Pedro Juan Gutiérrez: una literatura sin maquillaje

El autor de Trilogía sucia de La Habana cumple 70 años, que fueron celebrados por la Biblioteca Nacional en un nuevo espacio titulado Reflexiones.

El escritor cubano Pedro Juan Gutiérrez ha recibido muy poca promoción en su país natal.

Foto: Jorge Luis Baños/IPS

Pedro Juan Gutiérrez es, junto a Leonardo Padura, el narrador cubano más conocido fuera de nuestras fronteras. Sin embargo, al contrario del segundo, tanto su obra en prosa como su poesía parecen ser frecuentadas por solo una minoría de lectores cubanos.  

Tal vez ello se deba a la poca promoción que ha recibido en la isla, a pesar de que su literatura provocadora y sin maquillaje ha sido casi totalmente publicada por Ediciones Unión y otras editoriales de provincias.

Mi relación con la obra y la persona de Pedro Juan se remonta a 1999 cuando en un desayuno organizado por un crítico español le pedí, sin conocerlo, un original para ser evaluado por Ediciones Unión, sello en el que entonces me desempeñaba como Jefa de Redacción de Narrativa. Sabía que este escritor gozaba de gran reconocimiento en Europa y había oído hablar, mal, debo confesarlo de su Trilogía Sucia de La Habana, publicada recién ahora, después de casi veinte años en nuestro país. A ese libro se le tachaba en Cuba cuando menos de vulgar y ninguna de las personas con las que hablé de él le concedía algún mérito.

Pero como editora, me preocupaba el hecho de que un escritor cubano que vive y trabaja en La Habana fuera tan conocido en el extranjero y tan desconocido en su propio país. Sentía también una gran curiosidad. Me moría por saber de qué hablaban y cómo lo hacían los libros de aquel coterráneo que se había convertido, de la noche a la mañana en un escritor mimado del riguroso catálogo de Anagrama.

Recuerdo que cuando lo abordé, en aquel desayuno, Pedro Juan me respondió que podía entregarme un libro que, ninguna editorial europea se había interesado en publicar. Yo me asusté. ¿Sería este volumen acaso más escandaloso que aquella Trilogía Sucia que tanto estaba dando qué hablar hasta a los menos mojigatos?

Pero en cuanto me entregó el manuscrito pasé del susto al deslumbramiento: el hombre que había sido capaz de escribir aquellas pequeñas joyitas agrupadas en Melancolía de los Leones no podía ser un simple fabricante de historias soeces. En su obra publicada fuera de Cuba debía haber algo más.

Su literatura provocadora y sin maquillaje ha sido casi totalmente publicada por Ediciones Unión y otras editoriales de provincias.

Foto: Jorge Luis Baños/IPS

Entonces apareció la colega Silvia Gutiérrez, prima de Pedro Juan y me prestó la primera novela de Gutiérrez: El Rey de La Habana. Mi premonición se hizo realidad. La novela me pareció excelente y cuando Silvia me trajo, finalmente, la Trilogía Sucia, ya estaba preparada para liberarme de mis propios prejuicios y asumir el mundo de Pedro Juan, es decir, de todos los Pedro Juan que, como él mismo confiesa en uno de los mejores cuentos del libro Cosecha de Pedros son miles: buenos y malos, orgullosos y modestos, mezquinos, vanidosos, nobles, generosos, buena gente, humildes, soberbios, espías, vagos, conspiradores, eficaces, inútiles y todo lo demás.

Estoy segura que el Pedrito que escribió (o los pedritos que escribieron) Melancolía de los Leones están entre los que la opinión general calificaría como mejores, o por lo menos, más decentes.

Sin embargo, el provocativo lenguaje de los relatos y novelas que han convertido a Pedro Juan en un escritor maldito ha convencido ya a muchos colegas y críticos cubanos que le empiezan a hace justicia a partir de lecturas menos superficiales aunque todavía este autor suela provocar reacciones extrañas quizás como las que provocaba Flaubert en el siglo XIX con su Madame Bovary o James Joyce con su Ulises, salvando las canónicas y magistrales distancias.

Sin embargo si algo enlaza a aquel decentísimo Melancolía de los Leones con las otras desmaquilladas obras de este autor es el oficio, la limpieza, agilidad y precisión de un estilo impecable que cautiva por su exactitud su sórdida y lírica belleza, su desnudez deslumbrante. Decir tanto en tan poco espacio es característica de los mejores. Y Pedro Juan, en mi opinión, es uno de los mejores prosistas, desde el punto de vista estilístico del actual panorama de la narrativa cubana contemporánea. Pocos escritores pueden exhibir frases tan sencillas y a la vez brillantes con tanta economía de medios o describir una escena, un personaje o un paisaje con esa nitidez que le otorga verosimilitud y los saca de entre las páginas del libro para situarlos, primero dentro de la habitación donde estamos leyendo y después, en la memoria, donde continuarán con nosotros durante mucho tiempo. La de Pedro Juan es una literatura con fijador, como diría Gunter Grass.

Pedro Juan Gutiérrez es, por otra parte, un gran rapsoda de La Habana. Como un pintor expresionista ha sabido captar nuestra ciudad desde el lado de sus sombras y ha puesto a deambular en ella no solo a sus más sórdidos personajes sino también a los más extraños. Seres que se regodean en el absurdo y terminan contemporanizando con él, convirtiéndolo en un espacio domesticable.

Estos personajes no encuentran explicaciones. Muchas veces las temen. Les fascina el demonio y se dejan embrollar en actuaciones insólitas, extrayendo de ellas los beneficios y los perjuicios correspondientes, sin hacerse preguntas, comulgando con el horror.

Necesario es decir que Pedro Juan Gutiérrez despierta el interés no solo de los lectores sino también de las academias, raro acontecimiento en un mundo donde el mercado y las universidades no parecen ponerse de acuerdo sino en ciertos casos excepcionales.

Esperemos que Fabián y el caos no sea su última novela.

Foto: Jorge Luis Baños/IPS

Su obra es objeto de estudio en unas cincuenta universidades de Estados Unidos y hasta en la caribeña isla de Martinico donde los profesores indagan en su literatura de raíz absolutamente cubana.

A él este interés por lo que escribe le resulta un enigma. No sé cómo explicármelo, me dijo alguna vez. Incluso en Alemania, me contó, mis libros son más vendidos que en la propia España. Toda mi obra está publicada en Italia, quizás un país más cercano por su cultura al nuestro. Ese tema del gusto por mi literatura en naciones tan remotas como Turquía me asombra y no encuentro manera de explicarlo.

Actualmente, después de su excelente novela Fabián y el caos, el escritor se dedica sobre todo a la poesía, un género que cultiva desde la adolescencia y que, sin embargo no le ha dado el reconocimiento del que gozan sus obras en prosa.

Aún así, Pedro Juan Gutiérrez continúa siendo publicado y estudiado en los circuitos académicos. Y, de esta manera, entre el mercado y las universidades su nombre está siempre presente cuando de hablar de escritores internacionalmente reconocidos se trata.

Esperemos que Fabián y el caos no sea su última novela y que su pesimismo, también confesado, hacia un mundo que renuncia cada vez más a la lectura no lo lleve a desistir de una profesión que, si bien no es del agrado de muchos lectores que no gustan de su llamado realismo sucio, lo han convertido en un escritor a tener muy en cuenta cuando de literatura cubana contemporánea se hable. (2020)

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