La hora final del peso cubano convertible

En momentos diferentes, el Presidente Miguel Díaz-Canel, el ministro de Economía, Alejandro Gil, y el jefe de la comisión que ha conducido la reforma del modelo económico cubano, Marino Murillo, han dicho, una y otra vez, que el ordenamiento monetario no será una varita mágica. Lo han repetido en espacios públicos desde que empezaron a … Leer más

Después de oxigenar la economía en los años 90, la dualidad monetaria y cambiaria ha agravado viejas distorsiones del modelo económico cubano.

Foto: Tomada de Cubaneate

En momentos diferentes, el Presidente Miguel Díaz-Canel, el ministro de Economía, Alejandro Gil, y el jefe de la comisión que ha conducido la reforma del modelo económico cubano, Marino Murillo, han dicho, una y otra vez, que el ordenamiento monetario no será una varita mágica.

Lo han repetido en espacios públicos desde que empezaron a explicar claves y detalles de una de las medidas más esperadas en Cuba desde hace años.

“La eliminación de la dualidad monetaria y cambiaria por sí misma no solucionará mágicamente todos los problemas acumulados en la economía”, comentó Gil en el programa televisivo Mesa Redonda. Con otras palabras, Murillo dijo lo mismo: “El ordenamiento monetario resulta transversal a toda la economía cubana pero no resolverá de manera automática los problemas económicos”.

Desde que anunciaron la proximidad de este paso, lo reiteran con intención evidente de frenar falsas expectativas en la población. No ha faltado quien llegase a pensar que cuando el peso cubano convertible (CUC) saliera de circulación, el peso cubano (CUP) asumiría en el comercio minorista el valor de su alter ego, igualado a un dólar por artes y magias de la política*.

Pero intuyo también en la insistencia de Díaz-Canel, Gil y Murillo el intento de aquietar esperanzas muy íntimas. Quizás lo dicen para sofrenar en sí mismos el lógico entusiasmo de quienes han tenido que gobernar un país y administrar un Estado sin transparencia económica, por la coexistencia de claves cambiarias que no expresan el estado real de la economía.

Las empresas y las entidades presupuestadas han funcionado sujetas a una doble contabilidad –en CUP y en CUC- y bajo mil enredos contables más. La moneda total haría llorar de frustración a Carl Friedrich Gauss (1777-1855), a John Maynard Keynes (1883-1946) o a cualquier otro genio de la Matemática y de la Economía, mientras los misteriosos CL (Certificado de liquidez) son asumidos por muchos empresarios y administradores como tercera moneda para pasmo de la banca.

El ministro de Economía, Alejandro Gil, y el jefe de la comisión que conduce la reforma, Marino Murillo, defendieron el ajuste monetario como un paso necesario para avanzar en otros cambios.

Foto: Tomada de ahora.cu

Medir costos y rentabilidad

En este bosque de artificios contables, tasas compensatorias, pagos salariales que no cuentan como tales, subsidios empresariales y otras creaciones, resulta imposible medir con claridad costos y rentabilidad de las empresas, gastos del presupuesto y la lógica conexión entre la economía nacional y el mercado externo.

Lo primero que permitirá el ordenamiento monetario en ciernes es conocer con más precisión quiénes son rentables y en qué medida lo son. Las autoridades tendrán un conocimiento más preciso de las fuerzas, debilidades y fugas de la economía, y serán más atinadas las decisiones para mover las piezas en ese tablero, invertir en un sector u otro, apostar a un actor o a otro.

La dualidad monetaria y cambiaria ha subvertido lógicas comerciales y financieras elementales, al punto de favorecer las importaciones y desestimular las exportaciones, en abierta contradicción con las políticas defendidas por el gobierno a lo largo de estos años. Combinada con otras deformaciones estructurales del modelo económico, también sabotea un principio ideológico medular del socialismo: vivir del trabajo.

Si en los años 90, la legalización del dólar, y la entrada luego del CUC, salvó a la economía de un shock inflacionario durante la crisis económica del Período Especial, con el paso de los años este respirador artificial generó conflictos en el organismo de la economía y debilitó su funcionamiento.

Es larga la lista de actividades económicas que tropiezan, se desangran y se enturbian con la dualidad monetaria y cambiaria: el comercio exterior, el comercio mayorista interno, el comercio minorista, el sistema de precios, la banca, la actividad empresarial, los salarios, las inversiones, el Presupuesto del Estado.

Mediante una reforma salarial y una reforma de precios simultáneas con el ajuste monetario, el gobierno se ha propuesto proteger la capacidad de compra de la población.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

La unificación más otros profundos cambios

Una señal de la complejidad del paso que el gobierno se propone en breve es que ha anunciado su implementación simultánea con otros cambios profundos, recogidos en la Estrategia económica cubana presentada el 16 de julio pasado.

“A la par que unificamos el sistema monetario, debemos ser capaces de superar las distorsiones existentes en materia de subsidios, precios y tarifas mayoristas y minoristas, y como es lógico, las pensiones y salarios del sector estatal”, comentó el también viceministro primero, Alejandro Gil. “Constituye –dijo- el proceso más determinante para avanzar en la actualización del modelo económico cubano, por el impacto que tendrá en todas las esferas del quehacer económico y social de la nación. Sin resolver eso, es difícil avanzar correctamente”.

La transformación del sistema de precios implica un ajuste del modelo de gratuidades y subsidios, que promete ser el más radical en muchas décadas. El subsidio generalizado de productos y servicios de la canasta básica ha servido como eje fundamental de la protección de la población por el Estado, pero ha favorecido también deformaciones severas del comercio minorista.

El reemplazo del subsidio indiscriminado de productos por los subsidios a las personas realmente necesitadas es un sueño pendiente. La nación lo concibió en 2010 con los primeros lineamientos en la Actualización del modelo económico.

La reforma del sistema de precios abriría las puertas a un ajuste del comercio minorista y los mercados en Cuba, dañados por una segmentación que casi los incomunica entre sí. Este paso cuenta con el consenso de la sociedad, pero genera dudas y temores, por tocar directamente una tecla sensible: la capacidad adquisitiva de la población.

Al explicar detalladamente el ordenamiento monetario, Murillo anticipó que se haría a la par con una reforma salarial y de las pensiones, para proteger los ingresos y la capacidad de compra de los consumidores. El salario medio crecería 4,9 veces y los pagos de la seguridad social, 5 veces, informó.

Varios de los cambios con menos avances en la reforma económica cubana podrían recibir un impulso notorio cuando llegue el Día Cero de la unificación monetaria, el Banco Central de Cuba deje de emitir pesos convertibles y el gobierno anuncie la nueva tasa oficial que depreciará el peso cubano ante el dólar.

Las personas más comprometidas con la conducción de la reforma económica tienen otro motivo más para animarse con el ajuste que capitaliza el diálogo cubano en las redes sociales, los medios y los barrios.

Además de entorpecer funciones esenciales del comercio, las finanzas, la vida laboral y de la economía en general, las pautas actuales del sistema monetario y cambiario han trabado total o parcialmente transformaciones puntillosamente aprobadas por las máximas instancias políticas de la nación desde hace diez años.

 

El ajuste debe permitir el avance de las demás reformas

Entre las primeras razones del próximo ajuste, el Presidente afirmó que “permitirá destrabar muchas cuestiones que hoy impiden el avance de la actualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista”.

Los ajustes del modelo económico han entrado en una etapa que apuesta a la franca diversidad de actores en la economía cubana. Pero la interacción real entre formas estatales y no estatales que pide la Constitución corre el riesgo de fracasar.

El güije de la dualidad monetaria salta de nuevo cuando los costos de las empresas estatales quedan aprisionados bajo una tasa de cambio oficial asfixiante que convierte cada dólar o CUC ingresado en un humilde peso cubano, mientras los costos de las formas privadas se airean libremente con ingresos en CUC que se multiplican por 24 CUP.

“Se necesita lograr un encadenamiento productivo entre ambos sectores: estatal y no estatal, en condiciones similares, junto a otros actores económicos, así como incentivar las exportaciones”, argumentó Gil al defender en la Mesa Redonda la necesidad urgente del ordenamiento monetario.

El paso en ciernes abriría las puertas a una esperada reforma empresarial, que reordene y redimensione el sistema de empresas estatales, de entrada a las PYMES y otorgue personalidad jurídica a las empresas privadas.

A cada rato se desatan, desde hace años, especulaciones sobre un inminente ajuste de tasas de cambio, que suelen desbordar las sucursales de la red de Casas de Cambio (CADECA).

El Banco Central de Cuba u otras instancias del gobierno se ocupan de tranquilizar los ánimos, no siempre con prontitud. Esta vez, la intención de mover las fichas en el tablero monetario es evidente y declarada. Las horas de vida del CUC están contadas.

Murillo, jefe de la Comisión Permanente de Implementación y Desarrollo, acompañó a Gil al exponer los pasos que daría el gobierno para sacar de circulación la moneda nacional que sobra. En el escenario quedaría una sola: el peso cubano. ¿Cuándo? ¿A cuánto? Son las incógnitas que más remueven el diálogo social hoy.

Pero no las únicas, ni siquiera las más importantes. Otra interrogante lo resume todo: ¿Cómo reaccionará la economía cubana? ¿Qué pasará cuando el CUC solo tenga valor en los museos?

* Un CUC es igual a 24 CUP de acuerdo con la tasa de cambio de CADECA, que rige en el comercio minorista, mientras la tasa oficial se mantiene sobrevaluada en 1 CUP x 1 CUC x 1 USD.  (2020).

Un comentario

  1. Andrés Dovale Borjas

    Ningún problema se puede resolver si se trata por las ramas, solo podrá resolverse yendo a la raíz. El rompecabezas de los cálculos económicas de las empresas estatales se debe básicamente a la disparatada idea de establecer el sistema de 1 CUC = 1 CUP, cuyo único objetivo a resolver era el del pago en CUP a las decenas de miles de trabajadores cuyos salarios eran en CUC, por trabajar en empresas mixtas o extranjeras (personal que trabajaba con las embajadas), para pagarles en CUP, es decir un 4 % del salario que pagaban por su trabajo.
    Eso no lo podrán resolver de ninguna manera, solo estableciendo un % fijo del salario que reciben, que pudiera ser un 20 %, con ello el salario sería cinco veces superior. El problema real no es un problema monetario, el problema real está en la ECONOMÍA, que ha sido tan deficiente en todas las empresas estatales, tanto en las industriales, la del comercio y la gastronomía y sobre todo en la agricultura y en las agroindustrias. Por solo poner tres ejemplos. La producción azucarera, la producción de maíz y la ganadería en general, todos estos renglones eran muy eficientes en la República y hoy son sumamente deficientes y dejamos de exportar azúcar y tenemos que importar grandes volúmenes de maíz y dejamos de comer carne de res y se encarecen la carne de cerdo y hay que importar más del 80 % de la carne de pollo. El déficit comercial que ello representa es la causa fundamental de todos nuestros problemas, Y su única solución es la liberación de las fuerzas productivas del país atrapadas en más del 90 % en la centralización estatista, para lo cual existen dos vías diferentes, la vía capitalista que garantiza la eficiencia económica y la productividad aunque aumentaría las diferencias de clases ya existente en nuestro país; la otra, es la vía del verdadero Socialismo que consiste en pasar todos los medios de producción estatales a la gestión directa de sus trabajadores y técnicos en forma de cooperativas o en autogestión obrera lo que garantizará el empoderamiento económico del pueblo trabajador, la eficiencia económica, la productividad del trabajo, el ahorro de materias primas y de portadores energéticos y eliminaría la corrupción galopante y las demás lacras del burocratismo.

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