Leonardo Padura y el espejo de la Historia

A propósito de su conferencia en la FIL de Guadalajara.

El hombre que amaba a los perros, la novela que le ha dado mayor reconocimiento internacional.

Foto: Tomada de Cine y Literatura

Con la conferencia “La novela ante el espejo de la Historia”, el escritor cubano Leonardo Padura hizo la apertura del Salón Literario Carlos Fuentes de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara –en su edición especial en línea 2020–, honor que le correspondió por haber recibido la medalla que lleva el nombre del insigne novelista mexicano, un homenaje que se rinde cada año al autor de La región más transparente desde su deceso en 2012.

La conferencia, impartida el 29 de noviembre, es un análisis de las distintas maneras en que él ha leído e interpretado la Historia para escribir cuatro de sus novelas: La novela de mi vida, El hombre que amaba a los perros, Herejes, y La transparencia del tiempo.

Esta conferencia permite hacer una lectura profunda de la tetralogía, un privilegiado acercamiento a cada una de las novelas desde la visión de su autor, lo cual le otorga a Padura la especial condición de ser, a un mismo tiempo, creador y (el mejor) analista y teórico de su obra.

La novela ante el espejo de la historia

  1. Heredia, la Historia, y la verdad

El recorrido por esa zona de su obra tiene un comienzo muy peculiar, desde la identidad lingüista: el descubrimiento de un nexo gastronómico que lo conectó con el poeta José María Heredia, el quimbombó. La trascendencia de ese hallazgo, el escritor la explica de esta manera: “Encontrar a través de un elemento representativo de la culinaria cubana un nexo entre el fundador Heredia, muerto en México poco después de concretado su breve regreso a Cuba, y mi propia persona, casi dos siglos después, fue un hallazgo esencial a la hora de estudiar, primero, y proponerme, después, escribir la novela de la vida del poeta”.

Y abunda: “[f]ue una clave que me condujo hacia un entendimiento íntimo de la psicología de aquel hombre en cuyo tránsito vital se me fueron manifestando, entonces, las esencias más recónditas y permanentes de esa condición histórico-cultural y psicológica que es la de ser cubano”.

Según Padura relató en la conferencia, entró en la Historia para entender la naturaleza íntima de su país, la claves de una pertenencia, pero también para entenderse mejor a sí mismo; y sabía que en manos de un novelista, la Historia pude ser utilizada para “revelar desde un ángulo íntimo, dramático, incluso subjetivo, la existencia viva de un gran proceso manifestado en y a través de la Historia, de un modo visceral que a veces es inapresable por la ciencia de la Historia”.

Pero la Historia que relatan los historiadores, la que reposa en los documentos, ¿acaso es la verdadera?, “¿acaso la verdad está documentada?”. Con esa pregunta inquietante, Padura se adentra en el complejo asunto entre verdad, verdad histórica, y verdad historiada, una controversia que, para el escritor de novelas, se resuelve por el camino de la verosimilitud. Eso es lo que se le pide a un artista de las letras, ese es su compromiso con la verdad y la Historia:

“[e]l novelista lee la Historia, la esquilma, y a través de recursos dramáticos y narrativos, la pone en movimiento gracias a unos personajes que, incluso, pueden no ser reales, pues la primera relación de dependencia de la novela, su compromiso más importante, es con la verosimilitud, que tiende a ser cartesiana, y no con la verdad, siempre relativa”.

  1. Trotski, Stalin, Mercader, y la utopía asesinada

Al narrar el proceso que lo llevó a escribir El hombre que amaba a los perros, la novela que le ha dado mayor reconocimiento internacional, Padura describe los elementos que se fueron acumulando, los que lo condujeron a esa nueva confrontación con la Historia: la visita a Coyoacán, al sitio donde vivió y fue asesinado León Trotski; las reescrituras de la Historia –incluyendo la de la URSS– después de la caída del Muro de Berlín; y la noticia de que Ramón Mercader, el asesino de Trotski, había muerto en Cuba, donde había estado viviendo en los setenta. Esto último lo asumió como una revelación:

“La Historia me había tocado en el hombro, existía en mi tiempo vital y en mi espacio físico, y de ese toque tremendo germinó unos años después la idea de escribir una novela que en muchos sentidos es un novela histórica, en la medida en que relata hechos de la Historia. Pero, a la vez, es una novela de la contemporaneidad, porque el drama protagonizado por León Trostki, Ramón Mercader y su mentor Stalin, formaba parte de mi destino personal, del destino de la sociedad en que nací, crecí, vivía y… aún vivo”.

El significado de ese crimen, lo resume así Padura: “Justo en ese momento se estaba produciendo no solo un asesinato tremendamente cruento, sino que se procedía a clausurar la posible concreción de la utopía igualitaria. No solo se trataba de un crimen físico, sino también de un asesinato simbólico de ingentes proporciones para la Historia”.

La diferencia esencial, en tanto novela histórica, entre La novela de mi vida y El hombre que amaba a los perros, la explica su autor de esta manera:

“La novela, en este caso, no recurría a la visión especular que me había permitido desarrollar la novela de la vida de José María Heredia, sino que ahora me facilitaba revelar las consecuencias de la Historia, el peso de la Historia, en el destino de un personaje, de una generación, incluso de todo un país, llamado Cuba, desde donde parten y a donde arriban todas las reflexiones sociales e ideológicas que recoge una novela en la que, incluso lo más histórico, está ficcionalizado”.

Las preguntas formuladas en Herejes son de naturaleza filosófica, religiosa, política, artística, histórica, sociológica y antropológica.
  1. La búsqueda de la libertad individual

La tercera novela en análisis, Herejes, contiene otros ingredientes de la Historia, y otro propósito: “leer la permanencia de la Historia. Solo realizando ese ejercicio literario, mirando hacia el pasado histórico en apariencia cerrado, podía evacuar del mejor modo –o del modo en que yo lo necesitaba– la presencia en la actualidad del conflictivo asunto de la búsqueda de la libertad individual en una sociedad como la cubana contemporánea, mi sociedad y tiempo vital”.

Las preguntas formuladas en esta novela son de naturaleza filosófica, religiosa, política, artística, histórica, sociológica, antropológica, pero específicamente con relación a la libertad, apunta en la conferencia: “¿Qué es la libertad? ¿Somos libres? ¿Somos libres viviendo en sociedad? ¿Somos libres de pensar con nuestras cabezas aunque aceptemos coartar la libertad de acción de acuerdo a las normas que impone un contrato social sin el cual no sería posible la vida en comunidad?”.

Luego, situándolas en el contexto cubano, o como dice el escritor, “acercándonos al meollo de la cuestión”: “¿Puede ser libre un joven cubano del siglo xxi, libre para pensar y existir como él lo decida o la sociedad lo conmina a vivir de un determinado modo, a expresarse dentro de unos determinados márgenes, a pensar con unas determinadas razones?”.

Sin embargo, “tratándose de Cuba, tratándose del ejercicio de la libertad individual, la política invadiría cualquier lectura del texto, y yo buscaba otros horizontes, menos coyunturales, más permanentes, y para lograrlo tenía los argumentos que me brindaba a manos llenas la Historia”.

De manera que, para sus propósitos, el novelista eligió dos escenarios: la Cuba de las décadas de 1940 y 1950, y uno más remoto, la Ámsterdam de la mitad del xvii. Porque, esos dos momentos y lugares históricos habían sido, para personajes reales como los que él convocó, o para posibles personajes ficticios, dos espacios en los que ellos vivieron un extraño período en el que podían practicar su libertad, hasta determinados límites.

  1. La replicación de la Historia

La cuarta novela en análisis está centrada en la permanencia de la Historia y sus manifestaciones a través del tiempo: “escribí una novela en la que me voy a la Historia para develar esas posibles repeticiones, calcos, lo que definí en el título de mi libro como La transparencia del tiempo”.

En la peculiar estructura de este libro, la historia de la escultura de la virgen morena está insertada en una novela de intriga criminal, y “esa novela histórica dentro de una novela no histórica, cruza las reflexiones de todos los tiempos en que se desarrollan sus tramas, desde 1291 hasta el presente de 2014, y lo hace a través de un elemento permanente de la condición humana: la existencia, incluso la necesidad de la fe”.

Desde ese prisma se muestran “esas raras transparencias del tiempo, gracias a las cuales determinados momentos y acontecimientos históricos se replican, parecen calcarse, pues en todos ellos la víctima de la Historia es el hombre y el motor de la Historia es la violencia, incluso, la violencia que puede generar –que hoy mismo genera– la fe en los poderes de seres superiores, de dioses, vírgenes, profetas”.

Al resumir su experiencia como autor de novelas históricas, Leonardo Padura señaló que los archivos de la Historia, que nos regalan tantas lecciones de permanencia de su capacidad especular, de sus posibles calcos y su obstinada persistencia, resultan un material privilegiado para acercarse a algunas de las respuestas que busca, y a recordarle las preguntas que, como ser humano, social e histórico, le obsesionan. (2020)

3 comentarios

  1. Jorge Manuel Castillo Cano

    Centrarse mi comentario desde mi perfil como estudioso de la literatura latinoamericana, dando un punto de vista acerca de dos obras de Padura: El hombre que ama a los perros y Como polvo en el viento, dos textos que releído y que me atrapan en su contenido, y me transporta a muchos lugares si pasar por aduanas. La primera es la historia de dos personajes: Trotski y el hombre del piolet asesino que cumplió su cometido por orden del hombre de acero. Pienso que Padura hizo todo un recorrido por todos esos lugares pausados por esos dos personajes, recogiendo evidencias, aportadas por informantes claves, que mediante la ernografia con un enfoque histórico, recrea este episodio que atrapa al lector. Y Como polvo en el viento me hace entender muchas situaciones cotidianas de la Isla Grande, país de las pequeñas cosas y de los grandes logros que con el esfuerzo son ejemplo para propios y extraños o para fervientes o incrédulos. La amistad fraterna y exilio son el leí motiv de esta obra con título de la canción setentanera del Grupo Kanss, donde la linea melódica destaca : «sólo una gota de agua de un mar sin fin». Cada personaje de Dust in the wind es un personaje tipo con sus propios valores, Aquí vemos el apego y el despegó, el amor y la traición y la diversidad sexual. La novela me lleva a recorrer varios lugares emblemáticos de la ciudad que cautiva, la perla con sábanas blancas. Los modismos del habla que registra Santiesteban los asimilo y me provoca incorporarlos para presumir su manejo en mi contexto; ese juego con la lengua biperina de doble filo al referirse al ejercicio del ayuntamienti: «… vio la protuberancia velluda de su vulva, el botón estrellado del ano», que referencia masturbadora del manejo de la lengua de Cervantes. Por último, grandilocuente y abierto es el estilo del escritor que desde Mantilla hace historia, crónica de la realidad de su Patria.

  2. Ana

    Simplemente excelente !Novelas imprescindibles de este escritor sagaz !

  3. Andrés Dovale Borjas

    Estas obras de Leonardo Padura son reportajes históricos de hechos trascendentales que muestran en el caso de «El hombre que amaba los perros, el gran drama de la humanidad que representó el golpe de estado de los bolcheviques contra los socialistas revolucionarios, que en unión de otras fuerzas políticas habían derrocado el régimen zarista ruso y el desprecio absoluto de la vida humana por el estalinismo, que asesinó a Trotsky, a Andreu Nin y a Julio Antonio Mella, entre tantos otros. “Como polvo en el viento” muestra el drama de los emigrados cubanos, con sus penas y alegrías, sus rupturas familiares y el amor a la patria, a pesar del doloroso alejamiento.

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