Viejas deudas retrasan la participación femenina en el campo cubano

Este trabajo integra la serie Cubanas y agroecología, un esfuerzo conjunto de la oenegé humanitaria Oxfam e IPS Cuba, sobre género y transición agroecológica en el país.

Una mujer camina junto a dos niñas por el poblado de Chivirico, en el municipio Guamá, en la oriental provincia de Santiago de Cuba. En las zonas rurales se reporta menos acceso a servicios de cuidados. 18 de mayo de 2013.

Foto: Jorge Luis Baños/IPS

La Habana, 20 sep.- En el huerto intensivo El Cachón, en la comunidad costera de Cojímar, la productora Elizabeth Grillo aplica todos sus conocimientos sobre agricultura sostenible. Ella se siente afortunada por tener ese pedazo de tierra en la periferia habanera, algo de difícil acceso para las cubanas en la actualidad.

Poco a poco, un curso aquí, un taller allá, Grillo acumuló los saberes sobre agroecología que aplica en su terreno de 1,03 hectáreas. Ahí hace conservación de suelos, diversifica y asocia cultivos, siembra o planta según la época y variedad, usa plantas repelentes y produce y conserva semillas.

Con lo interiorizado a lo largo de los años en capacitaciones diversas y encuentros de productores, esta productora apuesta también al empleo de abonos orgánicos, insecticidas naturales y productos biológicos.

La viabilidad de esos aportes, por ejemplo, para el medio ambiente, los ha comprobado en El Cachón. “Sin dudas, estas prácticas han contribuido al aumento de la micro y macro flora, la sostenibilidad e inocuidad”, dijo a la Redacción IPS Cuba.

Algo similar le ha sucedido a Dulce Reina Herrera, de la finca El Paraíso, también en La Habana del Este.

Para lograr mayor participación femenina y liderazgo, falta aún sensibilización y concientización sobre la importancia para el mundo y sobre todo, para Cuba, de estas prácticas, porque ciertamente aumentan la sostenibilidad y resiliencia de los sistemas alimentarios productivos”.

Elizabeth Grillo, finca El Cachón

“Las prácticas agroecológicas fueron la alternativa más eficiente que tuvo el campesinado para seguir sembrando la tierra, que contribuyó a la protección y conservación de los suelos, propios de la naturaleza”, opinó Herrera.

Aunque a algunos no les guste reconocerlo, la agroecología fue retomada por la falta de recursos. “Se quería productos eficaces y rápidos o no se sembraba, porque no se creía en los resultados… todavía hay muchos así por ahí”, aseguró.

No obstante, esta productora considera que la agroecología “llegó para quedarse”. “Hemos aprendido que para tener salud física y ambiental, hay que desarrollar productos agroecológicos… tiene muchos seguidores en el mundo y en nuestro país”, amplió.

El I Informe Nacional Voluntario de Cuba 2021 reportó que en 2019 eran mujeres 16 por ciento de las 275.762 personas usufructuarias de tierras y 32 por ciento de los 97.341 propietarios de parcelas. De las 802.500 personas empleadas en 2020 en el sector de la agricultura, ganadería y silvicultura, apenas 138.500 eran mujeres, según el anuario estadístico.

La Estrategia de Género del Sistema de la Agricultura de Cuba 2015-2020 incidió en ese y otros aspectos y el Programa para el Adelanto de las Mujeres (PAM) incluye un acápite específico dentro del área de empoderamiento económico femenino, para “propiciar la participación de las mujeres campesinas, sobre todo jóvenes, en fuentes de empleo diversas”.

Falta mucho más

No ha sido color de rosas llegar hasta lo que han logrado hoy en materia de producción y empoderamiento femenino en este campo.

Conoce a la geóloga y agroecóloga cubana Yusmira Savón, que participó en el proyecto regional Ponte Alerta Caribe: Armonizando estrategias y herramientas de gestión de riesgos con enfoque inclusivo en el Caribe (2018-2019)

Aunque muchas mujeres cubanas se han sumado a estas prácticas, faltan todavía muchas más para alcanzar la ansiada soberanía alimentaria. Como en la agricultura convencional, en los espacios donde se practica la agroecología persisten obstáculos y problemas.

“Para lograr una mayor participación femenina y liderazgo, falta aún sensibilización y concientización sobre la importancia para el mundo y sobre todo, para Cuba, de estas prácticas que aumentan la sostenibilidad y resiliencia de los sistemas alimentarios productivos”, consideró Grillo.

Entre los obstáculos que impiden una mayor incorporación femenina, la agricultora incluye la carencia de servicios estatales de cuidados, aunque ya existan privados e informales, sobre todo guarderías.

Para esta mujer, de 55 años, “el mayor impedimento está en el cambio de mentalidad, persiste en ocasiones un machismo muy fuerte hasta en las propias mujeres, que ofrecen resistencia al cambio dentro de la propia familia”.

“La capacitación, las Casas de Orientación a la Mujer y la Familia y la existencia de proyectos con enfoque de género, pueden dar muchas oportunidades para una mayor incorporación femenina al agro cubano”, sostuvo.

Y reiteró: “la capacitación es la clave para sensibilizar y empoderar a las personas, unida a la divulgación, por todas las vías posibles, de las experiencias exitosas”.

Para Herrera, muchas mujeres son las que desarrollan los proyectos agroecológicos, pero “hasta en ese tema tuvo que ver mucho el machismo”.

A su juicio, “hay que abrir los caminos y apoyar a las mujeres en su empeño en el desarrollo de sus fincas para cerrar brechas de género. La capacidad de nuestras mujeres es tan alta que para recibir un salario tienen que realizar varias tareas dentro de la agricultura.

“Nos falta desarrollar un movimiento de alimentación sana y capacitación, de inversión y apoyo a los proyectos, así como el reconocimiento social y económico: no es lo mismo un mango con químicos que uno con métodos naturales, hay que valorar esa diferencia”, consideró Herrera.

De acuerdo con Otto Manuel Anderez, investigador del estatal Instituto de Investigaciones Fundamentales en Agricultura Tropical Alejandro de Humboldt, es preciso dar mayor participación a mujeres en la toma de decisiones.

El también asesor del Grupo de Jóvenes Agroecólogos de la no gubernamental Asociación Cubana de Técnicos Agrícolas y Forestales identifica como desafíos preparar más a las mujeres jóvenes, así como mejorar los servicios de apoyo a la familia en las comunidades.

“Es decir, que haya círculos infantiles y abastecimientos regulados de manera que la mayoría pueda alcanzar y tenga acceso”, dijo.

El informe Condición y posición de mujeres rurales en Cuba menciona como barreras para la incorporación y permanencia de las mujeres en el sector agropecuario: rudeza del trabajo agrícola, malas condiciones de trabajo en las cooperativas, insuficiente capacitación técnica, bajos salarios por los trabajos típicamente femeninos y la sobrecarga doméstica.

Al analizar investigaciones sobre el tema realizadas entre 2010 y 2018, el texto enumera otros relacionados con los cuidados: atención a los hijos y poco desarrollo de servicios de cuidados infantiles, de personas adultas mayores y con discapacidad.

El informe indica que “aunque en muchos casos promueven experiencias de vida de mujeres rurales líderes en su trabajo o su comunidad, identifica la reproducción generacional acrítica de la división sexual del trabajo, donde continúan la mujeres asumiendo por diferentes generaciones la mayoría de las tareas del hogar y aquellas asociadas a los cuidados”. (2021)

Su dirección email no será publicada. Los campos marcados * son obligatorios.

Normas para comentar:

  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.