Psicóloga insiste en empoderar a las cuidadoras

Este rol se les inculca a las niñas a través del juego y el traspaso de experiencias, alerta la especialista.

Foto: Jorge Luis Baños. IPS-Cuba

Esta situación acentúa las desigualdades en cuanto al derecho femenino de disfrutar de un estado de salud y sexualidad placentera, advierte la sexóloga.

La Habana, 14 ene.- El rol de cuidadoras impuesto a las mujeres en las familias cubanas es una forma de maltrato psicológico y machista, explica la psicóloga Beatriz Torres en el artículo “Cuidado y autocuidado: otra forma de prevenir la violencia”.
La mayoría de las mujeres siente sobre sus hombros la responsabilidad y hasta la obligación de proteger a otros, abunda en la última edición del boletín Compartir, del no gubernamental Grupo de Reflexión y Solidaridad “Oscar Arnulfo Romero”.

Llama además a crear estrategias educativas y prácticas sociales que permitan a las cubanas priorizar el cuidado de su salud y armonizar sus proyectos personales con los sociales, para mitigar la violencia que se naturaliza en torno a ellas.

“Desde niñas, madres y abuelas nos enseñan a cuidar de los otros mediante los juguetes y la trasmisión oral de experiencias y conocimientos”, indica la presidenta de la Sociedad Cubana Multidisciplinaria para el Estudio de la Sexualidad (Socumes).
Ejemplifica que “jugamos a ser mamá, a cocinar, a lavar, entre otras labores domésticas adjudicadas “históricamente” al sexo femenino”.

También la cultura hegemónica patriarcal se encarga de reproducir mitos asociados a la sexualidad como que “mujer es igual a madre” y “mujer es igual a familia”, insiste la especialista.

Así, se acentúan las desigualdades en cuanto al derecho femenino de disfrutar de un estado de salud y sexualidad placentera, advierte la sexóloga.

Torres analiza que este derecho entra muchas veces en contradicción con los disímiles roles que desarrollan las mujeres, tanto en el espacio privado del hogar como en el público, donde cumplen diferentes responsabilidades.

Alude a investigaciones de la científica Grisel Rodríguez, del Centro de Estudios Demográficos, de la Universidad de La Habana, donde se evidencia que la mayoría de las cubanas tiene como expectativa tener dos hijos en un periodo de entre tres y cinco años.

Sin embargo, la dilatada crisis económica que padece el país, el proceso migratorio hacia el exterior, la limitada participación masculina en las tareas domésticas y las posibilidades de superación dentro del sistema educacional inciden en las actuales bajas tasas de fecundidad y natalidad.

A ello se suma un acelerado envejecimiento poblacional. El 18,3 por ciento de los 11,2 millones de habitantes de la nación caribeña tienen 60 años o más, según el último Censo Nacional de Población y Viviendas, de 2012.

“¿Quién cuidará a las ancianas y ancianos? Las hijas o las nueras, o quizás las nietas, con la esperada postergación o anulación de sus proyectos personales”, refiere Torres.

Recuerda asimismo que los patrones culturales asociados a la figura femenina le exigen mantenerse joven y bonita, lo cual se contrapone al modelo social de la maternidad sacrificada.

Además, el embarazo y posterior crianza de la descendencia producen modificaciones corporales y espacian la intimidad erótico sexual de la pareja por centrarse en el cuidado del niño o la niña.

Ello genera ansiedades y conflictos en la pareja, que disminuyen la autoestima de ellas, un aspecto dañado también porque se ven obligadas a descuidar intereses propios como el cuidado personal, precisa la directora de Socumes.

Incluso, cuando una mujer se enferma, los familiares aluden disímiles razones para no responsabilizarse con ella como que “no pueden faltar al trabajo o a la escuela” o “no saben cómo enfrentar lo que ella siempre ha hecho”.

Hasta pueden hacerla sentir doblemente culpable por esta enferma.

Este conjunto de prácticas reproduce la violencia psicológica hacia las mujeres, argumenta.

A su juicio, urge trazar estrategias para concientizar actitudes y conductas trasmitidas de forma natural de generación en generación para quebrar el ciclo de imposición y discriminación hacia las mujeres.

Hay que desarrollar en las mujeres la necesidad del cuidado y autocuidado, armonizar proyectos personales con las familias y de crear redes de apoyo donde todos los integrantes del hogar posean las mismas responsabilidades y derechos, concluye. (2015)

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