Alimentación en Cuba bajo el impacto de la covid- 19

Análisis de los efectos de la epidemia en el contexto cubano y posibles medidas para enfrentar el futuro inmediato.

Los alimentos tienen una participación importante en los gastos de las familias cubanas.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Los efectos de la covid-19 en la alimentación y las producciones agropecuarias que la sostienen, se transmiten por el lado de la demanda y también de la oferta de alimentos, así como a través del comercio internacional de estos rubros y otros factores externos relacionados con los mercados energéticos y crediticios, o los tipos de cambio.

En la demanda hay que tomar en cuenta las posibles variaciones en el poder adquisitivo de las familias. Estas variaciones dependen directamente de las que correspondan a los ingresos, así como a los precios de los alimentos.

En lo tocante a los ingresos, a raíz de la penetración de la pandemia en Cuba se han impuesto medidas de restricción a la actividad económica que tienen un efecto para las familias de los trabajadores que quedaron interruptos o que se determinó proteger especialmente porque resultan vulnerables a la enfermedad o porque son padres de escolares que deben permanecer en casa.

Estos trabajadores vieron disminuidos sus ingresos en 60 por ciento después de mayo. También está el caso de los trabajadores por cuenta propia en las actividades más deprimidas o los contratados por este sector, cuyos ingresos prácticamente desaparecieron en la actual coyuntura.

Mayor gasto en alimentos

Si se tiene en cuenta que los alimentos tienen una participación importante en los gastos de las familias cubanas, y más aún en las que dependen únicamente de salarios o pensiones (estimado entre 42 y 50% ) el impacto puede llegar a ser considerable.

Por otra parte, está la variación en los precios de los alimentos. Ya desde el mes de julio de 2019, después del incremento salarial al sector estatal presupuestado, se libra una batalla por mantener al mismo nivel los precios de los productos de consumo, entre ellos los alimentos.

Desafortunadamente, las decisiones administrativas no han sido suficientes para prevenir los efectos de aquella medida y tampoco los de la actual situación. Aun cuando se ha determinado que los precios no pueden variar, el efecto ha sido la virtual desaparición de los productos de los mercados liberados.

Del lado de la oferta, las medidas de restricción podrían tener un impacto a lo largo de la cadena de suministro de alimentos.

Si bien en Cuba se ha determinado que las actividades económicas que tienen que ver con el sector alimenticio están priorizadas y no deben interrumpirse, el hecho cierto es que ya desde antes de la pandemia el país venía enfrentado dificultades con la provisión de alimentos. Esto vale lo mismo para los que se producen nacionalmente como para los importados.

Baja de precios en el mundo no favorece a Cuba

En su informe sobre la seguridad alimentaria en la pandemia de la covid -19, la CEPAL plantea que en estos meses se ha observado una tendencia a la baja en los precios de todos los grupos de alimentos (cereales, azúcar, aceites vegetales, carne y lácteos) a consecuencia de la menor demanda causada por la pandemia.

Las únicas excepciones a tal comportamiento son el arroz y la carne de cerdo. Sin embargo, son bien conocidas las dificultades que enfrenta Cuba para la adquisición de cualquier producto en el mercado internacional, debido a la vigencia del bloqueo de Estados Unidos contra nuestro país, de modo que lo que vale para el resto del mundo, no tiene que ser necesariamente válido para Cuba.

Ya en períodos anteriores hemos observado precios para las importaciones cubanas que superan los promedios internacionales.

Además, en los últimos años hemos asistido a una contracción sistemática de la oferta doméstica de bienes con destino a la exportación. Desde 2011 las exportaciones de bienes se vienen contrayendo sistemáticamente, la caída acumulada hasta 2018 es de 60 por ciento.

A ello se suma la caída de los ingresos por servicios médicos, por la pérdida de Brasil y Bolivia como destinos, y el desplome de la actividad turística y servicios conexos, vinculado a los efectos de la pandemia.

Los ingresos en divisas del país en la actual coyuntura disminuyeron de manera considerable, lo cual ha puesto en riesgo la adquisición de alimentos o insumos para su producción en los mercados externos.

Cuba podría potencialmente beneficiarse de la caída en los precios internacionales de los alimentos y del petróleo, como país importador neto. Con todo, ya hemos visto que nuestras circunstancias son algo diferentes. Además, siempre hay que contar con las posibles disrupciones en la oferta de exportaciones, por problemas en los países de origen de las mismas.

Los ingresos en divisas del país en la actual coyuntura disminuyeron de manera considerable.

Foto: Jorge Luis Baños/IPS

Meses de baja producción agrícola

A partir de junio, la actividad agrícola entra en un período de menor producción. En verano siempre las producciones de frutas y vegetales decaen. Sin embargo, la entrada del período lluvioso podría beneficiar las producciones de leche y carne bovina. Y este período también puede ser aprovechado para la siembra de cultivos de ciclo corto que permitan mantener un nivel aceptable de suministro de productos frescos.

En cuanto a las condiciones de los mercados crediticios internacionales, no puede menos que esperarse una contracción de la oferta a partir de la caída en la actividad económica.

El tipo de cambio monetario, que en nuestro caso se mantiene incólume, podría pensarse que no tiene un impacto. Con todo, al ser uno de los precios más importantes del sistema económico y reflejar la escasez relativa de divisas, ya se está revelando en los mercados informales e incluso formales, con la apertura de tiendas que transan exclusivamente en divisas.

Para resumir, la situación que se vive y la por venir refleja los impactos en la alimentación de la pandemia, pero también de haber mantenido preterido al sistema agroalimentario cubano por un largo período. Por suerte, las crisis siempre ayudan a resolver algún problema y esta deja como lección la necesaria prioridad que hay que otorgar a esta cadena de actividades.

Algunas sugerencias

De cara al futuro, hay que encarar con decisión la transformación de este sistema y facilitar todas las medidas que permitan expandir la producción doméstica competitiva de alimentos, entre ellas:

-Acceso de los productores y otros actores de las cadenas productivas a medios de transporte e insumos intermedios, a financiar con medios propios.

-Rápida difusión de tecnologías propias para sustituir insumos importados.

– Producción de semillas de variedades nacionales u obtenidas para la explotación en nuestras condiciones.

-Introducción de esquemas de financiamiento especiales para esta cadena.

-Retorno a esquemas de pre-financiamiento por parte de la industria u otros eslabones de la cadena.

-Canalización con prioridad de los esfuerzos y recursos al eslabón de la producción y otros eslabones clave de la cadena.

-Formación de cooperativas de segundo grado para el acopio y otras actividades.

– Garantía de autonomía a los actores de esta cadena, estatales como no estatales, permitiéndoles participar en el diseño de soluciones diversas y viables a este problema estratégico (2020).

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