder a esos bienes de manera directa y sin pagar sobreprecio-, parece intrascendente ante el importante anuncio de las nuevas medidas aprobadas por el gobierno y su posible impacto para la vida del país. No obstante, después de darle algunas vueltas al asunto, me pregunté si tal vez no existía una relación menos evidente pero intrínseca entre dichas medidas, la pospandemia y los coleros, entendidos estos últimos como una de las tantas manifestaciones de la economía sumergida cuyo alcance y magnitud son tan difíciles de calcular.

Los profesionales de la salud, médicos y científicos cubanos se han enfrentado a una enfermedad altamente letal, y han encontrado el respaldo gubernamental para poner en práctica protocolos clínicos que han salvado muchas vidas.

Foto: Jorge Luis Baños/IPS

Estrategia gubernamental y pospandemia

El anuncio de la estrategia aprobada el 16 de julio en reunión extraordinaria del Consejo de Ministros, diseñada con el objetivo de remediar a mediano y largo plazo algunos de los temas económicos pendientes y de mayor urgencia, se realiza justo cuando a las dificultades ya existentes se suman otros factores de signo negativo como el endurecimiento del bloqueo, la amenaza de una recesión de la economía global de la que no escaparán ni los países más ricos, agudizadas ahora con la llegada de la enfermedad, una coyuntura que ni la apertura todavía parcial del país al turismo o cualquier otra gestión podrán solventar si no se plantea la necesidad de manejar los viejos problemas con nuevos métodos.

También es cierto que la génesis de estas medidas se encuentra en documentos aprobados durante el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba, como aclaró el presidente cubano Díaz-Canel Bermúdez en su discurso trasmitido por el Programa Mesa Redonda de la televisión cubana. De ello se deduce que no son disposiciones de contingencia ante una crisis puntual, sino el resultado de una política aprobada desde hace varios años y que son implementadas tras una fase previa de estudio a cargo de todos los factores implicados. Pero fueron quizá las nuevas condicionantes las que aceleraron la aprobación de todo un paquete de cuyas primeras medidas hemos tenido noticias, pues se pondrán práctica de inmediato.

Otro elemento interesante es que la aplicación de las nuevas directrices comienza cuando ya se ha probado la eficacia de convocar a primera línea a los profesionales de la salud, médicos y científicos cubanos que enfrentaron una, entonces casi desconocida, enfermedad con el respaldo de decisiones gubernamentales difíciles, pero adecuadas a las exigencias del momento. ¿Se tratará ahora de dar continuidad a ese estilo de trabajo más inclusivo y que implicaría abrir nuevos espacios a otros sectores de la sociedad en ciertos renglones de la economía y la agricultura, especialmente necesitados de una gran renovación?

La estrategia diseñada intentará remediar a mediano y largo plazo algunos de los temas económicos pendientes y de mayor urgencia, entre ellos el tema de la dualidad monetaria y la política cambiaria.

Foto: Jorge Luis Baños/IPS

La nueva estrategia contempla 16 áreas que son consideradas claves de la economía y que abarcan en lo fundamental esferas relativas al sector agropecuario, uno de los más afectados pero esencial para garantizar la producción de alimentos; las empresas estatales; la inversión extranjera y el comercio, así como la iniciativas privadas, que al parecer ahora podrían tener mayor peso y responsabilidad dentro de la economía con la posibilidad de realizar exportaciones e importaciones, siempre a través de entidades estatales. En sentido general se busca incentivar la eficiencia y en algunos casos el objetivo inmediato sería estimular la liquidez monetaria que tanto necesita el país.

Y para poner un ejemplo concreto -muy a propósito de los coleros y su vínculo con las nuevas medidas-, se anunció la apertura de 72 tiendas que solo funcionarán a través de cuentas bancarias en moneda libremente convertible, lo que quizá supone un duro golpe para los coleros, pero también para muchos bolsillos que no tienen acceso a esa moneda y deberán conformarse con los abastecimientos disponibles en el resto de los comercios.

Las autoridades han explicado que el dinero recaudado por las ventas en divisa libremente convertible en esos establecimientos repartidos por el país permitirá asegurar las ofertas en CUC y CUP y también invertir en la industria nacional para producciones que sustituyan importaciones.

Hablar ahora del posible impacto de las medidas necesitaría de un análisis más profundo, hasta que sea posible comprobar resultados concretos en esferas como el sector agropecuario sobre el cual especialistas en el tema aseguran que Cuba tendría potencial suficiente para autoabastecerse y aún exportar parte de su producción si se aplicaran las políticas adecuadas.

Expectativas hay muchas, tanto como incógnitas sobre el funcionamiento en la práctica de las medidas anunciadas y de su impacto real, tanto en la vida del país como para las personas en particular. Aunque de momento para una gran parte de la población acuciada por las necesidades del día a día quizá la interrogante más recurrida continúa siendo: “¿Quién es el último?” (2020)

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