Iniciativa cubana promueve beneficios de las copas menstruales

Embajadoras de la iniciativa Copas para Cuba prosiguen sus talleres con mujeres de la occidental provincia de Matanzas.

copas menstruales

Las embajadoras recomiendan asegurarse de que las copas menstruales estén certificadas y sean de silicona médica para prevenir daños.

Foto: Archivo IPS Cuba

La Habana, 24 oct.- “Nunca había escuchado sobre eso”, “cambió mi vida”, “debe ser muy incómodo”, “las uso a veces”, “no son fáciles de conseguir”, son algunas de las frases que acompañan los talleres sobre copas menstruales. El más reciente, en la ciudad de Matanzas, no fue diferente, pero al final, el saldo fue una copa en la mano.

Con la Oficina del Conservador de la Ciudad como sede, en el encuentro participó una veintena de mujeres de diferentes edades y procedencias, convocadas por lideresas en justicia de género y justicia climática de la urbe localizada a unos 100 kilómetros de La Habana. Algunas tienen ya experiencias con el dispositivo, mientras otras, lo vieron y lo pudieron tocar por primera vez.

Las facilitadoras del taller fueron las embajadoras del proyecto Copas para Cuba, iniciativa de La Mina/Tercer Paraíso, que acompañó durante 2022 la formación de lideresas en un proyecto apoyado por el Fondo de Canadá para Iniciativas Locales (CFLI), de la Embajada de ese país en la isla, con la colaboración de la oenegé CARE International.

El intercambio en Matanzas, donde se abordaron las bondades económicas y medioambientales del uso de las copas, contó con el apoyo logístico la Embajada del Reino de los Países Bajos, mediante el proyecto Empoderamiento femenino con justicia climática y justicia de género, apuntó Mavis de la Colina, de La Mina/Tercer Paraíso.

El ABC de las copas

Varias embajadoras de la iniciativa explicaron qué son las copas, su historia, cuál es la talla adecuada para algunas mujeres, cómo colocarlas, retirarlas e higienizarlas, compartieron anécdotas y experiencias. Además, se refirieron a otro método posible para pasar la menstruación: las almohadillas artesanales de tela.

De la Colina expuso recomendaciones para escoger las tallas. Según la literatura internacional: pequeña para muchachas menores de 18 años que no han tenido sexo con penetración; mediana para mujeres de 18 a 30 años que no han tenido hijos con parto vaginal, y grande para aquellas con parto vaginal o mayores de 30 años.

Se dialogó también acerca de la menstruación, el olor de la sangre y los prejuicios alrededor de ella, así como sobre la ausencia de información pública sobre las copas menstruales en Cuba (la distribución de estos dispositivos se circunscribe fundamentalmente a iniciativas desde la sociedad civil).

Otras talleristas resaltaron el beneficio ambiental que representa sustituir almohadillas por una copa que puede durar 10 años. Hicieron énfasis en lo favorable que resultaría para la nación caribeña promover estos dispositivos en lugar de la venta, racionada y siempre insuficiente, de las almohadillas.

Varias participantes que usan la copa compartieron sus experiencias, desde quienes no se sienten cómodas al usarlas todos los meses hasta algunas que, de tanta comodidad, olvidan que la llevan, las maneras de manipularlas al colocarlas, cuál es la postura que más les facilita introducirlas en la vagina y cómo lavarlas y guardarlas.

Al respecto, una mujer destacó: “como somos diferentes por fuera, lo somos también por dentro y cada persona debe conocer su cuerpo y encontrar su propia postura”.

Durante el taller se alertó sobre la existencia de copas falsas, no fabricadas con silicona médica y que pueden reconocerse por su rugosidad y el cambio de color.

Antes y después

Betty Correa, de 51 años, ingeniera en telecomunicaciones y embajadora de copas en Matanzas, conoció sobre ellas en un taller “que fue maravilloso, porque nunca antes había oído hablar de esa posibilidad”, que impacta no solo en el medio ambiente, sino también en la familia, porque “cuando una mujer tiene la menstruación y no tiene qué usar, todos se ponen en tensión”.

Tanto caló en Correa la copa y su uso que la motiva para impartir talleres en la Atenas de Cuba y hasta en zonas montañosas y de difícil acceso de Topes de Collantes, con la participación de mujeres de comunidades rurales de la central provincia de Sancti Spíritus.

Al asistir al taller en Matanzas, Julia Rodríguez, licenciada en Derecho, de 42 años, conoció en profundidad sobre el tema y adquirió su primera copa.

“Solo tenía el criterio de algunas personas que la habían usado. Ahora no solo obtuve información, por ejemplo, sobre el flujo menstrual, la necesidad de conocer el cuerpo de una, sino que podré probar a ver si me resulta como ellas contaron”, dijo.

Por su parte, Dianelis Morejón, de 30 años, de la Empresa de proyectos y Arquitectura de Matanzas, manifestó su satisfacción por obtener su copa. “Voy a iniciarme en este mundo y, más que nada, me emociona el impacto ambiental, estoy muy vinculada a ese tema y quiero dar mi aporte. El taller me sirvió para salir de mi zona de confort, conocer más sobre mi cuerpo y hacer algo más por el mundo”.

Para Ibis Villazuso, geógrafa, máster en gestión ambiental e integrante del equipo de Plan Maestro de Matanzas, el uso de la copa deviene “una suerte de laboratorio para un experimento con el cuerpo, a la vez que constituye un tópico que requiere de mayor divulgación por los diferentes medios de comunicación”.

Villazuso se interesó en las copas por lo que pueden representar para su hija y, en un futuro, también para su nieta, pues “si se pasa trabajo para conseguir almohadillas para una, cómo sería para dos”, comentó. (2023)

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