Cuba trabaja en la recuperación de los suelos

La degradación es uno de los principales problemas ambientales del país.

Archivo IPS Cuba

El 75 por ciento de las tierras en Cuba tienen problemas que limitan la productividad agrícola.

La Habana, 7 ene.- Crear en cada región el traje a la medida para detener y revertir la degradación de los suelos es el fin de los polígonos creados en las diferentes provincias cubanas bajo la guía del estatal Instituto de Suelos (IS).

Los polígonos son fincas seleccionadas por las características de los terrenos, el tipo de agricultura que desarrollan y los daños que presentan. En ellos se aplican medidas de conservación y sirven de áreas demostrativas para agricultores de espacios similares.

De acuerdo con el doctor Olegario Muñiz, presidente de la no gubernamental Sociedad Cubana de la Ciencia del Suelo, el 75 por ciento de las tierras en Cuba sufre afectación por factores que limitan su productividad.

“El objetivo estratégico de los polígonos es crear una especie de escuela como base práctica de las medidas que debemos aplicar y para mostrarles alternativas a los agricultores, que deben ser replicadas en todos los lugares donde existan esas condiciones de suelos”, dijo Dagoberto Rodríguez, director general del IS.

La idea comenzó hace cuatro años en La Habana, en la zona de Guanabacoa, en áreas muy degradadas donde se diagnosticaron y definieron los principales factores que limitaban las producciones agrícolas.

Con posterioridad, entre 2012 y 2013, por orientación del Ministerio de la Agricultura, la experiencia se extendió a una treintena de espacios que abarcan todas las regiones edafoclimáticas y niveles de tecnologías, tanto los polos productivos como la agricultura urbana y suburbana.

A menos de cinco años de iniciado el trabajo, existen ya impactos concretos en la elevación de los rendimientos agrícolas, disminución de la erosión, mejora de los ingresos personales, diversificación de cultivos y protección de los recursos suelo, agua y bosques.

En la actualidad, las medidas de manejo sostenible del recurso suelo en armonía con la naturaleza abarcan unas 24.000 hectáreas en todo el país, en 700 fincas.

“La experiencia nos está ayudando a trazar una modelación de lo que debemos hacer en este tipo de agricultura en el futuro inmediato y a mediano y largo plazos”, abundó Rodríguez.

Explicó que “la naturaleza nos dio un país con más de 50 por ciento del área montañosa y en esas también tenemos que hacer agricultura. Además, está influenciado por un clima en el que las precipitaciones constituyen un alto potencial de erosión pues estamos sometidos a eventos extremos, a diferencia de las grandes llanuras de Europa o Brasil”.

Según el experto, las barreras vivas creadas han evitado que cientos de toneladas de suelo, con elevados contenidos de nutrientes, vayan a los ríos y al mar. Pero este es un proceso que da resultados con el paso de los años, alertó.

Las medidas, entre ellas las barreras, siembras en terrazas y reforestación, son sencillas y no llevan altos costos, las hacen los propios agricultores en sus fincas tienen un alto impacto y nos permiten avanzar hacia una agricultura sostenible.

“No todas las áreas de Cuba llevan las mismas recetas, por lo tanto hay que hacerlas en dependencia de las regiones, no son iguales los suelos rojos de La Habana que los montañosos de oriente, Pinar del Río o el centro del país, que tienen otros problemas de degradación. La conservación de suelos tiene que ser como un traje a la medida”, destacó.

Según Leonel Hernández, especialista del IS en Pinar del Río, en ese territorio trabajan con medidas de conservación y aplicación de abonos orgánicos.

“En la Cooperativa de Producción Agropecuaria Roberto Amarán, donde está ubicado el polígono, se han protegido 57 hectáreas con medidas de conservación. Los rendimientos han aumentado, en el caso de la guayaba, de 13 toneladas por hectárea aumentamos a 15”, aseguró.

Raúl Aguilar vive y trabaja en el polígono de Guanabacoa, donde en terrazas siembra tomate, frijoles, maíz, calabaza, quimbombó, boniato y col, entre otras.
“Eran 30 hectáreas ociosas y las puse a producir. Cambió el paisaje totalmente. Estoy asegurando esa tierra para el futuro de mi familia”, dijo.

Hoy la proyección es extender los polígonos a todos los municipios del país, como un tercer escalón de esta experiencia, precisó el director del IS.

De acuerdo con Rodríguez, por las características de los suelos la mayor erosión se concentra en la región occidental, la Isla de la Juventud y el centro, por tratarse de terrenos arenosos, fáciles de erosionarse y con pendientes que facilitan el escurrimiento.

En el oriente cubano existe también potencial de erosión debido a la alta pendiente. Sin embargo, la presencia de una mayor cobertura boscosa demoran los procesos de escurrimiento.

Existen otras formas de degradación.

“En los suelos más fértiles del país, al sur de Artemisa y Mayabeque, la llanura roja de Matanzas y Ciego de Ávila, donde están ubicadas las principales tecnologías agrícolas, están apareciendo fenómenos de degradación asociados a la transformación química, es decir, la elevación de la acidez”, amplió.

“Los estamos atendiendo con máxima urgencia porque son limitantes para la producción de alimentos”, insistió.

Esto sucede debido a que las llanuras se encuentran sobre un carso rico en calcio, que al aplicar el agua al suelo se va contaminando con el calcio y al acumularse en el área agrícola provoca la elevación de la acidez.

Hasta el 2020 el país debe mantener las medidas de acondicionamiento como descompactación, uso de fertilizantes y hacer fórmulas en cuya composición química el elemento acompañante tenga residuales ácidos. (2015)

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