Cuba pide agua

La sequía tiende a agudizarse en 2020 sobre todo en La Habana y las principales provincias agropecuarias del país.

Alrededor de la quinta parte de la capital vio afectado este año el acceso normal al agua y ha recurrido a camiones cisterna y otros ajustes.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

La crisis planetaria de la Covid-19 es tan aguda en Cuba también, que ha restado relevancia mediática y política a otro golpe bajo de la naturaleza: la sequía. Aunque no han faltado reuniones de alto nivel gubernamental y reportes en medios de prensa sobre el drama climático, la ausencia de precipitaciones ha perdido notoriedad frente al coronavirus, a pesar de llegar con signos inquietantes.

La gravedad de la sequía amenaza con ser más mayor que otros años por su orientación geográfica. Si tradicionalmente la ausencia de lluvias solía manifestarse con mayor fuerza en el oriente insular, en esta oportunidad se ha ensañado con el occidente cubano, donde se encuentran la capital, La Habana, y la principal área agrícola del país.

De las cuatro provincias que lideran la producción cubana de viandas, hortalizas y otros alimentos, tres se encuentran en occidente: Artemisa, Mayebeque y Matanzas. El golpe es doblemente sensible en momentos en que el gobierno insiste en la producción agropecuaria nacional para hacer frente a la crisis global de la pandemia.

Conspira además con la constante recomendación de extremar las medidas higiénicas para evitar la infección por el nuevo coronavirus.

Lluvias esquivas

Un inicio de 2020 seco en Cuba dio seguimiento a un 2019 que ya había castigado a las provincias occidentales. El año pasado cerró con un acumulado nacional de precipitaciones que el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH) califica de normal: 1.307,6 milímetros, el 98 por ciento de la media anual. Pero ese año la balanza se inclinó a favor de las regiones oriental y central, con el 104 y el 102 por ciento de la media histórica, respectivamente, mientras occidente alcanzó el 86 por ciento: 1.238,4 mm.

Poco antes de concluir marzo, el presidente del INRH, Antonio Rodríguez, envío una señal de alarma en el programa televisivo Mesa Redonda al comentar un bajo acumulado de precipitaciones en 2020. El Instituto de Meteorología (Insmet) había previsto bajas precipitaciones en marzo y en abril. La realidad fue fiel al pronóstico en el primero de esos dos meses. Las lluvias deben llegar en mayo según Insmet, pero el beneficio se sentirá en junio.

En enero el 42 por ciento del territorio nacional concluyó con déficit en sus acumulados, daño que aumento a un 56 por ciento en febrero, según los informes del Insmet.

En tanto, Rodríguez reportó 111 fuentes de agua afectadas en el país, de ellas 89 de forma parcial y 22 totalmente. Como consecuencia, 514 000 personas sufren déficit en el abasto de agua, lo que ha forzado la distribución del líquido mediante conductoras cada siete días o mediante camiones cisterna (pipas).

Sancti Spíritus, una provincia estratégica por contar con el mayor embalse de Cuba –Zaza, con cerca de mil millones de metros cúbicos-, se encuentra en situación de alarma: el recién finalizado mes de marzo resultó el más seco de la última década (menos del 20 por ciento de la media histórica de precipitaciones).

La sequía se ha ensañado esta vez con el occidente agrícola de Cuba.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Drama mayor en La Habana

La situación hidrológica se torna más tensa en la capital, con dos millones de habitantes y principal centro económico de Cuba, bajo presión además por cuarentenas, aislamientos y otras medidas que han semiparalizado la economía para enfrentar la pandemia de Covid-19.

De las cinco fuentes de aguas de la ciudad, cuatro experimentan afectaciones sensibles debido a los bajos niveles de precipitaciones en los últimos 15 meses. La más deprimida es la fuente Almendares-Vento. Tras cerrar el 2019 con acumulado de lluvias del 81,6 por ciento de la media histórica, La Habana llegó a 27,4 por ciento en enero del actual año; 32 por ciento en febrero; y 0,5 por ciento en marzo según datos preliminares.

De más de medio millón de personas afectadas por el déficit de agua en el país, 468 721 viven en la capital, equivalente al 21,8 por ciento de los residentes de La Habana. Más de 58 500 la reciben por pipas; y para casi 256 000 se han alargado los ciclos de distribución.

La entrega de agua mediante carros cisterna se torna más tensa en momentos de limitación energética, por las sanciones de Estados Unidos a navieras de terceros países que trasladan petróleo a Cuba.

Inversiones hidráulicas

Para enfrentar el drama, las autoridades han mantenido como prioridad inversiones millonarias en conductoras, trasvases y acueductos, además de insistir en estrategias de ahorro que implican la instalación de metrocontadores de agua en los hogares.

En abril, los constructores se proponen concluir obras de la conductora de Cuenca Sur, única fuente de la capital con balance favorable. Para esta inversión, Cuba produce tuberías de polietileno de alta densidad de 1 200 mm de diámetro. También ha acelerado la reparación de salideros en los acueductos capitalinos y de otras ciudades, para atajar el alto volumen de agua bombeada que se pierde.

A la par, mantienen puertas abiertas pese al coronavirus fábricas de herrajes y piezas para las redes intradomiciliarias, para reparaciones en el interior de las casas, donde se pierde casi un cuarto del agua bombeada.

Un par de plantas desalinizadoras, perforación de nuevos pozos y la arrancada de inversiones en la presa Maurín, se encuentran entre otras inversiones para compensar el déficit hidrológico de la capital.

Aunque el coronavirus se roba la atención mayor, las noticias de lluvias en ciernes, reordenamientos en distribución de agua e inversiones en acueductos también pinchan con fuerza la atención pública. (2020).

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