Fundación cubana teje redes de colaboración y diálogo

Se llama Cuba Piensa y surgió en mayo de 2018 para unir esfuerzos de oenegés y otros actores sociales para apoyar a sectores vulnerables.

La Fundación Cuba Piensa busca acompañar a instituciones de la sociedad civil y lograr en ellas una mayor gestión integrada.

Foto: IPS_Cuba

La Habana, 29 jul.- Acompañar la gestión de la sociedad civil cubana para incidir en el diseño e implementación de políticas públicas, con énfasis en sectores sociales vulnerables y las nuevas formas de gestión privada, es uno de los objetivos de la Fundación Cuba Piensa.

Inscrita en España en mayo de 2018 aunque trabaja solo en la isla caribeña, la fundación autónoma es coordinada por cinco integrantes de las ciudades de La Habana, Santa Clara y Santiago de Cuba, que se apoyan en una red de 25 colaboradores en el resto del país.

“Desde nuestra fundación, hemos acompañado a diferentes actores de la sociedad civil cubana, así como a un amplio sector de denominaciones religiosas y al cuerpo diplomático acreditado en la isla, entre otros”, explicó a la Redacción IPS Cuba Ángel Marcelo Rodríguez, coordinador del proyecto.

Señaló que la sociedad civil cubana es muy amplia, con una gama de tendencias variadas, “pero a veces cuesta comprender cuáles son sus objetivos y ver sus resultados”.

Por ello, agregó, “nos dimos a la tarea de crear una fundación que acompañara a dichas instituciones y lograr en ellas una mayor gestión integrada”, con énfasis en las tendencias actuales de la economía nacional, así como una línea ambiental y otra de educación y cultura.

Abundó en que un primer acercamiento permitió constatar que las instituciones sociales estatales y las de la sociedad civil suelen trabajar cada una por su lado.

“Lo que estamos promoviendo es la creación de redes de colaboración, espacios de reflexión y diálogo entre todas las instituciones que actúan en Cuba, tanto estatales como de la sociedad civil”, argumentó.

De acuerdo con Rodríguez, la fundación tiene en su foco principal la labor con sectores sociales vulnerables y en riesgo, como las mujeres víctimas de la prostitución u otras formas de la violencia, y las personas de la tercera edad.

“Pretendemos revalorizar la dignidad de esas personas, que no se sientan ni la comunidad las mire como “descartables”, que puedan tener un espacio y contribuir desde su experiencia al desarrollo de la sociedad cubana”, argumentó.

Al respecto, refirió que uno de los ejemplos más recientes del trabajo de Cuba Piensa fue una evaluación de impacto del programa Sicar, rectorado por las Hermanas Adoratrices, Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad, que están presentes en Cuba desde 2007.

Dicho programa se enfoca en mujeres víctimas de la prostitución y de otras expresiones de violencia en La Habana.

Constituye un espacio donde las mujeres reciben orientación, atención psicosocial y apoyo general, al tiempo que les ofrece la oportunidad de incorporarse a otros cursos y talleres formativos dentro de la Iglesia Católica en el país.

La investigación efectuada por Cuba Piensa analizó y evaluó el impacto del conjunto de acciones, talleres y servicios socioeducativos de Sicar durante el período 2017-2019.

Entre otros aspectos, el programa facilitó que 330 mujeres que ejercen la prostitución en la capital cubana tuvieran alternativas psicosociales, educativas, laborales y de formación humana para dignificar su desarrollo como persona.

De igual forma, permitió que 3.500 personas fueran informadas y sensibilizadas sobre los riesgos de la prostitución, como forma de violencia contra las mujeres.

Durante el periodo evaluado, se logró que al menos 50 mujeres en situación de prostitución hayan mejorado sus dimensiones afectivo-emocional, social-relacional, familiar y ético-transcendental, consta en el informe de evaluación de Cuba Piensa, al cual tuvo acceso la Redacción IPS Cuba.

Indica que al menos 220 de las mujeres contactadas han tenido una experiencia de valoración, respeto, cercanía y cariño; y 50 de las que recibieron acompañamiento sistemático, crecieron en autoestima y autoconocimiento, y mejoraron en su estabilidad emocional y en la adecuada expresión de sentimientos y emociones.

Medio centenar adquirieron habilidades básicas para el empleo, tras recibir capacitación profesional y 25 poseen recursos económicos suficientes para una adecuada calidad de vida y poder alcanzar sus metas personales.

De manera general, la pesquisa recomendó un fortalecimiento del rol de las Hermanas Adoratrices y el programa Sicar, para generar inclusión social, no solo para la reinserción social de la mujer en estado de vulnerabilidad, sino también trabajar para su empoderamiento, a través de los emprendimientos y la formación en capacidades. (2019)

Un comentario

  1. Diana

    Hola. Bienvenida toda idea que busque alternativas para mejorar la calidad de vida de las personas aunando los esfuerzos de todos los que de una forma u otra tratan de hacerlo. Entre sus objetivos pudiera estar dirigir sus esfuerzos para que nuestros grupos de Protectores de animales en el país tengan más apoyo, ayuda con medicamentos y refugios? Gracias. Saludos

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