Elliott Erwitt: Con su Leica al hombro retrata La Habana
Cincuenta y dos años después de que visitara La Habana por primera vez, Elliott Erwitt regresa para exponer en la Galería Havana Cultura del Museo del Ron Havana Club, durante enero, su más reciente trabajo fotográfico donde mezcla imágenes históricas con otras sobre la gente común que habita esta ciudad.
"Lo que me atrae de Cuba es su gente".
Foto: Tomada de El País.
Para cualquiera de quienes habitan La Habana, la viven o la sobreviven, la figura de un anciano octogenario con una cámara Leica al hombro pudiera pasar por la de un “turista” más que visita la ciudad. Sin embargo, casi nadie imagina que ese “turista” es el prestigioso fotógrafo estadounidense Elliott Erwitt, de la agencia Magnum.

La Habana de 2015 vuelve a motivar al veterano Erwitt quien no lo piensa dos veces. Esta vez, no viene a acompañar a los líderes Che Guevara y Fidel Castro, de quienes en 1964 hiciera famosos retratos, publicados en la revista Newsweek, sino que lo apasiona la gente común: obreros, estudiantes, niños, adultos, mujeres…
Quiere vivir la experiencia de un país en “cambio”. Esta vez regresa para dar testimonio de la vida de cubanas y cubanos, a quienes califica “como la gente más amable y generosa del Caribe”. Quiere atrapar con su cámara cómo viven, cómo se expresan, cómo son los “cubanos de a pie”, y todo mediante el discurso de la fotografía documental, de la que es un “maestro”.
Pero Erwitt no solo viene a La Habana sino que se “mete” a ratos entre sus habitantes para captar las esencias de sus vidas cotidianas, de sus esfuerzos, certidumbres o vicisitudes, de esos instantes fugaces que parecen perderse en la rutina pero que la sensibilidad del fotógrafo los hace trascender en imágenes artísticas.
Elliott Erwitt…Nació en París el 26 de julio de 1928. Hijo de emigrantes judíos de Rusia, pasó su niñez en Italia y Francia, pero la Segunda Guerra Mundial obligó a su familia a emigrar a Estados Unidos.
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El documental fotográfico en blanco y negro es algo difícil de conseguir pues requiere de una habilidad especial para captar la intensidad de las escenas callejeras que retratan la vida de la gente, la esencia de su espíritu. Según ha dicho Erwitt al diario español El País “esto solo puede lograrse en La Habana. Se suele presentar la ciudad cayéndose a pedazos. Con los mismos coches de los años cincuenta, pero no es ese el estímulo, o el tema, como quiera llamarse, que me atrae. Es algo más personal. Se trata siempre de la gente”.
En tal sentido, era lógico, coherente que el propio Erwitt organizara, junto a la reconocida marca de ron cubano Havana Club International, la Fototeca de Cuba y la Galería Havana Cultura del Museo del Ron Havana Club la exposición The Elliott Erwitt Havana Club 7 Fellowship. Esta muestra formó parte de la Feria Internacional de Fotografía de Ámsterdam (Unseen Photo Fair), en septiembre de 2015, apreciada por miles de personas.
Con esta idea se crea también la beca que permite a jóvenes colegas viajar a Cuba, elaborar su documental fotográfico, mezclarse con los verdaderos protagonistas y desaparecer casi del escenario, “pero con la impronta del elegido”, como califica Erwitt a este tipo de trabajo.
La mejor imagen siempre es la siguiente
La afición por la fotografía apareció, según cuenta el artista en Facebook, cuando era jovencito. En 1949, conoció a Robert Capa, el legendario fotógrafo y posterior fundador de la agencia Magnum junto con Cartier-Bresson, quien le proporcionó algunos contactos. Pero no fue hasta unos años después que logró desarrollar su verdadero camino, su estilo propio, gracias a las largas horas de observación de los prisioneros en una base militar en Francia durante la guerra de Corea, a la que asistió como fotógrafo militar.

Cama y aburrimiento es el título de la serie de imágenes que envió a un concurso de la revista Life, por el cual ganó un segundo premio. Cuando se licenció del ejército, Capa lo llamó para integrar el equipo de Magnum, convencido de su calidad profesional.
Poseedor de un estilo sagaz y de una fina ironía para captar los instantes que rodean la vida de las personas, sean celebridades o gente común, Erwitt prefiere la idea de que “la mejor imagen es la siguiente”, lo que demuestra su espíritu de búsqueda y avidez por penetrar con autenticidad en los mundos interiores de la gente que capta su lente.
“Cuando una foto es buena, ya está. No necesita nada más. Por eso no me gustan los retoques digitales, por otra parte, complejos en la fotografía documental”, asegura el hombre que captó con igual agudeza a una pareja anónima besándose en una calle de Nueva York que a Marilyn Monroe, Richard Nixon, Bob Dylan o Jacqueline Kennedy en el funeral de su esposo asesinado.

Escenas de perros y amos
Buena parte de su obra y también una de las más celebradas es la que dedica a la relación entre perro y amo —ha publicado cuatro libros con instantáneas de perros, en las cuales su particular forma de encuadrar les da un aire especial y divertido— aunque en la mayoría de los casos, el perro es el centro de la toma y no el amo. Pero el motivo principal de estas creaciones, el dúo imbatible, no queda exento de crítica social que a, su vez, aprovecha el fotógrafo para acercarse a problemáticas tan controvertidas para la sociedad norteamericana como la racial, la social, la justicia, la lealtad siempre desde una mirada aguda e irónica.
Lo más difícil de lograr en el arte fotográfico lo tiene la obra de Elliott Erwitt: esa espontaneidad para alcanzar a un tiempo expresividad y emotividad de las más diversas escenas y personajes de la vida cotidiana y, sobre todo, la increíble capacidad de conmovernos con imágenes, aparentemente, sencillas.
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