Estudio aconseja potenciar a actores sociales en salud pública cubana

Con frecuencia en el nivel local, la intersectorialidad carece de enfoque sistémico epidemiológico, indican expertos.

La intersectorialidad es una premisa para alcanzar metas y objetivos superiores en la gestión de la salud pública.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

La Habana, 11 mar.- El empoderamiento intersectorial de directivos y líderes locales crearía alianzas y una actuación más integral e interactiva de los sectores sociales en la solución de problemas de salud que afectan a comunidades, instituciones e individuos en Cuba.

Tal análisis se desprende del artículo “Empoderamiento intersectorial en directivos y líderes locales como contexto para la acción en salud pública” publicado en el No. 3/2018 de la Revista Cubana de Salud Pública.

Sus autores, Pastor Castell y Estela de los Ángeles Gispert destacan que, por voluntad política, la intersectorialidad está presente en el contexto socioeconómico cubano y es reconocida en la misión y la visión de la mayoría de los sectores la sociedad y la economía.

“En Cuba existe una historia de acciones intersectoriales para el tratamiento de los determinantes sociales de la salud, lo que ha sido reconocido internacionalmente”, refieren los profesores de la Escuela Nacional de Salud Pública, ubicada en esta capital.

Sin embargo, advierten, el nivel de realización del proceso de intersectorialidad como tecnología es insuficiente en el tratamiento de problemas como el tabaquismo, alcoholismo, calidad e higiene de los alimentos, lucha antivectorial, enfrentamiento al envejecimiento y el trasplante de órganos.

De acuerdo con los investigadores, “aún no se ha logrado su puesta en práctica de forma integrada, consciente, participativa y de manera sistemática para resolver los problemas de salud pública en los diversos contextos”.

Anotan que la noción contemporánea de la determinación social de la salud de la población, requiere para su cimentación que el sector y otros actores socioeconómicos desarrollen conjuntamente acciones que contribuyan de forma más eficaz a promover salud, prevenir enfermedades y solucionar problemas.

Y argumentan que el empoderamiento desarrolla la capacidad de actuación por el compromiso que genera en los diferentes sectores, lo cual “resulta promisorio para el perfeccionamiento de la intersectorialidad, la implicación interactiva de los sectores sociales” en la solución de problemas de salud.

“El amplio y cambiante espectro de problemas de salud, requiere optimizar y garantizar la sostenibilidad de las acciones intersectoriales mediante el reforzamiento del apoyo de los gobiernos locales a la gestión intersectorial”, recomiendan Castell y Gispert.

Ello, agregan, “propiciaría la promoción de un clima organizacional intersectorial positivo en el que prime el sentido de responsabilidad, la comunicación horizontal, el respeto, la transparencia y la planificación estratégica, bajo el liderazgo compartido, no impositivo del sector de la salud, a fin de favorecer la plena inserción conceptual de la intersectorialidad en las políticas y las prácticas de salud”.

Ambos autores detallan que algunos elementos clave en este sentido son la promoción del aprendizaje continuo e interactivo entre directivos de la administración pública, el sector de la salud, y líderes comunitarios formales e informales.

La esencia del empoderamiento reside en el desarrollo de la capacidad para la acción social, para resolver problemas, tomar decisiones, buscar recursos materiales, cognitivos e instrumentales de manera activa.

Coadyuva además a que los individuos, las instituciones y las comunidades se responsabilicen y actúen en los problemas de su entorno con autodeterminación y sentido de autoeficacia, amplían.

Por ello, razonan los estudiosos, una alternativa promisoria en el perfeccionamiento de la intersectorialidad podría ser el empoderamiento de los actores sociales y económicos.

“Su naturaleza positiva, dinámica, dialéctica, ecológica, transformadora, política y centrada en la acción, puede coadyuvar al desarrollo de la autonomía y responsabilidad que resulte en su implicación interactiva en los problemas de salud que afectan a comunidades, instituciones e individuos”, concluyen. (2019)

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