Proyecto deportivo busca expandir el apoyo a autistas en Cuba

Enfocado hoy en personas con trastornos del espectro autista hasta los 18 años de edad, Soñar en azul aspira a beneficiar a todos los grupos etarios.

El proyecto Soñar en azul beneficia en la actualidad el desarrollo de 16 varones y dos hembras menores de 18 años con trastornos de espectro autista.

Foto: Cortesía del proyecto Soñar en azul

La Habana, 5 jul.- Propiciar el desarrollo de actitudes conductuales, comunicativas y de socialización, así como la adquisición y el progreso de hábitos motores, a través de actividades atléticas, gimnásticas y acuáticas, es el objetivo principal del proyecto Soñar en azul, enfocado hasta el momento en personas con trastornos del espectro autista (TEA) hasta los 18 años de edad.
La iniciativa aúna a madres, padres, docentes y estudiantes de la Universidad de las Ciencias de la Cultura Física y el Deporte, junto a instituciones como el Hospital Pediátrico del Cerro, la Escuela Especial Sierra Maestra I, el Portal Informacional del Instituto Nacional de Deporte, Educación Física y Recreación, el Combinado Deportivo Camilo Cienfuegos y la Dirección Provincial de Deportes del municipio Plaza de la Revolución.

El proyecto surgió en 2018, a partir de la idea y con la guía de Yanaisis Martínez, licenciada en Cultura Física. Su bebé (Gabriel Guerra) diagnosticado con autismo fue el motor impulsor para que iniciara una experiencia única en Cuba.

La estrategia de llevar al pequeño al gimnasio de la institución donde ella laboraba y comprobar el buen estado emocional que eso le ocasionaba, la hizo pensar a mayor escala.

Al respecto, refiere cómo observó, desde la primera vez, “un cambio muy favorable en él, que me llenó de esperanzas, pues es un niño con muchos problemas conductuales aún hoy, con trece años. A partir de mi interés, otras madres se sumaron.

Fuera del entorno del deporte como modo de aprendizaje y socialización, los integrantes del proyecto Soñar en azul realizan actividades recreativas.

Explica Martínez que, en sus inicios, el proyecto se llamó Saltar en azul porque solo contemplaba la realización de ejercicios en tierra (gimnasio), hasta que en 2019 cambió su nombre por Soñar en azul, en tanto fueron incluidas investigaciones sobre el tema del autismo y actividades acuáticas en el Complejo Deportivo Camilo Cienfuegos.

En la actualidad, cuenta con 18 participantes: 16 varones y dos jovencitas, y con un sencillo espacio en la Universidad de las Ciencias de la Cultura Física y el Deporte, en La Habana. Lunes y viernes, de cuatro a seis de la tarde, ese centro acoge las actividades en favor de la calidad de vida de niñas y niños con TEA.

Aprendizaje-entrenamiento

Con la práctica continuada de ejercicios físicos, el proyecto busca contribuir a mejorar las áreas afectadas del desarrollo. De ahí que se asuma el trabajo en dos vertientes.

Según comenta Martínez, una de ellas está volcada hacia la comunidad; atendemos a todos los niños con TEA de la provincia La Habana, que deseen sumarse a las actividades gimnásticas, atléticas y acuáticas, que promovemos.

Asimismo, apunta, apoyan a los estudiantes de la Escuela Sierra Maestra I, que escogen un día a la semana para participar en las actividades acuáticas y del gimnasio.

“El trabajo sostenido es la base de cualquier mejoría. En ese sentido, el proyecto convoca a toda la familia a participar en el aprendizaje y desarrollo de sus infantes, acota la especialista en Cultura Física.

Especialistas afirman que las madres son las encargadas del seguimiento de cada jornada de aprendizaje-entrenamiento de niños y niñas que asisten al proyecto. Sobre ello comenta Zunén Muchuli (madre de Dayron): Los profesores nos colocan frente a las anillas, nos exigen rapidez y entrega; hacemos tandas de estiramiento, ejercicios en el suelo junto o no a nuestros hijos–, y ellos disfrutan eso.

Para ella, aunque se viven “momentos muy difíciles, al ver sus sonrisas y que no quieran abandonar la actividad, eso lo borra todo”.

Sin diferenciar grados de complejidad de la enfermedad, sino el tratamiento adecuado a las capacidades reales de cada integrante, Soñar en azul propicia que Ilene Peraza, por ejemplo, madre de Sofía, apueste por el proyecto, incluso cuando la niña sufre de un autismo leve que le permite asistir a la enseñanza normal y cursar el tercer grado de la educación primaria con ocho años de edad.

“Haberla incluido en el proyecto de gimnasia ha sido una bendición. Sofía llegó bastante desajustada conductualmente, pero de inmediato los especialistas me ofrecieron las herramientas necesarias para manejar ese carácter y hasta hoy todo marcha bien, señala Peraza.

Por su parte, Yaima Carbonell comenta sus vivencias en el proyecto junto a sus dos hijos con TEA: Daniel, de 10 años de edad, y David de ocho.

“Daniel ha cobrado confianza en sí mismo, ha aprendido a comportarse entre personas ajenas a la familia, mientras su hermano comparte y acepta lo diverso”, valora. A su juicio, una importante esencia del proyecto consiste en “fomentar una familia en la que todos tenemos cabida”.

Investigaciones y aprendizajes

Apunta la máster Anisleidy Abreu, jefa de la línea de investigación sobre las actividades gimnásticas en el desarrollo de las áreas afectadas por el TEA, que uno de los aportes de este proyecto es la cantidad de investigaciones y tesis que genera.

También existen referencias de Soñar en azul en revistas científicas y sus integrantes participaron en eventos científicos nacionales e internacionales, como el Congreso de autismo celebrado en México, en 2020, destaca la experta.

Además de reconocer los aportes personales que propicia la iniciativa, Jessica Vargas, estudiantes de cuarto año de la Licenciatura en Cultura Física, menciona que está en proceso de validación de un análisis sobre la metodología, en el orden práctico, del valor de las actividades acuáticas y su uso en las mejoras de las aéreas afectadas del desarrollo en personas con TEA.

Fuentes especializadas afirman que las actividades acuáticas garantizan el aprendizaje psicomotor en un entorno no convencional; facilitan la resolución de problemas, gracias a las posibilidades que proporciona el agua, como realizar movimientos con mayor libertad y facilidad; así como contribuye a la integración sensorial.

Para el profesor Javier Ricardo Scull, una vez que se encuentra con niños y niñas del proyecto, nada más importa, ni siquiera que no se expresen verbalmente; su rostro, su sonrisa y la de los padres, sumamente agradecidos, lo dice todo.

Una de las metas del proyecto es expandirse y convertirse en Mover es Poder, iniciativa que promoverá un espacio de atención a personas con TEA mayores de 18 años y sus familias, para que intercambien experiencias y adquieran herramientas en pro de una mejor calidad de vida, mediante talleres de danza, música, pintura y juegos didácticos. (2022)

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