Las cubanas también lloran

En 2008 se realizó en Cuba el coloquio internacional “Violencia/contraviolencia en la cultura de mujeres latinoamericanas y caribeñas”.

Archivo IPS Cuba

En el ámbito doméstico cubano todavía la mujer se encuentra en una situación de subordinación, opinan especialistas.

María Esther no sabe explicar por qué tardó tanto tiempo en tomar la decisión de separarse de su esposo, aún después de que este empezó a pegarle. Pasados varios años de su divorcio, recuerda que, cuando se conocieron, Armando era una persona como otra cualquiera, aunque un poco “dominante”. Después de casados, las cosas se pusieron difíciles. Él bebía mucho, peleaba por cualquier cosa y ella siempre pagaba los platos rotos.

Una de sus peores experiencias ocurrió un día de su cumpleaños, cuando se reunieron en la casa con algunos amigos. Se divirtieron y bailaron hasta tarde, y al final sólo se quedaron bebiendo su esposo y un compañero de trabajo. Ella decidió irse a la cama y ya estaba bien dormida cuando Armando la despertó a golpes, sin que ella supiera hasta hoy el motivo de su furia.

Mientras le fue posible, María Esther escondió su tragedia a la familia, hasta el día que Armando le dio un empujón delante de su madre y sintió tanta vergüenza que, sin ser totalmente consciente de lo que hacía, empezó a devolverle los golpes con todas sus fuerzas. Fue en ese momento que decidió divorciarse.

Hoy viven separados y Armando apenas va a ver a su hijo de siete años, ni le entrega dinero para su manutención, pero ella lo prefiere así, para que el niño pueda crecer lejos de esa influencia que considera nociva.

En su caso, reconoce que sentía miedo y vergüenza de que otros se enteraran de su problema, y tampoco quería acudir a su familia para evitar conflictos mayores.

La falta de una guía para enfrentarse a este tipo de situaciones hacía más difícil encontrar la mejor solución a un problema que afecta a un porcentaje desconocido de mujeres en Cuba.

A pesar de su desagradable experiencia, María Esther piensa que tuvo mucha suerte si se compara con Niurka, aquella muchacha que vino de Holguín y se instaló cerca de su casa. Niurka abandonó los estudios cuando emigró para La Habana con su pareja. Después él se fue a vivir con otra mujer y la muchacha, que era de origen campesino, empezó a criar puercos para vender. Poco después ella conoció a otro hombre con el que empezó una nueva relación, pero las cosas no iban bien y ella prefirió terminar, aunque él se negaba a aceptar la separación.

Aquel fin de semana María Esther despertó asustada por los gritos de los vecinos. Al parecer, Niurka había intentado suicidarse y se había prendido fuego. Aunque la llevaron al hospital, no lograron salvarla. Antes de morir declaró que ella no había tratado de suicidarse, como todos suponían, sino que había sido agredida por su ex-pareja.

Casi podría pensarse que este tipo de hechos no ocurre en Cuba, a juzgar por la notoria ausencia de información en los medios relacionada con el tema y las reivindicaciones alcanzadas por las cubanas en las últimas décadas.

Pero lo cierto es que sí ocurren. Y aunque los especialistas sostienen que su incidencia es mucho menor que en otros países, incluidos algunos de mayor desarrollo económico que la isla, se desconoce si entre nosotros la violencia contra la mujer tiende a disminuir o, por el contrario, aumenta en igual medida que otras formas de violencia más visibles en la sociedad cubana.

Para Clotilde Proveyer, integrante del Grupo Nacional para la Prevención de la Violencia en Cuba, la explicación causal de este problema se encuentra en “el carácter sexista de la sociedad y de la inferiorización de las mujeres que ello implica, fomentada en todas las culturas”.

Precisamente esa estructura sexista, conformada por ideas y concepciones que van trasmitiéndose de generación en generación, tanto en hombres como en mujeres, aún predomina en la cultura y el pensamiento cubanos, y es muy difícil de desarraigar, según apuntó la especialista en un evento dedicado a reflexionar sobre esta problemática.

A propósito del tema “Violencia/contraviolencia en la cultura de mujeres latinoamericanas y caribeñas”, se debatió en esta ocasión en el Coloquio Internacional que organiza anualmente el Programa de Estudios de la Mujer, de la Casa de las Américas, y que contó con la participación de unos 60 investigadores y estudiosos de Canadá, Brasil, Chile, Colombia, Venezuela, México, Puerto Rico, Italia y España.

El programa del encuentro, celebrado entre el 18 y 22 de febrero, incluyó conferencias magistrales, ponencias, presentaciones de libros y revistas, un concierto coral, la exhibición de un documental, lecturas de cuentos y poemas relacionados con el tema.

Entre los trabajos presentados por la parte cubana estuvo “La violencia y sus rostros ocultos”, de la periodista Mercedes Oviedo, y resultaron de especial interés las conferencias magistrales impartidas por la psicóloga Lourdes Fernández y la socióloga Clotilde Proveyer, ambas profesoras de la Universidad de La Habana.

Fernández se refirió a la violencia psicológica, mientras Proveyer abordó el tema violencia y sociedad, para adentrarse en las condiciones que hacen posible la subsistencia del fenómeno en la isla, en contradicción aparente con los derechos reivindicados por la mujer en nuestro país.

A pesar del terreno ganado, en el ámbito doméstico todavía la mujer se encuentra en una situación de subordinación, según la especialista. Y esa desigualdad genérica está en el origen de cualquiera de las formas que asume el maltrato contra la mujer, que también se expresa en la relación de pareja.

Queda demostrado entonces, por la propia realidad, que no bastan leyes y decretos para erradicar prejuicios y desigualdades ancestrales, y cada vez resulta más evidente la necesidad de definir estrategias adecuadas a nuestras condiciones concretas.

Pero no fue hasta la década de los noventa del pasado siglo cuando algunas instituciones oficiales empezaron a prestar mayor atención al hasta entonces soterrado tema de la violencia intrafamiliar y, especialmente, a la infringida sobre la mujer, muchas veces en su propio hogar o en su entorno más cercano.

Desde 1997, la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) coordina el Grupo de Trabajo Nacional para la Atención y la Prevención de la Violencia Familiar y se ha propuesto sistematizar las investigaciones realizadas de manera aislada en el país.

Esta organización cuenta con un programa de acción que incluye actividades de capacitación, investigación, educación y divulgación sobre el tema.

Por otro lado, el Programa de Estudios de la Mujer, fundado en 1994 en la Casa de las Américas por la doctora Luisa Campuzano, organiza cada año un coloquio encaminado a los estudios de género.

Sin embargo, desde el punto de vista de la profesora Proveyer, a pesar de lo que se ha logrado avanzar en estos estudios, todavía resulta escasa la promoción de sus resultados en los medios. Asimismo, es necesario profundizar aún más en el análisis y coordinar mejor los esfuerzos, como requisito imprescindible para estructurar planes adecuados de intervención.

En este sentido, la especialista insiste en “el compromiso de todos los profesionales de las ciencias sociales, de la salud, de las ciencias jurídicas y de todos los actores sociales cubanos implicados en la atención a este problema social, por las muchas mujeres que sufren la violencia en la cotidianidad sin encontrar vías efectivas para salir de la situación de maltrato”.

De cara al futuro, Cuba podría continuar avanzando en esa dirección si se involucra en una campaña internacional lanzada el pasado 25 de febrero por la Organización de las Naciones Unidas, para promover la lucha contra la violencia de género.

Movilizar a la opinión pública a favor de esta causa y lograr que los gobiernos asuman esa lucha como política de Estado son algunos de los principales objetivos de esta campaña, que se extenderá hasta 2015.

Sin olvidar las especificidades de nuestra sociedad, la posibilidad de sumarse a este llamado sería otra forma de impulsar acciones más efectivas a favor de las mujeres maltratadas, e incluso, salvar sus vidas.

Un comentario

  1. Blanca Cruz Reyes

    La violencia en todos los sentidos, es un mal que persigue nuestra sociedad desde tiempos muy antiguos, y el problema mayor es no reconocer que se está siendo víctima de ésta, ya que se acostumbra a ese trato, o ha sido tratado así desde niño en el hogar, por lo que un esposa, o una esposa (que también se puede dar) agresor (a), es normal para ellos, lo otro es el temor a denunciar, ya que el agresor puede llegar hasta matar a la víctima, más si esta luego de haberle denunciado le perdona y sigue conviviendo con éste, y lo más terrible es querer complacer a una persona y que se sienta bien por encima de nuestro beneficio…he escuchado a personas decir, es que ya no me pega, creo que ya no me ama, o es que sino me dejo pegar me va a dejar de amar y se va a buscar a otra, es terrible esta situación, tenemos que aprender a valorarnos primero nosotras, si esperamos que otros nos valoren, el Amor se basa en respeto y cuidar al otro, quién te maltrata física o verbalmente (porque es otro problema, definimos violencia el hecho de que nos peguen, los gritos y menosprecios también son violencia) no te Ama…Valórate Mujer, hijo, hermano, Hombre, etc.

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