Visiones de la pandemia en suelo cubano (9)

Importancia y necesidad de la esperanza. El mensaje de una psicóloga.

Dra María del Carmen Llantá

Foto: Cortesía del autor

Año y medio después de registrarse los primeros contagios de SARS-Cov2 en el archipiélago, los cubanos enfrentan un sostenido rebrote de casos propiciado por las diversas cepas del virus que recorre el mundo desde fines de 2019. Con muy pocas opciones de aislamiento total, la gran mayoría debe seguir saliendo a la calle a diario para resolver sus necesidades más elementales con el consiguiente peligro de infección ante el más mínimo descuido en una cola, en un transporte, en un mercado, o en cualquier otro sitio.

Pero el prolongado encierro entraña también otros peligros para la salud. Vivir en un permanente estado de sitio es en extremo asfixiante, dañino, perturbador. Para saber su parecer al respecto, nos acercamos a un grupo de profesionales de la literatura, las artes, el periodismo, la comunicación, las ciencias, y les preguntamos cómo han lidiado con el tiempo, cómo han transcurrido sus días, qué reflexión quieren compartir sobre esta realidad y cómo imaginan el futuro post pandemia.

MARÍA DEL CARMEN LLANTÁ: LA ESPERANZA ES LO ÚNICO QUE NO SE PIERDE CUANDO CREEMOS QUE TODO ESTÁ PERDIDO

La doctora María del Carmen Llantá (Sancti Spíritus, 1961) dirige el departamento de Psicooncolología del Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología y ocupa la vicepresidencia de la Asociación Cubana de Psicología de la Salud. Apremiada por el tiempo más que nunca, enfocamos la entrevista en los estados emocionales, pero sobre todo en un tema: la esperanza en tiempos de covid-19.

José Antonio Michelena: Profesora, sabemos que usted ha estado desarrollando, por estos días, un tema muy particular dentro de los estados emocionales: la esperanza. ¿Puede resumirnos sus contenidos y su importancia en situaciones como las que atravesamos ahora?

María del Carmen Llantá: Por las implicaciones negativas que ha tenido y tiene la covid-19, al generar malestares y sufrimientos, la esperanza resulta un recurso de afrontamiento vital. Es una categoría psicológica que se asocia a la expectativa positiva de un deseo o una aspiración y que interviene en la regulación de nuestros estados emocionales y comportamientos.

La esperanza es un término vinculado a los recursos positivos que las personas utilizan con mucha frecuencia en la vida cotidiana y que les ayuda a minimizar el impacto de determinados acontecimientos de connotación negativa, regulando su conducta hacia la salud.

Es un estado de ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos, una disposición personal, una característica funcional de los seres humanos que involucra deseos, aspiraciones, motivaciones, expectativas, sueños, proyecciones futuras muy asociada a los planes, metas y objetivos de vida. Es la expectativa de lograr algo deseado dotado de gran significado y sentido personal.

Aunque existan esperanzas generales o universales, también hay esperanzas particulares: las de una persona sana pueden ser diferentes a las de una persona enferma.

También depende de los roles que se asumen —no es lo mismo ser paciente que médico— o de la etapa del ciclo vital en la que se encuentra el individuo. Por eso, cuando se le pregunta a las personas cuáles son sus esperanzas, refieren: Tengo la esperanza de que se controle o termine la pandemia; de no enfermar ni que mis familiares y amigos enfermen; no desajustarme emocionalmente; recuperarme de esta enfermedad; que con las vacunas se logre el control; que no mueran más personas; que se logre la estabilidad económica; que podamos continuar con proyectos individuales y familiares detenidos en el tiempo; que el legado dejado nos convierta en mejores seres humanos; que la humanidad entienda que lo más importante es la vida.

Pero para que las esperanzas sean un recurso positivo, deben estar fundamentadas en pensamientos realistas, por lo que no se construyen y materializan solo con un deseo, o por pensar en ellas de forma positiva, porque es necesario que se tengan los medios y se ejecuten procedimientos, o sea, una conducta pasiva no conducirá a la materialización de las esperanzas. Se supone que si tengo esperanza de no contagiarme debo realizar acciones de autoprotección y autocuidado, mantener una conducta responsable.

En esta situación que se vive, de incertidumbre, inseguridad, ansiedad, miedos, preocupaciones, temores, la esperanza constituye el motor que nos impulsa a conseguir lo que queremos y a mantenernos ilusionados con la vida. Funciona como un amortiguador del distrés emocional para el proceso de ajuste a las nuevas condiciones de existencia.

Y no se trata de cantidad de esperanza, sino de un enfoque simple y realista que promueva sentidos de orientación positiva, por lo que la vacunación, la eficacia de los protocolos de actuación, la atención por profesionales competentes, la adecuada adherencia, entre otros, constituyen fuentes de esperanzas.

Los contenidos de la esperanza se concretan en acciones de responsabilidad y autocuidado con la salud. Ella estimula a no renunciar a proyectos de vida que fueron detenidos en el tiempo y que en algún momento podremos retomar.

Tener esperanza es vital para potencializar la calidad de vida y el bienestar emocional. Mantener y estimular las esperanzas implica un proceso de crecimiento personal.

Debemos recordar que las personas pueden tener miedo a perder las esperanzas, esperan contra toda esperanza y necesitan de la esperanza.

Las esperanzas son necesarias aun en las condiciones más adversas y dan fuerza para alcanzar las metas y proyectos. Ellas dan sentido a la vida y nos ayudan al mejor ajuste en situaciones límites.

Las esperanzas y el miedo pueden coexistir, como está ocurriendo en esta pandemia, pero si nos despojamos de las esperanzas solo nos queda el miedo y este nos puede llevar a conductas de riesgo y por ende nos acerca más a la enfermedad que a la salud.

Por tanto, la esperanza es lo único que no se pierde cuando creemos que todo está perdido porque ella significa un canto a la vida y un compromiso del presente abierto hacia el futuro.

Al decir de Martin Luther King, “si ayudo a una sola persona a tener esperanza, no habré vivido en vano”. (2021)

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