“Creo en la aventura, el encuentro y la sorpresa”

Entrevista con Alberto Ruiz de Samaniego, guionista del documental español El método de los claros (José Manuel Mouriño, 2019), dedicado a la escritora María Zambrano.

Alberto Ruiz de Samaniego.

Foto: Tomada de Granada Hoy

Si la memoria no me traiciona, conocí al crítico cultural Alberto Ruiz de Samaniego (La Coruña, 1966) por sugerencia de un amigo. La sugerencia llegó por las redes sociales, específicamente Facebook, la vilipendiada y provechosa red social. Aún no hemos podido encontrarnos cara a cara, como requiere el verdadero diálogo. Aunque de suceder algún día, supongo hablaré muy poco. Cuanto más, le haré un par de  preguntas para enseguida escuchar con atención. Ruiz de Samaniego, entre otros múltiples títulos, es Doctor en Filosofía (Universidad Autónoma de Madrid) y Profesor Titular de Estética y Teoría de las Artes (Universidad de Vigo).

Hace ya dos o tres años le mostré mi prólogo sobre Oscar Wilde, perteneciente a la antología El crítico como artista y otros ensayos, un prólogo que decidí luego corregir y aumentar. En lo que extendí, consideré dos importantes criterios sobre el literato de Dublín. El primero lo tomé de Gore Vidal al leer su libro Sexualmente hablando; el segundo, en contraposición con el de Vidal, me lo enviaba en un chat Samaniego. Lograba el autor de Maurice Blanchot: una estética de lo neutro, Semillas del tiempo, Belleza de otro mundo. Apuntes sobre algunas poéticas del inmovilismo…, ubicarse en las circunstancias de Wilde, expresarse desde él. La nota de Alberto es de una belleza y lucidez impresionantes.

Si bien he seguido sus textos cortos, desde Cuba me ha sido difícil dar con sus volúmenes. De Samaniego me encantaría leer, sobre todo, Las horas bellas. Escritos sobre cine (Abada editores, 2015). Hoy, reconozcámoslo, obtener libros no es tan complicado como solía pasar. No obstante, siguen habiendo autores misteriosos porque los lectores no encontramos sus obras. El ejemplo más ilustrativo acaso sea el de mi querida María Zambrano, de quien esta isla atesora menos de lo que se espera. Sólo la biblioteca Rubén Martínez Villena, emplazada en la Habana Vieja, posee una bibliografía importante de la notable pensadora.

A propósito de coescribir Alberto Ruiz de Samaniego el guion para el reciente documental El método de los claros (José Manuel Mouriño, 2019), lo convido a dialogar.

Daniel Céspedes (DC): Como sabes, María Zambrano estuvo saliendo y entrando a Cuba, específicamente a La Habana, desde 1936 hasta 1953. Con lo que publicó aquí y la intensa vida cultural de la que participó, no me conformo con el criterio que asegura que para ella este país fue un mero lugar de tránsito. Algunos de sus ensayos publicados en su estancia habanera y sus posteriores cartas desde La Pièce a José Lezama Lima y su esposa María Luisa Bautista, por ejemplo, demuestran lo contrario. Sin embargo, cuando se lee su bello discurso por el Premio Cervantes, el lugar que recuerda es Morelia, la ciudad mexicana. ¿Qué crees de la relación entre María Zambrano y Cuba?

Alberto Ruiz de Samaniego (ARS): Bueno, aún no he podido acceder a las conferencias que María Zambrano dictó en Cuba, pero he de decir que la huella que la isla dejó en ella es muy fuerte, incluso imborrable. Especialmente, la relación con Lezama fue tan intensa que la pensadora la recuerda en múltiples ocasiones a lo largo de su vida y epistolario. Por otro lado, como siempre sucede con ella, María Zambrano vive más poderosamente en la rememoración que en la empiría, la vida empírica, fáctica. María vive más en lo invisible, en lo inmaterial. Y, en este sentido, los días cubanos, las amistades y las conversaciones cubanas fueron madurando —o macerando— en su intimidad y, por decir así, creciendo hacia dentro, generando una suerte de humus nutricio y sentimental que yo estimo muy hondo y pregnante.

DC: Ya habías colaborado con Mouriño en otro documental (Pessoa/Lisboa, 2016). Cuéntame del primero y ¿qué criterios seguiste para la elaboración del guion de El método de los claros?

ARS: El documental sobre Pessoa es un periplo por la ciudad del poeta. Un homenaje a ambos al mismo tiempo. A un espíritu del lugar y a unas estancias, un clima, una luz, un murmullo: un aire que, creíamos, estaba todavía en la Lisboa que nosotros recorrimos bajo la guía o la brújula pessoana. Hay algo muy íntimo y al tiempo recóndito en la escritura de Pessoa. Un juego con el secreto y el murmullo, una criptografía que esconde siempre las cartas más auténticas. Todo eso es lo que fuimos persiguiendo a través de Lisboa, o lo que esperábamos recibir. Había que estar atentos, abiertos a los cruces de signos, a las avenidas intempestivas de la palabra verdadera y el hacerse un sitio, un lugar. Eso es Pessoa/Lisboa. Un viaje en el tiempo y en un laberinto donde las moradas y los instantes, los vivos y los muertos del pasado vuelven a reunirse.

Con el documental sobre María fue distinto. El trabajo de Mouriño fue mucho más intenso que el mío. Viajó él solo a Roma… y a otros lugares. Yo más bien ejercía un poco la labor de acompañamiento en la distancia, un poco como la figura del psicoanalista en el diván freudiano: escucha, apunta, selecciona, deriva, propone, indaga, condensa. A menudo, la creación surge en el entre-dos, en el intervalo entre dos lecturas o dos propuestas que ha de canalizar sus posibilidades en el cruce mismo.

DC: Este documental no muestra el habitual trayecto biográfico por la vida de la escritora andaluza. Más bien se centra en una etapa de su vida en la cual pudo gestar en La Pièce Claros del bosque, considerado por muchos su mejor libro. ¿Pudiéramos considerarlo la recapitulación de un trayecto filosófico y vital?

ARS: Tanto a José como a mí nos interesa mucho el aspecto introspectivo —la intimidad solitaria y como de Sibila— de María Zambrano. La Pièce, la estancia en La Pièce, es como la etapa crucial en la vida de ella. Es como estar en el vientre de la ballena. La gran etapa de El hombre y lo divino y, por supuesto, de ese libro confesional y milagroso que es Claros del bosque. Un libro mágico, inspiradísimo, como un Thoreau pasado por el filtro de san Agustín. Ese escrito es la caja negra de la pensadora. Allí está (casi) todo. Y también su escritura más depurada, más hermosa, más salvaje y profunda.

DC: Le comenté a Mouriño que un valor indiscutible del material tiene que ver con considerar los testimonios de José Ángel Valente y José Miguel Ullán —ahora me percato que María se rodeó de muchos José en su vida. He leído textos de cada uno de ellos relacionados con la Zambrano. Pero, de todos los audiovisuales que he visto, este es acaso el primero que retoma a los amigos escritores y los vínculos constantes que tuvieron con María en La Pièce y después.

ARS: María es una pensadora de poetas o para poetas. Le gustaba mucho estar rodeada de jóvenes poetas. Le resultaban inspiradores, hacía como si fuese, efectivamente, una especie de sibila que derramaba su palabra oracular para que fuera, literalmente, recogida por los poetas (Ullán, Valente, Juan Carlos Marset, cada uno en su momento). Hay un juego muy platónico ahí, un juego que es el de la dialéctica en sentido helénico, pero también un modo de existencia del discurso que tiene que ver con El banquete, o El simposio, platónico, —hablo de un juego que es coquetería y tal vez más que eso— y que tiene que ver, claro, con el eros, con la voz femenina que, como Diotima, se vierte sobre el espíritu y el cuerpo de los hombres poetas. Todo eso guarda La Pièce.

DC: Lo preponderante de En el método de los claros no son precisamente los entrevistados, los cuales se agradecen por cuanto aportan en anécdotas y criterios de la vida y obra de María. Llama mucho la atención ahora la analogía continua entre el superobjetivo del documental con el cine, en especial con la notable película de Víctor Erice El espíritu de la colmena (1973). ¿Qué me dices?

ARS: Sí, claro. En España, ese filme de Víctor Erice es esencial. Tiene un peso simbólico enorme. Y es una pieza muy hermosa, muy profunda, muy zambraniana, a su modo. Es un relato enraizado plenamente en el drama o en la cicatriz de España, pero visto con los ojos de una niña, de una niña que accede a la experiencia fílmica. El filme habla de una revelación. Y de dos hermanas, y de una guerra y del secreto. No puede haber nada más zambraniano que todo eso.

DC: Si te preguntara por tres condiciones básicas que debe tener un documental sobre un escritor, ¿cuáles serían?

ARS: Interesante pregunta. Yo diría: verdad, belleza y forma. No dejamos nunca de estar en Grecia, como ves.

DC: ¿Qué figura olvidada de las letras en España merecería un documental?

ARS: Bergamín. Algún día conseguiremos Mouriño y yo hacer algo con este escritor extraordinario. Figura muy singular, muy intensa. Él mismo colaboró en la realización de algún documental sobre la tradición cultural de España. Y fue gran amigo, por cierto, de María Zambrano.

DC: Eres un intelectual de academias, ¿qué no debes llevar de éstas a la concepción de un guion cinematográfico y cuáles serían a un tiempo las ventajas de vincular conocimiento académico con la estructura del documental?

ARS: No me siento, en verdad, como un intelectual académico. No sé lo que es eso, lo que ello significa. En realidad, nunca escribo en papers ni en documentos académicos de los que sirven para hacer crecer la carrera curricular o burocrática. Me siento muy alejado de todo eso. De hecho, cuando pienso en cine, o en exposiciones, procuro dejar de lado por completo mi perspectiva profesoral. No me interesa nada la didáctica en estos medios. Creo, por el contrario, en la aventura, el encuentro y la sorpresa. Uno tiene que ir hacia una película o hacia un texto de la misma forma que decía Klee: como quien entra en un cuadro. Sin protección ni previsiones. Sin saberes preconcebidos.

 

DC: En Cuba es casi una rareza que un crítico cultural participe en la creación de audiovisuales. Se han dado casos de cineastas que antes de considerarse tales, incursionaron en la crítica de cine. Pocos vuelven a escribir. Es como si dejaran detrás una etapa. En España se asumen mayores riesgos, pues hay creadores que saben llevar de manera paralela crítica y realización cinematográfica. ¿Qué piensan tus colegas escritores e incluso los cineastas que conoces sobre tu hiperactividad creativa en el área de lo cinematográfico?

ARS: La verdad, no tengo ni idea. No suelo hablar de estas cosas con mis compañeros de universidad. La gente, en el siglo XXI, es muy reservada. A veces, se agradece.

DC: Las universidades hispanoamericanas se interesan en la obra de María Zambrano, pues han aparecido numerosas tesis; lectores jóvenes van acercándose a su ensayismo poético, su filosofía. A la luz de hoy, ¿qué importancia le concedes a su pensamiento?

ARS: La figura y la obra de María Zambrano son esenciales. Ella ha abierto un modo de ser, y de escribir, que no existía en castellano tal vez desde los místicos del Siglo de Oro. En su escritura hay profundidad y elocuencia, un tipo de intensidad que únicamente la poesía alcanza. Yo diría que hay algo que sólo María tiene. Ella “piensa” sobre la poesía o el acontecimiento poético, lo ilustra o lo avizora y lo contornea, lo vuelve explícito. Ella “hace” poesía hablando sobre la poesía misma. En este sentido, su pensamiento es pura y absolutamente poético: generador, hacedor de mundos, como la poesía misma —siguiendo con los griegos— siempre ha sido. (2020)

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