La violencia que vivimos las mujeres

El maltrato contra la mujer en el espacio doméstico cubano fue alertado por especialistas y medios a finales de los ´90.

Archivo IPS Cuba

La violencia doméstica abarca abusos sin llegar al daño físico, la más usual es la violencia de género del hombre hacia la mujer o niños.

Tratar el tema de la violencia doméstica en Cuba ha sido un paso importante ante el reconocimiento de uno más de los problemas sociales que golpean a la humanidad desde que la misma existe. La imagen del hombre de las cavernas con el garrote en la mano y golpeando a la mujer que tantas veces hemos visto en los dibujos animados, ha ido evolucionando hasta nuestros días enmascarándose en formas más sutiles que muestran la presencia del poder del hombre en muchas facetas de la vida cotidiana.

A mediados del año pasado el semanario Juventud Rebelde, órgano oficial de la Unión de Jóvenes Comunistas, abordó el problema desde un enfoque de alerta ante su manifestación en la sociedad cubana, analizando los posibles factores que la pueden causar.

«La violencia doméstica en Cuba no es considerada un problema social, pero no puede ignorarse su presencia, la principal causa de que exista la violencia doméstica en Cuba está en la construcción patriarcal de la sociedad», afirmó el semanario.

A pesar de haber transcurrido casi dos milenios de nuestra civilización en el mundo, la violencia sigue acompañando al hombre. Es intrínseco en el varón que se le enseñe a ejercer la fuerza, como expresión consustancial de su masculinidad.

En muchos países no pocas mujeres permanecen en relaciones violentas como un modo de vida, incluso llegan a soportar el abuso verbal ante el temor de un castigo mayor, ser golpeada todo eso por no contar con condiciones favorables que las amparen, como son, no tener un lugar a donde regresar con sus hijos o depender económicamente del marido.

La violencia como problema de salud

La existencia de centros de Crisis donde acuden mujeres maltratadas para recibir ayuda legal o médica se ha convertido en una especie de refugio para las mujeres víctimas de la violencia. La comunidad puede ayudar mucho ante la denuncia de ver la violencia doméstica contra las mujeres, como un problema de salud.

En Cuba, la Constitución de la República y las leyes dictadas, en los últimos 40 años de gobierno de Fidel Castro, brindan las condiciones jurídicas que impiden un desarrollo siempre creciente en el campo de la no discriminación por motivos de raza, color de la piel, origen, creencias religiosas y sexo. La legislación le garantiza la igualdad de derechos de la mujer; permitiéndole incorporarse en todos los niveles educacionales y actividades sociales del país.

Actualmente los proyectos y perspectivas de la mujer cubana son diferentes a los que tenía antes de 1959 que, mayormente, eran la familia y el matrimonio.

Según refieren estudios realizados en Cuba aún quedan barreras por vencer, como la necesidad de compartir responsabilidades familiares equitativamente las cuales siguen descansando en mayor medida sobre la mujer.

«Allí donde hay desigualdad de condiciones se establece la violencia como relación de poder. Y se ejerce ante el peligro de perder la potestad», afirmó la profesora de sociología de la Universidad de La Habana, Clotilde Proveyer. «A veces las mujeres no consideran la imposición de conductas y normas como una forma de violencia y la interpretan como muestra de cariño y amor de su pareja» por ejemplo «mi marido no me deja salir con mis amigas porque me quiere», añadió la especialista.

«En los casos que hemos estudiado en nuestro país, las víctimas de la agresión se sienten merecedoras del castigo, por no obedecer al marido. Ellas tratan entonces de evitar las conductas que desataron la ira masculina y complacen al cónyuge autoanulándose. La mujer violentada siente vergüenza y teme a la venganza, por eso muchas veces no lo denuncia. Ocurre una ambivalencia de sentimientos negativos y afectivos, ¡es el padre de mis hijos, yo lo amo! Y la esperanza de un cambio impide de inmediato la ruptura de la relación. Esta situación daña la salud mental de la mujer, donde tiene que pensar de una forma y actuar de otra, reprimiéndose y disminuyendo notablemente su autoestima, además de verse sometida a una sensación de peligro constante», dijo.

La ruptura de la relación sobreviene sólo cuando la mujer reconoce que el marido puede ser culpable, entonces recupera su autoestima y toma conciencia de la relación, o cuando ve en peligro la vida de sus hijos.

En todos estos años, Cuba ha llevado a cabo planes de reinserción social de la mujer, sacándola de la ignorancia y brindándole la oportunidad de crecer como ser humano. Se han creado innumerables programas de prevención a través de las trabajadoras sociales de la comunidad donde la organización femenina que agrupa a las mujeres, Federación de Mujeres Cubanas (FMC), ha creado casas de orientación a la mujer, que fomentan cursos de superación, talleres de educación y orientación familiar, pero aún resultan insuficientes y en muchos casos su funcionamiento no se explota al máximo.

Algunas mujeres entrevistadas acerca de la existencia de estos centros, tenían una idea vaga de su lugar de ubicación y de sus funciones principales, más bien lo asocian a centros donde se puede acudir a buscar empleo o recibir cursos de superación, (costura, bordado, peluquería).

¿Qué es la violencia doméstica?

Para muchos el término violencia es asociado a golpes físicos, pero el concepto va más allá y más aún cuando se ubica dentro de las cuatro paredes de un hogar. La violencia doméstica abarca abusos sin llegar al daño físico, la más usual es la violencia de género del hombre hacia la mujer o niños.

Las mujeres son las principales víctimas porque se cree que tienen menos valor y menos poder en la sociedad, pero en general se puede dirigir hacia cualquier miembro de la familia que se considere que tiene menos valor y donde el que la ejerce se sienta con poder. Tanto la física como la verbal, son manifestaciones muy graves.

Según estudios realizados por psicólogos y sociólogos en la violencia familiar existe una multicausalidad.

Un estudio realizado en Argentina determinó que una de las causas está dada en «hombres y mujeres que ya se han educado desde niños en ambientes donde reinaba la violencia, conflictos psicológicos no resueltos por quien la ejerce, pasividad por parte de quien la recibe, efectos de la sociedad competitiva que determinan que el hombre en su trabajo no pueda sentirse importante, descargando su impotencia y su ira, sus desilusiones sobre los seres a quienes tal vez ama, pero con un amor mal entendido».

Para comprender mejor la etiología de la violencia familiar hay que referirse al modelo predominante hasta hace poco tiempo en las relaciones de poder en el seno familiar, que está organizado alrededor del mayor poder de los miembros del sexo masculino dentro de cada nivel jerárquico. En los países más avanzados este modelo ha sido casi superado.

Téngase en cuenta que tradicionalmente el hombre en su función de esposo y padre de familia ha sido el proveedor económico del hogar y quien socialmente se ha establecido, es quien «domina» las cuestiones importantes de la vida.

En Cuba esta situación ha ido cambiando paulatinamente con la inserción de la mujer en la vida social y las oportunidades de ocupar puestos importantes a la par que lo desempeñaría un hombre, incluso hay hogares en los que es la mujer quien aporta la mayor entrada económica.

Otra cuestión que se viene observando es el aumento de mujeres jefas de núcleo en muchos hogares cubanos, dada la ausencia de una figura masculina. Pero aún en las mentes no ha cambiado mucho la situación de las puertas de la casa para adentro, donde la mujer o las hembras de la familia siguen desarrollando la mayoría de las tareas domésticas.

En muchos países el poder de la mujer proviene de la relación hijos y marido, ella es la dueña dentro de la casa y muchas decisiones en ese entorno se toman con el consentimiento de ella.

De cualquier manera el menor índice de menosprecio hacia las labores que desempeña la mujer, considerándolas «menos», también es un ataque a su integridad que se interpreta como violencia en otras de sus manifestaciones porque el estar durante años recibiendo agravios y valoraciones negativas lleva a un estado de depresión que altera su psiquis provocando conductas pasivas o agresivas.

La psicóloga Iliana Artiles, especialista en el tema, opina que «el hecho de que exista violencia en la familia se relaciona mucho con la vida social. Si en el hogar recibes violencia lo trasmites en el trabajo, a la hora de coger una guagua, o al revés, si tienes problema en el trabajo lo trasladas al hogar, no se determina uno de lo otro, todo está relacionado».

La situación en Cuba no está exenta de lo que sucede a escala mundial, mucho más ante la crisis económica que se está viviendo donde las personas están sometidas a tensiones por disímiles motivos y es muy frecuente encontrar en la calle altercados ante la más mínima desavenencia. Pero los especialistas cubanos insisten en plantear que no es comparable a las manifestaciones de violencia que se encuentran a diario en otros países.

La licenciada Celia Berges, funcionaria de la dirección nacional de la FMC analiza el problema desde el siguiente enfoque: «Cuba existe en el contexto del mundo actual y superviven manifestaciones de una cultura sexista a pesar de todo lo que hemos avanzado, sobre todo en educación y salud. A esto se le añade la crisis económica que vive el país, agravada por el bloqueo de Estados Unidos como un hecho de violencia sistemática que trasciende en lo social y lo personal de la vida cotidiana»

Según refiere el semanario Juventud Rebelde en una encuesta realizada en Ciudad de La Habana en 73 personas, algunos expresaron que el maltrato verbal es el tipo de violencia predominante en la familia cubana. Eva Álvarez ama de casa de 50 años, opinó que: «debían retomarse con fuerza algunos valores como la caballerosidad y el respeto a los adultos, e incluir otros como la equidad y la consideración, lo cual contribuiría a las relaciones más cordiales entre las personas».

«Hay madres que golpean o gritan a sus hijos aunque tengan un alto nivel de instrucción», expresó una joven maestra de 35 años encuestada. A este criterio se sumaron otros que alegan que los más violentados son los niños porque los padres llegan de mal humor y lo descargan en ellos. De igual modo se manifiestan éstos cuando crecen.

Dentro de la pareja es muy difícil determinar la existencia de la violencia ya que ocurre en la intimidad. En Cuba no existen estadísticas en este sentido sino estudios aislados que indican su presencia pero no su alcance. La inexistencia de casas de refugio imposibilita determinar cuántas situaciones suceden, además de la costumbre de que estos problemas de pareja son un asunto privado y no deben ser de dominio público.

En el sondeo realizado por el semanario Juventud Rebelde el 48 por ciento refirió que la persona más violentada en el ámbito familiar es la mujer y después los niños (44%), en tercer lugar los ancianos y después los hombres, pero estos últimos asociados a escenarios sociales como disputas callejeras u otras similares.

«De cualquier modo la mujer contemporánea es víctima de muchas formas de violencia. Aún es discriminada en la mayor parte de las sociedades y muchas mueren por falta de atención médica, hambre o víctima de las guerras», expresó una entrevistada de 25 años.

En Cuba ya está saliendo a la luz pública que la violencia doméstica no puede ignorarse aun cuando no sea considerado un problema social. Según la sicóloga Artiles «si sólo hubiera una persona que sufre por esta causa ya sería una razón para detenerse a pensar qué hacer para ayudarla».

Los estudiosos del tema en la isla coinciden en afirmar que en la medida que disminuya la violencia familiar se resolverá la social pues es en la familia donde se fomentan los valores fundamentales del individuo, las pautas que va a seguir por imitación.

Esas influencias son las más perdurables, se pueden enriquecer o deteriorar, pero si se trasmiten valores positivos como el respeto, la fraternidad, la solidaridad entre los seres humanos, ese individuo tendrá más posibilidades de desarrollar una personalidad menos violenta, más digna y estará más preparado para enfrentar «lo bueno» y «lo malo».

¿Problema nuevo?

Uno de los mitos más frecuentes asociado a la violencia doméstica es que existen pocos casos, por lo que se tiende a minimizar la magnitud del problema (Archivo IPS Cuba). «En el mundo la violencia familiar se ha incrementado, aunque no estoy absolutamente seguro de que haya un aumento de la violencia como tal o si es que en la actualidad existen mejores métodos informativos y un respaldo real a la mujer para denunciarlo», dijo Rainer Rosembau, director para México y Cuba del Fondo de Población de Naciones Unidas.

Gracias a la presión del Movimiento Internacional de Mujeres, la violencia doméstica es un tema que ha salido a la palestra pública apoyado en leyes e instrumentos jurídicos destinados a castigar y eliminar estas conductas

En 1994 la Organización de Estados Americanos, OEA, aprobó la Convención interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer, aunque estos avances son reales no se han visto reflejados en una mejoría auténtica de las condiciones reales de vida de la población femenina.

Es por ello que una de las campañas que más promueven los grupos y asociaciones femeninas está dirigida al conocimiento de todos los textos legales que las favorecen.

Las estadísticas internacionales indican que el 2 por ciento de las víctimas de la violencia corresponden a abuso hacia el hombre mientras que en el 75 por ciento de los casos corresponde a maltrato hacia la mujer y en el 23 por ciento restantes de los casos de los casos son de violencia recíproca.

Estos datos otorgan al fenómeno características peculiares y remiten la situación de vulnerabilidad en que se encuentran todas las mujeres, independientemente del lugar que ocupan en la estructura socioeconómica.

En la esfera pública sólo tienden a divulgarse hechos aislados y algunos estudios de carácter parcial.

La violencia que ocurre en el marco de las relaciones de pareja es la expresión más aguda de las desigualdades entre el hombre y la mujer. Las féminas son consideradas suaves, maternales, coquetas, sentimentales, superficiales, dependientes y volubles. Por otra parte el hombre es audaz, agresivo, sobrio, conquistador, seguro, activo, racional y fuerte.

Un estudio publicado en Costa Rica por la Organización Panamericana de la Salud mostró que el 49 por ciento de las mujeres habían sido golpeadas durante su embarazo. Otro realizado en México refirió que un 20 por ciento de las embarazadas sufrió alguna vez golpes en el estómago.

Para la socióloga chilena Teresa Valdés, quien dirigió el primer anuario sobre la situación global de la mujer en el continente Mujeres latinoamericanas en cifras, la situación de la mujer tiene muchos puntos de contacto en América Latina: «hay muchas diferencias entre los países de la región pero en lo que concierne a la situación de la mujer, existe una identidad muy homogénea. El mercado de trabajo, los derechos reproductivos y las relaciones dentro de la familia parecen definir áreas donde muchas son las expectativas de cambios favorables, pero escasas las que se cumplen»

Dentro de las casas cubanas

Como ya se ha dicho, en Cuba no existen estadísticas que permitan evaluar la magnitud del fenómeno, unido a una carencia total de literatura por el escaso reconocimiento que tuvo el tema durante varias décadas debido al proyecto social planteado en 1959 y a las transformaciones radicales que se llevaron a cabo, pero algunas normas y formas de pensar no han podido ser revertidas simplemente en tres décadas.

Para Susana, ingeniera química de 38 años, la violencia no ha abandonado su hogar: «desde niña recuerdo las discusiones fuertes entre mis padres y los empujones, a estas alturas todavía mi mamá recibe respuestas groseras y fuera de tono por parte de mi padre aunque los golpes físicos los eliminó por la presión que ejercí sobre él», cuenta.

Algunas manifestaciones de subordinación disminuyeron en grado considerable al tiempo que valores y costumbres fueron alterados pero no conmocionados.

En materia legal el proyecto social cubano ha respondido a los intereses de las figuras femeninas en todos los órdenes sociales. La Constitución de la República propicia su entrada a los espacios sociales al considerarle iguales derechos que el hombre en lo político, social, económico y familiar.

El artículo 8 de la Constitución garantiza condiciones y oportunidades de obtener empleos y salarios sin distinción de sexo.

El rol social de la mujer cubana ha ido cambiando pero no así las relaciones de subordinación en la pareja y en el matrimonio. Las formas tradicionales de funcionamiento de los miembros de la familia se han transformado más lentamente y no han cambiado del todo a escala social los valores y costumbres de la milenaria sociedad patriarcal.

Los espacios sociales ganados por la mujer en Cuba y la protección que le brindan los códigos hacen que la violencia generada en el hogar adquiera matices diferentes a los que describe la literatura especializada de otras regiones del mundo.

En el ámbito familiar cubano no es común que se reconozca este hecho y es posible llegar a él por otras deducciones, debido a este carácter » desconocido y silenciado» del fenómeno. No se cuenta con datos que indiquen su magnitud así como las mejores condiciones para enfrentarla.

El castigo

La medicina legal en su sentido más amplio está llamada a conocer y estudiar las manifestaciones antisociales de carácter biológico provocadas por los instintos que agitan a los hombres.

La lesión, desde el punto de vista médico legal es toda alteración anatómica, funcional o psíquica, ocasionada por un agente vulnerable en el cuerpo humano.

En Cuba queda instituido en la legislación el delito de lesiones en el Capítulo VII, Art. 272, 273 y 274 del Código Penal vigente, en el Decreto Ley No. 141 de Contravenciones del Orden Interior y más recientemente en el Decreto Ley No. 175.

Al analizar las denuncias que llegan a las estaciones policiales, estas se recogen como lesiones del esposo, novio, o amante. Es curioso que las mujeres en altas cifras regresen posteriormente para retirar la denuncia, algunas los justifican o desmienten lo anterior.

No hay en el Código Penal cubano un artículo que sancione específicamente estas conductas antisociales contra la mujer, aunque especialistas en el tema ya hablan de una revisión de estas medidas.

Dentro de la amplia categoría de lesiones de todo tipo la ley No. 62 del Código Penal en el Art. 262 condena al acusado de dos a cinco años de privación de libertad y si son leves las lesiones le corresponde una multa de 100 a 300 cuotas o prisión de tres meses a un año.

La necesidad de que se establezcan leyes severas contra los autores de hechos violentos hacia la mujer en todas sus manifestaciones está amparada por la alta frecuencia de casos recogidos en los diferentes países.

En los Estados Unidos la violencia doméstica es la principal fuente de daños a las mujeres, superando estas cifras a las que se producen por accidentes de tránsito, las violaciones y los robos según refiere la revista Nations Focus.

En Sudáfrica una de cada 6 adultas es agredida con regularidad por su compañero. En Francia el 95 por ciento de las víctimas de actos violentos son mujeres, siendo cometidos por el marido el 51 por ciento. En México el 61 por ciento de las mujeres reciben maltratos en el hogar.

La Organización Mundial de la Salud estima que una de cada seis personas del total de defunciones mundiales se debe a actos violentos.

Ante los datos alarmantes del aumento de la violencia a escala mundial muchas voces se han alzado y se han organizado estudios, conferencias, simposios que constituyan armas de denuncias ante esta pandemia de fin de siglo. De estos encuentros se han generado cada cierto tiempo reuniones de mujeres.

Diferentes países se han sumado a la idea de organizar estos eventos, en México la Conferencia Mundial del Año Internacional de la Mujer y la Familia. En Copenhague, en 1980, se celebró la Conferencia Mundial del Decenio de las Naciones Unidas para la Mujer, en Nairobi durante 1985 se reunieron las mujeres para analizar su situación y la ONU en 1995 celebró la Conferencia Mundial en Beijing, China, donde Cuba participó exponiendo la situación de la mujer cubana, comparándola con otras mujeres del mundo.

Algunos mitos

Para la sicóloga Iliana Artiles, «muchos actos violentos son asociados a conductas estereotipadas que tienden a encasillar la dimensión del fenómeno y a limitar su análisis cuando nos encontramos con ellos».

Uno de los mitos más frecuentes es pensar que son pocos los casos, por lo que no es un grave problema. En realidad como se ha visto, los problemas de pareja quedan al interior del hogar y en muy contadas ocasiones son de dominio público las agresiones, ofensas y maltratos, sólo cuando se convierten en escándalos llegan a oídos de la comunidad o del resto de la familia.

Otro mito es el pensar que la violencia, sobre todo la de carácter sexual la producen personas con problemas de enfermedad mental psiquiátrica, no correspondiéndose con la realidad, pues en los estudios los especialistas lo que han detectado es el fenómeno contrario, donde la persona que vive situaciones de violencia, a menudo desarrolla trastornos psicopatológicos.

El consumo de alcohol es visto como el origen, pero lo cierto es que aunque puede favorecer la violencia, existen muchas personas alcohólicas que no la aplican.

Muchos piensan que los hechos de violencia hacia la mujer son de fácil conocimiento, sin embargo, ocurre todo lo contrario, sobre todo si son provocados por algún familiar o conocidos, pues se tiende a ocultarlos hasta por la propia mujer.

Final del camino

En el contexto cubano se estima que, el objetivo primero es prevenir y educar a la población.

Desdichadamente, la lentitud en la evolución de las creencias constituye uno de los hechos esenciales, cambiar las mentes lleva más tiempo. La influencia ejercida en el pasado propicia la persistencia de los valores y costumbres de la cultura patriarcal. Los esfuerzos del país van encaminados a la práctica cada vez más creciente de valorar a la mujer, darle oportunidades y valorarla a la par del hombre.

Los expertos estiman que mucho depende de los hombres. Nada nuevo sucederá mientras ellos no descubran que hay otras fuentes de legitimidad para su hombría, que no dependen de la subordinación de la mujer, y que su identidad masculina no se desmorona si los roles se democratizan.

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