Especialistas señalan perjuicios de plaguicidas en población cubana

Conocimientos insuficientes, gestión y empleo inadecuados de productos agroquímicos causan problemas de salud en poblaciones agrícolas y urbanas

Especialistas hacen énfasis en profundizar los conocimientos sobre los plaguicidas utilizados, sus ingredientes activos y la distribución de las cargas tóxicas.

Foto: Jorge Luis Baños/IPS

La Habana, 6 oct.- Cuba muestra “resultados muy importantes” en la agricultura sostenible, sin embargo, existe “una brecha epistemológica” en cuanto a los tipos de productos agroquímicos empleados y pocos informes científicos sobre la presencia de residuos tóxicos en los alimentos, sostiene un grupo de expertos.

En la más reciente edición de la Revista Cubana de Salud Pública, Edelbis López, Yenima Martínez y Osvaldo Romero exponen datos de varias publicaciones especializadas en torno a las características y consecuencias adversas a la salud humana de agroquímicos usados en la agricultura nacional.

La revisión bibliográfica incluye fuentes como las revistas cubanas de Higiene y Epidemiología, de Investigaciones Biomédicas, de Salud y Trabajo, de Agroecología, informes del Centro Nacional de Toxicología (Cenatox), textos de la Asociación Cubana de Técnicos Agrícolas y Forestales y del Ministerio de la Agricultura.

Según López, Martínez y Romero, en la actualidad, la mayoría de los cultivos de alta prioridad en la nación caribeña (arroz, cítricos, caña de azúcar, frijoles, papas, tabaco y otros) “reciben paquetes técnicos que incluyen fertilizantes sintéticos, plaguicidas, semillas y otros equipos para ser producidos de manera convencional”.

Señalan que la importación de plaguicidas se mantuvo muy estable y cercana a las 11 toneladas por año, entre 2012 y 2017, algo “posible gracias al aumento de la producción de productos biológicos para el control de plagas y enfermedades en la agricultura”.

Sin embargo, refieren estadísticas estimadas en este decenio respecto al “todavía relativamente alto” índice de plaguicidas utilizados en Cuba: 3,5 kg de productos agroquímicos importados por superficie cultivable (hectárea), un poco inferior a la media del continente americano (3,61 kg por hectárea), pero superior al índice mundial (2,65 kg).

De acuerdo con los últimos datos divulgados por el Cenatox, en el decenio 2000-2010, el número de casos de envenenamiento por plaguicidas se mantuvo en un promedio anual de 290 personas afectadas, resalta el artículo.

“La falta de control y vigilancia en el almacenamiento, la gestión y el uso de plaguicidas causó cientos de eventos adversos en la población agrícola y urbana”, indica la fuente.

Reducir vulnerabilidades

López, Martínez y Romero afirman que el Cenatox realizó acciones de vigilancia para prevenir los perjuicios de productos agroquímicos en los sectores más vulnerables de la población, “en función de la actividad que realizan y de su entorno”. Entre ellos, se incluyeron trabajadores de la industria nacional de plaguicidas, fumigadores de la campaña anti Aedes aegypti y mujeres campesinas en edad fértil.

Además, subrayan que la nueva ley del Código del Trabajo reconoce las enfermedades profesionales que se producen por envenenamiento debido al contacto con plaguicidas.

Esta normativa dicta la realización de exámenes médicos especializados periódicos al personal en riesgo de sufrir perjuicios de salud por su labor con productos agroquímicos.

Respecto a ese riesgo y al impacto de esas sustancias en la salud de la población cubana en general no se encuentran datos correspondientes el último decenio. “De ahí la importancia de revisar y analizar los reportes respecto al uso y efectos adversos sobre la salud humana y el medio ambiente por el uso de plaguicidas sintéticos”, advierten.

Asimismo, alertan que la literatura más reciente enfatiza solo los logros alcanzados por la agricultura orgánica, pero no menciona el porcentaje actual de sustitución de los plaguicidas sintéticos.

Para los autores, “es necesario retomar el tema y realizar nuevas investigaciones que evalúen la situación actual y efectividad de los programas implementados, así como realizar análisis críticos sobre la gestión de los plaguicidas, sus envases vacíos y destino final”.

No obstante, aclaran: “En los últimos años se ha introducido una nueva generación de plaguicidas de menor toxicidad (ej. piretroides, triazoles) y mayor selectividad, que pueden utilizarse en pequeñas dosis, de modo que el impacto en el medio ambiente es mínimo”.

Control integral de plaguicidas

Desde 1997, el gobierno cubano prioriza el manejo integrado de plagas, que incluye el uso de productos biológicos. De acuerdo con la estrategia ambiental nacional emitida por el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente para el periodo 2007-2010, ese último año se lograría que el 80 por ciento de las actividades de control de plagas y enfermedades en los cultivos se realizaran con productos naturales o bioplaguicidas.

Plantean López, Martínez y Romero que, “en los dos últimos decenios, la política estatal en materia de lucha contra las plagas no ha consistido en una simple sustitución de los insumos sintéticos por alternativas biológicas y de otro tipo. Cuba ha invertido en sistemas de manejo de cultivos en los que la diversidad biológica desempeña el papel principal”.

Si bien señalan una estabilidad en la cantidad de agroquímicos importados en años recientes, resaltan la existencia de “pocos informes científicos sobre la presencia de residuos de agroquímicos en los alimentos”.

Al respecto, apuntan que “el país no dispone de laboratorios y métodos de monitoreo de esos residuos. Por consiguiente, recomiendan, la determinación de los plaguicidas debe realizarse e integrarse en el sistema de vigilancia de la calidad de los alimentos”. (2022)

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