El béisbol en todos los puntos cardinales
El equipo Cuba y el V Clásico Mundial.
El V Clásico Mundial se vivió intensamente entre los cubanos, los que llevamos la pelota en vena y hasta los que desconocen sus reglas.
Foto: Tomada de Internet
No sabemos cuántos millones de aficionados al béisbol estuvieron pendientes del primer Clásico Mundial de Béisbol jugado en 2006, pero lo que sí sabemos es que ahora, diecisiete años después, ese torneo ha tenido una audiencia enorme entre mexicanos, puertorriqueños, dominicanos, panameños, venezolanos, colombianos, nicaragüenese, japoneses, chinos, estadounidenses…; que se vivió intensamente entre los cubanos, los que llevamos la pelota en vena y hasta los que desconocen sus reglas, porque el V Clásico se convirtió en un torneo que desbordó el deporte; y cuando se enfrentaron en Miami las selecciones de Cuba y Estados Unidos, la “serie” del Clásico llevaba muchos capítulos de rodaje.
Después de todos los descalabros sufridos por el béisbol cubano en los últimos años, la dirigencia de ese deporte en el país entendió —al fin— que la selección al V Clásico no podía estar conformada solo por los peloteros de la serie nacional, sino que habría que ampliar la nómina para añadir a jugadores cubanos contratados en otras ligas, incluyendo a los que se desempeñan en las Grandes Ligas de Estados Unidos.
En abril del pasado año, en una intervención televisiva, Juan Reynaldo Pérez Pardo, presidente de la Federación Cubana de Béisbol (FCB), declaró que “los [jugadores] que se desempeñan en la MLB no constituyen excepciones en el propósito de la FCB de convocar a jugadores cubanos residentes en el exterior para determinados compromisos internacionales”.
Aunque esas declaraciones constituían un significativo paso de avance —al menos en intención—, como del dicho al hecho hay un largo trecho, los aficionados sabían que faltaba mucho aún por concretarse para llegar a la realización de esos deseos. Sin embargo, algo estaba pasando en el reino de Dinamarca y los árboles habían comenzado —silenciosamente— a moverse hacia palacio. El juego subterráneo ya había comenzado.
No debe pasarse por alto algo que acaso haya sido un catalizador para que la FCB se decidiera a convocar a jugadores de Grandes Ligas: el propósito de un grupo de peloteros cubanos de hacer una selección independiente de la FCB, un proyecto denegado por la Federación Internacional de Béisbol y Softball.
El siguiente capítulo de la serie del Clásico fue la preselección cubana de cincuenta peloteros anunciada por la FCB. Había jugadores en activo en la MLB, un agente libre otrora estelar allí, y algunos que juegan en otras ligas foráneas y viven en el extranjero. Entonces las polémicas —deportivas y extradeportivas— se avivaron.
Muchos aficionados no estuvieron de acuerdo con los peloteros presentes en la preselección. Hubo exclusiones e inclusiones inauditas. No estaban todos los de mejores resultados y había varios cuya presencia era cuestionable porque se tomaron en cuenta parámetros extradeportivos.
La ronda asiática del Clásico
Que la selección cubana perdiera los dos primeros juegos en Taichung no fue noticia para los conocedores. El equipo de Países Bajos, con varios peloteros ligamayoristas, se veía superior al de Cuba; y en el partido contra Italia se notaron fallas de dirección casi habituales.
Lo que sí resultó sorpresivo fue el despertar ofensivo de los cubanos en los dos juegos siguientes, contra Panamá y China Taipei. Así se fue configurando el milagro que pocos esperaban: que Cuba clasificara como primera de grupo y evitara enfrentarse a Japón en cuartos de final. La victoria inobjetable ante Australia la puso de fly en semifinales.
La capital del sol y las controversias
Si en los grupos asiáticos ocurrieron sorpresas, encarnizadas batallas tuvieron lugar en Phoenix y Miami. En el grupo D, el seleccionado de Venezuela ganó invicto, por encima de los poderosos dominicanos (eliminados en la primera ronda) y de los guerreros de Puerto Rico. En el C, el asombroso equipo de México clasificó por delante del trabuco estadounidense.

Fueron, casi todos, grandes partidos, la antesala de los fieros combates Puerto Rico versus México y Venezuela contra Estados Unidos. Así se fue preparando el camino para que a los cubanos les tocara bailar con la más fea en su semifinal, pues si los charros vencieron al team rubio, en otro gran juego, el pitcheo de relevo del equipo vinotinto no aguantó el empuje de los bates norteños. De esa manera llegamos a esa jugada del destino: por primera vez, en la historia de los Clásicos, la selección cubana enfrentaría a la del país de las barras y las estrellas.
Pero antes de lanzarse la primera bola de la primera semifinal en el Loan Depot Park, otra contienda se estaba librando en la Mayor de las Antillas y en el amplio espacio donde habita la diáspora cubana; en los medios de comunicación; en las redes sociales.
Es un juego de la política y el deporte mezclados donde unos juegan con careta y otros no; unos cambian de bando y otros no; unos se empeñan en cambiar las reglas en cada temporada y hasta en cada partido, mientras otros observan; otros aplauden; otros, muchos, se aburrieron del juego porque dicen que es el mismo de siempre, y está arreglado.
En el partido de béisbol, los lanzadores cubanos recibieron desmesurado castigo de la ofensiva contraria, una masacre de 14-2 que incluyó cuatro jonrones. Era previsible. También era previsible lo que está sucediendo después del último out porque es historia antigua. Ya no se trata de béisbol, sino de política, que no nos permite apreciar el deporte. (2023)
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