Mujeres en edad mediana son vulnerables a la violencia

Ellas soportan crecientes sobrecargas en los espacios privados y públicos, sin quejarse por lo general, alerta una especialista.

Foto: Jorge Luis Baños, IPS-Cuba

El artículo cataloga a este segmento de la población femenina de “mujeres sándwiches”.

La Habana, 3 ene.- Las mujeres cubanas entre los 40 y 59 años son un grupo poblacional en aumento y altamente vulnerable a conductas violentas. Por esa razón, un artículo científico llama a realizar acciones preventivas y de salud para mejorar su calidad de vida.

Quienes se desdoblan como madres, esposas, hijas, abuelas, cuidadoras, trabajadoras y tienen una activa participación social, requieren de espacios para reflexionar sobre su autocuidado, sostiene el texto “Mujer sandwich y violencia: la importancia de darse cuenta”, de Ivon de la C. Ernand Thames.

Publicado en el último número del boletín Compartir, del no gubernamental Grupo de Reflexión y Solidaridad “Oscar Arnulfo Romero”, el artículo las cataloga de “mujeres sándwiches” porque frecuentemente están comprimidas entre los mandatos de su género, los preceptos culturales y sociales, y la biología.

Ellas soportan crecientes sobrecargas en los espacios privados y públicos, sin quejarse por lo general, alerta la especialista.

Reportes del Centro de Estudios de Población y Desarrollo, de la estatal Oficina Nacional de Estadísticas e Información, precisan que las cubanas en edad mediana suman más de 1.146.000, de los 11,2 millones de habitantes del archipiélago.

Para 2015, se estima que este segmento llegue a 1.300.000.

Según datos del Censo de Población y Viviendas de 2012, el 45 por ciento de los hogares está regido por una mujer. Y en 40 por ciento de los inmuebles existe un adulto mayor, que suele estar al amparo de alguna mujer.

Adicionalmente, en casi la mitad de los hogares del país con adultos mayores la jefatura es femenina.

Tales estadísticas alertan sobre las vulnerabilidades de las cubanas en edad mediana, próximas al climaterio.

Ellas se encuentran con frecuencia expuestas a conductas violentas ejercidas por su pareja, familiares, conocidos y, en ocasiones, por las personas con las que se relacionan en el ámbito laboral, explica Ernand Thames.

El problema radica en que las formas de violencia aparentemente más leves no se identifican como conductas violentas y, por tanto, son aceptadas por ellas como naturales y vivenciadas con un alto grado de displacer, sentimientos de culpa y aceptación sin cuestionamientos, añade.

La especialista alude a una investigación que indagó, de enero de 2008 a abril de 2011, sobre la percepción de la violencia entre 102 habaneras con edades entre los 40 y 59 años, que participaron en los grupos educativos de atención del estatal Centro Nacional de Educación Sexual.

Los resultados arrojaron que la mayoría no conocía la amplitud del concepto de violencia ni las diferentes formas en que puede manifestarse. Solo consideraban conductas violentas a los maltratos físicos y sexuales.

De igual manera, la mayoría consideraba que no estaban sometidas a ningún tipo de violencia sexual dentro de la pareja. Tenían fuertemente arraigada la creencia de que debían cumplir con sus deberes sexuales dentro del matrimonio o de una relación estable y tolerar las quejas y críticas de sus compañeros por las molestias que los síntomas climatéricos les provocan en su desenvolvimiento en la actividad sexual.

También prevalecía el criterio de que la sexualidad no podía ser igualmente disfrutada en esta etapa de la vida, porque disminuía el deseo y “era normal que no existieran las mismas necesidades”.

Coincidieron en limitar el disfrute de la sexualidad a la juventud y a las mujeres sin problemas de salud.

A juicio de la experta, urge incrementar los niveles de información y conocimientos que contribuyan al desarrollo de la autoaceptación, valoración adecuada de sus potencialidades y atractivos de las mujeres en edad mediana.

Asimismo, insiste en aumentar el conocimiento acerca de las relaciones violentas en cualquier ámbito, así como la educación en el tema del autocuidado y el desarrollo de proyectos de vida propios, recreación y ocio, para garantizar el derecho de ellas a una vida saludable.

Se impone sistematizar estrategias preventivas, científicas e integrales para abordar el tema de la violencia y particularizarla en la edad mediana, donde existe mayor vulnerabilidad y menores recursos en la mayoría de las mujeres para establecer estrategias de afrontamiento adecuado, remarca. (2015)

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