Teléfonos móviles, Internet y redes sociales

La conexión cubana.

Para la mayoría de la población cubana aún resulta muy costoso acceder a Internet, algo que para muchos profesionales deviene necesidad.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

El gigantesco avance de la tecnología en las comunicaciones se ha vivido de una manera en el mundo (o en una buena parte de él) y de otra en la isla. Aquí hemos estado a la zaga, aunque expectantes de ese desarrollo. Y ávidos del mismo.

No puedo olvidar lo que me dijo un académico mexicano en La Habana, hace algo más de veinte años, sobre Internet, su crecimiento planetario, y las posibilidades para la información, porque acompañó sus palabras con un gráfico que mostraba la conexión en varios sitios del orbe, incluyendo Cuba, con un cero punto no sé cuánto. Más claro: Internet aquí casi no existía.

Recuerdo que ese mismo año (1999) tuve mi primera cuenta de correo electrónico, anclada en el Instituto Cubano del Libro (ICL), en el dominio de Cultura, y en el 2000 abrí otra en Yahoo. Artistas y escritores acudíamos al cibercafé del ICL como quien va a una fiesta. Para navegar, debíamos sacar turno desde la semana antes.

Un tiempo después, acaso en 2004 o 2005, comenzaron a entrar a mi buzón de correo, invitaciones de amigos que vivían en el extranjero, para participar en algo que se llamaba Facebook, pero desconocía con exactitud qué cosa era y para qué servía. Ignoraba la existencia de Mark Zuckerberg y sus andanzas en Harvard.

De la misma manera que me propuse aprender, lo más rápido posible, a utilizar una computadora, asumí igual conducta con el manejo de las nuevas tecnologías de las comunicaciones, en especial el servicio de mensajería e Internet. Era evidente que el profesional de mi perfil que no tomara ese tren, se quedaría fuera del juego en cualquier liga.

En pocos años, el arrollador avance tecnológico de la industria electrónica produjo una diversidad de dispositivos que permitirían a las personas no tener que lidiar con una computadora para navegar en internet.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

No imaginaba que unos años después el arrollador avance tecnológico de la industria electrónica produciría una diversidad de dispositivos que permitirían a las personas no tener que lidiar con una computadora para navegar, recibir y enviar correos.

También ignoraba que mi desinterés por los teléfonos móviles estaba bien, porque comprar un celular y una línea eran una herida en la economía que muy pocos cubanos se podían permitir, pero que con el decursar del nuevo milenio el celular tendría un protagonismo inimaginable y marginarse de utilizarlo tal vez no fuera aconsejable.

Muchas águilas pasaron por el mar desde mi conversación con el académico mexicano. Internet está ahora presente en Cuba, de un extremo a otro, y la telefonía celular, según cifras de Etecsa, registró seis millones de líneas vendidas en diciembre de 2019.

No quiere decir que seis millones de cubanos posean celular, porque hay personas que tienen más de una línea y comprar un móvil y una línea sigue siendo muy costoso. Al respecto, me comentó Jorge, un amigo escritor, que una buena parte de los teléfonos que tienen los cubanos han sido regalos de familiares o amigos que viven en el extranjero. Es el mismo aparato que luego usan para comunicarse con ellos.

También es costoso aún acceder a Internet. Y la velocidad de conexión, en varias de las opciones disponibles, no permite al usuario —o lo limita [para]—realizar todas las operaciones que a estas alturas del desarrollo tecnológico se pueden hacer.

Pero ahí están los cubanos, en los sitios Wi-fi, o en las salas de navegación, o en sus hogares; desde la computadora o —sobre todo— el celular; con conexión telefónica o satelital, por datos móviles, por Wi-fi; navegando, conversando, interactuando, con su familia, con los amigos, cada cual a su manera, en dependencia del grupo social o generacional al que pertenezcan.

Quien se mueva por La Habana ahora, a pie o en transporte colectivo, en el centro o la perferia, verá ese espectáculo común de este tiempo: adolescentes y jóvenes —fundamentalmente— con la vista fija en el teléfono móvil, como si todo lo demás les fuera ajeno. Algunos, conectados a Internet y a las redes sociales.

En mi curiosidad por conocer qué piensan los jóvenes respecto al uso de Internet y los móviles, le pregunté a varios. Por ejemplo Vanessa, profesora y productora, me dijo haber observado dos cuestiones: a) la gran aceptación entre los jóvenes, pero que solo los profesionales, los intelectuales, y una minoría, hacen uso consciente de esa plataforma para crear alianzas, informarse, etc.

Según ella, la mayoría de esos jóvenes consume Internet basura: memes, videos graciosos, el postureo, la especulación; y b) que un sector de la población, mayor de 50 años, no profesionales, no usan celulares ni frecuentan Internet porque no tienen teléfonos y no han desarrollado habilidades con la tecnología, pero también, algunos, por una ideología inducida: “Internet no informa y todo lo que se publica es contrarrevolucionario”, lo cual es falso, concluyó.

Por su parte Lissette, informática y administradora de redes, me expresó que en Cuba se ha producido una explosión en el uso de estas tecnologías, en todas las generaciones, y las aplicaciones más usadas son las de llamadas y mensajería, mientras que los jóvenes son los más activos en las redes sociales.

Con el decursar del nuevo milenio, el celular tendría un protagonismo inimaginable.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

También le pregunté a Clara Luz, escritora residente en Guantánamo, cómo se vive la presencia de Internet en esa ciudad del extremo oriental, y me dijo que en un principio la afluencia de público a los sitios Wi-fi colmaba las aceras y parques, pero con la llegada de Nauta Hogar ese fenómeno se ha reducido, pues resulta más cómodo tener el servicio en casa.

Concerniente a la composición generacional, señaló: “los más jóvenes lo explotan al máximo, los maduros se ufanan en poder hacer un uso eficiente de sus aparatos inteligentes y los más longevos se apoyan en estos últimos. Si esa tecnología no alcanza un mayor uso en Guantánamo es por un problema económico pues el costo todavía resulta alto para las economías personales”.

Así van las cosas. Aunque el precio de un móvil, no ya de última, sino de penúltima generación, lo hace inalcanzable para la gran mayoría, cuatro décadas después que salieran al mercado, los celulares forman parte del paisaje en la isla, y gracias a ellos se ha extendido el uso de Internet y, en consecuencia, el embrujo de las redes sociales, a veintidós años de creada SixDegrees.

Ciertamente, aunque algunos hayamos abierto cuentas en Facebook, Linkedin o Twitter hace cierto tiempo, han sido las aplicaciones y los datos móviles de 3ra generación (3G) lo que nos ha permitido hacer un uso más frecuente de las redes sociales, en tanto que hasta ahora habíamos estado cautivos en el “Internet de palo”, del cual no hemos salido aún.

Con todo su potencial adictivo y hasta tóxico, las redes sociales cumplen una función muy necesaria en Cuba. Esa especie de vitrina —Facebook, Twitter, Linkedin— nos ofrece un cúmulo de información, presente en Internet (en diarios, revistas, agencias, blogs) que mucho agradecemos.

Estoy hablando de lo que me interesa: el acercamiento a la realidad de mi país y el mundo que no me brinda la prensa oficial. Contrastar una diversidad informativa es la mejor manera de descubrir los hechos. Algunos se me han revelado gracias al texto de un blog que no hubiera leído si un sitio, o un amigo, no llegan a compartirlo.

Las redes sociales tienen otros rostros. Por ejemplo: un amigo allí es un ente virtual. No le puedes dar la mano, contarle un problema, sentir la calidez humana. Con él compartes información, tal vez un chiste, no mucho más. Las redes sociales han puesto en crisis el concepto de amistad, como un corolario de la época.

A mis amigos (los verdaderos) siempre les digo que prefiero el correo electrónico, sustituto de la carta (ya inexistente). Pero cada vez se hace menos uso del e-mail. Messenger y WhatsApp lo han suplantado. Y así como perdimos la magia de la caligrafía en el papel, hemos ido perdiendo la sintaxis y el ritmo del discurso epistolar. Y ni qué decir del léxico y su corrupción.

Sin embargo, la mayor decepción que nos han dejado las redes sociales es el cambio de paradigma de la palabra amigo. Porque no es que tú esperes que alguien que no conoces y aceptas como contacto, te escriba preguntándote por tu vida, o contándote la suya, sino que alguien que sí conoces, del cual habías perdido el rastro hace 10, 15, 30 años, te “encuentra” en Facebook y te solicita amistad para luego solamente enviarte tonterías. Y te preguntas: ¿En qué se convirtió esa persona?, ¿en un mutante?

Elena María, profesora jubilada, dice que Internet y las redes sociales le han permitido reencontrarse con familiares y amigos entrañables, residentes en el extranjero, algo que ha sido muy emocionante para ella, aunque sus imágenes en la pantalla, o incluso sus voces, no colman sus deseos de abrazarlos, que habían permanecido contenidos desde hacía muchísimo tiempo.

Después de una enorme espera, la telefonía celular, las redes sociales, Internet, se van haciendo cotidianas en Cuba, con una connotación distinta. Para un alemán o un francés, que viven en sociedades informatizadas, la conexión puede ser indispensable para recibir la mayoría de los servicios, en cambio para un cubano, Internet y las redes sociales son una puerta abierta al mundo, un espacio de conocimiento y libertad inefables, que hasta ahora desconocía. (2020)

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