Protagonismo de la comida criolla en Cuba

Ante la contracción de opciones financieras para importar alimentos, el país  caribeño intenta levantar la producción de viandas, hortalizas, huevos, carne de cerdo, arroz y maíz.

Ante la limitación de combustibles y otros recursos, el gobierno vuelve a insistir en el empleo de la tracción animal.

Foto: Jorge Luis Baños/IPS

En mayo, las primeras lluvias de la primavera regalaron a Cuba un alivio para uno de los problemas mayores en la disponibilidad de alimentos: la sequía. Pero los otros dos, el bloqueo económico de Estados Unidos y la Covid-19, no dan señales de ceder. La pandemia, el más novedoso de los tres, ha elevado este año a un nivel dramático, un punto tradicionalmente tenso en el país.

Los ingresos cubanos en moneda dura experimentaron una contracción brusca con la paralización del turismo y la desarticulación del comercio mundial. Contra la pared quedó la capacidad financiera del país para sostener importaciones sobre las que descansa habitualmente la adquisición y distribución de alimentos a una población de 11,2 millones.

Esas compras externas, estimadas en cerca de 2.000 millones de dólares, ya eran insostenibles antes de aparecer en escena este coronavirus. La política de sustitución de importaciones ha cobrado por tanto una dimensión mucho más urgente.

Ante la amenaza de una crisis alimentaria, el gobierno ha implementado un programa para levantar la producción agropecuaria nacional, que tuvo entre sus primeras acciones la reorientación hacia la agricultura de parte de los recursos que estaban previstos para los hoteles este año.

La sequía se sumó a los daños sobre el cultivo de arroz, cereal básico en la dieta cubana.

Foto: Archivo

Frente a las severas limitaciones de combustibles –agravadas desde mediados de 2019 por la persecución estadounidense a las importaciones de petróleo-, el gobierno cubano insiste en el recurso de la tracción animal para la preparación de los suelos y el acarreo de cosechas.

A la par, maniobra con los agricultores para que incorporen nuevas áreas de siembra y reorienten sus esfuerzos hacia los cultivos de ciclo corto. Plátano, yuca, boniato, calabaza y frijoles se encuentran entre los alimentos que pueden salir beneficiados.

Pero la sequía ha puesto un traspié a estos planes. Al cierre de abril solo se había sembrado el 56 por ciento del plan de viandas y hortalizas, mientras los campesinos esperaban las lluvias de primavera.

La producción arrocera también se vio afectada por la sequía, unido a la limitación de recursos fundamentales: plaguicidas, fertilizantes, semillas. La depresión de la mayor presa de Cuba, Zaza, llevó a una de las mayores empresas arroceras del país, Sur del Jíbaro, en Sancti Spíritus, a reducir en cientos de toneladas los planes del cereal. Agravada por insuficiencia de insumos, en el país la siembra de arroz de la época de frío se incumplió en 22.000 hectáreas y la siembra de primavera arrastraba un atraso de 4.600 hectáreas a inicios de mayo.

Otro cultivo que se proponen relanzar los agricultores en la nueva coyuntura es el maíz, estratégico para sostener la alimentación del ganado y de la avicultura. El Ministerio de la Agricultura planea producir 100 000 toneladas de maíz seco este año, a fin de aliviar la importación de 800 000 toneladas, que absorben 550 millones de los dólares gastados por Cuba en importaciones, montos que el gobierno considera insostenibles.

La producción nacional de maíz daría alguna autonomía a la producción de huevo, una de las cartas fuertes y más estables en los programas gubernamentales de suministro de alimentos. También a la debilitada producción de carne, en particular de ganado menor.

El plátano se encuentra entre los alimentos preferidos por la cocina cubana y por los planes gubernamentales para sustituir con viandas y hortalizas propias los alimentos que no puede importar.

Foto: Jorge Luis Baños/IPS

El ministro de la Agricultura, Gustavo Rodríguez Rollero, reconoció recientemente que los criadores de cerdo habían dejado de entregar a la industria cárnica 11.528 toneladas en el primer cuatrimestre. Pero admitió que no se les habían entregado unas 76.778 toneladas de alimento animal previamente contratadas.

Si la producción porcina mantiene el ritmo actual, unas 9.000 toneladas por mes, quedaría muy por debajo de la lograda el pasado año, un total  de 169.900 toneladas, que incumplió ese año los planes.

A juzgar por reportes de la prensa, las autoridades están respaldando inteligentemente a los mayores y más eficientes productores, al orientar hacia esas granjas y cooperativas los limitados recursos disponibles, incluida las semillas, al tiempo que aboga por un mayor empleo de la agroecología, incluidos los medios biológicos para el control de las plagas y enfermedades. La comida criolla se ha convertido en la alternativa más realista. (2020)

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