Especialistas dicen cómo detectar el abuso sexual infantil

Este flagelo ocurre en todos los niveles socioeconómicos, raciales, étnicos y religiosos.

Archivo IPS CUba

El niño y la niña víctimas de este flagelo dan claras señales con el cambio de comportamiento.

La Habana, 12 abr.- Reconocer la existencia del abuso sexual infantil, crear de forma expedita un protocolo para la atención multisectorial de quienes lo sufren y darles a las personas herramientas para detectar estas violaciones, constituyen una urgencia en la sociedad cubana.

Estas cuestiones fueron analizadas en la última edición del foro mensual del no gubernamental Grupo de Reflexión y Solidaridad «Oscar Arnulfo Romero» (OAR), que reunió a un selecto panel de especialistas en el delicado problema social como parte de las actividades que desarrolla durante todo este año por su 30 aniversario.

Sin hacer públicas estadísticas que corroboren un eventual crecimiento del fenómeno o un aumento de las denuncias, Cuba mantiene como prioridad el cuidado de la infancia y la adolescencia, para lo cual fue creado hace algunos años el estatal Centro de Protección a Niños, Niñas y Adolescentes (Cpnna).

Sin embargo, el grupo experto invitado al foro del pasado 10 de abril consideró que las acciones que se toman en la atención médica y legal y la educación son todavía insuficientes.

Según la psiquiatra Clara Cecilia Valdés, del Hospital Pediátrico «William Soler», el abuso sexual es una forma de maltrato infantil, trae daños físicos, emocionales y sociales, y ocurre cuando un adulto o adolescente usa su poder sobre un niño o niña para establecer una actividad de tipo sexual.

A partir de una consulta de abuso sexual infantil en el estatal Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) y la creación del Cpnna, se conformó un protocolo para la atención de las víctimas de abuso sexual, con la participación de especialidades como ginecología, dermatología, pediatría, psiquiatría, psicología, psicopedagogía y una trabajadora social, explicó Valdés.

Por su parte, la jurista Lisset Cuellar indicó que la función del Cpnna es obtener una exploración que resulte útil como prueba documental, evitando la presencia de los y las menores de edad en la vista oral para disminuir la victimización.

También reveló que orienta a la familia sobre la atención que debe recibir el pequeño para una adecuada reinserción social y deriva el caso para el seguimiento terapéutico.

Al no ser abordado comúnmente por los medios de comunicación, la población desconoce el tema.

En torno a este complejo fenómeno existen falsas creencias como que son actos infrecuentes, solo se dan en las niñas, los niños no dicen la verdad, el agresor es un enfermo psiquiátrico, se asocian a situaciones especiales, los menores son culpables o que los agresores suelen ser desconocidos.

La psicóloga Nadina Peñalver, del Cenesex, esclareció que los agresores -desde una posición de poder, más edad, habilidades sociales, fuerza, estatura y habilidad de convencimiento-, utilizan la seducción, manipulación, engaño, chantaje, amenaza o la fuerza para involucrar a un niño, niña o adolescente en actividades sexuales.

Los menores pueden ser abusados por el padre, padrastro, vecino, amigo cercano de la familia o cualquier pariente que tiene relación afectiva con la víctima, y también extraños. «Muchas veces son personas respetadas, queridas, amables y trabajadoras», dijo.

Según la psicóloga Ana María Cano, también del Cenesex, la mayoría de las niñas y niños que están siendo abusados no lo cuentan a nadie por miedo al agresor, castigos, amenazas y generar conflictos en la familia. Sin embargo, sí manifiestan cambios en su comportamiento habitual, añadió.

Algunas señales pueden alertar a la familia.

El pequeño abusado se resiste a ir a cierto lugar o quedarse con una determinada persona, presenta trastornos del sueño, comienza a orinarse nuevamente en la cama, padece trastornos en la alimentación, desarrolla conductas autodestructivas y de riesgo para su integridad física como intentos suicidas, cambia bruscamente de estado de ánimo, asea exageradamente su cuerpo o se resiste a hacerlo.

De acuerdo con Cano, las víctimas suelen representar actos sexuales en sus dibujos y juegos, intentan que otros niños lleven a cabo actos sexuales, muestran un terror irracional a los exámenes físicos, sufren lesiones en los genitales y dan respuestas falsas respecto a dichas lesiones.

Las exposiciones de las diferentes especialistas motivaron interrogantes desde el auditorio relacionadas con la necesidad de preparar más al personal de la policía y la salud y la pertinencia o no de hacer públicas las cifras de abusos registrados en Cuba.

Otros se refirieron a lo imprescindible que resulta establecer normas para la atención.

La psiquiatra Ivón Ernand, de la Sociedad Cubana Multidisciplinaria para el Estudio de la Sexualidad, dijo a la Redacción IPS Cuba que es urgente adoptar un protocolo de cómo afrontar multisectorialmente estos casos y darles seguimiento con herramientas más profesionales.

«Cada caso es individual. Hay que personalizar la atención», sostuvo.

Por su parte, Cano calificó como «lo más importante que las personas tomen conciencia de esta realidad».

A su juicio, «el fenómeno de la violencia sigue siendo invisibilizado a pesar de las acciones que se están haciendo como educar sobre sexualidad, conversar con los hijos y conocer sobre el problema en todos los ámbitos».

También trascendió que en la actualidad se trabaja en la creación de una línea de ayuda confidencial para hablar sobre abuso sexual. (2014)

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