Dinámicas intergeneracionales en la comunidad cubana al Sur de la Florida: Identidad y política en la segunda generación

Sobre la emigración cubana más reciente en Estados Unidos escribe la especialista Marta Díaz en una de nuestra publicaciones de 1999.

Jorge Luis Baños - IPS

«Algunas personas eligen sus batallas, otras las heredan» (1). Estas palabras de una joven nacida en Miami, hija de cubanos, pueden servir de punto de partida en el tema que se trata. En ellas se recoge el sentir de muchos otros jóvenes de segunda generación que, como ella, buscan sus raíces, construyen y reconstruyen su identidad en una cotidianeidad marcada por las contradicciones y conflictos que se suceden a nivel personal, familiar y social del contexto en que viven.

Ciertamente, el peso demográfico que tiene esta generación es aún modesto en el conjunto de los cubanos que residen en Estados Unidos, pues apenas representan el 27,5% (2) de ellos. Sin embargo, su significación desde el punto de vista sociopsicológico se revela como un elemento de singular fuerza por lo que ella aporta a la actual heterogeneidad que caracteriza a esta comunidad, tanto en términos sociales como políticos y económicos.

Por otra parte, el estudio de esta generación, de sus características y rasgos sociopsicológicos permite realizar una proyección hacia el futuro de esa comunidad y sus relaciones con el país de origen, relaciones que obviamente, no sólo pasan por la evolución que tenga el grupo fuera de Cuba.

El tránsito generacional es en sí mismo un proceso conflictivo, donde aflorancontradicciones que se derivan de los momentos de ruptura que acompañan al proceso, esto es válido en cualquier sociedad que analicemos. Pero si dicho proceso transcurre – como es el caso – en el seno de un grupo de inmigrantes, entonces determinados conflictos pueden verse potenciados pues la continuidad – también inherente al tránsito generacional – debe sortear obstáculos que introduce el cambio de escenario geográfico
Observar el carácter de proceso dinámico inherente a todos lo fenómenos relacionados con la identidad resulta particularmente útil al estudiar la psicología de este grupo cuyo protagonismo y visibilidad comienzan a hacerse evidente en los últimos años, a diferencia de la segunda generación de otros grupos de inmigrantes en Estados Unidos que ya cuentan con una historia de más de 100 años y cuyos procesos de identidad han alcanzado una estabilidad relativa mucho más constatable. Esto, por otra parte, esta dejando claro desde el principio, que no me anima ninguna intención generalizadora ni la pretensión de dar una respuesta única y definitiva al tema que abordo.

En su lugar, me limito a contribuir – muy modestamente – a la comprensión de cómo y cuáles son los cambios que se están operando en el seno de Miami, como consecuencia de uno de los factores que intervienen en el mismo, las relaciones entre generaciones, tomando como eje para el análisis la identidad de estos jóvenes.

Me parece de interés precisar el por qué del título que preside las ideas que presento: Identidad y Política. Sabido es que sólo en el contexto de unainvestigación concreta se hace posible fragmentar la realidad, lo cual por supuesto, tiene muchas veces más inconvenientes que elementos a favor. Al igual que en otros procesos y fenómenos, cuyo depositario es el sujeto, los procesos de identidad se encuentran atravesados por un complejo entramado de variables y condicionantes internas y externas a la personalidad, que sólo pueden aproximarnos a la interioridad del proceso si los analizamos en sus interrelaciones mutuas.(3)

Esto quiere decir por tanto, que de ninguna manera se asume que sea la política el único elemento que intervenga en los procesos de identidad en la segunda generación de cubanos en Estados Unidos; la familia, la cultura, los elementos clasistas, el grado de desarrollo alcanzado por la autoconciencia de los sujetos, entre muchos otros, están simultáneamente influyendo en la conformación de la identidad del grupo.

Por supuesto que la política comprende un espectro mucho más amplio del que se presenta en este trabajo. Por tanto, no se debe esperar de él un análisis de la identidad política del grupo ni de su socialización política, temas por demás de gran interés pero que no constituyen objetivo de análisis en esta ocasión. Interesa en este caso la política sólo desde el ángulo que nos permite evaluar su impacto en los procesos de identidad, a través de las relaciones de la segunda generación con el país de origen.

Es imposible perder de vista que fue precisamente el cambio del sistema político (y todo lo que ello trajo consigo) en el país de origen, lo que marcó el inicio de lo que sería luego esta comunidad, por lo que desde su surgimiento la política ha sido un elemento medular presente en todos los procesos y el desarrollo mismo de esta.

Desde Cuba, si bien se han ido operando cambios en la forma en que socialmente son percibidos los cubanos que emigran hacia Estados Unidos – y esto resulta válido fundamentalmente para los que emigran en años recientes – continúan vigentes valoraciones y regulaciones que han tenido una repercusión significativa en el curso que han seguido los procesos de identidad en el seno de la comunidad, entre ellos, la imposibilidad de regresar definitivamente al país de origen lo cual no resulta simplemente un elemento más en el tema en que nos movemos por su profunda significación psicológica.

En las condiciones de Cuba, la díada emigración y política resulta inseparable, sobre todo si el referente son los emigrados cubanos en Estados Unidos. Allí, como en ninguna otra parte, la política hacia Cuba está atravesando constantemente todas las dinámicas que se suceden en el nivel familiar y de la comunidad, bajo la sombrilla mucho más abarcadora que comprende las propias relaciones entre los dos países. De modo que dos de los niveles más importantes que constituyen escenarios en los que se conforma y desarrolla la identidad de estos sujetos (la familia y la comunidad) están siendo impactados constantemente por la influencia de factores políticos.

Una razón más para referirme a la política en las ideas que presento, responde al contenido profundamente subjetivo que está mediatizando las relaciones e influencias que puede ejercer esta esfera (de nuevo, hacia el país de origen) en la identidad de la segunda generación (4). Ello responde a un hecho que escapa totalmente a cualquier intención de manipulación o control. Y es que para la gran mayoría de estos jóvenes Cuba es esencialmente historia, cuentos escuchados una y otra vez de boca de los padres y abuelos, lugares, paisajes, sucesos, que solo existen en la imaginación. Ellos nacieron fuera de Cuba, y la mayor parte sólo la conoce a través de la oralidad familiar, de viejas fotos, de recuerdos cargados de nostalgia. De modo que la forma en que cada joven hace suya la historia de la familia en Cuba y la propia historia migratoria familiar, a partir de la cual se reconstruye la vida de la familia y la propia en el seno de la comunidad, dependerá en gran medida de los elementos subjetivos que cada sujeto le incorpore a este proceso, donde encuentran terreno bien fértil las contradicciones inherentes a cualquier proceso de identidad.

PRESUPUESTOS TEÓRICOS

Los influjos de la llamada era «postmoderna», los movimientos migratorios internacionales, la globalización y la incesante revolución del mundo de las comunicaciones, han servido de estímulo para el estudio de la identidad; que ya sea acompañada del apellido nacional, étnica, de género u otro, aparece recurrentemente en la literatura de la actual década.

Los científicos sociales por su parte, han tenido que enfrentar el reto de un contexto social donde cada vez más el hombre participa de una experiencia que trasciende el aquí y ahora. Como consecuencia de ello, la propia psicología social, so pena de perecer en un mar de preguntas sin respuestas, se ha visto obligada a redefinir nociones concernientes a la psicología de los sujetos y fenómenos que pretende explicar. Entre ellas, además de las nociones de espacio-tiempo y presencia-ausencia en que transcurre el mundo experiencial del sujeto, el propio concepto de subjetividad individual y social ha tenido que ser reanalizado en aras de otorgarle un lugar realmente significativo en la conformación y desarrollo de procesos psicológicos tales como la identidad.

Una consecuencia visible de ello está implícita en las diferentes aproximaciones teóricas que se presentan en la actualidad, las cuales por lo general han superado el viejo esquema según el cual la identidad debía ser analizada sólo a partir y sobre la base de aquellos elementos externos o características objetivas tales como el idioma, el territorio, la religión, u otras, presentes en un sujeto o grupo.

En su lugar, aparecen propuestas que, aún sin compartir todos los puntos de vista, coinciden en reconocer un conjunto de rasgos y características afines a los procesos de identidad. Algunas de estas consideraciones, en las que se apoya el estudio realizado, se presentan de manera resumida a continuación.

En primer lugar se destaca que la identidad constituye un sistema complejo conformado a partir de múltiples relaciones internas y externas que influyen en él. Las muy diversas formas en que ella se define, así como los diferentes niveles de análisis a partir de los cuales puede ser abordada y en que se estructura (nacional, étnica, de género, política, cultural, social e individual, y somático), son un ejemplo de esta complejidad.

Otra característica importante de la identidad, cualquiera sea su nivel de expresión, es su dinamismo, de donde se deriva la inevitabilidad de entenderla como un proceso, como una construcción psicológica en constante transformación y movimiento durante toda la historia de la persona, donde tienen lugar momentos de continuidad y ruptura; como «un proceso que se transforma constantemente en términos históricos y sociales» (5)

Como elemento clave de la realidad subjetiva, social e individual, la identidad se halla en una relación dialéctica con la sociedad. Como señalan Berger y Luckman»la identidad se forma por procesos sociales. Una vez que cristaliza es mantenida, modificada o aún reforzada por las relaciones sociales».(6)

Para el estudio de la identidad de los inmigrantes, desde una perspectiva de análisis sociopsicológica – en la que se consideran en su interrelación las características macrosociales y las del contexto más inmediato en que vive el sujeto – se destaca la Teoría de la Identidad Social de Tajfel, quien enfatiza el rol causal de la categorización y comparación social, procesos presentes en todos los fenómenos de identidad.

Es sobre la base de las categorías que se construyen socialmente, y luego de la comparación que hace el individuo al sentirse parte de dicha categoría, tanto con aquellos que están incluidos en su propia etiqueta como con los que están fuera de ella, que emergen las similitudes y diferencias que dan fundamento a determinada identidad.(7)

Si bien la identidad existe como sistema cognoscitivo y representación social que sirve a los individuos como elemento de categorización y por tanto de orientación, ni siquiera es posible hablar de identidad si no se consideran sus componentes afectivos y de actitud. Al respecto, diferentes autores enfatizan la importancia de los sentimientos de pertenencia y la satisfacción u orgullo que se deriva de la adscripción a determinada categoría (sea cubano, cubano-americano, hispano u otra), como elementos indispensables para hablar de una identidad fuerte y positiva.(8)

Con independencia de los fines políticos, de discriminación y manipulación que han estado subyacentes en el tratamiento que se ha dado al tema de los diferentes grupos étnicos en Estados Unidos, y de las imprecisiones inherentes a las categorías bajo las cuales se agrupan, en la actualidad los cubanos forman parte de este espectro, en particular la segunda generación.

Además de compartir un ancestro y un pasado histórico común, entre ellos están presentes elementos simbólicos culturales comunes, de un mismo pueblo. Por otra parte, constituyen un grupo socialmente bien definido, tanto a su interior como en comparación con otros grupos diferentes a ellos.

«La cultura y la historia – dice Nagel – son la sustancia de que se nutre la etnicidad. Ellas son el material básico usado para construir el significado étnico.(9)

En el caso que nos ocupa, es importante destacar que la inserción de los inmigrantes cubanos en la sociedad norteamericana no ha implicado la pérdida de las raíces culturales. Renunciar a las raíces culturales no ha sido una estrategia desarrollada en la búsqueda de una adaptación e inserción exitosa. Por el contrario, se han mantenido vivas estas raíces que identifican los identifican como grupo étnico y que han devenido además en pilar fundamental en la propia conformación y permanencia de la comunidad al sur de la Florida.

Considerando todos los elementos antes expuestos, la identidad etno-cultural de la segunda generación de cubanos debe ser estudiada atendiendo a hechos objetivos (lenguaje, características ocupacionales y económicas, territorio, entre otros) y rasgos culturales específicos, pero situando a su vez en un lugar relevante el fuerte contenido subjetivo que ésta encierra; pues de acuerdo conGeorge de Vos, la identidad étnica de un grupo consiste en la utilización que hacen sus miembros de determinados aspectos de la cultura, desde una subjetividad simbólica, para diferenciarse entre ellos mismos y de otros grupos étnicos.(10)

Otros autores como C. Martín y Rolando Arbesún (1995) también se refieren a la necesidad de contemplar elementos objetivos y subjetivos formando parte de la identidad étnica, los cuales cristalizan en construcciones subjetivas de los sujetos, las cuales pasan por las elaboraciones míticas que de sí mismos realizan los emigrados.

Otro aspecto de interés que guarda estrecha relación con el carácter dinámico de la identidad, es señalado por J. Phinney (11) cuando plantea que la identidad étnica puede ser diferente entre los miembros de un mismo grupo, pero incluso y más relevante aún, puede ser diferente en un mismo sujeto a lo largo de su vida. A partir de su experiencia vital, los sujetos pueden someter su identidad a un proceso de reevaluación, con lo que se modifican las implicaciones psicológicas que ésta tiene y en consecuencia su identificación con el grupo étnico de referencia en la medida en que varía la significación subjetiva que tiene el grupo para los sujetos.

Se hace necesario destacar asimismo, que la identidad étnica es el producto de atribuciones sociales; se construye tanto a partir de lo que el individuo y el grupo piensan que su identidad étnica es, como a partir de lo que otros que están fuera del grupo piensan que es.(12)

Ahora bien, no son sólo componentes subjetivos y rasgos culturales los que participan en este complejo proceso y su estructuración. La conformación y expresión de los rasgos culturales no ocurre desconectada y aislada del resto de los procesos económicos, políticos y sociales que se suceden en la sociedad. Como señala Díaz-Polanco, es sobre la base de dichos procesos que surgen múltiples factores de cohesión socioétnica.(13)

En el caso de los cubanos no se debe perder de vista que, además de la fuerza con que se ha mantenido vigente la cultura de origen, también y simultáneamente factores políticos e ideológicos y económicos, han tenido un peso significativo en la cohesión del grupo.

Los factores políticos en particular, no han estado ausentes en los procesos de identidad de la segunda generación de cubanos. Dichos factores, han dejado sentir su influencia a partir de la existencia de una cultura política formulada y difundida en esa comunidad, que cobra forma en la llamada «ideología del exilio».(14)

Los portadores de tal ideología han desempeñado un papel central en la socialización de la segunda generación, tanto a través de la familia (por supuesto, con diferentes comportamientos en cada una de ellas), como a través de las instituciones educacionales, las organizaciones políticas y sociales y muy en particular, los medios de difusión.
En tanto proceso histórico, para aproximarnos al conocimiento de cómo ocurre la construcción de la identidad de un grupo, se debe tomar en cuenta como variables importantes aquellas que se derivan del contexto histórico social concreto en que surgen y se desarrollan los fenómenos de identidad, así como todos los factores contextuales que sobre el proceso pueden estar influyendo.

Entre estos factores contextuales, para el caso que se estudia, merecen particular atención los siguientes:

-El rol desempañado por la esfera política e ideológica, presente con inusitada fuerza en la propia conformación de la comunidad cubana en el sur de la Florida, y en las relaciones que han existido entre ésta y el país de origen. Ello ha implicado ruptura y distanciamiento durante años de forma absoluta, y aún hoy, para muchos, hace inadmisible cualquier forma de vínculos. Los que conformaron las primeras oleadas migratorias, al autopercibirse como exiliados y mantener la idea de un pronto regreso a la isla, revistieron de un ropaje ideológico los procesos de identificación del grupo, tanto para los que eran exiliados, como para los que posteriormente se han considerado emigrantes.

Es importante tener en cuenta entonces, la noción de exilio y como ésta ha sido interiorizada por los miembros de la segunda generación. La autoidentificación como exiliados, con toda la carga subjetiva que encierra, no se ha mantenido estática durante todos estos años ni siquiera para todos los que formaron la comunidad, menos aún puede ser analizada dicha noción como invariable entre los sujetos que la han heredado de sus padres.

Como tendencia, esta nueva generación se ve a sí misma más como emigrados que como exiliados (15), a lo que se añade la transformación de rasgos etno-culturales como el mayor dominio y preferencia por el idioma inglés. Esto los aparta de algunas de las influencias socializadoras más significativas en la transmisión de la ideología del exilio, como son los medios de comunicación de habla hispana.

Sin embargo, la fuerza que todavía tiene dicha cultura política a nivel de la comunidad, hace que aún cuando ésta no sea completamente congruente con muchas de la opiniones de los jóvenes, no ha llegado la fase en que ellos estén en condiciones de contradecirla. Al respecto R. Dahl apunta: «_consciente o inconscientemente, siempre estamos probando la congruencia de las ideas nuevas con las ya adquiridas y, por lo general, solemos rechazar aquellas cuando son inconsecuentes con éstas. Cuando las ideas nuevas y viejas entran en conflicto se precisa una enorme cantidad de percepciones contradictorias para arrancar las creencias antiguas firmemente establecidas»(16)
-La actitud mantenida después de 1959 por el gobierno norteamericano en relación con los inmigrantes cubanos, lo cual ha reforzado sus diferencias con el resto de los inmigrantes hispanos y ha estimulado la conservación de sus posiciones políticas.

-La existencia del enclave socioeconómico creado por los cubanos en Miami, «que ha provisto una infraestructura socioeconómica que ha permitido que muchas expresiones de carácter cultural y lingüístico con raíces latinoamericanas persistan y echen raíces profundas en medio de dicha comunidad».(17)

-El constante flujo migratorio de cubanos hacia Estados Unidos, lo cual ha operado como un elemento de renovación y actualización constante de la cultura del país de origen en el seno de los emigrados cubanos.

-La organización familiar desarrollada por los cubanos en Miami, que ha posibilitado, entre otras, el ascenso social entre sus miembros y la conservación de los rasgos de identidad del país de origen y su transmisión a las nuevas generaciones.

 

SOBRE LA METODOLOGÍA UTILIZADA

La obtención de los datos se realizó a partir de un abordaje metodológico cualitativo. Fueron realizadas 20 entrevistas a profundidad a partir de una guía semiestructurada, a jóvenes que debían cumplir las condiciones siguientes: tener entre 20 y 35 años en el momento de la entrevista, haber nacido en Estados Unidos y que al menos uno de sus padres fuera cubano, o si había nacido en Cuba, haber emigrado hacia Estados Unidos antes de los 7 años de edad.

Las entrevistas se desarrollaron con un tiempo promedio de 1:45 horas, y en ocasiones fue necesario más de un encuentro con cada sujeto. Es importante destacar que algunas entrevistas se realizaron en el hogar de los jóvenes, en el de amigos o familiares. Ello permitió acceder directamente – a través de la observación – a un conjunto de informaciones relevantes para el estudio.

La selección de los sujetos se realizó a partir de la técnica muestral conocida como «bola de nieve». Para ello resultó de utilidad el conocimiento previo que se tenía de personas residentes en Miami, quienes facilitaron el acceso a los primeros sujetos y éstos a su vez, fueron sumando a otros jóvenes a la muestra.

Las entrevistas fueron realizadas por la autora en la ciudad de Miami, en el mes de febrero de 1998. La gran mayoría de éstas fue posible desarrollarlas en español, ya que la casi totalidad de los entrevistados eran bilingües. Sólo dos sujetos desearon que ésta transcurriera en inglés, pues se sentían «más cómodos» expresando sus ideas en esta lengua.(18)

Las mismas se prolongaron un tiempo promedio de 1:40 horas, y en ocasiones fue necesario más de un encuentro con cada sujeto. Es importante destacar que algunas entrevistas se realizaron en el hogar de los jóvenes, en el de amigos o familiares. Ello permitió acceder directamente – a través de la observación – a un conjunto de informaciones relevantes para el estudio.

La muestra quedó conformada por 20 jóvenes, 11 del sexo femenino, cuyas edades oscilaban entre 17 y 30 años de edad. Según la ocupación, 12 eran estudiantes (8 universitarios) y 8 eran trabajadores (8 profesionales) Del total, 15 eran nacidos en Estados Unidos y el resto nació en Cuba y emigró en edades muy tempranas. Habían visitado Cuba 4 de los sujetos entrevistados. Igualmente resultó heterogénea en función del status socioeconómico y la historia migratoria familiar de los sujetos seleccionados.

El único rasgo que no logró estar representado en toda su amplitud, fue la posición sociopolítica, pues estuvieron ausentes los participantes activos en la política, tanto interna como hacia Cuba. Es cierto que el sector que se encuentra activo en la política, sobre todo en la segunda generación, es un número reducido, y por tanto, la imagen que brinda la muestra debe corresponderse con la posición de la mayoría de los jóvenes, el promedio.

Resultados

CONFLICTO E IDENTIDAD

Las diversas situaciones que enfrenta la segunda generación que se desarrolla en el contexto del enclave étnico formado por los emigrantes cubanos en el sur de la Florida, dan lugar a múltiples conflictos (19) que se expresan en el proceso de llegar a definir la identidad etnocultural por estos jóvenes.

Estos conflictos se pueden expresar en diferentes planos o niveles. Unos se derivan de la pertenencia a una generación diferente en términos etáreos. Es la lucha de todo joven por llegar a tener una identidad propia, que realmente sea una expresión de continuidad lo cual no significa en modo alguno que se trate de una reproducción de la identidad de los padres. Es la confrontación entre viejos y nuevos valores en torno a la educación de los hijos y la independencia, las normas que pautan las relaciones interpersonales, el propio sentido de la vida, las aspiraciones y proyectos de vida.

Otros tienen su origen en el mundo bicultural que marca la cotidianeidad de la segunda generación. Se vive constantemente, al menos en dos mundos. El mundo «cubano» de la familia, del español con los abuelos y a veces los padres, de los frijoles negros y el lechón asado, de la familia reunida recordando la vida en Cuba, de Celia Cruz y no te bañes después de comer… Y de otra parte, de la puerta hacia afuera, el mundo americano, el inglés con los amigos, en el trabajo y/o la escuela, el medir las palabras y las acciones, de otras normas en las relaciones interpersonales, de la música en inglés, de no ver el canal 23.

«…es triste, es triste porque estoy en Estados Unidos, nací aquí pero no soy americana; me voy a Cuba y no soy cubana, entonces estoy en el medio…esto no fue algo que yo escogí, tuve la oportunidad de nacer en otro país, bueno, me vas a condenar por el resto de mi vida? Eso no funciona así…»(Norma)

Estas palabras expresan el sentir de una buena parte de los jóvenes que he venido entrevistando en mi investigación. Nacer y crecer en Estados Unidos, específicamente en Miami y en el seno de una familia de emigrados cubanos, representa un conflicto para la segunda generación que plantea retos constantes a la convivencia social y familiar. Para estos jóvenes, el proceso de autodefinirse a partir de las diferencias y similitudes con «el otro», tiene un contenido profundamente conflictivo. No existe «el otro», en realidad existen «los otros». Desde el mundo de la cultura, la autodefinición de estos jóvenes no se hace sólo a partir de su comparación con la generación de los padres y de los americanos, junto a ello resulta inevitable observar a los miembros de otros grupos étnicos inmigrantes y los propios jóvenes llegados de Cuba en fechas recientes con los que se comparten espacios sociales y en ocasiones familiares.

En cada uno de estos grupos se encuentra la confirmación de lo que se es y al mismo tiempo de lo que no se es. Sobre todo para aquellos que han tenido la posibilidad de vivir por períodos de tiempo fuera de Miami, la autodefinición como miembro de una cultura específica alcanza estadios cualitativamente superiores, en especial se gana conciencia de no ser lo que se creía ser.

Mientras los jóvenes viven sólo en el contexto del enclave étnico, muchos de ellos sienten que son portadores de rasgos que los identifican con la cultura norteamericana, pero en la medida en que su mundo de experiencia se desarrolla en un contexto cultural donde predomine «lo norteamericano», se cobra conciencia de no ser tan americanos como creían ser. El mismo proceso tiene lugar cuando algunos de ellos visita Cuba. Si hasta ese momento pensaban que eran cubanos, de pronto se enfrentan a la realidad de no identificarse con muchas de las normas, valores, costumbres, formas de relacionarse e incluso comunicarse a través del idioma español , que encuentran en Cuba.

Algunas reflexiones de los jóvenes resultan muy ilustrativas:

«…yo misma, al irme a vivir a otro estado me encontré que los que eran americanos entre comillas me rechazaron del todo, me decían que no era posible que yo fuera americana. Yo podía estar hablando inglés todo el tiempo y no se lo llevaban, pero cuando veían mi apellido, era todo lo que hacía falta»(N)

«…nosotros vivimos un tipo de purgatorio: ni de aquí ni de allá. El único lugar donde vivo rodeado de gente como yo es en Miami. Fuera de aquí me siento como pez fuera del agua. En Cuba me decían el yuma , me sentí engañado y para qué enseñar y criar a mis hijos en manera cubana si allá siempre los van a ver como extranjeros? . (Ch)

Es por ello que para la gran mayoría de la segunda generación de cubanos en Miami, constituye espacio común de encuentro e identificación lo que se ha llamado la identidad cubano-americana, que no pretende ser más que una mezcla de ambas culturas, la cubana y la americana, pero llegado este punto se hace necesario una aclaración, es la cultura cubana de Miami y la cultura americana de Miami. Pero, no nos quedemos aquí. No se trata de una simple mezcla donde los elementos de adicionan mecánicamente, sin que ocurran interacciones entre ellos, esta idea la retomaremos más adelante.

«…Miami lo ven, los que viven fuera, los jóvenes ven a Miami como sus raíces aunque nunca han vivido aquí ni sus padres tampoco porque se fueron a otros estados…para ellos Miami es encontrar su cubanía y les encanta». (Luis)

La identidad cubano-americana existe, en tanto existe el sentimiento compartido por una generación de pertenecer a un grupo social particular con una identidad propia, que los diferencia de las generaciones de inmigrantes cubanos llegados a Estados Unidos en cualquier momento histórico, y que los diferencia de otros grupos étnicos en el contexto social que comparten. Pertenecer a esta segunda generación lleva implícito para la mayor parte de los miembros de este grupo, el reclamo de una identidad propia, la cual tiene una alta significación psicológica para estos sujetos pues legitima el derecho a ser portadores de rasgos que, desde una continuidad básicamente cultural, se acompaña de necesarias rupturas en relación con generaciones precedentes.

Una de las esferas en que se hacen ya evidentes estas diferencias es la esfera política, en particular la proyección que tiene esta generación hacia el país de origen. Y es que la identidad cubanoamericana no puede ser solamente analizada a partir de su dimensión cultural, como la simple sumatoria y mezcla de características que provienen de dos culturas. La identidad cubanoamericana es una construcción en proceso que abarca todas las esferas de desarrollo y expresión del sujeto individual y social que la porta. La cultura no existe divorciada y al margen del resto de las esferas de la vida de los individuos, de ahí que no sea posible reconocer que la identidad de la nueva generación se circunscriba a sus características culturales.

Pertenecer a la segunda generación y autodefinirse como cubanoamericano se acompaña también de una nueva y diferente aproximación a Cuba como el lugar histórico concreto donde se buscan las raíces. Pero como esta relación con el país de origen está constantemente atravesada por valoraciones de tipo político, la búsqueda de una identidad etnocultural propia por estos jóvenes tiene que pasar necesariamente por la evaluación que desde la política hace la familia y la comunidad.

En la base de este sentimiento de pertenencia a la identidad cubano-americana se encuentran un conjunto de características que son compartidas por los miembros de la segunda generación. En primer término, y quizás la más importante desde mi punto de vista, el hecho de que comparten necesidades, aspiraciones y proyectos de vida que se diferencian en determinados aspectos de los que portan los inmigrantes cubanos de diferentes oleadas migratorias.

Esto no quiere decir que la segunda generación pueda ser vista como un grupo homogéneo. Es posible encontrar diferencias al interior del grupo en el contexto del enclave, que están condicionadas por la pertenencia socioclasista, la historia migratoria familiar en la cual se incluye el momento histórico concreto en que la familia emigró y el período histórico en que ha transcurrido la socialización del joven.

Pero algo que resulta común a todos ellos es que, mientras las generaciones inmigrantes miran hacia el país de origen, para reevaluar el pasado, vivir el presente y en alguna medida incluso para proyectarse al futuro, pues siempre su punto de referencia es su vida en Cuba, para los jóvenes que han nacido y crecido en Estados Unidos el punto de referencia para cualquier análisis, pasado, presente o futuro, se ubica ineludiblemente en el contexto de los Estados Unidos, o más específicamente en Miami.

Los conflictos antes mencionados se pudieran sintetizar de la siguiente forma:

a) conflictos entre el ser y el deber ser, es decir, entre lo que ellos son, tanto cultural como políticamente y lo que la familia y el contexto social considera que ellos deben ser, es decir, como ellos son en realidad y como se ven a sí mismos y de otra parte como la familia y la comunidad quisiera que ellos fueran y/o como los ven.

Hay dos razones al menos que están en la base de esta dicotomía. Una es el temor de los padres a perder en esta generación la mal entendida continuidad de lo cubano desde la dimensión de la cultura. La otra es de orden político. Pero en el caso de Miami están muy unidas ambas dimensiones, ser cubano ha significado por mucho tiempo en esa comunidad asumir determinadas posiciones políticas con relación al país de origen. Ser un buen cubano en Miami es hacerse eco de la llamada ideología del exilio, y esta generación parece alejarse de esta conceptualización.

2-conflictos de contenido marcadamente afectivo, que se dan entre el orgullo y la significación psicológica que tiene para la segunda generación descender y pertenecer al grupo cubano en el contexto del medio en que viven, mientras que al mismo tiempo experimenta también orgullo y satisfacción a partir de las características norteamericanas que reconocen forman parte de su identidad.

3-conflictos asociados a la existencia en esta generación de aspiraciones, proyectos de vida, necesidades e intereses que constituyen el resultado lógico de la transición generacional en términos etáreos, y que en este caso hasta cierto punto acentúa la ruptura por estar ocurriendo en un contexto sociocultural diferente al que marcó la infancia, adolescencia y primera juventud de muchos de sus padres.

La segunda generación enfrenta el pasado de sus padres con menos costo y riesgo emocional porque este pasado no forma parte de sus vivencias, sus padres aún tratan de escapar de este pasado o de vivir en él, mientras ellos sólo lo toman como un referente que forma parte de la historia de lo que ellos son pero no absoluta y necesariamente de lo que ellos serán.

«…nuestros padres y abuelos sienten un dolor y pérdida que nosotros conocemos de forma diferente: no más, no menos, justamente diferente…»(B)

Para algunos llega a existir incluso un rechazo a lo cubano, por sobresaturación y por la preeminencia que tienen factores políticos que se asocian al ser cubano. Veamos lo que dice uno de los entrevistados:

«…la sensación que yo tengo muchas veces es que en Miami estoy en una isla donde constantemente me están metiendo eso de cultura cubana, y la cultura cubana, y la cultura cubana…y yo no tengo, no quiero tener nada que ver con eso…de repente tengo ganas de decir que estudio literatura chilena o mexicana y no quiero entrar en esos temas cubanos porque llega a ser algo morboso.»(Jorge)

En el caso de este joven, descendiente de una familia de tabaqueros de Tampa, con una historia de apoyo y simpatía hacia la Revolución, se evidencian las consecuencias de una identidad que se ha tratado de imponer y cuyo eje fundamental ha sido la posición política que se asume con relación a la Revolución. Este caso, por supuesto, no aparece con frecuencia, sin embargo, contribuye a dibujar los matices que hacen bien heterogéneo el proceso de identidad al interior de la segunda generación.

Al tratar de definir la cultura cubana, la mayor parte de los entrevistados se refiere a la música, la comida, la informalidad en las relaciones interpersonales, el jaleo, la gritería, hablar alto, mucha gestualidad, mucho calor, contacto humano, vida en familia.

Pero ya hay jóvenes en esta generación que no se conforman con esto y llegan a cuestionarse si realmente es esto cultura cubana o es cultura de los cubanos que fundaron la comunidad de Miami.

«…uno basa la identidad de uno sobre un estereotipo y sobre una nostalgia que no le es propia y yo creo que eso es parte del problema…nuestros padres y nuestros abuelos pueden tener cierta idea de lo que es la cultura cubana, pero esa idea está basada en el pasado…eso pasa muchos con los jóvenes que están buscando su identidad pero están buscando su identidad en un lugar equivocado, están buscando su identidad en una nostalgia, en una memoria que ya no existe».(Jorge)
Otros jóvenes continúan esta idea en el contexto de un grupo de discusión:

«…y cuando intentan buscarlo, lo que existe hoy por hoy, su propia familia le pone el freno…» (Norma)

«…yo he hablado con mis padres sobre este tema, que por qué ellos nunca hablan de Cuba? Y me dicen que ellos pasaron mucho con la Revolución,…como lo rechazan bastante no les interesa nada de lo de allá. Tiene su propia cultura aquí». (Sonia)

«…mis padres también lo rechazan, rechazan la Cuba actual porque ellos han creado aquí su propia cubanidad y esta es su Cuba. Creen que la cultura que existe allá es otra diferente a la de ellos, creen que ellos tienen la cultura legítima cubana y que la han conservado, y que los que la han perdido la cultura cubana son los de allá.» (Luis)
Este es mucho más radical en su planteamiento:

«…y más que esa cubanidad no es tanto cubanidad, es cultura miamense, creo que hay que ser honesto, la cultura cubana está en Cuba, es en el país, ahí es donde está la cultura cubana» (J)

Al retomar este tema en otro grupo de discusión se encuentran reflexiones como la que sigue:

«…yo de verdad no veo cultura cubana aquí, veo cultura latina más que cubana. La cultura cubana es para mí la gente jugando dominó en la Pequeña Habana, ese jaleo, todo eso y yo no soy parte de eso…jaleo, eso como decir chusmería, eso es lo que yo pienso como cultura cubana…yo soy latino…mis padres me dicen «oye tú eres americano», pero donde yo he vivido son latinos». (Ra)

Este mismo joven dice más adelante:

«El concepto de Cuba para mí no existe, es algo espiritual en la mente de cada persona, algo abstracto…cosas que yo oír hoy me va a cambiar lo que yo creo que es mi Cuba…entonces eso del cubanoamericano cambia todos los días, no creo que hay una definición completa.»(r)

Buscar las raíces, saber de dónde ellos provienen en términos culturales es una necesidad presente en todos los jóvenes entrevistados. Sin embargo, la forma en que cada uno de ellos satisface esta necesidad esta mediatizada por el conflicto que este proceso lleva implícito. A partir de los diferentes comportamientos encontrados al respecto, he podido distinguir tres grupos de sujetos:

HI-aquellos cuyo contexto familiar y espacios de socialización han condicionado que la necesidad se exprese pasivamente y se evada el conflicto de encontrar una identidad propia. Estos jóvenes asumen con un alto grado de acriticidad la identidad paterna. No existen cuestionamientos acerca de la «historia» contada por la familia acerca de Cuba y las pautas que deben regir las relaciones con el país de origen.

No se produce una búsqueda activa y personal que los llevaría inevitablemente a la Cuba de hoy. Por lo general no tienen entre sus planes futuros visitar Cuba y en los casos en que se expresa este deseo sólo se hace como una intención que no moviliza la conducta presente. Resulta interesante que muchos de estos sujetos no expresan sentir conflicto al respecto.

Sin embargo, en no pocas ocasiones se constata que esta es una esfera en la que muy poco o incluso nada ha incursionado el sujeto en sus reflexiones personales y es en el transcurso de la propia entrevista donde comienza a emerger determinado nivel de autorreflexión alrededor del tema.

Es frecuente encontrar entre estos sujetos expresiones como las siguientes:

«…en el futuro a lo mejor visito Cuba para ver a mi familia, pero tiene que cambiar la situación» (Miran)

«…una parte de mí quiere ir pero yo sé que mi familia puede estardefinitivamente herida por una decisión como esa» (M)

«…odio el comunismo, odio lo que ha hecho Fidel pero no me voy a meter en nada de eso…yo no voy a identificarme con ellos porque a mí no me interesa tanto lo que esta pasando en Cuba para sólo estar en eso.» (Mera)

Esta misma joven al referirse a otros miembros de la segunda generación que sí tienen un interés constante en lo que esta pasando en Cuba y en su futuro, dice:

«…algunos son jóvenes que de verdad les interesa lo que esta pasando allá, pero creo que casi todos son gente que está su familia muy metida en eso, o que tienen la abuela o los padres que sólo hablan de eso, pero yo no, mis padres no hablan tanto de Cuba como otra gente».

Como tendencia, en el caso de estos jóvenes el conflicto que representa la búsqueda de las raíces y de una identidad propia se ha quedado circunscrito a un plano muy estrecho, en esferas del comportamiento que tienen relación con el uso del español y/o el inglés ya que se prefiere este último.

Hablar y saber sobre Cuba, sobre la Cuba actual, no está entre los intereses de estos jóvenes, y es también un tema vedado por muchos de sus padres. Hablar y saber sobre la Cuba que fue es algo que forma parte de la vida cotidiana de ellos, pero es la Cuba que fue y sigue siendo para sus padres. Ellos no tienen la vivencia que acompaña y le da color a los recuerdos paternos. Su vida, sus intereses, sus necesidades y motivaciones están muy centradas en su vida actual y futura, las vivencias y recuerdos de la infancia y adolescencia solo reconocen espacios en el contexto de Miami.

Es común encontrar en estos jóvenes un pobre nivel de elaboración personal de los contenidos que se expresan en relación con su identidad. Igual ocurre cuando se indaga acerca de sus conocimientos sobre Cuba, ya sea en la actualidad o en el pasado. Por lo general, poco o nada conocen sobre la historia de Cuba, y lo que conocen está fuertemente influenciado por lo que la familia y los discursos dominantes en la comunidad les han trasmitido. Incluso los contenidos asociados a la cultura aparecen con alto nivel de estereotipia que indica una pobre autorreflexión en el proceso de apropiación de dichos contenidos.

No obstante todo lo antes expresado, existe una realidad que estos jóvenes no pueden evadir, aunque muchos de ellos aún no sean totalmente conscientes de este fenómeno. Y es que la cotidianeidad de sus vidas esta marcada, en unos casos más que en otros, pero en todos de alguna forma, por el conflicto de aproximación-evitación que vivencian en la búsqueda de su identidad.

La necesidad de conocer y acercarse a Cuba, ya sea desde la óptica solamente cultural o familiar que predomina en estos casos, se ve muchas veces reprimida por el contexto social y/o familiar en que el joven vive. Es por ello que afloran en esta generación múltiples contenidos simbólicos (20) como una forma de expresar necesidades cuyo contenido es negativamente valorado por la familia o por el contexto social.

Se habla de que en la segunda generación de inmigrantes aparece el fenómeno de la identidad simbólica, cuyo rasgo distintivo es que el sujeto expresa una nostalgia y fidelidad a la cultura del país de origen, un amor y orgullo por la tradición en esa cultura, sin que esto tenga que ser reflejado e incorporado necesariamente a la conducta cotidiana. Lo más importante en este caso es que exista la conciencia de ser y sentir como parte del grupo.

Si bien los modelos identitarios parentales y la identidad que socialmente se considera desde las posiciones de poder en la comunidad influyen sobre los jóvenes, ninguno de los dos tiene para esta generación la suficiente fuerza como para absorberlos, para lograr que se identifiquen con ellos totalmente, porque ellos no tienen en cuenta, no están diseñados para dar espacio a las necesidades, motivaciones y proyectos o metas de la segunda generación.

«…yo oigo a mi mamá que si cogía la guagua aquí y caminaba hasta allá…ok, pero eso era como era Cuba antes, porque ahora no se oye nada porque nadie sabe como está ahora esa casa…eso es lo que yo pienso, que Cuba es una historia, eso es lo que es el cubano, siempre tiene una historia que contar…yo he oído conversaciones, que esto queda en tal lugar…pero yo lo único que sé de Cuba es como bailar porque lo tengo en la sangre » (Jac)

Pero tampoco se sienten totalmente americanos, la propia sociedad les niega esta posibilidad cuando constantemente los encasilla en la categoría de hispanos o latinos.

Es común en este grupo el tener muy pocos o ningún contacto con jóvenes llegados recientemente de Cuba. Tienen muy poca o ninguna información sobre lo que acontece en Cuba, e incluso acerca de la historia de la Nación antes de 1959 los conocimientos que tiene son escasos y estereotipados.

Se admite que existe la identidad cubanoamericana pero solo en su dimensión cultural. Los padres no pueden evitar reconocer que sus hijos prefieren comunicarse en inglés antes que en español, que incluso no todos tienen un dominio completo de la lengua materna….pero lo que aún no se puede admitir por muchos es que sus hijos tienen un interés diferente por Cuba, que también esa nueva identidad cubanoamericana implica una forma de aproximar- se a Cuba que los diferencia de sus padres, ya sea por omisión, como ocurre en este grupo (no les interesa sencillamente) o porque les interesa buscar su propia Cuba, como se verá más adelante.

Por último, resulta de interés señalar que estos jóvenes no se han planteado el futuro de Cuba, esto no forma parte de su espectro de reflexiones, y menos aún se ven a sí mismos de alguna forma en este futuro. Al respecto se limitan a señalar:

«…yo no tengo nada que hacer en Cuba, a lo mejor voy un día a ver a la familia que tengo allá, pero mi vida está aquí, aquí nací y he vivido siempre, no cree que tenga nada que ver con lo que pase o deje de pasar en Cuba» (May)

«…el conflicto viene porque ellos creen que nosotros tenemos que estar así…buscando nuestra identidad cubana, y me gusta decir sí, soy cubana, me gusta mi cultura que no creo que es algo que me enseñaron, es algo de vivir día a día…ellos dicen: ustedes los jóvenes son los que van a tener que tomar esa decisión,…pero, qué decisión hay que hacer?! Ellos no quieren entender que no tenemos ningún interés en ir a vivir en Cuba, nuestra realidad es aquí! Y ahí es donde viene el conflicto. Ellos creen que nosotros tenemos que tomar unos pasos para atrás para estar bien con ellos y eso para nosotros no existe, nosotros no sabemos de lo que pasaron, ellos nos pueden contar pero nosotros no lo podemos sentir y en eso viene el conflicto…» (Mar)

b) existe otro grupo de jóvenes que forman parte de la segunda generación,cuya necesidad de aproximarse a sus raíces ocupa un lugar elevado dentro de su jerarquía motivacional, lo cual condiciona que esta necesidad se exprese de forma muy activa. Es común que muchos de estos sujetos hayan encontrado la forma de insertar en su vida cotidiana la vía o las vías para satisfacer esta necesidad, básicamente a través de los estudios que realizan. Encontramos entre ellos estudiantes universitarios que realizan cursos de pre y postgrado en temas vinculados con la historia de Cuba, la literatura cubana, bailes afrocubanos, música cubana, la religiosidad y la cultura cubana en general.

Resulta significativo el activismo que demuestran estos sujetos en la búsqueda de sus raíces y el sentido crítico con que reciben la información que procede de fuentes bibliográficas u otras que no proceden directamente de la producida en la Isla en la actualidad, en particular si estas fuentes provienen de personas que forman parte de la comunidad. Ellos tratan, en la mayor parte de los casos, de nutrirse paralelamente de fuentes que provengan de Cuba, a las cuales acceden a través de personas que llegan de Cuba recientemente, conocidos que visitan Cuba y en algunos casos, al viajar a otros Estados y/o países. Este es el caso, por ejemplo, de la música cubana que se produce en la Isla.

Otra vía utilizada por estos jóvenes es mantener estrechos contactos con centros del mundo académico y profesores de diferentes orígenes latinoamericanos y en algunos casos de origen cubano, que según ellos consideran mantienen una actitud y mentalidad abierta al facilitarles el contacto con la realidad de Cuba hoy. Ello no quiere decir, sin embargo, que tengan un conocimiento profundo sobre la realidad del país o sobre su historia, pero sí se constata que su nivel de conocimientos es cualitativamente superior al del resto de los miembros del grupo.

También es típico que muchos de estos jóvenes hayan visitado Cuba o este dicho propósito entre sus planes más inmediatos.

Sin embargo, esto no quiere decir que desde el punto de vista político estos jóvenes simpaticen con la Revolución. La gran mayoría de ellos son muy críticos con la situación actual de Cuba, pero se diferencian del resto en la intención que tienen de ser más objetivos ante lo que se les presenta, llegando incluso a cuestionarse muchas de las historias que han llegado a ellos sobre la etapa prerrevolucionaria y/o sobre la situación de sus familias en Cuba antes de emigrar.

De igual forma, aún cuando consideran que en Cuba son necesarios cambios los cuales circunscriben en la mayor parte de los casos a lo que ellos consideran una apertura hacia la democracia y la libertad de expresión, al mismo tiempo toman distancia de la posiciones más intolerantes, reaccionarias y agresivas de la comunidad en esta dirección.

Otra característica que distingue a este grupo se refiere a las redes sociales en las que desarrollan su cotidianeidad. En tal sentido, se constata que muchos de ellos mantienen relaciones cercanas con jóvenes de otros orígenes, en particular hijos de inmigrantes procedentes de otros países latinoamericanos e incluso norteamericanos, así como con jóvenes que han llegado de Cuba en fechas recientes.

Asimismo, muchos de ellos han tenido la experiencia de vivir por períodos de tiempo fuera del enclave étnico, básicamente por haber marchado a cursar estudios fuera de Miami. Ello ha sido, en todos los casos, una experiencia importante desde el punto de vista de su identidad, al haberlos enfrentado a una realidad diferente a la que ellos vivían, la cual les ha ayudado a tomar conciencia de no ser tan americanos como ellos creían y al mismo tiempo, reevaluar la importancia y significación personal de sus orígenes.

Al igual que el primer grupo señalado, estos jóvenes se autodefinen en su gran mayoría como cubanoamericanos, reconociendo así la biculturalidad en que viven. Pero a diferencia de los primeros, no se quedan en los elementos superficiales y estereotipados para definir su identidad, buscan activamente y con un elevado nivel de elaboración personal la características propias que los hacen sentir parte de una y otra cultura.

Dado el nivel de reflexión que han desarrollado en torno a esta problemática, tienen claramente identificados los diferentes contextos, sociales, personales y familiares en los cuales hacen utilización de la riqueza de su background cultural, lo cual ven como una ventaja para su desarrollo personal y social.

Algunos llegan incluso a ser muy críticos con aquellos jóvenes que no tienen la misma actitud ante la búsqueda de las raíces y la identidad propia.

Aunque al igual que el primer grupo prefieren comunicarse en inglés y es esta su primera lengua, por lo general tienen un dominio más completo del español y al mismo tiempo son más conscientes de sus limitaciones al respecto.

En general estos sujetos se caracterizan por tener un pensamiento muy crítico ante su realidad y por enfrentar el conflicto que significa, sobre todo en el seno familiar, la posición que asumen en la búsqueda de una identidad propia., ya sea al viajar a la Isla o al situar en un lugar importante en el contexto de sus vidas el tema de Cuba y la búsqueda de su propia identidad

Veamos algunos testimonios que ejemplifican estas ideas:

«… Mucha gente entre 20 y 30 años, nacidos aquí, de verdad no veo mucho interés por Cuba, saben por los padres pero como han vivido aquí todo el tiempo, no son como nosotros que como hemos vivido fuera de Miami de verdad apreciamos lo que somos y lo que tenemos, …yo creo que de verdad es la minoría la que hará algo por Cuba cuando cambien las cosas, tienen su vida aquí y no les interesa, no son como nosotros.» (c)

«…mis conocimientos sobre Cuba han cambiado mucho a través de los años. Yo creo que he tenido la suerte de estar con personas que no han tenido miedo de decir las cosas como son y alante…ellos piensan que los tiempos no han cambiado, que las cosas se han quedado igual, que no pueden hablar porque si alguien esta escuchando es un miedo inconcebible…yo siempre me interesé por el tema y decía: concho, aquí tiene que haber algo más, porque si las cosas estaban tan bien, cómo es posible que salga a relucir la revolución? …no sé, siempre me sentí como hasta cierto punto que no me decían toda la verdad, y quería saber exactamente que había por detrás».(n)

En el caso de esta joven, llega en sus reflexiones a proyectarse hacia un posible escenario futuro en relación con la posición que ella asume con respecto a Cuba:

«…lo que me motiva más que nada es… porque si nosotros estamos mal informados, imagínate a los jóvenes allá. Más que nada eso, hacer relaciones entre los jóvenes de aquí y de allá, porque a nosotros es a los que nos va a tocar vivir el cambio…nosotros no vamos a regresar a vivir allá, pero por lo menos poder lidiar con lo que se presente el día de mañana. Si no nos conocemos, cómo vamos a lograr algún tipo de reconciliación? .Me interesa hacerlo más que nada a nivel educativo y cultural, fuera de la política, fuera de todo eso, ya eso pasó, ya eso no es lo que hay hoy por hoy, esa es la cosa de mis padres, no la mía».

«…muy pocos piensan como yo, eso es lo triste del caso…la gran mayoría piensa: sí, me va a tocar vivir eso pero no es problema mío, mis padres se fueron de ahí, este es mi país ahora, a mí eso no me preocupa». (N)

Otro joven apunta:

«…lo que estoy tratando de buscar y definir es qué es la ideología de nosotros, de la segunda generación. Yo no creo que tenemos, en eso estamos bien fastidiados porque…hemos oído algo y estamos viendo otro, más que nada los cubanos que hemos ido a Cuba…y lo que pasa es un crisis de fe, porque después de hacer eso uno sabe que lo que esta pasando aquí es mentira, lo que está pasando allá es mentira también, que los adultos están en un odio tan fuerte que ni pueden ver uno a otros, pero yo digo que nosotros sí porque los jóvenes cubanos sean de la Isla o de aquí sí pueden sentar y discutir sin tener ese odio…» (M)

Este joven, al igual que muchos otros entrevistados resulta un buen ejemplo para ilustrar el carácter de proceso inherente a la conformación de determinada identidad, y como las diferentes experiencias por las que atraviesan estos sujetos a lo largo de sus vidas dejan una huella que necesariamente no tiene que hacerse visible en el momento histórico en que el sujeto ha atravesado por esa experiencia. Es como si todas ellas se fueran acumulando y procesando y llegado un momento de desarrollo de la autoconciencia del sujeto, estas experiencias cobran vida en determinadas reflexiones y valoraciones que hacen los jóvenes en torno a quienes son ellos.

Las experiencias vivenciales que han tenido los entrevistados al enfrentar un mundo que existe fuera del enclave en que ellos han crecido, generalmente son evaluadas e incorporadas en toda su dimensión y significación cuando se regresa a vivir a Miami. Un proceso similar tiene lugar cuando logran un acercamiento a sus raíces desde perspectivas diferentes a las que les posibilita su entorno familiar y social. Este proceso se acompaña de agudos conflictos psicológicos que el joven tiene que enfrentar asumiendo la ruptura que esto significa con lo que su familia y su medio le ha estado trasmitiendo a lo largo de su vida.

Es frecuente que los jóvenes de este grupo hayan reflexionado acerca del futuro de Cuba y al mismo tiempo traten de ubicarse en este escenario. Aunque ninguno de ellos expresa que desearía vivir en Cuba en un futuro, aúnocurriendo los cambios que estiman necesarios, sí se ven a sí mismos en ese futuro, por lo general actuando como mediadores y facilitadores de una posible reconciliación entre los cubanos de Miami y los de la Isla o bien poniendo sus conocimientos y capacidades profesionales en función del desarrollo del país, sin que aparezcan, al menos explícitamente, motivaciones personales de lucro.

Sobre todo resulta significativo que muchos de estos sujetos consideran que ellos son los llamados a lograr un mayor entendimiento y conocimiento mutuo entre los cubanos de ambos lados, ya que se sienten parte de un grupo diferente, autoexcluyéndose de la confrontación y enfrentamiento histórico entre los cubanos de aquí y de allá. Las reflexiones que hacen sobre este tema refuerzan constantemente que ellos son «otros cubanos», lo cual se fundamenta en sus características desde el punto de vista cultural, pero también en las posiciones políticas y puntos de vista que tienen frente al discurso político dominante en la comunidad en relación con Cuba.

c) un tercer grupo estaría formado por aquellos sujetos que aunque se identifican con la categoría de cubanoamericanos, reconocen en su identidad la presencia de rasgos que provienen de otros referentes culturales y minimizan la presencia de características que los acerque al grupo cubano y la significación psicológica que estas tienen para ellos. Este es el caso de jóvenes donde uno de los padres es cubano pero el otro es mexicano, puertorriqueño, hondureño o de otro país latinoamericano. Sobre todo en aquellos casos en que la madre no es de origen cubano, los sujetos tienden a autodefinirse más como un mezcla de culturas que los conduce a identificarse más plenamente con la categoría de hispanos o latinos.

También en este grupo se encuentran sujetos cuya autodefinición refleja cierto distanciamiento del grupo cubano, ya sea por sobresaturación y la presión que se vivencia por ellos al sentir que la familia o la comunidad trata de imponer una identidad donde se sobredimensiona «lo cubano» o en otros casos porque los padres activamente han tratado de influir para que el sujeto tome distancia del grupo de origen. Este último caso es poco frecuente, pero se ha observado entre hijos de personas que emigraron por el Mariel y que tuvieron una historia migratoria marcadamente traumática lo que ha condicionado un rechazo absoluto al país de origen, que ha sido trasmitido e interiorizado por los hijos.

 

SOBRE ESTUDIOS FUTUROS

En estudios perspectivos acerca de esta temática, se debe prestar atención al hecho de que, además de los tres grupos sintéticamente presentados, es posible que existan otros. De hecho algunos entrevistados han hecho alusión a jóvenes de segunda generación que viviendo en el enclave étnico, se ubican en puntos extremos desde el punto de vista de su identidad cultural, al señalar que se sienten totalmente cubanos o totalmente americanos, y no se identifican con la categoría cubanoamericano. Para aportar más elementos sobre estos casos se precisa de profundizar en ellos teniendo en cuenta, como punto de partida, que resulta difícil que alguno de estos jóvenes se pueda aislar del contexto social en que viven manteniéndose absolutamente invulnerables a las influencias y condicionantes sociales y familiares que están presentes cotidianamente en sus vidas.

Otro grupo particular y diferente a los antes descritos estaría formado por los sujetos que desde el punto de vista político también se ubican en posiciones extremas, tanto por un acercamiento y aceptación de la revolución, como por el rechazo hacia la misma. Sin embargo, en este último caso, sí se conoce que existen jóvenes en la comunidad con tales características, y se hacen visibles por su activa participación en grupos y organizaciones políticas que se hacen eco de las posiciones y discursos más hostiles y conservadoras de la comunidad en relación con Cuba.

Un elemento de interés acerca de estos jóvenes es que por lo general fundamentan su activismo político contra Cuba a partir de un fuerte sentimiento de ser cubanos, de sentirse muy cubanos. Es posible que esta identidad cubana construida básicamente desde referentes políticos haya sido asimilada acríticamente desde el modelo de identidad parental. Pero de nuevo, se necesita de investigaciones en esta dirección que nos alejen de cualquier consideración o punto de vista sin un basamento científico. Por el momento contamos con la negativa de algunos de estos jóvenes para participar en esta investigación ya que la realiza una persona que vive en Cuba, y esto, para comenzar, es ya un resultado.

Como señalaba al inicio de esta presentación, estas ideas forman parte de una investigación aún en curso, por lo que resultaría apresurado y aventurado adelantar conclusiones, que por otra parte, nunca podrán ser interpretadas como definitivas. Me motiva sobre todo en esta ocasión compartir con ustedes algunas ideas sobre el tema que puede tener puntos en común con los estudios sobre la identidad de los jóvenes en nuestra realidad.
M.D.F.

 

Bibliografía consultada

(1) Ver Editorial. Revista Generation Ñ. Vol. 11, issue 13, aug. 1997. p.6
(2) Véase Características sociodemográficas de los jóvenes de origen cubano residentes en Estados Unidos. Marta Díaz. En: Anuario CEAP 1995. CEAP., Universidad de La Habana.
(3) Ver Díaz Polanco, Héctor. «La cuestión étnico-nacional». Edit. Línea. México, D.F. 1985
(4) Sobre la presencia de elementos subjetivos véase de la Torre. Carolina. Revista Temas. No.2. abril/junio 1995. La Habana.
(5) Véase Rodríguez, Pedro P. «La discusión conceptual de lo cubano en Cuba y en el exterior». En: Memorias del encuentro Cuba: Cultura e Identidad Nacional. Universidad de La Habana-UNEAC. Junio 1995. P.40
(6) Véase Berger, P. y T. Luckman «La construcción social de la realidad». Amorrortu Edit. p. 216
(7) Sobre la Teoría de Tajfel y su aplicación en un estudio de inmigrantes, véase Hurtado, Aida; Gurin, P. y T. Peng. «Social Identities. A framework for Studying the Adaptations of Mexicans in the United States». En: Social Problems. Vol.41, No.1, february, 1994.
(8) Acerca de los componentes afectivos de la identidad véase de la Torre, Carolina. «Revista Temas No. 2, abril-junio, 1995. También pueden verse referencias a este aspecto en Alvarez, Carlos. «Lo contextual y lo afectivo-simbólico en la identidad cubana al sur de la Florida». En: Memorias del encuentro Cuba:Cultura e Identidad Nacional. Edic. Unión. Universidad de La Habana, junio 1995. P 113-123. De Vos, Goerge and Romanucci-Ross, L..»Ethnic Identity: Cultural Continuities and Change». Chicago: The University of Chicago Press. 1975
(9) Véase Nagel, Joane. «Constructing Ethnicity:Creating and Recreating Ethnic Identity and Culture». En: Social Problems. Vol.41, No.1:february 1994. pp.152-176.p.161
(10) Ver De Vos, George. Op. Cit. 1975 (nota al pie no.8)
(11) Véase Phinney, J. S. «When We Talk About American Ethnic groups, What do We Mean?». En: American Psychologist, september 1996 pp. 918-927, p.923
(12) Ver Nagel, Joane. Op. Cit. p. 154
(13) Al respecto véase Díaz-Polanco, Héctor. Op. Cit. P. 21 (en la nota al pie No.3)
(14) Acerca de la ideología del exilio, Lisandro Pérez la define a partir de varios componentes: la supremacía casi exclusiva de los tema y preocupaciones relacionados con la situación política del país de origen; el lugar central que ocupa en ella la lucha irreconciliable contra el régimen cubano; el hecho de que esa ideología no es debatible dentro de la comunidad, o en otras palabras, la intolerancia total ante los puntos de vista políticos discrepantes; el apoyo abrumador al Partido Republicano, especialmente visible en el apoyo al anticomunismo. Véase Pérez, Lisandro.- «Treinta años no son nada. La estabilidad y el cambio en la cultura política de los emigrados cubanos en Estados Unidos». En: Razón y Pasión. Veinticinco años de Estudios Cubanos. IEC/Edic. Universal. Miami, 1996.-«Cuban Miami». En: Miami Now: Immigration, Ethnicity and Social Change. G. Grenier y Alex Stepick (ed). University Press of Florida. Gainesville, 1992.
(15) Véase Grenier, G. y Lisandro Pérez. «Miami Spice: The Ethnic Cauldron Simmers». En: Origin and Destinies: Immigration, Race and Ethnicity in America. S. Pedraza and R. Rumbaut. Wadsworth Publishing Company. 1996. P. 360-372.P.369
(16) Dahl, Robert. «La Poliarquía. Participación y Oposición». Edit. REI Argentina S.A. Buenos Aires. P.157
(17) Ver Alvarez, Carlos. Op. Cit. 1995.
(18) En los fragmentos de las entrevistas que aparecen en este trabajo se respetó la forma de expresión del sujeto. En aras de mantener el anonimato de los participantes, los nombres utilizados en cada caso no se corresponden con los reales.
(19) La «identidad simbólica» aparece ampliamente tratada en De Vos, George and Romanucci-Ross, L. «Ethnic Identity: Cultural Continuities and Change». Chicago. The University of Chicago Press. 1975. De igual forma puede verse la utilización de este concepto en el análisis de la segunda generación de cubanos en Miami en Alvarez, Carlos. «Lo contextual y lo afectivo-simbólico en la identidad cubana del sur de la Florida». En: Memorias del encuentro Cuba: Cultura e Identidad Nacional. Edic. Unión. Universidad de La Habana, junio 1995. pp.113-123.

* Investigadora del Centro de Estudios de Alternativas Políticas, Universidad de La Habana

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